Reseña de las
II Jornadas de Profesionales en Formación en Salud Mental
Clepios, una Revista para Residentes en Salud
Mental
Sumario >
N°
34 > Vol. X - Número II: Junio-Agosto 2004
Yo estuve en…
Sección a cargo
de Jazmín Barrientos [jevbarrientos@yahoo.com.ar]
Valles
Calchaquíes, Amaicha del Valle, provincia de Tucumán.
II Jornadas de
Profesionales en Formación en Salud Mental
“Si te
sentás en una pirca, luego de mucho subir, y recién ahí, con otro aire,
con otra geografía, mirás para abajo… te aseguro que se ve diferente. El
choque está, ¡claro! Las toppers generan un contraste raro con las
Ruinas de Quilmes de fondo. Pero de eso se trata ¿no? Contrastes”.
Parte I
Historia de las
Jornadas
Nuestra historia comienza en el
momento de entrar en la Residencia. Pero ¿qué es una residencia? Y
bueno, un trabajo, formació; es el paso necesario para acceder a una
especialidad. Eso pensábamos, en ese momento. Pero pronto nos
encontramos con otra cosa; un hospital y un sistema en ruinas. Y la
Residencia, con algunas cosas copadas, por un lado, y una realidad
devastada, por el otro. Querer formarnos en esta situación tenía mucho
de utopía, el sistema mostraba un gran vacío con respecto a nuestra
participación. Y los residentes frente a la angustia que generaba ese
hecho, nos preguntábamos qué hacer.
El primer movimiento fue ese:
movernos.
Sentíamos la necesidad de comparir
nuestra experiencia, de encontrar una solución, ¿sólo una?. Se trataba
de un doble movimiento: crear algunas cosas, acabar con otras. Quisimos
generar algo, había tanto por hacer que fue fácil comenzar. Elergir unas
jornadas nacionales en Amaicha, en el interior del interior, fue utópico
en su momento. Que nos hayan dicho “colgados” o “soñadores” no fue
tomado a mal. Nos embarcamos en el proyecto, y ahí nacieron las I
Jornadas de Profesionales en Salud Mental.
Las II Jornadas:
ingredientes
Las II Jornadas partieron de la
idea ya esbozada en las primeras: un lugar de encuentro en el norte,
donde poder hablar de salud mental. Esto supuso crear dispositivos para
poner en acto esa palabra, dispositivos que por ahora resultan bastante
formales: paneles, mesas de trabajo libres, talleres; pero que no se
cierran al cambio, sino que más bien, lo buscan. Y es que la movida de
estas jornadas no sólo representaba la convocatoria a que otros se
acerquen a pensar con nosotros, sino también el escape a un monotonía ya
conocida de los claustros de salud.
En la ciudad de Amaicha del Valle
(Tucumán), a 1900 mts. de altura, en la ex Colonia de Niños Asmáticos
fue la cita. 18, 19 y 20 de marzo, para ser más precisos. Si bien estas
jornadas fueron convocadas por residentes de Psicología y Psiquiatría
del Hospital Obarrio de Tucumán, la invitación fue extensa: pasantes,
concurrentes, residentes, estudiantes, y todo aquel emparentado con la
salud mental que se sintiera interesado. Esta amplitud aportó el primer
ingrediente: diversidad.
El segundo ingrediente estuvo dado
por aquellos que ya, más ñaupas, respondieron a nuestra
invitación, y subieron hasta allí para debatir, comparir ideas y
polemizar un poco. Son los supervisores, docentes, y demás personas que
laburan hace años pensando la planificación y la clínica en este
terreno. Personas de diferentes lugares de nuestro país. Referentes.
Interesados también en escucharnos (a los más jóvenes).
Así, algunos hospedados en cuartos
masivos, y otros en albergues cercanos, fueron tres días de jornadas. Y
cuando decimos jornadas, no estamos diciendo solo “los espacios
formales”. Nos aventuramos a decir que estas jornadas ya tienen un
sello, y ese sello implica también: conocer Quilmes, asomarnos al
universo en Ampimpa, comer los platos típicos, Doña Celia y el ritual de
la Pachamama, floklore, mate, bollo, sol y tierra; mucha tierra.
