2ª parte sobre cuatro
Ahora bien, todo lo anterior tiene puntos que son ciertos. Pero no únicos. Pues en el tema de los ámbitos de la Identidad femenina, a la manera de una red, confluyen otros, dignos de ser considerados con mayor amplitud. Por el momento, sobre algunos de ellos puntualizaremos lo siguiente:
Ahora, volvamos la mirada a los cambios que se han venido gestando y evidenciando desde hace décadas. Es necesario aclarar que, para que un cambio implique progreso y estabilidad, se requiere que tanto el género femenino como el masculino acepten que ambos necesitan cambiar algunas de las reglas del juego. Pues, como en todo juego, si uno solo pretende hacerlo sin mucha explicación, el otro no lo aceptará de buena gana. Y muchos menos si hay una equívoca rivalidad de por medio. Dicho en otros términos. Muchas mujeres, en particular en el ámbito empresarial, necesitan generar nuevos ingresos, realizarse profesionalmente, etc. Pero, convengamos que muchas tienden a creerse que a) están en titanes en el ring y por ende, b) que todo es cuestión de demostrar que ahora los roles se invirtieron, que ahora les toca el turno de ser ellas las vencedoras y los hombres los vencidos. Seguramente, alguien podrá agregar que ello es fomentado por los hombres. Correcto, pero para que los equívocos permanezcan permanentes, se requiere que las dos partes persistan en la misma actitud. En otros términos, como sucede con el resultado útil de cualquier discusión, una cosa es que uno solo esté alterado, y otra es que ambas partes lo estén. En este sentido, el hombre y la mujer, por muchas generaciones han sido "entrenados" en una versión de qué es ser mujer y qué es ser hombre. Y en las apenas últimas décadas, ambos buscan actualizarse. Tratándose -entonces- de un cambio en las bases, requiere de mucho tiempo social y esfuerzo personal para que se transforme en movimiento estable. Y por ende, en una necesidad natural. Pues, todo hombre afirma que quiere tener una compañera más satisfecha y que colabore con él -de diferentes modos en el peso de llevar adelante la vida que comparten. Como también, toda mujer necesita que el hombre la respete en su realización laboral y participe naturalmente de las cuestiones domésticas, personales y sensibles. Pero, en el caso de la mujer, aún es natural que se le presenten conflictos -que no siempre admite- para compatibilizar tiempo en cada una de sus áreas vitales, en algunas de las cuales aún carece de más 'training' generacional. Es más, en muchísimos casos, no siempre la mujer admite genuinamente que le interesa ganar dinero y disfrutar de desarrollarse en alguna labor. Muchas se autojustifican o amparan en alguna desgracia que -aunque verídica- funciona como escudo (divorcios, viudez, inhibiciones del cónyuge, etc). Otras, mientras se desarrollan profesionalmente, con plena consciencia prefieren excluir los avatares de todo lo que implica una vida hogareña (hijos, marido, organizar ritmos alimenticios, etc). Asimismo, estarán aquellas que, aunque lo disfracen de lamento, subliminalmente prefieren delegar la mayor parte del tiempo que insume un hogar en personal de servicio. Con alguna connotación de las anteriores según la propia historia, también existe una franja pequeña y otra muy amplia. La primera, constituida por quienes lograr equilibrar vida familiar-vida laboral-ingresos económicos propios. La segunda, más extensa, es la de quienes padecen los inevitables conflictos -obviamente de horarios- entre desenvolverse en un ámbito y el otro; arrastran resentimientos más arcaicos y tienden a depositarlo en el área laboral o el sexo masculino; presuponen que la inseguridad o inexperiencia -producto de siglos de haberse desenvuelto en otra área- tiene que ser ocultada mediante la rivalidad o descalificación del otro o mismo género, etc.
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