Si la ciencia ficción
española, y el conjunto de aficionados que la rodea, no fuese como
es, a la hora de escribir este artículo podría haberme dirigido
a algún otro ensayo sobre la obra de Gabriel Bermúdez
Castillo1 y haber leído algunas otras opiniones sobre su
obras que me hubiese ayudado a descubrir algún otro detalle o a comprender
algún aspecto confuso. Pero, y esa es la cuestión, los aficionados
a la ciencia ficción en España han sido más bien parcos
a la hora de estudiar a los autores en su propia lengua y normalmente prefieren
escribir el enésimo artículo sobre Ballard o el definitivo
estudio sobre Dick. Incluso una obra tan interesante como Ciencia
ficción: guía de lectura sólo trata el tema
marginalmente.
Digo lo anterior, porque
creo que dentro de la ciencia ficción española se dan una serie
de características dignas de estudio. Ese es el caso, desde mi punto
de vista, de la sátira. La sátira es un elemento usual en la
ciencia ficción, algunas obras extrapolan una sociedad futura o paralela
con el propósito de comentar cruelmente los excesos de la época
que le ha tocado vivir al autor. Ejemplos de ello van desde Los viajes
de Gulliver de Jonathan Swift a Un mundo feliz de Aldous Huxley.
Sin embargo, la ciencia ficción norteamericana tiende a ser, en su
descripción de sociedades futuras, más irónica que
satírica. Pero curiosamente, creo que en la ciencia ficción
española se da el caso contrario. En los cuentos de ciencia ficción
escritos en España el propósito parece ser generalmente construir
algún tipo de antiutopía que extrapola y exagera algún
detalle de nuestra sociedad. Es este el caso, por ejemplo, de la mayor parte
de los cuentos de ciencia ficción españoles publicados en
Nueva Dimensión, los cuentos de Domingo Santos o la novelas
del propio Bermúdez como Viaje a un planeta wu-wei y El
señor de la rueda (Lágrimas de luz y Mundos en
el abismo y Gabriel, sin embargo, tienden a potenciar otros elementos
aunque persiste en ellas una carga satírica). Creo que poder distinguir
entre ironía (que es una característica de la forma en que
el narrador y el autor ven la sociedad) y sátira (que es una actividad
consciente e intelectual por parte del autor) y explicar el predominio de
esta última en la ciencia ficción española iluminaría
algunos aspectos sobre los defectos y virtudes de la ciencia ficción
escrita en nuestro país.
Y me refiero ahora a la
sátira, porque creo que la última novela de Gabriel Bermúdez
Castillo Salud mortal2, lo es deliberadamente. Pero en
el caso de esta novela (como ya se dejaba ver en Viaje en viaje a un planeta
wu-wei) los elementos satíricos cumplen la doble función
de comentar la sociedad descrita (y por extensión la nuestra, además
de un cierto periodo de nuestra historia reciente) y de producir un
distanciamiento intelectual en el lector por otro lado. Esto se artícula
en al novela en dos estrategias distintas pero complementarias. Para producir
el distanciamiento social se van esparciendo por la novela elementos que
describen satíricamente la peculiar dictadura farmacológica
descrita en la novela. La segunda estrategia es doble, consiste por un lado
en cuestionar la credibilidad de la narración y por otro en cuestionar
al propio personaje central y narrador de la acción. Para ejecutar
esta segunda estrategia se van sucediendo varios golpes de efecto al final
del libro.
Salud mortal se centra
en una dictadura médica que gobierna España después
de una guerra mundial provocada por los tártaros. Estos atacaron el
mundo con bombas de neutrones y más tarde con armas bacteriológicas
que destruyeron gran parte de la capacidad agrícola del planeta.
Después de la destrucción de la amenaza tártara por
medio de un ataque americano que salva al mundo in extremis se establece
en todo el globo una dictadura médica para luchar contra las epidemias
que asolan todos los países. Una vez pasado el peligro, las juntas
médicas devuelven el poder al pueblo y reestablecen la democracia.
La única excepción es España, donde la medicina, aliada
con la iglesia, conserva el poder estableciendo el gobierno Panmónico.
