
Un ángel llora su amargura serena
con un niño muerto entre los brazos
Sobre un pesebre de humo seca angustia
Garganta de Dios
Día de gritos mudos en la campana hermética de corazones
yertos
Los vientos entrelazan almas en rondas
Suben
Bajan
Flotan alas
No hay victoriosos ni vencidos
Infierno
Cielo
Una misma cruz germinada en el Hongo del Dolor
Se han perdido los rumbos en vahídos
y un idiota
besa
vientre al suelo
los pétalos intactos de su sangre
Se confunden los olores
el sudor que aventuró heroísmo en las alturas de la noche
Lágrimas como lentes aguzando los ojos
Y es certera la metralla
porque la eternidad se elevó en niños
de lodo y disparos
Yo no creo en fantasmas
pero disparo al centro
del alma
(por si acaso)
Sé que morirás
como se resiste a morir esta guerra
con una granada entre los dientes
recordando el campo de tu padre
como un equilibrista a la borda de las Parcas
ante enloquecidos ojos
en el océano de las tumbas
Y vas cayendo
Muerte
a
muerte
cada noche que una sombra de
se abre entre las grietas de la selva
—jDisparen!
—fue la voz del sargento
Ya no hay duda cuando el miedo nos aprieta la garganta
...Un
quejido leve como el llanto de un niño que espera el pecho de su madre
—jSon
niños! jDiablos! jEran niños!
Y
corrimos
Los dejaba caer el ángel ojos pájaro
Nuestros cuerpos a través de todas las madres
hundieron palmo a puño en las heridas
Entonces
toda la música del universo
es un grito ahogado a los abismos
No hace falta llorar
Estás solo
El hambre se desmembra frente a los escombros
abriendo sus vísceras como fauces gigantescas
Devora hombres
El prejuicio es un sabor inexistente
cuando las costillas arden como sables en la espalda
Comimos esa noche
y se hincharon los estómagos
con los aullidos bailando desde adentro
Escapa la luna a su tibieza
se refracta en pómulos brillantes de betún y hueso
Suspira
la noche en su mudez
Los latidos son pesadas
botas de escuadrón resbalando por el pecho
Más sordo que un timbal abigarrado de melancolía
tan ciego como el bastón con el que guían sus miedos enredados
En cada jirón del uniforme
la maleza
del hombre
y sus pedazos
No conocen el rostro del verdugo
pero existe un hacedor de verdugos bajo el antifaz de la
bandera
De ahí la lucha
interna
Ver entre las franjas del emblema su cárcel
y la otra
la de ellos
en victoria
Hoy lloramos
Soy yo
y
seré yo
bandera a colores entre rejas de horror
iEs buen negocio el negocio de la muerte!
Miles de ataúdes cubrir de gloria
Manto ultraje
Millones los billetes
Infinita
la mezquindad
Nos sentimos invierno
amparando nuestros huesos para la emboscada final
La escuadra herida de muerte
ante nosotros
Entre las filas
abre
boquetes la distancia
Cada uno reliquia el medallón de un compañero
El
que estalló en el refugio
El que emprendió la avanzada
El que alzó nuestro cansancio
Pesan sus cadenas al bolsillo
como espectros que profetizan en el miedo su miedo
Ese miedo que nos torna más sagaces
Una línea de fuego despeina los anhelos
—Algún error
—gemía el novato con el esternón alzado en lápida
¡Debe haber algún error!
Borra el caos ese instante de infantil lucidez
Alucinación
presentida
Conciencia inútil de buscar a cada paso
nuestro nombre
entre los otros sin pasos
Horror
iAún quedan espacios vacíos más allá del universo!
donde las estrellas se nos antojan siniestras
donde la ausencia de la luna es el mejor de los regazos
Nada más será
Sólo humedad de tierra
y un beso de sangre que destemple los cuchillos
jCubran con un manto la fosforescencia de los huesos!
Hay lujuria en el rictus de las calaveras que desfilan sin tráquea
Y como una cachetada
el sarcástico pincel de una mariposa
Un fracaso de gusto áspero
como cientos de lenguas
reptando
solas
por las grietas de la tierra
Cintillos sin dueño recorren las falanges
Acá
en esta hoguera miserable de sulfuros
fardos negros de plástico amontonan húmeros
rótulas
clavículas
rompecabezas del Dante
—jY aún
faltan piezas! —llora un niño
Escápulas
fémures
la foto de sus padres
Y reza el reglamento:
No embolsar caliente
—Es un dogma culinario
—sentenció la mujer del general
No embolsar caliente
mientras las trincheras aún estén tibias por el latir de la sangre
mientras el llanto
sale las botas del amigo
mientras aún se huela el sudor cubriéndonos la espalda
Me asfixia esta guerra etiquetada de incoherencia
Infiltradas de perfume las hembras generales
De
las rocas florece un arcoiris
Hoy al arribo siete rostros afeitados
novatos imbéciles de uniformes impecables
seducidos voluntarios para el frente
Frente ingenua
Y yo estoy al pie
mirándolos
lamiendo profético
sus heridas
arropando terrores
cansado de este nido de serpientes
del derrumbe astral de cada bomba
del aullido agonizante que transforma en caos
los susurros expirados
Quiero ver a la vida ahuyentarse de la muerte
No más envíos
La portezuela del avión se me antoja una llaga
que
sangra verde oliva
Y seguir
Seguir el vuelo de metrallas con los brazos anidando las cabezas
Seguir
el rumbo de aguas rojas y cuerpos entroncados
Seguir el miedo
Seguir el himno que pesa herrumbre en nuestros pasos
y ya no continuar
El delirio de una brizna con curvas de mujer trepa las sienes
Municiones
como senos al pecho la tersura del acero
La sangre
semen
escapando agotadas nuestras fuerzas
De palpar los huesos beso y rojo
Manos desvariadas
Azota una granada el ángel
Siento que algún error
descuelga el infinito
Es más allá del canto de la piedra
donde es blanca cuna el estómago de un muerto
anónimo el caos
ajeno
el pastar de las ovejas
Dolor de ser uno y sin porqué
en una nueva plantación de tinta sobre la foja de las bajas
Luto encabritado
Tronar cañones y silencio de emboscadas
Hay un precepto solitario en un puño que se cierra
porque ayer lo vi
ese rostro que viste de enemigo no es un rostro
ayer lo vi
casi humano
casi niño
desmesuradamente solo
enfermo
aterrado
soñando bastones de azúcar
(como yo)
como yo
bárbaro
asesino
bestial que corre
lanzado sin piedad a un mismo abrazo de fuego
que nos mate y nos acune
MARCELA
PEDRIERI
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