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Continua...
Bajo
estos principios, que tienen su raíz más profunda en las ideas libertarias
de nuestros próceres de la independencia, como Hidalgo y Morelos
en México, y Simón Bolívar en Venezuela y gran parte de América
del Sur, aparecen los primeros signos de integración y unidad de
América Latina.
Este
pensamiento incipiente y la convicción en un destino histórico fundado
en la fraternidad y la cooperación de los pueblos de América Latina
es, y continuará siendo, un modelo político a seguir para alcanzar
el sueño de unidad que inspira esta admirable convergencia del pensamiento
juarista-bolivariano.
Creo
que la mejor forma de honrarlo es mantener toda la fuerza de estas
ideas, si queremos discernir cómo afrontar acertadamente los retos
de un mundo en constante transformación.
Hoy
el Estado nacional, la política y la democracia son conceptos que
debemos revalorar en un contexto de mundialización, para lograr
la inserción de nuestras naciones en este proceso y al mismo tiempo
forjar y consolidar los valores, las identidades y los intereses
compartidos.
El
título y los temas de la conferencia que nos ocupan esta tarde,
resultan de gran interés y relevancia para una organización como
la COPPPAL, en cuyos orígenes subyacen los ideales a los que Juárez
y Bolívar entregaron sus respectivas vidas: la unidad latinoamericana,
la independencia y autodeterminación de los pueblos, y la solución
pacífica de controversias. La Primera Declaración de Oaxaca, documento
fundacional de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de
América Latina, resume estos planteamientos al proclamar la conciencia
de que "ningún país latinoamericano será verdaderamente libre si
no lo son todos los pueblos latinoamericanos; el único camino para
alcanzar la libertad es el respeto a la no intervención y a la autodeterminación
nacional, así como el esfuerzo propio y la solidaridad latinoamericana".
La
lucha de la COPPPAL por alcanzar estos objetivos ha persistido y
se ha fortalecido con el tiempo, en función de los cambios que han
experimentado el contexto internacional y latinoamericano en los
20 años transcurridos desde su fundación. De esta forma, la Tercera
Declaración de Oaxaca, suscrita en el mes de octubre de 1999, se
pronunció con gran énfasis a favor de la creación de la Comunidad
Latinoamericana y Caribeña de Naciones, concebida como un mecanismo
a través del cual esta región se enfrente a los desafíos y oportunidades
que trae consigo la globalización y refuerce la promoción de los
intereses comunes en la agenda internacional, particularmente en
lo que se refiere a la defensa de la soberanía y la búsqueda de
la prosperidad de los pueblos latinoamericanos y del Caribe.
La
COPPPAL y la participación política de las mujeres.
Paralelamente,
la COPPPAL ha reconocido el valor y la trascendencia que tiene la
participación de las mujeres en los esfuerzos por lograr la unidad
y preservar la plena independencia en los países de América Latina
y el Caribe. De esta forma, el enfoque de género ha ido ganando
terreno en los trabajos de la COPPPAL. En la Primera Declaración
de Oaxaca, por ejemplo, si bien no se hizo ninguna alusión directa
a la participación de las mujeres, sí se expresó un firme "compromiso
de lucha por la democracia que garantice la participación de las
mayorías y las minorías en las funciones decisorias del Estado".
Es posible asumir que esto incluye a las mujeres, aunque definitivamente
las estadísticas demográficas confirmen que estamos bastante lejos
de ser una minoría, al menos en México. Según el censo de población
de 1990, 51.8% de la población mexicana somos mujeres y esta misma
proporción se repite en el padrón electoral.
En
el marco de la celebración de los 15 años de la fundación de la
COPPPAL, en 1994, la Segunda Declaración de Oaxaca se propuso "encontrar
una óptica renovada para entender la realidad regional e identificar
nuevas perspectivas para emprender una integración respetuosa de
las particularidades de cada uno de nuestros países".la concreción
de este objetivo implicaba entonces poner un nuevo énfasis en la
erradicación de la desigualdad, la injusticia y la pobreza, así
como fomentar el mejoramiento de la representatividad de los partidos
políticos y promover el acceso, en condiciones equitativas para
hombres y mujeres, al empleo, la educación, la capacitación y la
salud.
