El verso con métrica y rima

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  AGUSTÍN SÁNCHEZ 

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DIRECTORIO DE ESTE AUTOR

su obra 1

su obra 2

                 SU OBRA 1          

    En esta página encontrarás las siguientes poesías:

 

            SÓLO SABEN SOÑAR

Al hallarla sentada su expresión te sorprende
su dulzura, su calma, la verdad, no se entiende,
en su limpia mirada hay reflejos de paz.
En su entorno se advierte que es feliz sin reservas
y en su voz, al hablarte, lo primero que observas
es la gracia que impregna su palabra sagaz.

¿Está bien mi peinado? Me pregunta coqueta
exhibiendo una cinta que en su pelo sujeta
la dorada cascada de un cabello sutil,
y un piropo sin duda en mis labios supone
pues no existe otra cosa que a una niña ilusione
como un dicho que halague su belleza infantil.

“Ayer tarde vinieron a jugar mis dos primos
y pintando acuarelas hasta tarde estuvimos,
fíjate qué bonito mi paisaje salió”.
Y al mostrar satisfecha un sendero nevado
el brillar de sus ojos me demuestra asombrado
que su mundo es perfecto, aunque el mundo la hirió.

“Te he traído bombones aunque sé que no quieres
—bromeando le digo— pues quizás ya no eres
la golosa de siempre, con los dulces feliz”.
Y la caja, anhelante, con sus manos osadas
investiga y muy pronto sus facciones rosadas
de marrón chocolate mancharán su nariz.

“Volveré otra mañana para ver cómo sigues
pero estudia bastante, que no quiero que obligues
a reñirte al maestro, no me quiero enfadar…”
Y el mohín de su boca me desarma y silencia
por hablar de deberes a quien sin impaciencia
en su silla de ruedas ve las horas pasar.

He salido a la calle, donde juegan criaturas
derrochando alegría, sin saber de amarguras
y en mitad de mi pecho he sentido el dolor.
¿Por qué, Dios, la injusticia de truncar una vida?
Y el recuerdo de ella, me responde enseguida
es feliz, pues el alma tiene llena de amor.

Cuando pienso despacio en mis múltiples quejas
en los muchos problemas, en molestias ya viejas
que parece que llegan la paciencia a agotar,
me consuela la imagen de una niña sentada
que riendo demuestra no se aflige por nada
pues sus ojos azules sólo saben soñar.





              OCASO EN EL VALLE

Al mirar desde la altura todo el valle que se muestra
de cien verdes tapizado por paleta magistral,
la grandeza de Natura se evidencia cuando, diestra,
sus pinceles armonizan este lienzo sin igual.

Hay un río de agua clara que se esconde y aparece
con su cauce recorriendo los matices del edén.
Mientras ruge en el torrente y en los prados enmudece,
tornasola sus reflejos como cinta de satén.

Unas nubes que parecen un rebaño de elefantes,
por el cielo, lentamente, van pastando en algodón,
y los árboles del valle las contemplan vigilantes
porque saben que muy pronto cambiarán de posición.

Como bellas lentejuelas, derrochando colorido,
muestran pétalos las flores presumiendo en rededor.
De su cáliz las abejas con el néctar recogido
lograrán en sus colmenas la dulzura en el sabor.

Cuando el viento se despierta y las ramas acaricia
con el suave balanceo que las quiere conquistar,
el perfume de la hierba, que se aspira con delicia,
emborracha mis sentidos como labios al besar.

Va durmiéndose la tarde, sombras cubren la colina,
al tocar el horizonte se enrojece el astro rey.
Ante el velo de la noche una estrella se ilumina
y un pastor apresurado recogiendo está su grey.

El ardiente panorama sobrecoge en su grandeza,
es un cuadro indescriptible, fascinante, colosal,
largas nubes desgarradas engalanan su belleza
con flamígeros colores del ocaso celestial.

Abrumado me retiro, del paisaje ya me alejo
mientras guardan mis retinas el magnífico esplendor
y me viene al pensamiento: Si esto es sólo Su reflejo,
¡Cuál será la inmensa gloria de mirar a su Hacedor!





            SUEÑO DE AMOR

En la tórrida noche del estío
te he mirado desnuda en nuestro lecho,
de tus mórbidas formas al acecho
mientras tú descansabas, amor mío.

Y al surgir el ardor con que te ansío,
de tu sueño, perdiéndome en tu pecho,
te he sacado, con cálido y estrecho,
dulce abrazo de ardiente escalofrío.

Entre risas me has dicho: ¡Tú estás loco!
mientras yo, piel con piel, me daba cuenta
que la misma pasión que yo tenía

palpitaba en tu ser, y poco a poco
el sabor que, en tus labios, me atormenta,
en un sueño de amor nos envolvía.




