4ª y última parte

En la vida, cuando hay modalidades de otras personas que no nos agradan, el principal equívoco es suponer que van a cambiar porque seamos varios los que hagamos fila pidiéndoselo. Más bien, cuando la gente cambia, es porque ella misma ya no soporta el prejuicio, el equívoco o una específica modalidad. En este sentido, para acortar el camino, aceptemos que está el prejuicio limitante acerca del ámbito de la mujer, tanto en los hombres como en las mujeres. Desde el ángulo masculino, entonces, ya sabemos que se hará presente. El otro problema que necesita ser encarado, también fundamental, es que la mujer en menor o mayor grado prosigue compartiendo tal presunción. Mientras conserve en su interior tal prejuicio, difícilmente podrá modificarlo en los demás, se trate de hombres u otras mujeres. Más bien, se 'enganchará' en intentar revertirlos con rivalidades que -a la larga o a la corta- tanto pueden incrementarlo como perpetuarlo. En otros términos, el problema es que la misma mujer crea que le es ajeno un territorio laboral externo al hogareño; que se sienta en falta por querer administrar de otra forma las horas que demanda el hogar que también le interesa conservar; que presuponga que traiciona mandatos familiares masculinos y femeninos por 'hacer carrera' en una profesión o ámbito laboral; que presuponga que 'ganar dinero' empaña la imagen de mujer maternal, inmaculada y desinteresada.

En lo que dependa de cada mujer, la falta de consciencia de todo lo anterior, se manifiesta de dos maneras:

  1. en que, en primera y última instancia, sea ella misma la que se angustia por presuponer que -desarrollando otros ámbitos- está atacando el "espacio tradicionalmente asignado al cuidado de la mujer";
  2. en que ella misma interprete que tiene que usurpar o usufructuar un territorio laboral perteneciente al sexo masculino.

De no clarificar lo anterior, frente a aquellos que limitan o prejuzgan la condición de ser mujer, el mismo sexo femenino corre el riesgo de perder la oportunidad de darse cuenta que los demás también están hablando en voz alta de su propio conflicto en cuanto a su Identidad femenina global: laboral-económica, maternal y sensual.

La distribución de horas y la prioridad que cada mujer quiera darle a sus diferentes facetas son su elección. Toda una decisión personal que, como en cualquier ámbito de la vida, gravita en los demás intereses.

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