HELLKNIGHT
-CAPÍTULO 5-
Desperté con el alba, con una
sonrisa en mi cara, pues estaba contento. Abrí la puerta del
armario y busqué. Las ropas que allí había eran muy lujosas!
Me decidí por un conjunto cómodo, de terciopelo azul oscuro;
unos pantalones ajustados y una camisa , ambos con ribetes
dorados. Tomé también una capa negra muy bonita, con cierre de
oro; unos guantes oscuros de piel de cabritilla y unas botas
blandas, similares a las de montar a caballo, que me llegaban un
poco por debajo de las rodillas. Me miré de nuevo al espejo y me
sentí complacido. Y salí por la puerta.
Allí estaba Dechala, con tres
voluminosos libros bajo el brazo y una amplia sonrisa
-Vaya, te levantas realmente
pronto. Ve a desayunar; como no sabia que te gustaba, he
preparado un poco de todo. Te espero dentro de un rato en la
biblioteca.
Dicho esto siguió su camino por el
pasillo, tarareando una cancioncilla.
Gratamente sorprendido fui a
desayunar. Allí encontré de todo, todo lo que pudiera desear.
Tragué comida abundantemente, pues no probaba bocado desde
varias semanas atrás, y me encaminé hacia la biblioteca.
Dechala estaba allí, leyendo
atentamente uno de los libros. Junto a ella tenía una cajita
cúbica de unos diez centímetros de lado, de oro y engarzada con
piedras preciosas. Me fijé en que esa misma caja, u otra muy
parecida, aparecía ilustrada en el libro. La sacerdotisa leía
ávidamente el texto que acompañaba al dibujo. Un rato después,
cansado de esperar, tosí. Ella levantó la vista del libro y me
hizo un gesto, indicando que me sentase a su lado. Apartó el
libro y la caja, tomó algunos libros más y me los puso delante.
-Si quieres llegar a ser alguien
importante en la sociedad Mazoku, debes instruirte. Un Mazoku
tremendamente poderoso pero ignorante nunca llegará a nada, pues
no es verdaderamente poderoso. El conocimiento es poder, y por
eso Fibrizzo-sama es el líder de los Dark Lords. Sigue su
ejemplo y verás cómo escalas posiciones. O hazlo sólo por
afán de conocer. El mundo es demasiado grande como para saberlo
todo sobre él, incluso a lo largo de la milenaria vida de un
demonio.
El conocimiento es poder...
Aquellas palabras me han guiado desde entonces.
Asentí, tomé uno de los libros y
comencé a leer.
Por las tardes, Dech me enseñaba
magia, aunque no era excesivamente bueno en ello. Bien, dominaba
algo de magia negra, y era todo un maestro usando la magia
elemental del fuego, pero parecía como si los otros tipos de
magia me estuviesen vedados.
Así continué durante años,
muchos años, aprendiendo. De vez en cuando, uno de los siervos
de Fibrizzo me llevaba al patio de armas y me aleccionaba en el
manejo de diverso tipo de armamento, un campo en el que fui
bastante diestro desde un principio.
Una mañana yo acababa de comenzar
a leer en la biblioteca, con Dechala a mi lado, que gustosa
dejaba su investigación sobre artefactos mágicos para
explicarme cualquier duda que pudiera tener, cuando Fibrizzo
entró allí. No lo habia visto desde hacia mucho, y quedé
sorprendido, pues se presentaba como un niño de unos once años.
-Tranquilo, Ihsan, soy yo
-Fibrizzo-sama!
-No, lo de sama sobra.
-Por qué estas... eres... que ha
pasado...?
-Oh, esto-hizo una breve pausa para
mirarse- es un pequeño experimento, he adoptado esta forma.
Quiero ver que pasa.Ahora... Voy a llevarte de viaje!
-A dónde?
-Ya lo verás!