Al contrario de otra dictadura farmacológica, Un mundo feliz,
el poder en Salud mortal no se basa en la potencia de las drogas
utilizadas sino en la ignorancia del enfermo. A todas las enfermedades y
medicamentos se les ha asignado un ciertos código cuya clave es sólo
conocida por los médicos, que por lo tanto conservan el poder porque
nadie se atrevería a luchar contra quien puede curarte.
La dictadura descrita no
es una antiutopía como es en Un mundo feliz o en 1984.
El gobierno no puede, por razones puramente de medio, controlar a todos los
ciudadanos (pero lo intenta, por ejemplo, añadiendo un inhibidor sexual
al agua corriente) y existe la posibilidad real de rebelión y
conspiración3. Nacen así las BAE (Brigadas
Antimédicas Españolas) dirigidas por el misterioso Miocardio,
que luchan contra el poder médico y a favor de la justicia. Las BAE
hacen gala de un cierto carácter robinhoodiano, retribuyendo al inocente
y castigando al culpable. En 1984 el gobierno era malo, en Un mundo
feliz era bueno (buscaba el bien de sus ciudadanos) en Salud mortal
es más complejo y si bien sus fines son buenos (busca la salud de
los ciudadanos) el sistema está corrupto y sólo busca perpetuarse
a sí mismo.
El sistema político
descrito está más que evidentemente basado en el franquismo.
La situación económica que vive el país, a pesar de
los coches eléctricos y otros adelantos tecnológicos, corresponde
más bien a los años de penuria y hambre que siguieron a la
guerra civil. La identificación se hace más fuerte y evidente
con la inclusión en la trama de varios elementos que fueron o
podrían haber sido parte de la icónica del franquismo. Así
se entiende la referencia a los videojuegos de cruzados que matan infieles
y ateos (página 40), la represión sexual, el dominio de la
iglesia, los discursos de tono franquista:
Pero es que todo esto ya ha sido aceptado de común acuerdo por
el pueblo español, que en épocas de miedo y sufrimiento
reconoció que el Poder Médico y una Administración Religiosa
eran imprescindibles para la salud en cuerpo y alma, objetivo necesario de
una conducta Panmonista (p. 68)
y hacia el final el dictador médico, Suñer Capdevila, hace
un comentario que recuerda a algunos de Franco: "Entiendo algo de pintura,
lo mismo que de teatro, de automóviles, ¡o incluso de
política!" (p.174). Finalmente la identificación se refuerza
aun más con la llegada del comisario Valcárcel al poder que
recuerda al desembarco de los tecnócratas en el gobierno franquista.
Dentro de este mundo se
mueve Alcestes Jordán, un pintor de fama y prestigio, que vive en
una gran mansión en las afueras de Madrid acompañado de su
cocinera Lesbia (que haciendo honor a su nombre es lesbiana en una sociedad
que no consiente tal cosa). Se relata, en capítulos que alternan el
punto de vista de Alcestes y otros extraídos de los archivos de las
BAE, los días previos al asesinato del premier Suñer. La
acción comienza con Alcestes haciendo venir a su casa a Julián
Bioy Morel para preparar una nueva exposición. Los cuadros que le
presentas con subversivos en distinto grado desde el punto de vista del poder
médico:
Los otros siete tenían el mismo tema, con variantes: un cigarrillo
encendido, humeante. Cambiaba el fondo, el acomodo del cigarrillo, que unas
veces estaba en un platito de loza, otras en el borde de una mesa, y en uno
de ellos en una verdadera joya: un auténtico cenicero de cristal tallado,
con más de un siglo de antigüedad. (p. 19)
Alcestes planea contrarrestar este hecho obteniendo el permiso del premier
Capdevila previo regalo de un gran cuadro especialmente halagador para su
persona. Pero realmente lo que Alcestes quiere con el regalo del cuadro es
una oportunidad de acercarse al premier para asesinarlo, porque Alcestes
es en realidad el misterioso Miocardio (cosa que no debe descubrir el lector
hasta el final) jefe de las BAE y jefe de todo. Así es extremadamente
irónico que cuando Julián pregunta a Alcestes si se ha inspirado
para realizar el cuadro del premier en "La lección de anatomía"
este contesta: "No lo niego. Pero ya sabes: el plagio está permitido;
lo que no está permitido es el asesinato" (p. 20). Y cuando recibe
una carta de la oficina del premier agradeciéndole el cuadro pero
nada más Alcestes comenta: "No era aquello lo que yo quería,
dado mi objetivo secreto" (p. 87).