            GUITARRA MÍA

Al pulsar tu bordón en mi alma siento
la voz grave, ancestral de lo profundo,
primigenio sonido de este mundo
que incansable repite el mar y el viento.

Al vibrar de tu prima, el firmamento
parece resonar en el rotundo,
fantástico cristal, limpio y jocundo,
que llena de ventura el pensamiento.

Cuando llora el arpegio entre tus cuerdas
la emoción es ternura y armonía
de viejos sentimientos que recuerdas.

Por eso en el dolor y en la alegría
tu mágico cantar nunca lo pierdas,
sonando hazme vivir, guitarra mía.




         PRINCIPIO ETERNO

Me han dicho que un creador jamás ha habido
y que los que lo afirman me engañaron
pues bajos intereses procuraron
tener al hombre inculto y sometido.

Me han dicho que la ciencia ha descubierto
el único principio en qué consiste,
pues es polvo de estrellas cuanto existe
y toda otra razón es bulo incierto.

Me han dicho que volcánico vertido
mezclando en sus ardientes fumarolas
los ácidos nucleicos de las olas,
hicieron que la vida haya nacido.

Me han dicho que la ameba primitiva
mutando fue su frágil estructura
y con la evolución logró Natura
el hombre, su creación definitiva.

Yo sé que no son días los seis días
que para la creación se utilizaron,
pues desde mi niñez me precisaron
que aquello era de tiempo alegorías.

Yo sé que la versión de Adán y Eva
tan sólo era una forma, usada antes
con gentes primitivas e ignorantes
y hacerse así entender, no es cosa nueva.

Yo sé que la extracción de la costilla
es forma de narrar, pues en Oriente,
la fábula era estilo muy corriente
y en textos de la época encasilla.

Yo sé que nuestra mente desespera
si un dios que es invisible no comprende
y hay gente, en su ceguera, que no entiende
que un sabio como Einstein sí creyera.

Yo pienso que la nada, nada crea,
partícula, materia ni energía,
y si hay polvo de estrellas, supondría
un ente que lo hiciera, esa es la idea.

Hay una antimateria —escuché un día—
que en fuerte involución lo inició todo.
Y yo les argumento: ¿De qué modo
y quién la antimateria antes haría?

Admito que la ley del universo
creara en cien mil evos las estrellas
mas sólo se sabrá, viendo sus huellas,
quien hizo del poema el primer verso.

Si toda religión se ve importuna,
un ser se ha de admitir, y finalizo,
un ser que lo hizo todo y nadie hizo
y al que yo llamo Dios, sin duda alguna.





    LA RESPUESTA

En la ciudad, recipiente
de una mezcla de ansiedades
que conviven. En la gente,
rostros de mil falsedades,
de anónimas voluntades
que ríen. Máscara informe
que oculta el terror del hombre
a la negrura infinita,
pues, inconsciente, la evita
aun sin conocer su nombre.

En la montaña y sus cumbres,
donde la nube se alcanza
y primitivas costumbres,
de otros tiempos añoranza,
permiten que haya esperanza
de un amanecer fraterno...,
pero hay en el alma invierno
donde el alma igual se hiela
y ella misma se congela
con llamas de frío eterno.

Junto a los mares profundos
donde las aguas golpean
con sabores de otros mundos,
para que los hombres vean
que las olas se recrean
con espumas de amistades...,
pero al fin, son dos mitades
agua y tierra, tierra y agua
y en esta mojada fragua
sólo anidan tempestades.

Y ante el espacio infinito
donde lo inmenso se enciende,
donde el sin par manuscrito
de un ser supremo se extiende,
está el hombre, que no entiende
más que su afán desmedido,
feliz de haber conseguido
todo el poder y el dinero
y despreciando altanero
al que su ayuda ha pedido.

Pero en el sitio caliente
que en lo más íntimo esconde,
bajo el poso maloliente
que el hombre tiene, allí donde
el sentimiento responde,
hay un cruel remordimiento.
Y exhalando así un lamento
que la máscara le quita,
perdón y amor solicita
en el último momento.

Y en el silencio terrible
alguien hay que le contesta,
con una voz inaudible
surge por fin la respuesta:
Hijo, la verdad es ésta:
Débil te hice, de lodo,
por eso comprendo todo
cuando te portas cual eres.
Tienes ya el perdón que quieres,
no puede ser de otro modo.

Y la ciudad trepidante
y la montaña de nieve
y el fiero mar incesante
y el firmamento que mueve
en fantástico relieve
las estrellas por millones,
cantan en cálidos sones:
“La suma ley del Creador
es y será siempre Amor”.
¡Arriba los corazones!





SI LO HUBIERA VISTO QUEVEDO

Érase un cuerpo a un cabezón pegado,
un chupa-chups gigante parecía,
que en su balcón estando el otro día,
por no caer, abajo no ha mirado.

