Reseña de las II Jornadas

14 de Enero de 2005

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Reseña de las II Jornadas de Profesionales en Formación en Salud Mental

Clepios, una Revista para Residentes en Salud Mental

Sumario > N° 34 > Vol. X - Número II: Junio-Agosto 2004

Yo estuve en…

Sección a cargo de Jazmín Barrientos [jevbarrientos@yahoo.com.ar]

Valles Calchaquíes, Amaicha del Valle, provincia de Tucumán.

II Jornadas de Profesionales en Formación en Salud Mental

 

Si te sentás en una pirca, luego de mucho subir, y recién ahí, con otro aire, con otra geografía, mirás para abajo… te aseguro que se ve diferente. El choque está, ¡claro! Las toppers generan un contraste raro con las Ruinas de Quilmes de fondo. Pero de eso se trata ¿no? Contrastes”.

 

Parte I

Historia de las Jornadas

Nuestra historia comienza en el momento de entrar en la Residencia. Pero ¿qué es una residencia? Y bueno, un trabajo, formació; es el paso necesario para acceder a una especialidad. Eso pensábamos, en ese momento. Pero pronto nos encontramos con otra cosa; un hospital y un sistema en ruinas. Y la Residencia, con algunas cosas copadas, por un lado, y una realidad devastada, por el otro. Querer formarnos en esta situación tenía mucho de utopía, el sistema mostraba un gran vacío con respecto a nuestra participación. Y los residentes frente a la angustia que generaba ese hecho, nos preguntábamos qué hacer.

El primer movimiento fue ese: movernos.

Sentíamos la necesidad de comparir nuestra experiencia, de encontrar una solución, ¿sólo una?. Se trataba de un doble movimiento: crear algunas cosas, acabar con otras. Quisimos generar algo, había tanto por hacer que fue fácil comenzar. Elergir unas jornadas nacionales en Amaicha, en el interior del interior, fue utópico en su momento. Que nos hayan dicho “colgados” o “soñadores” no fue tomado a mal. Nos embarcamos en el proyecto, y ahí nacieron las I Jornadas de Profesionales en Salud Mental.

 

Las II Jornadas: ingredientes

Las II Jornadas partieron de la idea ya esbozada en las primeras: un lugar de encuentro en el norte, donde poder hablar de salud mental. Esto supuso crear dispositivos para poner en acto esa palabra, dispositivos que por ahora resultan bastante formales: paneles, mesas de trabajo libres, talleres; pero que no se cierran al cambio, sino que más bien, lo buscan. Y es que la movida de estas jornadas no sólo representaba la convocatoria a que otros se acerquen a pensar con nosotros, sino también el escape a un monotonía ya conocida de los claustros de salud.

En la ciudad de Amaicha del Valle (Tucumán), a 1900 mts. de altura, en la ex Colonia de Niños Asmáticos fue la cita. 18, 19 y 20 de marzo, para ser más precisos. Si bien estas jornadas fueron convocadas por residentes de Psicología y Psiquiatría del Hospital Obarrio de Tucumán, la invitación fue extensa: pasantes, concurrentes, residentes, estudiantes, y todo aquel emparentado con la salud mental que se sintiera interesado. Esta amplitud aportó el primer ingrediente: diversidad.

El segundo ingrediente estuvo dado por aquellos que ya, más ñaupas, respondieron a nuestra invitación, y subieron hasta allí para debatir, comparir ideas y polemizar un poco. Son los supervisores, docentes, y demás personas que laburan hace años pensando la planificación y la clínica en este terreno. Personas de diferentes lugares de nuestro país. Referentes. Interesados también en escucharnos (a los más jóvenes).

Así, algunos hospedados en cuartos masivos, y otros en albergues cercanos, fueron tres días de jornadas. Y cuando decimos jornadas, no estamos diciendo solo “los espacios formales”. Nos aventuramos a decir que estas jornadas ya tienen un sello, y ese sello implica también: conocer Quilmes, asomarnos al universo en Ampimpa, comer los platos típicos, Doña Celia y el ritual de la Pachamama, floklore, mate, bollo, sol y tierra; mucha tierra.

El último ingrediente es el que desconocíamos, a ese lo traían los otros. Una vez allí, con 120 personas, no sabés qué va a pasar. Cada cual elige qué va a escuchar, qué va a decir. Se arman grupos, se pasan mails, se pelan, se divierten, algunos se pasan de rosca con el micrófono, otros con el vino. Algunos se conectan más, otros menos. Y se juega ahí, en el deseo de todos y cada uno, las III Jornadas.

 

Las II Jornadas: obstáculos

Todo muro es una puerta”, dijo Víctor García, teatrista tucumano, y quizás esta frase reresente la forma o el método que utilizamos para lidiar con los obstáculos que aparecían en el camino. Vamos a mencionar un hecho puntual. Durante la organización de las Jornadas algunos residentes decidieron no participar de las mismas, y plantearon a su vez, con firmeza, que la Residencia como Institución no podría oficiar como institución convocante. Esto nos puso en una situación por poco, desesperante. Frente a la novedad, reunión y discusión de por medio, uno de los organizadores propone ¿por qué no convocar en nombre propio? Conclusión, en el afiche puede leerse: “Organizada por Residentes de Psicología y Psiquiatría del Hospital Juan M. Obarrio”.

Lejos de paralizarnos, este obstáculo nos permitió una movilidad antes impensada, y la posibilidad de que a posteriori cada organizador se sume como tal: en nombre propio. A esto agregaríamos otra novedad: una colega de Tafí del Valle y otra de la Residencia en Psicología Comunitaria de Salta se sumaron a la organización.

Hoy, quienes estamos pensando en la organización de las próximas jornadas no somos solo residentes del Obarrio, sino que se plantea la apertura de este lugar a otros colegas, de instituciones o no, que se sintieron convocados por el espacio. Abrir el lazo, promete también algo: expandir las perspectivas en el NOA.

Parte II

Del 18 al 20 de marzo se desarrollaron las II Jornadas de Profesionales en Formación de Salud Mental organizadas por los residentes de psiquatría y psicología del Hospital Juan M. Obarrio. Como participante de las jornadas quiero transmitir algunas sensaciones y de alguna manera agradecer la pasión y el esfuerzo de nuestro colegas tucumanos.

Comencemos con el aviso promocional: “Paquete con 3 dias de alojamiento, pensión completa, 2 excursiones, 2 fiestas e inscripción”. Sonaba interesante. Los ecos de la primera jornada hicieron incluso más auspiciante la invitación.

Así es que hicimos los arreglos pertinentes y partió del Hospital Álvarez una comitiva de cuatro residentes dispuestos a participar de un encuentro de Salud Mental en el medio de los Valles Calchaquíes o “en el interior del interior”.

Una vez allí, en la primer noche, presenciamos un ritual de la Pachamama y a los pocos minutos comenzó a crrer un vino tinto dulzón acompañado de pequeñas empanadas de carne horneadas y deliciosas.

Al mismo tiempo se encendió el ya clásico fogón inaugural de estas jornadas y comenzó el baile en parejas. Y allí los porteños, ignorantes de los nombres de los distintos bailes y ritmos musicales, fuimos más porteños que nunca. Se bailó y se bebió hasta altas horas de la noche. A esta altura ya no importaban tanto las 16 horas de viaje en micro ni la sorpresa (no sin cierto horror de mi parte) que dormiríamos en habitaciones de 8 y 10 colegas “De-Tu-Mismo-Sexo”.

Las brasas se fueron apagando, un payador de fondo, algunas parejitas a un costado.

Amaicha, segunda edición, había comenzado.

 

Federico Pavlovsky

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