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Generación de Pensamiento Estratégico Es posible afirmar que existe una sutil diferencia entre “planificar” y “generar pensamiento estratégico”. El primer término se refiere a un proceso muy estructurado y racional que se orienta hacia la organización, administración y aplicación de recursos actuales y potenciales. El segundo término se refiere a un proceso intelectual desestructurado y básicamente intuitivo. Ambos procesos son complementarios; para llevar a efecto un proceso de planificación, es necesario que las ideas que le servirán de insumo, sean generadas con antecedencia. No es posible hacer planes si antes no ha sido concebido el constructo que le dará respaldo intelectual a su contenido. Si se concibe un plan estratégico sobre la única base de la racionalidad, el resultado estará mediatizado por estructuras intelectuales preestablecidas: los modelos mentales. Estos son simplificaciones o percepciones instantáneas de la realidad que determinan tanto el modo de interpretar el mundo como el modo de actuar. Los modelos mentales son tácitos, existen por debajo del nivel de conciencia y, por tanto, obstaculizan la percepción de la realidad por cuanto inducen a la interpretación inconsciente y “automática” del contexto que es objeto de estudio y a la adopción de perspectivas distorsionadas e incompletas de la realidad. Además, los procesos racionales “puros” inducen a utilizar reglas o procedimientos previamente aprendidos y conducen, en el caso de la planificación estratégica, a buscar en el presente las soluciones a los problemas que la organización enfrentará en el futuro. Por el contrario, si se concibe un plan estratégico sobre la base de una combinación de lo intuitivo con lo racional, el resultado puede ser optimo. En este orden de ideas se puede decir que un proceso de generación de pensamiento estratégico tiene dos momentos: uno estructurado, por tanto racional, otro desestructurado, por ende intuitivo; donde o cuando termina uno y comienza el otro no es algo fácil de establecer; cada sujeto debe desarrollar la capacidad intelectual para que ambos momentos se manifiesten en el instante en que la situación así lo amerite. Para desarrollar la capacidad intuitiva, cada sujeto debe comenzar a percibir la generación de pensamiento estratégico como un arte. La creación artística es, sin duda alguna, una actividad de carácter intuitivo; el artista percibe la realidad en forma diferente a los demás seres humanos, la percibe en su esencia y la delimita en forma muy particular; podría decirse que la percibe con el alma y la delimita con la razón. Lamentablemente no hay forma de enseñar a obtener conocimiento por medio de la intuición; la explicación de este impedimento es evidente: los métodos de aprendizaje son constructos racionales, no conducen más allá de la razón, no facilitan la aprehensión inmediata del objeto por parte del sujeto. Además, está el hecho de que en la aprehensión inmediata no existe intermediario posible, el sujeto se encuentra solo frente al objeto; ni facilitadores, ni métodos ni modelos pueden ayudar a un tipo de aproximación como esta. Lo más que podría obtenerse, en ese sentido, sería un constructo teórico y metodológico que ayude a que el sujeto se consiga consigo mismo frente al objeto; un constructo que sirva de contexto para la aproximación tanto intuitiva como racional hacia el objeto; un constructo que cree las condiciones para la exploración de lo que esta más allá de la razón, más allá del pensamiento, más allá de lo tangible y muy cerca de lo absoluto. Msc. Néstor José Contreras Pineda Bibliografía: Day, George, Shoemaker, Paul y Gunter, Robert. (2000). Gerencia de Tecnologías Emergentes. Buenos Aires: Javier Vergara Editor. |
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| Los Analfabetas del Siglo XXI no seràn los que no pueden leer ni escribir, sino los que no pueden aprender, desaprender y reaprender. ALVIN TOFFLER |