¡GRACIAS GENERAL!

Envíado por el "Centro de Estudios Evolianos"

Ayer, víctima de una enfermedad terminal, ha fallecido el General Leopoldo Fortunato Galtieri quien tuviera a su cargo la conducción del país en los tiempos de su mayor epopeya heroica del siglo pasado, cual fuera la guerra de las Malvinas. Habiendo transcurrido poco más de 20 años de aquella gloriosa circunstancia podríamos decir que la inquina y cuanto menos la indiferencia con la cual ha sido tratado sea en vida como en muerte dicho dignísimo general, verdadera excepción en una historia reiterada de claudicaciones y entregas, se encuentra en estrecha relación y es un testimonio más de la profunda decadencia que vive la República Argentina. Justamente los detractores de Galtieri, hoy convertidos en numerosos y con abundancia de medios de comunicación a su alcance, junto a una simultánea crítica a la guerra de las Malvinas, suelen manifestar que dicha empresa fue una acción descabellada que puede explicarse meramente tan sólo como una excusa y un escapismo hallado por quien entonces nos gobernaba para poder perpetuarse en el poder en un momento de crisis y dificultades. Que dicha critica se formule justamente en estos tiempos en los cuales los políticos argentinos, también para continuar en sus cargos ilimitadamente y abusando de la paciencia de sus conciudadanos, nos inventan y construyen un conjunto de escenarios distractivos de los más variados y pintorescos, haciendo ellos exactamente lo mismo o peor de lo que le achacan al Gral. Galtieri, resulta ello poco menos que de una hipocresía sin límites y produce, en especial al escuchar de qué bocas ello proviene, verdaderas arcadas estomacales. En tal caso como respuesta habría que decir que si el escenario no es tan sólo psicológico, la diferencia entre ambas "distracciones", la producida por Galtieri y las de la partidocracia, estribaría eventualmente en la sustancia de las mismas. Y al respecto podríamos decir que ojalá nuestro país tuviese una vez más a otro presidente que como el distinguido general nos distrajese a todos con una causa tan noble como la defensa de la soberanía nacional, la lucha por los principios de nuestra civilización en contra de la Inglaterra consumista y hedonista, la sustentación de una ética del honor y del coraje en contraposición a la del mero interés o conveniencia.

A cambio de una tal "distracción" con mucho gusto nos desprenderíamos de la telenovelas cotidianas que engendran con tanto empeño los Sres. Duhalde, Menem, Alfonsín, Moreau, Terragno y toda esa caterva que en última instancia representa justamente los mismos principios contra los cuales se combatió un 2 de abril de 1982. Porque tiene que quedar en claro de una vez por todas que el dos de abril no se luchó en contra de Gran Bretaña y USA simplemente. No fue una guerra en contra de alguien en particular, ni tampoco por la posesión de un pedazo de territorio simplemente, sino por una concepción del mundo contrapuesta a la que representaban ambas naciones. Y obviamente ello significó que a su vez hubiese exponentes de ambas concepciones, de diferentes nacionalidades y perteneciendo a los dos bandos en pugna, e incluso argentinos que, aun sin manifestarlo públicamente, estaban más cerca del lado británico que del que en ese entonces representaba el Gral. Galtieri. Y para decirlo todo de manera aun más tajante, digamos que la diferencia entre ambas concepciones es la que contrapone a quienes sostienen hoy en día este sistema democrático impuesto como consecuencia de nuestra derrota militar en Malvinas por un lado y los que en cambio, fieles al espíritu del 2 de abril y consecuentes siempre en una batalla que no consideramos concluida, nos contraponemos a ella con todas nuestras fuerzas.

El espíritu demócrata y consumista está basado en la ética de la conveniencia y del puro interés, y por lo tanto considera el logro de la economía y del "bienestar general" como lo esencial. Y, como de acuerdo a la máxima liberal, el éxito económico del individuo, su particular egoísmo, repercute positivamente en el progreso social, hoy el robo de los políticos, su engaño desembozado, su entrega obsecuente del patrimonio nacional, su mentira confesa y su falta de consecuencia en la palabra empeñada, lejos de ser reputada por tales personeros como un disvalor, es desfachatamente considerado como algo digno de elogio, siempre y cuando el éxito en las urnas así lo corrobore. Para los hombres que con Galtieri luchamos el 2 de abril y no nos rendimos, los principios éticos son diametralmente opuestos. En ningún caso para nosotros se justifica la mentira; el honor y la dignidad son más importantes que la economía, porque son los únicos valores que pueden hacer que ésta alcance a ser un bien compartido por la comunidad y no un privilegio de unos pocos, tal como acontece hoy en día en que somos esclavizados por los políticos; el "veredicto de las urnas" no es para nosotros algo esencial porque no consideraremos nunca que la voz del pueblo, ser efímero y moldeable por las propagandas televisivas, sea la de Dios. Sin embargo nuestra adhesión a la figura del General, la que comparada con la clase política actual resulta en verdad portentosa, y satisface profundamente a nuestros esquemas el repudio que hoy le deparan la dirigencia de turno, lejos se encuentra de convertirse en una simple apologética.