Posteriormente,
la XXI Plenaria celebrada en Buenos Aires en 1998 resolvió integrar
un grupo de reflexión sobre la participación de la mujer en los
procesos políticos.
La
incorporación explícita del enfoque de género en el seno de la COPPPAL
se plasmó en la Tercera Declaración de Oaxaca, suscrita en el marco
de la celebración de la XXII Reunión Plenaria de la Conferencia
y a 20 años de su fundación. Según este documento, "la COPPPAL considera
que la evolución del continente demanda gobernar con visiones de
apertura, a fin de compartir oportunidades iguales y equitativas
para hombres y mujeres". Adicionalmente, la Conferencia se propuso
"construir una democracia que preserve la estabilidad política y
garantice la justicia, elimine la exclusión social y dirima pacíficamente
los conflictos". Una democracia así concebida requiere, indispensablemente,
de garantizar la equidad entre mujeres y hombres, así como la erradicación
de cualquier forma de discriminación de género.
Con
base en estos pronunciamientos, la Plenaria de la COPPPAL, órgano
supremo de la organización, decidió crear un mecanismo permanente
para impulsar los temas de género y la participación de las mujeres
en los niveles de dirección de los partidos que la integran y en
las candidaturas a puestos de elección popular, instancia que tengo
el honor de encabezar desde entonces. La importancia que la Conferencia
confirió a este mecanismo se refleja en los nuevos estatutos de
la COPPPAL, que establecen que la dirigente de la organización femenina
de la COPPPAL tendrá una representación permanente en calidad de
vicepresidenta de la Conferencia.
De
esta forma, con enorme entusiasmo iniciamos nuestras actividades
en febrero pasado en el encuentro "Mujeres y política, fórmula para
un nuevo siglo" de la región Caribe de la COPPPAL, en el que analizamos
temas de enorme trascendencia como la relación entre las políticas
económicas y la igualdad de oportunidades; el desarrollo de políticas
y programas públicos con perspectiva de género, y la mujer en los
partidos políticos y los procesos electorales, entre otros. Está
previsto realizar próximamente reuniones regionales del mecanismo
permanente de género en la zona Sur Andina y en Centroamérica.
La
creación del mecanismo de género como un nuevo espacio de reflexión
y promoción de los derechos e intereses de las mujeres latinoamericanas
nos llena de optimismo, pero también acentúa nuestra responsabilidad
y preocupación respecto a la gran cantidad de tareas pendientes
para lograr la plena incorporación y participación de las mujeres
en las oportunidades del desarrollo y los procesos de toma de decisiones,
ya que es imposible desconocer que en muchas partes del mundo la
población femenina se enfrenta a prácticas y perjuicios que lesionan
su dignidad y obstaculizan su integración social; prácticas que
van desde las gravísimas violaciones a sus derechos humanos mediante
la mutilación y el tráfico sexual y la negación de sus derechos
sociales, económicos, políticos y laborales, hasta la discriminación
en todas sus formas, abierta y encubierta.
En
el ámbito latinoamericano, a pesar de que durante el siglo XX las
mujeres lograron importantes conquistas, tales como el derecho al
voto y el acceso a la educación y al trabajo, algunos sectores sociales
las siguen relegando a su ámbito tradicional: el hogar y la familia.
De ahí que los principales desafíos de las latinoamericanas en el
siglo XXI consistan en continuar avanzando en términos de la democratización
de la vida familiar y en la expansión e intensificación de la presencia
femenina en los espacios de poder social, sea a través de la participación
política, el acceso a puestos directivos en las empresas o bien
el protagonismo en la academia, la investigación científica y la
creación cultural.
Diversos
obstáculos ensombrecen el panorama de las mujeres latinoamericanas,
principalmente debido a la pobreza y la desigualdad que persisten
en nuestros países y que las afecta de manera especial. Algunos
indicadores dan cuenta de este auténtico fenómeno de feminización
de la pobreza en la región.
