Al
gran pueblo argentino ¡Salud! Palabras
apresuradas para un pueblo fraternal
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He
estado pensando en la mejor manera de comenzar esta pequeña nota que quiero dedicar a los
hermanos argentinos. Era algo que como venezolana les estaba debiendo, no sólo por la
solidaridad del último abril, sino por la histórica comunión que siempre han tenido con
este pueblo mío. En tiempos difíciles, de atropellos e injusticias hacia cualquier
pueblo de América, la nuestra, es la voz del pueblo argentino una de las primeras que se
levanta para reclamar, para solidarizarse, para salir a la calle alzando la voz;
expresión de la conciencia y madurez que su pueblo luchador evidencia como pocos. Hoy
vemos cómo ese pueblo, a pesar de la difícil situación que está enfrentando, no deja
de advertir los peligros que aquejan a sus viejos países hermanos. Contar con el pueblo
argentino nos ha hecho siempre fuertes, por eso en este momento tan difícil para ambas
naciones, como venezolana, les extiendo una mano amiga y solidaria en nombre de nuestro
pueblo, para que sepan que nunca más permitiremos que intereses ajenos a los nuestros
bifurquen nuestros caminos, al contrario, lucharemos más que nunca para que sea uno y
grandioso nuestro destino. Sólo desde la integración nuestros pueblos serán grandes,
fuertes e invencibles, es algo que siempre hemos sabido pero que, hasta ahora, no nos ha
sido posible. Somos los pueblos los que hacemos la historia, aunque casi siempre han sido
otros los que la han escrito. Es hora de hacerla y escribirla. En
todo eso he pensado, y no se me ocurre nada más que darle la palabra a un venezolano,
artista y luchador por la libertad y justicia de los pueblos, César Rengifo: Siempre
los hombres y los pueblos que viven y sufren bajo la opresión y la injusticia, cercos
torturantes de la dignidad, sienten permanentemente la tentación de un amanecer,
tentación que a la vez es esperanza del nuevo día donde lo humano adquiera su justa,
exacta, digna presencia. Cuando los hombres y pueblos llegan al límite de los
padecimientos y de las humillaciones, transforman su tentación de amanecer y su esperanza
de día radiante en acción liberadora: y su cólera grave y desatada inflama de centellas
los caminos. Caminos que conducen a recuperar la bondad y la justicia, para ellos, que es
decir: para todos. Pero
entiéndase bien: nunca la lucha del pueblo ha sido ni es lucha de guerra por guerra; ha
sido y es, al contrario, lucha obligada y obligante por la paz. Ya lo dijo una vez de
manera hermosa Vallejo: ¿Batallas?
¡No! ¡Pasiones! ¡Y pasiones precedidas
de dolores del pueblo con esperanzas de
hombres! Gracias pueblo de Argentina, su lucha es la nuestra, es hora de juntar y estamos con ustedes, pariendo junto a nuestras hermanas la nueva y urgente patria grande. Por nada del mundo nos dejaremos sabotear la esperanza.
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