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EL SERMÓN DE LA MONTAÑA (84)
Lectura guiada de Mateo capítulos 5 al 7
Vivir como el Hijo – Vivir como Hijos.
Jesús personaliza la existencia cristiana. Es una elección: pertenecer al Padre
Se es hijo del Padre o del Demonio. No hay alternativa. “Si Dios fuera vuestro Padre me amaríais a mí... pero vuestro Padre es el Diablo” (Jn 8,44). O se pertenece al Padre o a la “raza de víboras” (Mt 3,7), a esta ‘generación’ perversa, mala y adúltera (Mt 12,39; 16,4). Toda la vida cristiana es una elección de pertenencia filial y sólo secundariamente de las implicaciones de esa pertenencia. Se elige recibir la vida y la biografía de manos de Dios Padre o de ‘Otro’ u ‘otros’. El lenguaje impersonal de los “valores y antivalores” no es apto para dar cuenta de la singularidad de este drama, porque despersonaliza las opciones vitales, como si fuesen elecciones abstractas entre valores abstractos. Opera una regresión, no por insensible menos insensata (Gal 3,1), a la justificación por la Ley. ¡No! Estamos entre el Padre y el Tentador. La opción consiste en aceptar la vida que ofrece el Padre o rechazarla. Jesús nos sugiere optar decididamente por la vida filial pidiéndole al Padre: “No nos dejes entrar en la Tentación, sino líbranos del Malo”. ¡Upa Papá! ¡Queremos ser hijos tuyos para siempre!
Según la Sagrada Escritura, la tentación y la prueba son obra del ‘Tentador’. Así lo llaman, alertando a sus fieles, Mateo y Pablo (Mt 4,3; 1 Tes 3,5). Él es el principal agente de las tentaciones. ‘Satán’ significa en hebreo ‘fiscal, acusador’. Él acusa a Dios ante los hombres y a los hombres ante Dios. Para separarlos enemistándolos. Acusa a Dios delante de Eva (Gn 3,1-4). A Job delante de Dios (Job 1,9-11; 2,4-5). Él puso a prueba a Jesús, tratando de desviarlo de su obediencia filial: “Si eres el Hijo de Dios” (Mt 4,3.6). Él es el Acusador, que sigue acusando a los fieles día y noche (Apoc 12,10). Antes, durante y después de la Pasión, zarandea rabiosamente a Pedro y a los discípulos, como el trigo en la zaranda, los criba y pone a prueba (Lc 22,31). Él aguarda junto al sembrado, como los pájaros, para robar la semilla de la Palabra apenas sembrada en el corazón (Mt 13,18). Ante este Tentador y Fiscal, Padre de la Mentira y Homicida desde el principio (Jn 8,44) el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad y Vida, se hace nuestro Abogado defensor. Nos defiende día y noche. ¿Cómo? Ya que no sabemos ni podemos orar como conviene, Él acude en nuestra ayuda y gime en nosotros con gemidos infantiles: “Abbá, Papito”. Ante el ataque frontal del Malo al vínculo filial paterno y al corazón filial, ante el intento de “rapto” espiritual, el Espíritu Santo refuerza nuestra filialidad. Nos inspira obras de hijos, nos da conciencia y corazón filiales.
Hasta la próxima
Horacio Bojorge, SJ
hbojorge@gmx.net