Pero, ¿por
qué quieren las BAE asesinar a Capdevila? La razón es simple:
se ha puesto en marcha una operación gubernamental llamada MASACRE
para acabar definitivamente con las BAE. A éstas no les queda más
remedio que golpear primero antes que ser destruidas y Alcestes, como Miocardio,
da las ordenes pertinentes. Sin embargo, durante todo el desarrollo de la
novela Alcestes parece inocente y ocupa su tiempo en satirizar con sus actos
y pinturas la sociedad en que vive. Así, cuando tiene que ir a un
hospital aprovecha para tomar ideas para cuadros con títulos como:
"La cola de los órganos". En realidad, la imagen que da de la medicina
durante sus correrías tiene un cierto regusto a la seguridad social
tal y como la conocemos (con sus largas colas, con sus increíbles
errores, con sus médicos que se niegan a dar explicaciones), cosa
que probablemente no estaba muy lejos de la intención del autor. Apunta
muy bien Julián Díez en su artículo que "su desdén
[de Bermúdez] por los progresos científicos no es frontal sino
motivado por el mal uso que se hace de ellos". Así en Salud
mortal, con una nueva sátira, el médico más
humano resulta ser un robot diseñado y distribuido por la BAE para
contrarrestar el poder médico (pp. 146-149).
Las actuaciones de Alcestes
vienen sin embargo contrastadas y comentadas por los capítulos que
reproducen informes de las BAE. La sociedad que Alcestes describe con
sátira e ironía se pinta de colores muchos más
trágicos y crueles. Aparte de eso el carácter documental de
los informes de las BAE (con sus números de archivo incluido) tiene
el propósito de añadir credibilidad a la
acción4 y a la sociedad descrita.
Pero Alcestes no es el
persona adecuadamente inocente de otras antiutopías, sino que como
Miocardio es realmente el instigador de todos los actos que suceden en la
novela y el que pone en marcha la acción: Que la policía lo
detenga junto con Walter en el capítulo "Mi venganza contra Walter
Kink" no es sino producto del deseo de Alcestes de tener un policia que le
de una coartada (previa detención domiciliaria) en el asesinato de
Capdevila, Julián Bioy Morel viene a la casa de Alcestes para ver
unos cuadros de cigarrillos pero realmente va allí para dar una
razón a Alcestes para regalarle un cuadro a Suñer y poder
asesinarlo tranquilamente, Alcestes hace venir a Jenny, a la que contrata
ama de llave y que no sabe que el es Miocardio aunque ella pertenece a las
BAE, a Madrid para hacerla aparecer como culpable. Pero es más, Alcestes
se introduce en su propia trama y se mueve entre sus personajes con el
propósito de parecer inocente tanto a los ojos de los otros personajes
como para el lector. Como Víctor Lanyard en Golconda, Alcestes
Jordán5 no es sino un manipulador pero mientras Víctor
parecía inocente a los ojos de los otros personajes por ser un niño,
el juego de Salud mortal es más complejo porque incluye
también al lector que debe creer en su inocencia hasta el
final6. Y es el propio Alcestes el que produce un comentario sobre
la novela cuando en el bar clandestino Chez Triphon ve un cuadro móvil
y comenta:
Era un móvil... ¡maldita sea! Y dentro de lo que yo sé
de esos juguetes para adultos, bastante bueno. Enorme de tamaño; tal
vez cinco metros por dos, apaisado. Estaba encima de las botellas, tras el
mostrador... ¿cómo no lo había visto antes? Representaba
un río, que iba de lado a lado de la cosa (no quiero llamarle cuadro),
cruzado a mitad por un puente curvo. Había barcos, casas y un montón
de figuras humanas de no más de cinco centímetros. ¡Y
se movía! ¡Todo en él se movía! Los barcos zarpaban
de sus muelles, las gentes cruzaban por el puente, otros barcos llegaba y
eran cargados por hombrecillos de tres dedos de altura, el río
corría, burbujeando en sus oleosas ondas; en las casitas diminutas
surgían figuras por puertas y ventanas, y todo en conjunto era una
gusanera ininterrumpida, un hormiguero de movimiento sin fin. Como siempre,
el colorido era detonante, y los movimientos no demasiado naturales. Pero
estas desrazones, controladas por una memoria y un procesador elemental,
estaban sustituyendo en demasiados sitios a la verdadera pintura. (p.39)
a lo que otro personaje añade:
-Está bien programado -contestó él, a la defensiva-.