El último ingrediente es el que
desconocíamos, a ese lo traían los otros. Una vez allí, con 120
personas, no sabés qué va a pasar. Cada cual elige qué va a escuchar,
qué va a decir. Se arman grupos, se pasan mails, se pelan, se divierten,
algunos se pasan de rosca con el micrófono, otros con el vino. Algunos
se conectan más, otros menos. Y se juega ahí, en el deseo de todos y
cada uno, las III Jornadas.
Las II Jornadas:
obstáculos
“Todo muro es una puerta”,
dijo Víctor García, teatrista tucumano, y quizás esta frase reresente la
forma o el método que utilizamos para lidiar con los obstáculos que
aparecían en el camino. Vamos a mencionar un hecho puntual. Durante la
organización de las Jornadas algunos residentes decidieron no participar
de las mismas, y plantearon a su vez, con firmeza, que la Residencia
como Institución no podría oficiar como institución convocante. Esto nos
puso en una situación por poco, desesperante. Frente a la novedad,
reunión y discusión de por medio, uno de los organizadores propone ¿por
qué no convocar en nombre propio? Conclusión, en el afiche puede leerse:
“Organizada por Residentes de Psicología y Psiquiatría del
Hospital Juan M. Obarrio”.
Lejos de paralizarnos, este
obstáculo nos permitió una movilidad antes impensada, y la posibilidad
de que a posteriori cada organizador se sume como tal: en nombre propio.
A esto agregaríamos otra novedad: una colega de Tafí del Valle y otra de
la Residencia en Psicología Comunitaria de Salta se sumaron a la
organización.
Hoy, quienes estamos pensando en la
organización de las próximas jornadas no somos solo residentes del
Obarrio, sino que se plantea la apertura de este lugar a otros colegas,
de instituciones o no, que se sintieron convocados por el espacio. Abrir
el lazo, promete también algo: expandir las perspectivas en el NOA.

Parte
II
Del
18 al 20 de marzo se desarrollaron las II Jornadas de Profesionales
en Formación de Salud Mental organizadas por los residentes de psiquatría
y psicología del Hospital Juan M. Obarrio. Como participante de
las jornadas quiero transmitir algunas sensaciones y de alguna manera
agradecer la pasión y el esfuerzo de nuestro colegas tucumanos.
Comencemos
con el aviso promocional: “Paquete con 3 dias de alojamiento,
pensión completa, 2 excursiones, 2 fiestas e inscripción”. Sonaba
interesante. Los ecos de la primera jornada hicieron incluso más
auspiciante la invitación.
Así
es que hicimos los arreglos pertinentes y partió del Hospital Álvarez
una comitiva de cuatro residentes dispuestos a participar de un
encuentro de Salud Mental en el medio de los Valles Calchaquíes
o “en el interior del interior”.
Una
vez allí, en la primer noche, presenciamos un ritual de la Pachamama
y a los pocos minutos comenzó a crrer un vino tinto dulzón acompañado
de pequeñas empanadas de carne horneadas y deliciosas.
Al
mismo tiempo se encendió el ya clásico fogón inaugural de estas
jornadas y comenzó el baile en parejas. Y allí los porteños, ignorantes
de los nombres de los distintos bailes y ritmos musicales, fuimos
más porteños que nunca. Se bailó y se bebió hasta altas horas de
la noche. A esta altura ya no importaban tanto las 16 horas de viaje
en micro ni la sorpresa (no sin cierto horror de mi parte) que dormiríamos
en habitaciones de 8 y 10 colegas “De-Tu-Mismo-Sexo”.
Las
brasas se fueron apagando, un payador
de fondo, algunas parejitas a un costado.
Amaicha,
segunda edición, había comenzado.
Federico
Pavlovsky
