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CONCLUSIÓN:
Del
empíreo al convivio
Consecuencias
para la visión cristiana
Lo
característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que
se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El
Dios Pariente, o el Dios de los
Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo
interpersonal.
Pertenece
al corazón oculto e inefable (difícilmente expresable y por eso raramente
mencionado) de la cultura bíblica, el hecho de que las relaciones entre los
hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y
se expresan mediante categorías comunes como las expresadas por los términos berit, jen y jésed y no menos por el término go'el.
Este
hecho cultural nos sugiere que la cultura bíblica ha visto en ciertas
relaciones interhumanas, y particularmente en las relaciones familiares de
parentesco una epifanía divina. Pero sobre todo que ha experimentado, en el
Nuevo Testamento, la epifanía divina como una comunicación interpersonal en
forma de una vinculación de parentesco, en la koinonía eclesial divino-humana.
En
conclusión: hay algo que le es propio a la cultura bíblica y que se pone de
manifiesto precisamente en la condición parental del Dios bíblico. El Go'el,
el Dios-pariente de la cultura bíblica, hace más que fundamentar el orden
familiar y social desde el empíreo. Al introducirse como un verdadero y real
pariente en la red de relaciones familiares y sociales, históricas y concretas,
las gobierna y regula desde dentro, no sólo con el ejemplo de la suya (Sed
santos como yo soy santo, [1]
Lv 19,2) sino que es tocado directamente, en los suyos, por los que les hacen el
bien o el mal (Sed santos porque yo soy santo).
El
Dios-Go'el, como miembro de un Nosotros
divino-humano abierto y convocante a la pertenencia [2],
configura, con su presencia y sus vínculos, todas las demás vinculaciones y
conductas de los miembros del nosotros. No hay, en la cultura bíblica, dimensión
vertical y horizontal en el ámbito de las vinculaciones interpersonales del
gran nosotros divino humano que establece el parentesco por alianza. Por lo
cual, nuestro tema aporta una luz nueva para el esclarecimiento y la mejor
comprensión de esa aporía que ha atormentado la reflexión teológica,
pastoral y espiritual de muchos contemporáneos: la de
verticalismo y/o horizontalismo.
Como
hemos dicho en otro lugar: "A los cristianos en el Nuevo Testamento no se
les promete ni la toma del poder, ni que lograrán instaurar con su esfuerzo el
reino de Dios sobre la tierra. Este sigue siendo una realidad por cuya venida se
pide al Padre. Pero sí se les asegura que su victoria consiste en la fe, o sea
en su permanencia en el amor, en su permanencia en el nosotros. La relación
definitoria del cristiano es su relación de parentesco con Cristo y el Padre.
El cristiano es enviado al mundo a ofrecer vinculación y pertenencia.
Pero
los nosotros clausos recelan la invitación del nosotros abierto. No sólo la
recelan sino que pueden a menudo malentenderla y rechazarla, como muestra la
experiencia. Y ciertamente son más proclives a eso los que, dentro de esos
nosotros clausos, ejercen el dominio sobre ellos: los jefes de tribus, los reyes
y señores de las naciones.
La
tentación para el cristiano deseoso de instalar la civilización del amor al
Dios-pariente y de realizar el Reino de Dios sobre la tierra, es la misma que se
le ofreció a Cristo: "todos estos reinos te daré...". Es decir, el
ofrecimiento a renunciar a lo propio del Reino que Jesús anuncia y trae: un
reino familiar, familia de Dios, en la
que todos son hermanos e invocan al Padre común con la oración que su Primogénito
les enseñó y en el Espíritu del Nosotros" [3].
El
cImmanuel = 'Dios con nosotros', el 'Elohénnu = 'Dios nuestro' muestra su verdadero rostro de Dios bíblico
cuando se lo reconoce como el Dios Pariente: nuestro Goel = Go'alénu,
Miembro de un mismo nosotros: 1ª Juan
1,3.
La autorrevelación de Dios como Dios-pariente, como Go'el auxiliador y redentor, ilumina la respuesta a las grandes preguntas de la soteriología: ¿Quién salva? ¿a quién salva? ¿de qué salva?, pero sobre todo: cómo salva y por qué salva.
[1])
Lev 19,3; Mt 5,48; Lc 6,36; 1 Pe 1,14-17.
[2])
Hemos desarrollado esta visión del "Nosotros" en otros trabajos;
véase: Koinonía: Comunicación en el Nuevo Testamento2, en: Revista
Bíblica (Bs. As.) 37(1975/1) Nº 155, pp.33-47 y también en Aspectos
bíblicos de la Teología del Laicado. El fiel laico en el horizonte de su
pertenencia; en el volumen colectivo Laicado:
comunión y Misión, Ediciones Paulinas, Bs. As. 1988
[3])
El fiel laico en el horizonte de su
pertenencia pp. 106-110