No es todo así. De vez en cuando hay aventuras, invasiones de tropas
extranjeras... el pueblecito arde, las gentes huyen, luego viene la
reconstrucción... Hay quien se queda embobado, horas y horas,
mirándolo... (p. 39)
y curiosamente estos cuadros móviles ya aparecen descritos en la
página 278 de Golconda. En esa novela, la reacción del
personaje al cuadro es descrita de la siguiente forma:
Gustavo de Hokusallmi tuvo una pesadilla. Soñó que estaba
observando el móvil de Leiner Paget que había en el comedor
del Gobierno militar. Vio que, poco a poco, de los grandes bosques iba surgiendo
una turba de figuras oscuras que avanzaban hacia los lagos. Grandes hocicos
negros surgieron de las claras aguas. Las densas masas de hombres se agruparon
en la orilla y, de pronto, las aguas se tiñeron de rojo... En
sueños, deseó intensamente entrar dentro del cuadro y,
repentinamente, se dio cuenta de que ya estaba dentro... Los hombres continuaban
saliendo del bosque y avanzando, avanzando... Los mandaba una figura que
no tenía rostro...7
que refuerza la significación del cuadro como reflejo de la acción.
Luego también es irónico cuando al comienzo de la novela Alcestes
comenta sobre los cuadros móviles: "¿Esos juguetitos movidos
por ordenador, con paisajes que cambian a cada momento? Son una desrazón;
una moda que pasará." (p. 23)
El distanciamiento del
lector hacia la sociedad descrita se produce por medio de diversos elementos
satíricos (la visita de los curas a la casa de Alcestes, los carnets
donde se apuntas las asistencias a misa, la necesidad de ajustar el consumo
de caloría antes de comer, las referencias a nuestra historia pasada)
y la intercalación de los capítulos extraídos de los
ficheros de las BAE (la declaración de las víctimas de la
arbitrariedad médica suplen el papel del observador ingenuo de otras
novelas). Paralelo al anterior, el distanciamiento del lector con respecto
al personaje se crea de forma distinta. Primero es el carácter del
propio Alcestes que parece más un playboy preocupado de vivir al borde
de la ley más por diversión que por convicción. Al principio
parece que su deseo de regalarle un cuadro a Suñer es producto del
interés por ascender en la escala social. Al final se descubre la
verdadera naturaleza de Alcestes y su absoluta falta de escrúpulos
para condenar a inocentes, y esto que aparentemente le redime en realidad
le condena: ya no parece un playboy sino un ser sin escrúpulos.
Curiosamente es el propio comisaría Valcárcel, cuando queda
claro que Alcestes quería hacer cargar a Jenny con la culpa del asesinato
de Suñer, quien deja claro el carácter del personaje cuando
declara:
Aún no sabíamos quién era el jefe, pero tenía
yo sobre mi mesa su perfil psicológico. Era una persona que comenzó
con esto hace unos diez años, y que al principio, creyó en
ello sinceramente. Tenía el deseo de hacer justicia... o de creer
que la hacía; es lo mismo. Luego, las cosas evolucionan. Se adquiere
una sensación de poderío, cada vez mayor. Entonces surge la
necesidad de mandar y hasta de matar. En este momento, señor Jordán,
usted está en ese periodo. Aunque le concedieran todo lo que desea...
