JUDAÍSMO
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Un rabino discute con Jesús Un experto en el Talmud insiste en que los judíos deben mantenerse fieles a la Torah.
Imagínese caminar
por un polvoriento camino en Galilea, hace cerca de dos mil
años, y encontrar a un pequeño grupo de muchachos,
dirigidos por un joven. La presencia del líder atrae su
atención: él habla y los otros escuchan, responden,
discuten, obedecen; les interesa lo que él dice, lo siguen.
Usted no sabe quién es el hombre, pero sabe que implica una
diferencia para la gente que lo acompaña y para casi
cualquier persona que lo conozca. La gente responde, algunos
con cólera, algunos con admiración, unos pocos con genuina
fe. Pero nadie se aleja indiferente del hombre y de las
cosas que hace y dice. Puedo imaginarme encontrando a este
hombre y, cortésmente, discutiendo con él. Esa es mi forma
de expresar mi respeto, el único cumplido que deseo recibir
de los demás, el único tributo serio que rindo a las
personas que tomo en serio. Puedo imaginarme no sólo
conociendo a Jesús y discutiendo con él, desafiándolo
sobre el fundamento de la Torah que compartimos, las
Escrituras que los cristianos adoptarían más tarde como el
“Antiguo Testamento”. También puedo imaginarme
diciendo: “Amigo, tú sigue tu camino, yo seguiré el mío. Te deseo suerte, sin mí. Tuya no es
la Torah de Moisés, y todo lo que yo tengo de Dios, lo
único que necesito de Dios, es la Torah de Moisés” Textos: Jacob Neusner
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El Judaísmo y Jesús
Basándose
en lo que dice el Evangelio, parece ser evidente que Jesús
era judío. Pero antes de terminar
el primer siglo cristiano, la fe en Jesús como el Señor y
Salvador universal eclipsó su anterior identidad como un
profeta y hacedor de milagros judío. Durante largos
intervalo s en la historia occidental, Jesús fue pintado
como griego, romano y alemán; inclusive, en la Alemania de
1930 como un ario rubio y musculoso.
Inclusive, en la Alemania de 1930,
como
un ario rubio y musculoso, creado a la imagen del
antisemitismo. Pero durante la mayor parte de la historia
judía, Jesús fue también una
figura desarraigada: era el apóstata, cuyo nombre nunca
debería mencionar
un judío devoto.
De
hecho, la falta de evidencia extra bíblica sobre la
existencia de Jesús, ha hecho que algunos críticos lleguen
a la conclusión de que no es más que una ficción
cristiana creada por la iglesia inicial. Hubo, en realidad,
una media docena de pasajes cortos, que más tarde fueron
sacados de textos talmúdicos, que algunos eruditos
consideran referencias indirectas a Jesús. Uno alude a un
juicio por herejía contra alguien llamado Yeshu (Jesús),
pero ninguno de ellos tiene un valor independiente para los
historiadores de Jesús. El único texto antiguo
significativo, con un valor histórico real, es un pasaje
corto de Flavio Josefo, el historiador judío del siglo 1.
Josefo describe a Jesús como “un hombre sabio”, un “hacedor
de cosas asombrosas” y un “maestro” que fu e
crucificado y atrajo a un póstumo grupo de seguidores
llamados cristianos. En suma, argumenta el erudito bíblico
John P. Meier, de Notre Dame, el Jesús
histórico fue “un judío marginal en una provincia marginal del Imperio
Romano”, y como tal, indigno de una atención seria por
parte de los cronistas romanos contemporáneos con él.
La
persecución cristiana de los judíos hizo que el diálogo acerca de
Jesús fuera imposible durante la Edad Media. Los judíos no
sentían inclinación a contemplar la cruz
en los escudos de los cruzados, ni tampoco disfrutaban de
las discusiones teológicas fabricadas para las
conversiones. Para ellos, las estatuas e
imágenes cristianas de Jesús representaban la adoración
de ídolos, prohibida por la Torah. Algunos judíos
compilaron sus propias versiones de una
“Historia de Jesús” (Toledoth Yeshu) como una parodia
de la historia del Evangelio. En ella, Jesús es
representado como el hijo bastardo de una María seducida,
que más tarde obtiene poderes mágicos y practica la
brujería. Eventualmente, es ahorcado, su cuerpo es
escondido durante tres días y
luego descubierto. Era una literatura subversiva
tomada de los textos talmúdicos que habían sido
suprimidos. “Los judíos eran impotentes ante la fuerza de
las armas”, observa el rabino Michael Meyer, profesor en
el Seminario de la Unión Hebrea, en Cincinnati, “por eso
reaccionaban con palabras”. Cuando eruditos escépticos
comenzaron a buscar al “Jesús histórico” detrás de
los evangelios en el siglo XVIII, pocos intelectuales
judíos se sentían suficientemente seguros para unirse a la
búsqueda. Uno que lo hizo fue Abraham Geiger, un rabino
alemán y uno de los primeros exponentes del movimiento de
la Reforma Judía. El vio que los intelectuales protestantes
liberales estaban ansiosos por ir más allá del Cristo
sobrenatural del dogma cristiano, para encontrar el
iluminado maestro de moralidad escondido en los textos del
Evangelio. De su propia investigación, Geiger llegó a la
conclusión de que lo que Jesús creyó y enseñó era en
realidad el judaísmo de los fariseos liberales, una
importante secta judía del siglo 1. “Geiger argüía que
Jesús era un fariseo reformista, cuyas enseñanzas fueron
corrompidas por sus seguidores y mezcladas con elementos
paganos para producir los dogmas del cristianismo’ dice
Susannah Heschel, profesora de estudios judíos en Dartmouth.
