ACTOS Y CULTOS 2004
BAJESE UNA ESTAMPA DE LA VIRGEN
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       Pudo ser una madrugada estrellada cuando los pastores en sus majadas apacentaban sus ganados y las gentes pacíficas del campo descansaban en sus camastros a la luz de la luna acariciados sus rostros por la brisa suave que mece las flores.

       Pudo ser una madrugada distinta a todas: las estrellas danzaban jubilosas de un lado para otro como agiles bailarinas, los mas hermosos luceros giraban a la velocidad del rayo rozando la tierra y perdiéndose en el infinito, y en el espacio sin fin todas las constelaciones eran como una sinfonía de colores y de movimientos.

       Algo extraordinario iba a suceder. Para bien o para mal eran señales graves, portentosas, divinas. Los pastores no acababan de comprender tan extraño fenómeno y los mas madrugadores boyeros iban asustadizos con el alma en vilo hacia las rastrojeras. Los ganados estaban inquietos, las aves supermadrugaron y los arboles del arroyo doblaban sus copas hasta peinar la juncia o estiraban sus manazas verde ocre hacia un firmamento de oro.

       Algo bueno iba a suceder, pensó para sí Juan Martínez, el boyero del Gavellar, mientras cumplía sus devociones mañaneras desgranando sus avemarías camino del trabajo.

       Y cuando el ubedí dio vista a su besana con su cabo bajo junto al arroyo y su cabo alto a la vera del camino, vio brillar a escasa distancia, entre las junqueras del reseco arroyuelo, un objeto como de cuarta y media de altura. Juan se acercó con su alma de plata y a cada paso nuevos destellos de colores distintos y distintas sensaciones. Juan sintió miedo pero como su corazón iba a estallar en pedazos y escuchaba como lo llamaban por su nombre, se acercó rodilla en tierra hasta el objeto sobrenatural y besando el suelo polvoriento con fervor, Juan alzó su mirada contrita y en dos mitades rodó por la rastrojera una campana de barro. Debajo de la misma, una imagen de la Señora de escasas dimensiones que el ubedí se resistía a tocar, pues de la misma salma un intenso resplandor mientras mil instrumentos dejaban escuchar unas notas celestiales y unos cánticos divinos. Era el amanecer del día 7 de septiembre de 1.381 cuando Juan Martínez estrechó en su ardiente pecho a la Señora, y Úbeda recibía su divina regalía.

       Así habla la tradición, aunque con distintas versiones. ?Pudo ser quizá tan celestial portento en un atardecer...?. Pudo ser, pero las estrellas sólo juegan de noche al esconder y al pillar y los luceros sólo dejan ver sus cabellos de oro cuando el sol duerme placentero. Los atardeceres sólo se hicieron para meditar, descansar y contemplar el firmamento, en cambio Dios nos regaló la noche para soñar.

       Sobre la aparición de la Señora la historia escrita contemporánea parece haber enmudecido. ?Quién dejó de escribirla? ?Quién permaneció mudo? Sólo nos quedó la tradición recogida por el pueblo y por él transmitida.




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BAJESE EL TEXTO DEL VIACRUCIS AL CRISTO DEL GAVELLAR


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    Parte de los textos han sido extraídos del libro
    NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, SEÑORA DE LAS AGUAS, PATRONA DE UBEDA
    de Ginés de la Jara Torres Navarrete.
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