todo lo que las BAE piden, usted se sentiría insatisfecho. Necesita,
como una droga, el poder absoluto que da ser el jefe de una organización
terrorista... (p. 249)
Es interesante como Valcárcel, un manipulador mayor aún que
Alcestes, es el único capaz de descubrir la verdadera naturaleza de
este. Valcárcel resulta ser al final el organizador y controlador
de todos, la persona que hizo correr el rumor de la operación MASACRE
que obliga a Alcestes a actuar y matar a Suñer y dar excusa así
a Valcárcel para dar golpe de estado. En interesante que Valcárcel
en la posterior historia política de España, al igual que hiciera
antes Alcestes: "Seré capaz, si se quiere así, de matar o
defenderme a distancia mediante botones, pero pegarme con alguien... muy
bebido tendría que estar" (p. 12), se esconde siempre en las sombras
del poder y nunca lo ejerce directamente. En un nuevo giro satírico,
el manipulador resulta ser el manipulado. El paralelismo entre los dos personajes
se refuerza cuando Valcárcel en el momento de descubrir a Alcestes
y para justificar el quedarse sólo con todos los conspiradores confiesa:
"Es mi carácter... soy así. Por ejemplo, la sensación
de peligro al quedarme aquí solo con ustedes. Podrían haberme
matado. Y no hubiera renunciado a esa sensación por nada del mundo"
(p. 256) cuando al comienzo de la novela Alcestes había dicho sobre
si mismo: "[...] me gusta el peligro... entendido a mi manera. Quiero decir
ese hormiguillo que se siente en el estómago cuando algo terrible
te atenaza..." (p. 34).
Ahora descubierta la verdadera
naturaleza del narrador Alcestes el lector no puede sino desconfiar de toda
la narración. Es interesante que las razones del comportamiento de
Alcestes no se explican en la narración sino en un informe de la BAE.
Ahí, al explicar que Alcestes comenzó a actuar por amor hacia
una mujer casada (y por lo tanto inaccesible de forma normal para él,
obsérvese que el distanciamiento del personaje de aquello que ama
es lo que le fuerza a actuar y distanciarse de la humanidad) muerta a causa
de una negligencia médica, se refuerza la degradación moral
del personaje que pasa de amar a desear el poder, una razón más
para desconfiar de lo que nos dice. El lector cree hasta ese punto haber
estado leyendo el sospechosos, por estar aparentemente lejos del centro de
la acción, diario de una persona inocente que se ve implicado en el
asesinato del premier para descubrir la verdad de golpe. Esta revelación,
que obliga al lector a reinterpretar lo contado hasta ese momento, se da
también en Viaje a un planeta wu-wei. En esa novela se obliga
al lector, por medio de la inclusión de elementos mágicos y
fantásticos, a creer que está leyendo una cierta novela (una
narración donde la Tierra ha evolucionado tanto en el futuro que hay
nuevos animales como los mandriles y que las fuerzas mágicas pueden
actuar después de haber sido subyugadas y casi destruidas por la
electricidad) para acabar descubriendo que está leyendo otra cosa
(cuando se revela que la acción transcurre en un planeta extraterrestre
que se ha llamado Tierra). Se fuerza así un distanciamiento entre
la narración y el lector8. Algo similar sucede en
Golconda donde lo que Víctor cuenta se pone en entredicho por
el propio carácter del personaje (un niño megalomaníaco),
sus comentarios irónicos esparcidos por la narración y lo que
otros personajes cuentan9.
