HELLKNIGHT

-CAPÍTULO 4-

 

Cuando abrí los ojos, estos tardaron en habituarse a la escasa luz. Pude ver un lugar oscuro y siniestro. Las paredes, el suelo y el techo parecían de obsidiana pulida, y unos pocos candelabros iluminaban la estancia.

Dechala seguía junto a mí, mirándome. Me di cuenta de que estaba de rodillas, con las palmas de las manos apoyadas en el suelo.

Alcé el rostro, y vislumbré una figura sentada en un trono. Era ominosa y terrible, y sentí que un escalofrío recorría mi cuerpo. La primera vez que lo vi, y me produjo tal sensación de poder, despedía un aura de gloria infernal tan enorme, que quedé fascinado.

-Bienvenido, Ihsan.

La estancia parecía estar ahora más iluminada, y pude ver en el trono a un hombre joven, de cabello largo de color azul oscuro, y unos enormes ojos verdes, que sonreía con dulzura.

Se incorporó del trono y se dirigió hacia mí. Me tomó de la mano, haciendo un gesto para que me incorporase. Durante un rato estuvo mirándome con curiosidad, sin borrar esa sonrisa simpática de su rostro.

-Me llamo Fibrizzo. Ahora tu “me sirves”, aunque no me gusta decirlo así. Prefiero decir que trabajas para mí. Tendrás prácticamente todo lo que desees, y, quien sabe, quiza algun dia llegues a ser alguien importante, como general o sacerdote.

Sonreí. No sonaba mal. Ese tal Fibrizzo, que era el mismísimo Mei Ou Sama, Amo del Infierno, me ofrecía un trabajo interesante. Estiré la mano para indicar que aceptaba, esperando la suya, pero, en lugar de eso, me dio un abrazo.

-Dech, llévalo a sus aposentos. Mañana comenzaremos a enseñarle todo lo que tiene que saber. Siéntete como en tu casa, Ihsan, pues esta es tu casa. Puedes hacer uso de todas las estancias, excepto de las habitaciones privadas de los que aquí vivimos, así como nadie podrá entrar en la tuya sin tu permiso.

Dechala me guió hasta mi habitación, esta vez de forma menos brusca. Con el tiempo aprendí mucho sobre ella, y la aprecié. Y supe que la mayoria de lo que se dice sobre los mazoku es mentira.

Llegué ante la puerta, y Dechala me entregó una llave.

-No la pierdas!-y me guiñó un ojo al tiempo que sonreía. Y date un baño!

Entré, y quedé fascinado. El lujo del que habia disfrutado en Demon Sea no era ni la mitad del que tenía delante de mis ojos. Aquello casi parecían los aposentos de Deep Sea Dolphin. Una inmensa cama con sábanas de seda, que me produjeron una sensación increíble al entrar en contacto con mis dedos; un lujoso armario de ébano con un gran espejo, y un baño privado con una inmensa bañera de bronce pulido, llena de agua humeante, con el inconfundible aroma de las sales de baño.

Me detuve frente al espejo y comencé a quitarme la ropa para bañarme. Quedé desnudo frente al pulido cristal y contemplé mi cuerpo. Estaba muy bien formado, aparentaba unos diecisiete o dieciocho años humanos, pero ni rastro de barba ni vello en mi pecho. Miré mis ojos de color azul oscuro, y mi cabello, del mismo tono, pero más oscuro aún. Y me gusté a mi mismo. Era curioso que nunca me hubiese parado a mirarme detenidamente frente a un espejo.

Y entré en el baño, y di gracias a todas las deidades por lo bien que me sentó aquello.

 

-CAPÍTULO 5-

-CAPÍTULO 3-