Nosotros somos capaces, a pesar de vivir un tiempo partidocrático y sofocante, de ver con claridad sus defectos. Y para ello valga nuestra experiencia personal. Lo conocimos a Galtieri hace unos tres años en una cena ya en su momento de decadencia. El seguía reivindicando aun su accionar de Malvinas aunque su actitud parecía más bien defensiva. "General, le pregunté, ¿es cierto lo que se dice, que el embajador Schlaudemann de los Estados Unidos le manifestó que su país se mantendría neutral en la contienda bélica?" Los ojos le brillaron entonces como queriendo ratificar y ampliarnos su justificación principal. "No fue solamente el embajador, me contestó con énfasis, fue el mismo presidente Reagan quien me envió un fax confirmándome todo lo que aquel decía". General, pensé yo en ese instante, no puede creerse nunca en una nación forjada bajo la máxima de que "En materia internacional nuestro país no tiene principios, sino intereses". Y tal como lo manifestarán luego sus epígonos argentinos, nuestros políticos, se puede mentir en función de un interés. Y la guerra de las Malvinas, como un verdadero contraste, se hizo en función de los principios. Le iba a preguntar también algo más sobre la visita papal. Pero ¿para qué? Quizás como pocas veces en la historia cuando el papa Wojtila vino a nuestro suelo soliviantando las conciencias de nuestros compatriotas, pidiendo a gritos la rendición justamente cuando en Malvinas se daba la batalla final, pudimos percibir con claridad meridiana el rostro de desencanto y soledad del general que nos retrataba la televisión. También se equivocó con la Iglesia.

Digamos entonces como enseñanza que la próxima guerra que emprenderemos, pues sólo una guerra redimirá a nuestra patria y la elevará del estado de letargo en que se encuentra, deberá hacerse teniendo en cuenta a nuestros enemigos sea de adentro como de afuera. Y deberá saberse recelar principalmente de quienes usurpan el poder espiritual.

Cuando me despedí de Galtieri, suponía que ya no lo iba a ver nunca mas. Le dije entonces: "Gracias general, por entregarnos los días mas grandes de nuestra historia" Él me retribuyó con un gesto de tristeza y de resignación, el mismo que le viera retratado cuando lo ladeaba a Wojtyla en sus alegatos pacifistas. Corroboré entonces que, a pesar de haber sido su principal ejecutor, él no había entendido en toda su profundidad la dimensión de su gesta. Y en esto sin darse cuenta estaba coincidiendo con sus mismos enemigos. La guerra de Malvinas es algo totalmente independiente del éxito y del fracaso. Malvinas sirvió, a pesar de todo lo que se dice para desmerecerla, para que constatáramos que la Argentina no se reduce a lo que vemos actualmente. Que hay una histórica y profunda dispuesta a reaflorar cuando alguien haga tronar el clarín. Cuando alguien logre despertarla del letargo en que se encuentra. Que si no hubiese existido un 2 de abril muchos hubiesen dejado de creer y de confiar. Y que son estas personas y no "el pueblo votante" las que permitirán que nuestra nación exista como proyecto histórico inconcluso, como la patria en donde se habrá de gestar por contraposición con el Norte, el proceso de reenderezamiento de la civilización occidental. Todo esto general, Ud. ha muerto sin comprenderlo, y ha estado en relación con los errores cometidos en la guerra. Pero ésta es no obstante todo un valor en si mismo, es como "el huracán que sacude las aguas turbias". Y Ud. la ha producido y la ha lanzado a la palestra como una posibilidad que siempre estará allí para eclosionar una vez más, como formando parte de nuestra idiosincrasia. Una vez más ¡Gracias General!

MARCOS GHIO

Cipolletti, Río Negro, Patagonia Argentina. 13-1-03

jevola@netizen.net.ar, centroevoliano@yahoo.com

 


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