3ª parte sobre cuatro
- De todo lo anterior, se desprende entonces que, cuando una mujer firma pasivamente en algún territorio que se lo requiere, ello puede deberse a la contracara de adoptar un rol pasivo en todos sus ámbitos aunque, seguramente, protagonizará su actividad de manera subliminal. Justamente, porque tiende a superponerse el rol familiar de 'antaño', aún consensual, con el rol de menor o mayor envergadura empresarial que, en tanto mujer, también es adecuado que anhele protagonizar. Ahora bien, en principio nunca puede evaluarse una situación por una sola variable. Pero, es probable que la sociedad que -más tempranamente- promueve algún tipo de desmembramiento familiar precoz, cuente con un mayor porcentaje de mujeres abocadas a empresas o negocios. Pues, ellas centralizarán buena parte de su energía para tal fin.
- Es cierto que el rol de la mujer se está reformulando. Pero no solo en ella, también en los hombres. Todas las mujeres tienen una imagen de sí mismas, pero los hombres también la llevan internamente. Del mismo modo, ambos sexos tienen incorporada la imagen de 'qué es ser hombre'. Es natural que el cambio o reformulación de la Identidad femenina sacuda a todos, incluso a los hijos. En este sentido, la "nueva forma de posicionamiento", en la mayoría de los casos dista mucho de ser una 'convivencia' entre lo tradicional y lo actual. Más que convivir, tiende a predominar la rivalidad. El equívoco -aún vigente- es el de presuponer que, si antes el hombre descalificaba o disminuía el rol de la mujer, entonces, ahora la mujer tiene que dar vuelta la situación. El resultado redunda en "el mismo perro con distinto collar". Es necesario tener presente que la 'revolución' implícita en toda evolución y cambio, para que sea efectiva, requiere de un trueque o amalgama. Para lo cual es imprescindible discernir lo útil de roles de antes y de los actuales, de aquellos aspectos inadecuados de ambos. De no llevarse a cabo este importante desafío, mientras se sostenga la creencia equívoca de que hay que desterrar todo lo anterior para incorporar solo lo nuevo, lejos de darle un cauce adecuado a las 'emociones despertadas', se termina fomentando el enfrentamiento y la rivalidad. La cual, atenta contra un específico factor que la mujer anhela desarrollar. Se trata de aumentar su capacidad de autonomía, por ejemplo, en el ámbito laboral y económico. Más precisamente, antes, el denominado 'sexo débil' solía no manejar el 'dinero grande' de la casa. Ahora lo hace. Pero, ejemplo de cómo se inmiscuyen aún las variables anteriormente descriptas es que, en muchísimos casos, si está casada no siempre está al tanto de movimientos bancarios o del capital marital; en otros casos, están quienes suelen esconder una parte de sus ingresos; o, si el cónyuge ingresa menor capital, más de una mujer en alguna oportunidad se lo reprochará y/o se jactará de su mayor ingreso o desenvolvimiento laboral. Inclusive, más de una mujer empresaria divorciada, ante un eventual candidato actual, evaluará el capital que lo acompaña y hasta podrá decirse a sí misma cuestiones equivalentes a 'para eso, me quedo sola, total yo me puedo bancar o pagar lo que quiero'. En este sentido, a muchas mujeres se les cuela un sentimiento relacionado con las 'ansias de revancha'. Esto último, es frecuente que predomine en quienes -inconscientemente- 'pulsean' con algún personaje familiar admirado o despreciado. Lo cual, en más de una oportunidad contribuye a estropear el talento y el desenvolvimiento laboral actual. Es más, derivado de la ancestral historia femenina, es necesario que cada mujer se replantee si es más consciente del 'esfuerzo' que de 'merecerse la retribución equivalente al esfuerzo y su resultado'. Cabe una aclaración con respecto a lo anterior. Es muy frecuente que la gente confunda esfuerzo con resultado. Olvidando que, no necesariamente deriva en algo productivo el hecho de gastar siempre de la misma manera un exceso de energía. En este sentido, en el caso de algunas mujeres, presuponen que deben ser premiadas por su esfuerzo, más que por el resultado. Y además, con el 'handicap' de mujeres esforzadas, sacrificadas, abnegadas, asexuadas y no interesadas en el 'vil metal' (salvo si eran 'prosti', 'machonas', 'interesadas'), el riesgo es que en alguna oportunidad les cueste defender el derecho natural a cobrar dinero por el 'servicio' que prestan.