Las
dificultades de acceso a la educación y a información pertinente
llevan a muchas mujeres a tener que asumir embarazos adolescentes
que comprometen sus posibilidades futuras de desarrollo profesional.
Una cuarta parte de las mujeres latinoamericanas han tenido su primer
hijo antes de llegar a los 20 años de edad, y en el medio rural
esa cifra asciende a 30%. Igualmente preocupantes resultan las cifras
que indican que es muy alta la proporción de mujeres que no estudian
y desempeñan quehaceres domésticos en su hogar, que en las áreas
rurales de algunos países alcanza hasta 50%. Estas condiciones contribuyen
a la formación de un círculo vicioso de pobreza muy difícil de remontar
en la medida en que el número de hogares encabezados por mujeres
aumenta y, al mismo tiempo, la diferencia de los ingresos salariales
femeninos respecto de los masculinos alcanza cerca de 60% en algunas
ramas de actividad.
A pesar
de lo anterior, es posible advertir también avances concretos en
la situación de las mujeres latinoamericanas. Por ejemplo, si bien
la mayoría de los países sigue manteniendo diferencias significativas
en las tasas de analfabetismo entre hombres y mujeres, es posible
advertir que esta brecha disminuye en los sectores más jóvenes e
incluso en algunos países la tasa de analfabetismo de las jóvenes
es menor a la de los varones. Una evolución similar se observa al
acortarse la distancia entre hombres y mujeres en términos de niveles
de escolaridad, particularmente en las áreas urbanas.
Este
mayor acceso de la población femenina a la educación es una de las
tareas más importantes para revertir, de manera sostenible y en
el largo plazo, la situación de desventaja social en que se encuentran
las mujeres de América Latina, así como la única fórmula capaz de
garantizar su cabal integración y máximo aporte a la construcción
del desarrollo y la consolidación de la democracia en los diversos
países.
Perspectivas.
Como
mujeres, nos enfrentamos al reto de lograr que una participación
plena y en igualdad de condiciones en las tareas del desarrollo
y en el fortalecimiento de la democracia y la soberanía de los países
de América Latina. Asimismo, es importante considerar que esta lucha
inacabada por la igualdad de las mujeres se libra en medio de crecientes
desigualdades económicas, sociales, culturales y políticas que caracterizan
al mundo globalizado.
Es
posible afirmar que los efectos positivos de la globalización se
han distribuido de manera desigual entre los países y al interior
de los mismos. Pero no sólo eso, como observamos en los aspectos
educativos, sanitarios y laborales, las desigualdades afectan en
forma distinta a los varones y a las mujeres, siendo estas últimas
las que enfrentan con mayor severidad los costos del progreso económico
en el actual contexto.
Esta
situación demanda esfuerzos extraordinarios desde los más diversos
campos de actividad para lograr que el valor estratégico de la participación
de las mujeres en los espacios de toma de decisiones se reconozca
y promueva a cabalidad; tanto desde la perspectiva del diseño y
ejecución de políticas públicas con enfoque de género, como de la
conformación de una agenda legislativa que incorpore los intereses
y derechos de las mujeres, sin omitir la indispensable lucha por
transformar los patrones culturales discriminatorios que persisten
en nuestras sociedades.
Estoy
convencida de que es indispensable una mayor presencia de las mujeres
en todos los ámbitos de la vida nacional e internacional, no sólo
porque se trata de una cuestión de elemental justicia, sino también
porque constituye una condición indispensable para consolidar la
democracia, la paz y el desarrollo. Así, la superación de los rezagos
ancestrales, los prejuicios y las desventajas sociales que han padecido
las mujeres latinoamericanas les permitirá desplegar todo su potencial
para contribuir de manera efectiva a la defensa de la soberanía
de sus naciones y a las metas de integración de la región latinoamericana.
Presidenta
de la Mesa Directiva y de la Junta de Coordinación Política del
Senado de la República, y presidenta también del Mecanismo Permanente
de Género de la COPPPAL
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