En el caso de Salud
mortal el juego es más complejo, superando a Viaje a un planeta
wu-wei y a Golconda10, ya que la novela incluye un
capítulo extra situado diez años después de los hechos
relatados donde se revela que los altos cargos de las BAE viven ahora en
Brasil con el dinero que consiguieron sacar de España (con el
beneplácito de Valcárcel). Se descubre también en este
epílogo que el libro Salud mortal ha sido escrito por Alcestes
para ganar dinero y además su coautor, un tal Souza, ha sido impuesto
por el editor. Ese Souza, autor de novelas de espionaje, es el responsable
de la estructura del libro y de su carácter engañoso que el
mismo reconoce cuando afirma:
[...] Cuando habla usted [Alcestes], lo que se muestra son las apariencias,
lo que se cree que son las cosas, lo social, lo ficticio. Con las noticias
de las BAE lo que surge es la cruda y desagradable realidad, el trasfondo,
lo que hay bajo la capa de cortesía y cultura... o sea, el hombre
en su primitivo estado de salvajismo, luchando por vengarse. (p. 268)
El hecho de que Souza no haya tenido ninguna participación en los
hechos relatados, que su profesión sea escribir novelas de espionajes
y que su principal razón sea escribir un libro vendible cuestionan
nuevamente lo que se ha contado antes. El propio Alcestes parece ser consciente
de ello cuando dice del libro: "Esperemos que esta especie de pastiche que
hemos fabricado entre los dos tenga algún éxito y dé
unos pocos ecus" (p. 268).
Y la ficción, como
bien reconoce Souza, es el verdadero carácter de la trama, desde el
momento en que Alcestes comienza la novela jugando con su jardín
holográfico, hasta la propia operación inexistente MASACRE.
Pero este último
capítulo continúa para satirizar al propio personaje Alcestes
que finalmente se muestra como un hombre enloquecido y senil cuando decide
reconstruir las BAE y declara: "¡Volver a mandar! ¡Volver a ajustar
las cuentas a los delincuentes, los injustos, los malvados, los corrompidos!
Unas cuántas ráfagas de láser y unas buenas granadas
les sentarán bien." (p. 270), "¡las BAE eran un buen negocio!"
(p.270). Y ya en las últimas líneas de la novela dice: "Pero,
¡hay que tener ánimo! ¡Volveremos! Debo comenzar a trazar
planes para salvar a España. ¡Es tan maravilloso ser patriota!".
Finalmente Bermúdez acaba con su propio personaje y lo cuestiona.
Alcestes Jordán es la última y definitiva víctima de
la sátira de la novela.
Resumiendo, en Salud
mortal Gabriel Bermúdez Castillo utiliza varias técnicas
para provocar el distanciamiento del lector antes lo que se está
contando.
El juego interno de la
novela es la tensión entre la realidad del personaje y sus ideales,
paralela a la tensión entre la realidad del gobierno Panmónico
y sus ideales. Es la manifestación explícita de esta tensión
lo que provoca el distanciamiento y es alrededor de ese efecto de distanciamiento
como se estructura la narración. El distanciamiento en un elemento
imprescindible en toda sátira porque el autor busca la complicidad
del lector para que le ayude a manipular las fuerzas históricas para
evitar que el futuro descrito se haga realidad. El lector no debe identificarse
con la sociedad descrita porque entonces la sátira no habrá
cumplido su propósito. Lo interesante de Salud mortal es que
va más lejos hasta el límite de obligar al lector a cuestionar
al propio héroe narrador de la sátira. Esta estrategia tiene
como propósito no hacer que el lector acepte las ideas del revolucionario,
como sucede en otras novela antiutópicas, sino hacer que el lector
piense por si mismo en las circunstancias de la acción y tome sus
propias decisiones sobre la misma. Por esa razón, aparte de satirizar
la sociedad que se describe ataca también al propio personaje que
lucha contra ella. Toma tus propias decisiones, parece estar diciendo el
autor y ese parece ser el mensaje final, porque toda sátira también
es en el fondo fábula moral.
NOTAS
1.- Existen
dos artículos que yo conozca sobre la obra de Bermúdez: "El
señor de la fuerza: sobre la obra de Gabriel Bermúdez Castillo"
de Julián Díez (Gadir'92 Encuentros de ciencia
ficción, revista conmemorativa de Gadir'92, pp. 14-15) y "El escritor
estrella (algunas consideraciones en torno a la obra de Gabriel Bermúdez
Castillo)" de Juan Manuel Santiago (Pórtico 4, pp. 21-27).
El primero es un en general inteligente resumen de algunos temas de la obra
de Bermúdez y sólo lastrado por la manía de Julián
Díez de acusar a todo el mundo de crear personajes tipo Emperador
de Todas la Cosas. En las 7 páginas del segundo artículo es
difícil encontrar algo de valor y sí muchas inexactitudes y
prejuicios puramente personales.