- A diferencia de la actitud entre los hombres, se ha mencionado que las mujeres, probablemente identificadas con la mujer que fue 'estafada' con una firma irreflexiva, por angustia adoptan una postura desvalorizante hacia su mismo género. Cada caso es un mundo, pero podríamos dejar planteada una pregunta: En general, y más allá de sus simultáneos aspectos sensibles y virtuosos, ¿acaso muchísimas mujeres no tienden -subliminalmente- a ejercitar una crítica despiadada para cualquier otra situación sufrida por su mismo género que ellas crean haber superado?. Quizás, es para seguir pensándo, si en algunos casos el sexo masculino -equivocado o no- suele ser más frontal.
- En cuanto a los "complejos inconscientes" vs "mejor preparadas" interna o externamente cabe la siguiente explicitación. Damos por descontado que los conflictos inconscientes se hacen patentes cuando hombres y mujeres, en momentos decisivos de su vida, tienden a 'pisarse los cordones de las zapatillas'. Ahora bien, además, en primer lugar, no alcanza con atribuirle un valor absoluto a los factores que -obviamente- son necesarios (contar con capital, acceder a áreas de la empresa, capacitarse). De hecho, muchísimas mujeres tienen servido en bandeja de plata tales variables. Y sin embargo, reiteran sus equivocaciones o luego de avanzar un paso, retroceden otro. Y no es solo por el prejuicio masculino de su condición femenina. Más bien, influye simultáneamente el tipo de 'expediente familiar' que de manera invisible las acompaña. Por ejemplo, dentro de su familia original, en qué solía ponerse el acento cuando todos aludían a la identidad femenina, a sus funciones adecuadas e inadecuadas, a como 'se debía o debe' manejar el dinero, el permiso o la prohibición de darse gustos abiertamente o hacerlo solo a escondidas. En fin, ese tipo de temas afines que están encarnados en muchas mujeres. En segundo lugar, por sentido común la mujer sabe distinguir su rol pasivo o protagónico. Si se ha quedado con una función menos desarrollada, el camino más corto para cambiar tal modalidad es admitir que -también- en un aspecto ella así lo quiso "hasta este momento". En tercer lugar, en cuanto a si hay casos de mujeres que las circunstancias externas no las expusieron a conflictos traumáticos, ello no necesariamente hace más desenvuelta a una mujer. Por el contrario, hay casos en que la mujer no explota toda su capacidad justamente porque no hay un entorno que oponga resistencia o mayor exigencia. Además, no solo las mujeres, también los hombres se han fortalecido y progresado gracias a las tensiones que -aunque oposición- potenciaron su capacidad de lucha y trabajo. En este sentido, las personas 'mejor preparadas' no son las que seguramente tuvieron todo servido. Esto es un residuo de algún ideal paradisíaco. Las mujeres mejor preparadas, del mismo modo que los hombres, son las que están más permeables a las emociones propias y ajenas en juego y pueden apartarlas de lo estrictamente 'comercial', perseveran, están dispuestas a aprender, se arriesgan a innovar con una adecuada modalidad desafiante, se esfuerzan en capacitarse, y reconocen frontalmente sus necesidades, su derecho a ser retribuidas económicamente, sin por ello navegar en las ansias de revancha inherente al equívoco dilema feminismo-machismo. Es cierto que existe el prejuicio masculino sobre el rol o desarrollo femenino en determinadas áreas empresariales. Y es probable que -si no más- perdure por otra generación.
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