Primitivo hogar de
los colonos del siglo XVIII,
cavadas en los barrancos
sirvieron de hogar a los primeros
pobladores del Fuerte del Carmen,
se siguieron utilizando hasta
fines del siglo XIX por las
familias de bajo recursos.

Foto: Cueva
Hogar
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Las familias
colonizadoras,
comenzadas a llegar el 2
de Octubre de 1779, se
encontraron en el Carmen
sin las viviendas
prometidas por la corona
española. El
miedo a la soledad, a la
lejanía y a los peligros
de su destino patagónico,
los volcó a resolver su
principal e inmediato
problema: la casa.
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Siguiendo la
costumbre de algunos pueblos de
España y, aprovechando lo dócil
de la roca de los barrancos de la
costa, cavaron cuevas en las que
se refugiaron de las adversidades
del lugar.
El sector
comprendido entre el fuerte y el
puerto se llenó de cuevas,
ubicadas sin orden alguno, sólo
buscando quedar bajo el amparo de
los cañones de la guarnición
militar. Hubo varios tipos de
esos hogares, unos estaban
formados por varias cuevas, a la
que se abrían dos o tres más
profundas, a veces con variante
de acuerdo al gusto o
inteligencia del que la trabajaba.
A medida que
los tiempos avanzaban y, la
situación económica daba algún
desahogo a las familias, las
cuevas se reemplazaban por
ranchos y, más tarde, por
hermosas casas de piedras y/o
barro cocido, quedando las cuevas
como depósitos en el fondo del
patio. Sin embargo, a fines del
siglo XIX, aún muchas cuevas
estaban habitadas por gente de
escasos recursos.
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