"Luna que esparces niños en silencio,
se mi cómplice.
Luna que esparces niños en silencio,
tiñe de blanco mi negra almohada.
Luna que esparces niños en silencio,
vive."
  HUMBERTO DEL BLANCO ("Reflejos")

Viaje a la luna

Viajando a Carlos Paz hice amistad con un matrimonio que vive allí y que por motivos de trabajo viene a Tanti diariamente, Duberly y Catalina son sus nombres. Cuando me presenté no lo podían creer: Ud. Es el señor Guerra que tiene la exposición fotográfica por Internet? Ese soy yo, les respondí. Y seguimos charlando. Al llegar a Carlos Paz me despedí y el matrimonio me invitó a que los visitara en Tanti, por cuanto me iban a mostrar unos paisajes que me encantarían. Allí encontraría colores, mil formas extrañas, volúmenes, horizontes infinitos y diáfanos cielos. En fin, toda la gama que hace de una foto una obra de arte. Como las hace usted, señor Guerra. Les agradecí la invitación y les prometí que el domingo iba a visitarlos. Llegó el domingo, día soleado, el cielo con muy pocas nubes, llevando mi máquina fotográfica cargada con película Kodak 400 Ultra. Aparece el micro de TAC y emprendo el viaje. Comence a subir por polvorientos caminos rumbo a Los Gigantes. El rodar lento del micro, la charla monótona de los pasajeros y el calor que comenzaba a sentirse, hicieron que entrara en un apacible letargo … y quedé dormido.

Rumbo a la luna

Desde hacía unos días habían llegado a Tanti unos yanquis y comenzaron a levantar grandes torres de hierro de extrañas formas. Eran muy parcos en el hablar; más, casi no hablaban con nadie. Cada vez que podía me acercaba para ver el desarrollo del trabajo. En uno de esos días de contemplación de la obra sentí un brazo rodeandome el cuello. No se asuste, Don Guerra, alguien me hablaba en perfecto castellano. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un viejo amigo y compañero de estudios del Colegio Politécnico Ingeniero Huergo, de Buenos Aires. Habían pasado muchos años, él me reconoció y yo a él. Le pedí que me contara que era todo ese zafarrancho de grandes torres. Te voy a hacer una confidencia, pero que quede entre nosotros: estamos montando estas torres porque desde aquí, en Tanti, vamos a enviar un cohete a la Luna. Lo miré asombrado y casi no lo podía creer. Elegimos Tanti por su clima excepcional, su espacio aéreo sin impurezas, libre de contaminantes y te adelanto que vos venís con nosotros para sacar las fotos de la Luna. Ya estuve viendo tus trabajos en Internet y la verdad que son espectaculares.

Allá vamos …

10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. Y salimos disparados rumbo a la Luna. Yo estaba atadito al asiento y en verdad que sentía muy fuerte los efectos de la aceleración y … me desmayé. No se cuanto tiempo pasó, me despertaron pero, a pesar del aire acondicionado, estaba empapado en sudor. Comenzamos con las maniobras del descenso. Subimos a un módulo que iba a recorrer la Luna, los cintíficos haciendo sus labores específicas y yo, fotografiando. Lo primero que hice, fue sacarle una foto a la huella que dejaba nuestro módulo por su paso hacia nuestro destino en busca de piedras lunares. Nos dirigimos hacia un cráter para recoger las piedras de diversos colores y texturas. Mi amigo me explicaba que los colores se los daban la cantidad de diversos metales que componían el suelo lunar. Y allí, amontonados, había por miles, por millones. Tantas que mi amigo se volvía loco para elegir y clasificar y llevarlas al laboratorio en Tierra para su análisis. Cuanto más avanzábamos mayor era nuestra sorpresa al observar tantos magníficos espectáculos. Cuantos millones de años hicieron falta para formar tanta piedra y esculpir tan bellas formas. No me alcanzaba la vista para admirar tantos magníficos lugares, pintados con colores diferentes que resaltaban sobre un cielo azul profundo, parecido a los cielos de Tanti. Tenía miedo de quedarme sin película porque sacaba fotos sin parar, no quería perderme ningún detalle. Pero algo hizo que el módulo se detuviera. Un gran golpe sentí a mis espaldas y pensé que estabamos en problemas a raíz de alguna falla. Otro golpe me despertó de mi sueño. Con los ojos entreabiertos ví en la penumbra a Duberly y Catalina que habían subido al micro de la TAC para comunicarme que tenía que bajar. Me costó mucho hacerlo, todavía tenía en mis retinas los paisajes lunares.

De nuevo en la Tierra

Con Catalina y Duberly comenzamos a trepar los cerros y en un recodo de la subida atravesamos una garganta como si fuera un tajo inferido a la montaña. Aparecieron ante mi vista las visceras y la sangre de intenso bermellón que brotaban de las heridas paredes. Quedé helado! La vista que tenía delante de mis narices era la misma que soñé momentos antes. No sabía distinguir la realidad viviente del etéreo sueño. No comprendía cual era el límite entre lo palpable y la fantasía. ¿No le pasó a Usted, amable lector, el ir a un lugar donde nunca estuvo y recorrerlo conociendo de antemano los rincones y sus misterios? Todos tenemos esos sueños precognoscitivos, donde realmente nuestro espíritu se libera de su envoltura material, nuestro cuerpo, y vaga libremente por otros rincones del Planeta e incluso por otros mundos. En esa misteriosa transmigración estuve en los escasos minutos que duró mi viaje en la TAC. Y ahora, me encontraba juntando piedras de fulgentes colores brillando al sol de un restallante mediodía, piedras de caprichosas formas desparramadas con total desconcierto sobre el pie de impresionantes barrancos … ¡Y me surgen dudas, muchas dudas! Las fotos, estas fotos ¿las tomé con mi cámara o las hizo realidad la chica que viajaba a mi lado fotografiando mis sueños con la prodigiosa "KIRLIAN"? No tengo respuestas certeras. Resistirán los misterios, desde ahora y para siempre, pero algo SI puedo asegurar: tengo en mi poder muchas piedras recogidas de los paisajes lunares de Tanti …!

 

Roberto Guerra

 

 

guerratanti@yahoo.com.ar
 

 

 

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