Hay   diferentes  concepciones  sobre la forma de hacer ciencia, pero siempre se nos ha enseñado el paradigma positivista,   creándose  un enfoque elitesco dentro de las comunidades científicas. Esta modalidad tuvo su razón de ser a raíz de la I y II Guerra Mundial, cuando los científicos de la época quisieron proteger la generación  del   conocimiento científico   de   las apetencias autócratas y militaristas de los gobernantes del momento ante el auge del nazismo y el fascismo.

       En este contexto político y social, surge la Concepción Heredada dando origen al método científico tradicional. Dicha concepción se caracterizó por: el énfasis en lo lógico-empirista; la omisión del enfoque sistémico,  dinámico  e   interdisciplinar  de la realidad; el deslinde entre el sujeto y el objeto de estudio; la búsqueda de un  discurso  menos  especulativo y más objetivo; la  no  percepción  de  los  cambios  y  flexibilidad  de  las teorías, métodos y técnicas;   la no contaminación con factores extraepistémicos;    la  protección   de  la autonomía de la ciencia sobre   cualquier contexto y valor   sociocultural;   la  inspiración en   el   axiom  a tradicional: Ciencia + Tecnología = Progreso Económico = Progreso Social; el empleo de la formalización y la racionalización lógico-matemática; y el fomento del elitismo.

         Este paradigma responde a una visión mecanicista-reduccionista de la realidad, donde se aísla   el   objeto   de   estudio  con   la   finalidad de analizarlo; una vez analizado se procede a ensamblar las partes para explicar su funcionamiento como unidad.  Su fin último es controlar la realidad, aprehenderla y dominarla; esta forma de producir conocimiento  ha  traído algunos beneficios a la sociedad, pero ha deshumanizado a la ciencia.

        Partidarios de esta concepción, los  académicos hasta ahora han estado anclados en esta racionalidad científica-clásica,    la   cual  siempre ha valorado y propugnado la objetividad del conocimiento, cuya consistencia   se   ha   ido   perdiendo debido a la dependencia que tiene la ciencia con respecto  a  los   supuestos   teóricos  del  investigador;  el   ideal   de  una ciencia completamente independiente del hombre, es una  ilusión.  En  tal sentido,  Heisenberg  (1958) dice: “la realidad objetiva se ha evaporado y lo que nosotros observamos no es la naturaleza en sí, sino la naturaleza expuesta a nuestro método de interrogación”. (p. 25).

         Otro mito que ha debilitado al método científico ortodoxo  y que ha menudo se disimula con  un   dogmatismo  metodológico  es  el  de  las relaciones causales.   Al respecto Bertrand Russell (1953) señala:
Reflexiones sobre Cómo Hacer Ciencia
parte 1 de 3

Dr. Jesús Leal
www.jleal.tk
     “La palabra “causa” se encuentra muy  ligada con asociaciones  engañosas, y  la  razón  de que la  física haya cesado de  buscar causas es que, en  realidad, no hay tales cosas…La ley de causalidad…es una reliquia de una edad pasada que sobrevive, como la monarquía, sólo porque se supone, erróneamente,   que   no  hace daño”. (p. 382).
sigue (parte 2)