Era un melón, muy desproporcionado.
¿Digo melón?, mejor una sandía,
era un balón que espanto producía,
un montgolfier, bestial, súper inflado.

Y yo pensé, ¿Cómo será posible
que un hombre así, de chola bien servido
pueda medrar con pinta tan horrible?

La solución, muy pronto he comprendido
pues dice que es político invencible
y aspira a ser cabeza en su partido.




     MI ORDENADOR Y TÚ

Ayer cuando miré mi ordenador
pensé que igual que tú me estaba usando
pues nunca sé muy bien dónde ni cuándo
me va a dejar colgado el muy traidor.

Si alguna circunstancia saber quiero
o ver de tu pasado alguna cosa
es fácil que me digas recelosa
que yo no tengo acceso a ese fichero.

Hay algo de tu vida, te aseguro,
que ignoro, y que saber pronto querría,
y tú no lo consientes ningún día
pues dices que no está en tu disco duro.

Conservas indeleble en la memoria
detalles de las veces que yo yerro,
mas si es un fallo tuyo al que me aferro
ya todo se borró, pasó a la historia.

A veces me pregunto desdichado
si un virus ha infectado tu cabeza.
Es triste cuando tengo la certeza
de ser un periférico apagado.

Pues, ¿sabes qué te digo? Ve pensando
el ser más complaciente y diplomática
pues es cosa corriente en informática
cambiar de ordenador de vez en cuando.





   EL RELOJ SUMERGIDO

En el fondo del mar y entre los restos
de una nave real que naufragara,
un solemne reloj de plata y oro
en el seno yacía de las aguas.
Su destino, ser un regalo era
para noble y bonita desposada
que, feliz, lo esperaba en su palacio
de la bella y lejana Nueva España.

Al caer al abismo el reloj quiso
no morir y al momento rezó a Cronos:
“Háblale a Poseidón que, al ser tu hijo,
llegará diligente en mi socorro”.
Y así fue, por favores de los dioses,
que el reloj reposando en azul fondo
resistió y en el piélago profundo
funcionó para siempre venturoso.

Y los peces, que ingrávidos se agitan
y las bellas sirenas de los mares
lo visitan por ver cómo en su esfera
se refleja el carmín de los corales.
Y los viejos marinos que navegan
por las blancas espumas tropicales
aseguran que notas armoniosas
de un sin par carillón del agua salen.





      A QUIEN HIZO LA CRUZ

Tu trabajo, por fin, has terminado
y es sin duda el mejor que nunca has hecho.
Bien que puedes sentirte satisfecho
de esa cruz que el romano te ha encargado.

¿Por qué entonces la pena que has notado,
sin saber la razón, dentro del pecho?
¿Por qué un dardo de horror busca derecho
tu febril corazón desconsolado?

Lo has sabido después, tras haber visto
la mirada del reo que llevaba
en su espalda la cruz para tu asombro.

En los ojos profundos de aquel Cristo
has leído un amor que deseaba
por nosotros llevar tu cruz al hombro.





   OVILLEJOS ENAMORADOS

Tengo de ti lo mejor,
tu amor,
pues, si me agita la duda,
me ayuda,
me anima siempre a seguir,
a vivir.
Por eso quiero decir
a los que quieran oírme
mi convencimiento firme:
¡Tu amor me ayuda a vivir!

Después del tiempo pasado
a tu lado,
tu amante de ayer y hoy
soy,
y, de tu encanto, aprendiz
feliz.
Y ya sin ningún matiz
con el corazón te grito:
Mi vida, te necesito,
¡A tu lado soy feliz!

“Busca otro amor, me dijiste.”
No existe
“Igual que yo, busca alguna.”
Ninguna,
no hay mujer tan especial
igual.
Y a Dios gracias, al final
pude convencerte cuando
te confesé sollozando:
¡No existe ninguna igual!





  LO QUE NON DIXO PETRONIO

Non me costará trabaxo
escrebir aquestos versos
ca muchos ficieron antes
como agora yo lo he fecho.
Aquesta vegada os fablo
a doncellas e mancebos
que non facen con sus padres
lo que con ellos ficieron,
porque viereden sin dubdas
que non les dan complimiento
al asaz cuido e falagos
como los que ellos hobieron.
Pero non vos engañedes
que los fijos pagan cierto
lo que a los sus padres nunca
de buena guisa volvieron,
ca pagarán esa deuda
en sus mesmos fijos luego,
que aquesta es la ley de vida
e sabedes que non yerro.
E ya que sois sabidores
de aqueste fermoso enxiemplo
non espero dejaredes
de lo seguir mi consejo,
mentres yo quedo al amparo
de quien buen fijo me credo,
nuestro Señor Jesucristo
que veredes en el Cielo.

 

 

 


AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

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