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gloria misma de Dios. Considera ahora, que como para acortar las distancias, y para que puedas tomarlas con la mano, te dice el divino Corazón:¨ Seré tu asilo seguro en la hora de tu muerte¨ . Como si dijera: pondré a tu disposición  entonces especialmente los tesoros que allí custodio para tí, con los cuales quedarás santificado y con derecho a la gloria. ¡Ah Señor¡ Cuánto aliciente para amaros, y cuánto para que procure con toda mi alma que os amen todos los hombres...

De salud.-Devoto del divino Corazón, así como el alimento material, cuando se asimila o le hace propio el que lo recibe, aumenta el vigor y lozanía de la vida, y del que así se alimenta solemos decir que tiene mucha o excelente salud, así tú si logras alimentarte con aquellas gracias que hay para tí en los tesoros divinos, en el asilo del divino Corazón, te darán sin duda, mucha salud y robustez; y si en lo físico puede más el que disfruta de más salud, en lo espiritual ha de poder más el que recibe más salud, y la salud es salvación; porque es gracia, y la gracia dá vida vigorosa, y la vida es salud que conduce a la gloria. Benditos sean para siempre, Corazón divino,los secretos deliciosísimos de vuestro amor; bendito ese asilo divino lleno de tesoros, que no sólo dan la salud, sino también la vida; bendito, pues, vuestro amor y misericordia; bendita vuestra gracia, santificación y gloria.

¿Con qué os pagaré , Corazón Divino, tantas finezas de amor, como espero y confio haber recibido de Vos, mediante los nueve primeros viernes de mes, que terminan hoy? ¿Con qué la esperanza de morir en vuestra gracia, y purificada mi alma con la penitencia final, sublimada con la gracia de los últimos sacramentos?¿Con qué la de morir en ese asilo seguro de vuestro
santísimo y amante Corazón? Vedme aquí postrado a vuestros pies, que bajo el dulce peso de la gratitud más rendida por tanto exceso de amor para conmigo, os digo con toda la firmeza de mi amor:Gracias os sean dadas, Corazón divino, por haberme traído y admitido Vos mismo a vuestra saludable devoción, que tanta luz ha traído a mi entendimiento, y tanta afluencia de amor vuestro ha difundido en mi voluntad  para inflamar mi pobre corazón. Gracias mil y más por las nueve comuniones reparadoras, portadoras de la gracia, de la perseverancia o de la penitencia final. Quisiera, Señor, que todo mi ser se convirtiera en lenguas, que supieran cantar eternamente vuestras misericordias, para que todos os conocieran y amaran y para más obligaros a que oigáis mis plegarias. Me consagro a Vos para siempre, y es mi deseo atraer a muchos a vuestra devoción, y también a la de los nueve primeros viernes, para que mediante la perseverancia final, que en vuestra promesa duodécima ofrecéis, se aumente el reinado de vuestro amor por gracia en la vida y por gloria y resurrección en vuestra gloria.
Carátula Bulteno
Pag. 24 Karatula
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