BUDISMO

El karma del Evangelio



REFLEXIONANDO SOBRE LOS EVANGELIOS:

Según el Dalai Lama, algunas de las enseñanzas
de Cristo emulan conceptos importantes en el
desarrollo del budismo.


Un líder espiritual halla conexiones entre las enseñanzas cristianas y sus propias tradiciones.

Como budista, mi actitud hacia Jesucristo es que fue un ser totalmente iluminado, o un bodhisattva, de una realización espiritual muy elevada. Veo puntos en común entre el budismo y el cristianismo.  Estos son algunos:

La transfiguración. En el budismo, cuando un practicante individual llega a un alto grado de realización en su evolución espiritual, la transformación puede manifestarse también en un nivel físico. Encontramos ese tipo de historias acerca de Buda en los sutras. Comienzan cuando los discípulos de Buda se dan cuenta de un cambio en su apariencia. Una luz irradia de su cuerpo. Entonces, uno de los discípulos pregunta a Buda: “Veo cambios en ti. ¿Por qué están sucediendo esos cambios?” Estas parábolas son similares a los pasajes del Evangelio sobre la Transfiguración, cuando el rostro de Jesús brilla de repente.

El karma. En otro pasaje del Evangelio, Jesús dice: “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo... La palabra que he predicado será su juez el último día’: Siento que esto refleja íntimamente la idea budista del karma. No hay un ser autónomo (Dios) “allá
afuera’: que decide lo que tino debería experimentar y lo que debería saber; en lugar de ello, está la verdad, contenida en el propio principio causal. Si uno actúa de una forma ética, resultarán consecuencias deseables; si uno actúa en una forma negativa, entonces también deberá atenerse a las consecuencias.

Fe. En la tradición budista, hablamos de tres tipos diferentes de fe. La primera es la fe en forma de admiración que uno siente hacia una persona o por un estado del ser en particular. La segunda es una fe de aspiración. Hay un sentimiento de emulación: uno aspira a alcanzar ese estado. La tercera es la fe de convicción.

Los tres tipos de fe pueden también ser explicados en el contexto cristiano. Un cristiano practicante puede sentir una devoción y admiración profundas por Jesús al leer el Evangelio. Ese es el primer nivel de fe, la fe de admiración y devoción. Después de eso, a medida que se fortalece la admiración y fe, es posible progresar hacia el segundo nivel, que es la fe de la aspiración. En la tradición budista, uno aspira a alcanzar el estado de ser Buda. En el contexto cristiano tal vez no se utili­ce el mismo lenguaje, pero se puede decir que se aspira a alcanzar la perfección de la naturaleza divina, o la unión con Dios. Y una vez que se ha desarrollado ese sentido de aspiración, se puede desarrollar el tercer nivel de fe, una profunda convicción de que es posible perfeccionar ese estado del ser.

Empatía. Una de las razones con que se argumenta la presencia de la naturaleza de Buda en todas las personas es la capacidad humana de empatía. En algunas personas podría tener más fuerza; en otras, menos; pero todos compartimos esa capacidad natural. Esta naturaleza de Buda es inherente a todos nosotros. Para alcanzar la perfección, sin embargo, no es suficiente que un practicante espiritual posea esa naturaleza; ésta debe ser desarrollada hasta alcanzar su máximo potencial. En la práctica budista, se necesita de la ayuda de un guía iluminado, un gurú o maestro. Los cristianos creen que todos compartimos esta naturaleza divina, pero es sólo por medio de Jesús que es posible perfeccionarla. Por medio de Jesús florece y se unifica, se vuelve una, con el Padre.

Textos: Dalai Lama

 El Budismo y Jesús:

La historia de la vida de Jesús y la de Buda son asombrosamente parecidas. Ambos fueron concebidos sin previo contacto sexual y nacidos de mujeres castas. Ambos dejaron su hogar para internarse en la naturaleza, donde cada uno fue tentado por la figura de Satanás. Ambos retornan iluminados, hacen milagros y desafían la religión establecida con sus enseñanzas. Ambos atraen discípulos y ambos son traicionados por uno de ellos. Ambos predican la compasión, el altruismo y la generosidad, y cada uno crea un movimiento que lleva el nombre de su fundador. Thich Nhat Hanh, un monje budista Zen, con muchos seguidores en Occidente, ve a Jesús y a Buda como “hermanos” que enseñaron que la forma más elevada de la comprensión humana es “el amor universal”. Pero hay por lo menos una diferencia fundamental: un cristiano nunca puede convertirse en Cristo, mientras que el objetivo de todo budista serio es llegar a ser él mismo un Buda.
Por eso, cuando los budistas se enfrentan a la cristiandad, cambian la personalidad del Jesús que habitó esta tierra y lo transforman en una figura más parecida a Buda. “Los budistas pueden pensar en Jesucristo como la emanación del “cuerpo de verdad”
(dharmakaya) de Buda” dice el erudito en budismo Robert Thurman de la Universidad de Columbia. Para los budistas tibetanos, Jesús se parece mucho a un bodhisattva, un ser perfectamente iluminado que tiene como objetivo ayudar a otros a alcanzar la iluminación. Pero configurar a Jesús como un budista es convertirlo en algo que no fue. Jesús, después de todo, creía en Dios, el creador y protector del universo, creencia que los budistas no tienen. Creía en el pecado, que no es un concepto budista. Jesús no enseño la compasión como una forma de eliminar el mal karma, ni vio la vida como un ciclo de muertes y renacimientos. En suma, dice el Dalai Lama, tratar de combinar a Jesús con Buda “es como poner la cabeza de un buey en el cuerpo de una oveja”. No funciona. De hecho, nada muestra mejor la diferencia entre Jesús y Buda que la forma en que cada uno de ellos murió. La muerte de Buda fue serena y controlada, una transición dulce hacia su renacimiento final, como la extinción de una llama. Jesús, por otro lado, sufre una muerte dolorosa en la cruz, abandonado por Dios, pero obedeciendo su voluntad.

Claramente, la cruz es lo que separa el Cristo de la cristiandad de cualquier otro Jesús. En el judaísmo, no hay un precedente para un Mesías que muere, mucho menos como un criminal, como murió Jesús. En el Islam, la historia de la muerte de Jesús es rechazada como una afrenta al propio Alá. Los hindúes pueden aceptar solamente un Jesús que se desliza hacia un apacible samadhi, un yogui que escapa de la degradación de la muerte. La imagen del Cristo crucificado, dice el budista Thich Nhat Hanh, “es una imagen muy dolorosa para mí. No contiene alegría ni paz, y esto no hace justicia a Jesús”. En suma, no hay lugar en otras religiones para un Cristo que experimenta el peso total de la existencia mortal, y por tanto no hay razón para creer en él como el divino Hijo, que el Padre hace resucitar de entre los muertos.



HOMBRE DE AMOR:
Los budistas despersonalizan
al Jesús que caminó sobre la
tierra y lo transforman en una
figura más semejante al Buda.
Algunos lo ven como un
bodhisattva, un iluminado que
ayudaba a todos.


UN HERMANO EN BUDA:

Tanto Buda como Jesús nacieron
de mujeres castas y desafiaron las
religiones establecidas.
En estos cuadros, Jesús aparece
como un monje budista (izq)
y fuente espiritual.

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