2.- Gabriel Bermúdez
Castillo. Salud mortal. Miraguano ediciones. Madrid, 1993.
3.- Aunque ya he aclarado
que no considero a Salud mortal una antiutopía (al menos no
como lo serían las dos descritas) la seguiré empleando ese
término para referirme a ella y me seguiré refiriendo a sus
similitudes y diferencias con respecto a Un mundo feliz y
1984.
4.- En el artículo
"Reducing the Dystopian Distance: Pseudo-Documentary Framing in Near-Future
Fiction" (Science-Fiction Studies #50, pp. 25-40. 1990) Patrick D.
Murphy explora el uso de elementos falsamente documentales en la ciencia
ficción para dar una sensación de realismo y cercanía
al lector en obras como Warday, and the Journey Onward y The Handmaid's
Tale. En caso de Salud mortal los elementos pseudo documentales se ofrecen
para contrarrestar la antipatía del personaje principal y dar un punto
de anclaje al lector: uno puede comprender el dolor de las víctimas
del poder médico.
5.- Hay muchas
similitudes entre el personaje de Víctor Lanyard y Alcestes Jordán.
El detonante de la acción de ambos, crear las BAE por un lado y conquistar
el universo por otro, es la muerte de la mujer que amaban como me
señaló Héctor Cabezas. Curiosamente ambos obsesivamente
comparan a sus mujeres, Víctor Lanyard obligando a Mitchenzell a vestirse
como su amor muerto y Alcestes Jordán midiendo a sus amantes unas
con respecto a otras. Lo que no son ninguno de los dos es héroes,
así que es difícil de entender como Juan Manuel Santiago en
su artículo dice: "El último capítulo [de
Golconda] muestra a un Víctor excesivamente parecido a Paul
Muad'dib" cuando el poder de Paul en Dune es legítimo y su
derecho al universo natural mientras que el de Víctor es un poder
obtenido a través de la fuerza y la destrucción. Ambos personajes
son, desde mi punto de vista, completamente distintos.
6.- Existe evidentemente
otra forma de leer Salud mortal que es descubrir que Alcestes es Miocardio
y disfrutar de los dobles sentidos y manipulaciones.
7.- Gabriel Bermúdez
Castillo. Golconda. Editorial Acervo. Barcelona. 1987. p. 332.
8.- Obsérvese que
la naturaleza del mundo no se plantea en Viaje a un planeta wu-wei
ya que es algo que no preocupa a los personajes hasta que descubren la verdad.
No se produciría el distanciamiento entre el lector y la narración
si se supiese de antemano que hay un origen misterioso por descubrir. La
clave aquí está en que el lector ofrece su propia explicación
y la acepta en vista de que el autor no "parece" en principio dispuesto a
contradecirla.
9.- La inicial
identificación de Víctor con Hitler no puede sino provocar
el rechazo del lector. Además, cuando uno de los otros personajes
cuenta algo en Golconda el propio Víctor añade notas
aclaratorias que por tanto cuestionan la propia veracidad de la narración.
Es interesante ver que cuando Gustavo relata el encuentro con su madre lo
hace como si el no fuese el protagonista y se tratase de una tercera persona
forzando así el distanciamiento. Juan Manuel Santiago se sorprende
en su artículo que la rebelión en Golconda esté
contada sin convicción, sin aparentemente darse cuenta que ese
capítulo "Amanecer en Golconda" está contado por Disko Tolliver
un personaje, como se deja bien claro, que descree de la revolución
y por tanto no puede contarla con convicción. "Amanecer en Golconda"
es probablemente la única parte del relato que no ha sido manipulada
por Víctor Lanyard ya que este afirma posteriormente: "Cuando haya
que contarlo [la conquista del Golconda], lo escribiré yo y nadie
más" (p. 370)
10.- Esto no es estrictamente
cierto, ya que la estrategia en Golconda son distintas, aunque dirigidas
también a cuestionar al personaje y distanciarlo del lector, y por
tanto la novela merecería un estudio propio en profundidad.
Publicado en BEM 31
© Pedro Jorge Romero 1993
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