Así, lejos de ser un singular genio religioso -como
afirmaban los protestantes liberales- el Jesús de Geiger
era un democratizador de la tradición que heredó. Fueron
los rivales de los fariseos, los seduceos, quienes se
convirtieron en los primeros cristianos y produjeron la
imagen negativa de los fariseos, como leguleyos hipócritas,
que se encuentra en los textos evangélicos posteriores. En
suma, Geiger -y después de él, otros eruditos judíos.-
hicieron una distinción entre la fe de Jesús, que vieron
como un judaísmo liberal, y
la
fe en Jesús, que se convirtió en el cristianismo.
Las
implicaciones de este “Jesús judío” eran obvias, y
pronto fueron causa de polémicas. Los judíos que podían
sentirse atraídos por la figura de Jesús no necesitaban
convertirse al cristianismo. En lugar de ello, podían
encontrar sus verdaderas enseñanzas fielmente recuperadas
en el floreciente movimiento de la Reforma Judía. Los
cristianos, por otro lado, no podían seguir afirmando que
Jesús fue una figura religiosa única, que inspiró una
nueva religión universal. Sin duda, si alguna religión
podía afirmar ser universal, esa era el judaísmo
monoteísta, que fue el progenitor tanto del cristianismo
como del Islam.
El Holocausto dio lugar a otra forma de
imaginar a Jesús. Si algunos judíos culpaban a los
cristianos -o a Dios mismo- por permitir que existieran los
hornos de Auschwitz, algunos artistas judíos encontraron
una forma diferente de confrontar el horror del genocidio: aplicaron el
tema del Cristo crucificado a las víctimas judías de los
nazis. Esto es particularmente evidente en las pavorosas
pinturas de Marc Chagail, donde el Jesús agonizante está
marcado con símbolos judíos. Y en “Noche”, en sus
desgarradoras historias sobre los campos de muerte, Elie
Wiesel adoptó el motivo de la Crucifixión para su
conmovedora escena de tres judíos ahorcados de un árbol,
como Jesús y
los dos ladrones en el Gólgota. La figura central es un
niño inocente balanceándose en prolongada agonía ya que
su cuerpo es demasiado liviano para permitir a la cuerda
efectuar su rápida ejecución. Cuando Wiesel escucha que
otro recluso grita: “¿Dónde está Dios?”, el autor se
dice a sí mismo: “Aquí está. Ha sido ahorcado aquí, en
este patíbulo”. “No hay una escasez de sufrimiento en
el judaísmo”, opina Alan Segal, profesor de Estudios
Judíos del Barnard College en la Universidad de Columbia,
“y no hay una razón por las cuales los judíos no puedan
adoptar una imagen central
del cristianismo”.
Actualmente,
el origen judío de Jesús ya no está en duda entre los
eruditos. Asimismo, ha sido ampliamente aceptado por los
estudiosos de la Biblia, tanto cristianos como judíos, que
mucho de lo que enseñó puede encontrarse en las Escrituras
Judías. En algunos seminarios, como en la Unión Hebrea,
los candidatos a rabinos deben pasar un curso sobre el Nuevo
Testamento. Fuera de los círculos eruditos, hay menos
enfoque en Jesús, y la mayoría de los judíos nunca
llegará a leer la Biblia cristiana. Y, por supuesto, los
judíos no aceptan al Cristo de la fe. “Consideran a
Jesús como un judío admirable”, dice el teólogo John Cobb,
“pero no creen que ninguno de ellos pudiera ser Dios”.
![]() SUS RAÍCES: Eruditos cristianos y judíos aceptan que mucho de los que Jesús enseño se puede encontrar en las Escrituras judías pero los judíos siguen considerando a Cristo como “un judío admirable”, no el Hijo de Dios. |
![]() UN JESÚS HEBREO: Hacia finales del siglo I; Jesús como el Señor y Salvador Universal, eclipsó su anterior identidad de profeta judío y hacedor de milagros. Pero recientemente, pintores judíos como Chagall (izq.) y Reuven Rubin (der.) han vuelto a interpretar escenas de la vida de Cristo. |
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