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"si no podés admitir la realidad,

por lo menos debés intentar montarte a un sueño decente".

Indio Solari


Este articulo más que propagandistico es formativo, pues va al fondo de la realidad de las mujeres irakies y muy claro lo que nos informa. Realmente aprendemos al leerlo.
Agustin

Los logros de las mujeres iraquíes estancados por la guerra

Sara Flounders*

19 de marzo de 2003. IAC Traducción Paloma Valverde (www.nodo50.org/csca)

"Una ocupación estadounidense de Iraq sería un enorme retroceso en la historia de los logros que la mujer ha obtenido tanto en EEUU como en Iraq. Los últimos logros de la mujer iraquí son un ejemplo de lo que es posible si las fuentes de ingreso se utilizan para paliar las necesidades humanas. Las mujeres del mundo entero tienen el gran reto de parar la maquinaria de guerra de EEUU". Con una oposición a la guerra de Estados Unidos contra Iraq estallando en el mundo entero, la administración Bush ha alcanzado cotas increíbles en sus promesas para reconstruir el país después de la guerra e instaurar "demoledoras reformas democráticas". Las mujeres [en Iraq] conforman la mitad de la población. Comparando la situación de la mujer en Iraq con los países de la región del Golfo donde el poder estadounidense militar y económico mantienen la corrupción, las dictaduras feudales en el poder muestran hasta qué punto son falsas esas promesas. En Kuwait, Arabia Saudí y en todos los estados del Golfo, la mujer no tiene derecho a participar en ningún área de la vida pública o política. No tienen derecho a trabajar, conducir, votar o administrarse su propio dinero. Se las prohíbe salir a la calle sin velo; no pueden viajar sin la compañía de un marido, un padre o un hermano. Las mujeres no tienen derecho a decidir con quien se casarán, tampoco tienen derecho a divorciarse, incluso si su marido es un maltratador. Están literalmente encarceladas en sus casas. La educación está separada [para niños y niñas] y es tan desigual que la mayoría de las mujeres en la rica Arabia Saudí, son todavía analfabetas. Esta situación criminal confirma que el Pentágono es incapaz de poner en marcha ningún cambio social progresivo. En Iraq, sin embargo, en cada colegio, hospital o ministerio el visitante encuentra a una mujer joven, con criterio, educada, una mujer preparada. Esto es así incluso tras años de continuos bombardeos estadounidenses y de sanciones que han ahogado la economía. Nicholas Kristof, en el New York Times del 3 de octubre de 2002, admitió este flagrante contraste. En un articulo titulado "La Igualdad de la Mujer: Iraq avergüenza a los aliados de EEUU" Kristof comienza con esta comparación: "Si a las tropas de tierra estadounidenses se les permitiera atravesar el país a través del desierto, desde Arabia Saudí hasta Iraq, las mujeres soldados estadounidenses teóricamente no podrán conducir los vehículos mientras estén en Arabia Saudí y se les notificará que deben llevar velo. En cuando crucen la frontera del enemigo Iraq se sentirán como si entraran en el mundo libre. Pueden conducir legalmente, llevar la cabeza descubierto, incluso llamar idiotas a los hombres. Las mujeres iraquíes en sus trabajos suelen tener hombres bajo su responsabilidad y sirven en el ejército en puestos no de combate." Kristof señalaba que "en el Hospital-Escuela de la Maternidad de Basora, 25 de los 26 estudiantes de obstetricia y ginecología son mujeres En la ciudad, el 54% de los estudiantes de la Universidad de Basora son mujeres." Derrocar el feudalismo Iraq estuvo bajo el control del imperio británico hasta la década de los 50. Hasta que se rompió el dominio de EEUU y Reino Unido la inmensa mayoría de la población era pobre y analfabeta. El país estaba subdesarrollado porque sus grandes reservas de petróleo estaban totalmente en manos de las grandes compañías de petróleo. Toda la riqueza de las ventas del petróleo volaba a los bancos de Occidente. Sólo la familia real y un pequeño grupo de su entorno se beneficiaban. La democratización de la situación de la mujer iraquí y otros beneficios sociales dieron comienzo con la revolución de 1958. Esta explosión social derrocó a la monarquía corrupta y a los terratenientes feudales cuyas leyes represivas habían sido mantenidas por los poderes militares británicos y estadounidenses. Hasta 1958, la posición social de la mujer en Iraq era similar a la espantosa situación actual de la mujer en Kuwait y Arabia Saudí. Pero el Iraq revolucionario no tuvo un momento de paz. El país sufrió durante años varias revueltas y varios golpes mientras EEUU y Reino Unido arropaban las operaciones, sabotajes, intrigas y continuos intentos militares por reestablecer el estatus quo anterior. Hacia 1972, sin embargo, el petróleo había sido nacionalizado y los mayores terratenientes expropiados. Con las grandes fuentes de petróleo en manos del estado, se produjo una transformación social espectacular en las dos décadas que siguieron. Muchos problemas que tenían su raíz en viejos prejuicios y en el atraso se solucionaron. La mujer iraquí logró los mayores avances sociales en todo el mundo árabe. La educación, incluyendo la universitaria, era gratis. Los estudiantes no pagaban matrícula e incluso tenían becas para seguir con los estudios. Este era un poderoso incentivo, especialmente en la educación de las mujeres. Animó a las familias a que siguieran llevando a sus hijas al colegio y no sacaran para trabajar o para celebrar un matrimonio prematuro. Al mismo tiempo, el gobierno garantizaba trabajo para la mujer que quería trabajar. Las mujeres que adquirían conocimientos profesionales sabían que encontrarían trabajo en sus campos profesionales. Estaba garantizado que a igual trabajo, igual salario. La sanidad era gratis y de gran calidad. Las madres disfrutaban de cuidados prenatales. Las mujeres que trabajaban tenían garantizada una paga de 6 meses por maternidad y otros seis meses más de media paga. Las guarderías tenían ayudas y las había en la mayoría de los lugares de trabajo. Había subsidios para alimentos básicos y para alojamiento. Las bombas estadounidenses destruyeron los logros de las mujeres 'Cambio de régimen' significa la destrucción de todos los programas sociales progresistas que Iraq ha financiado con la nacionalización del petróleo. Los planes de ocupación del Pentágono piden que la industria del petróleo se ponga directamente bajo el control del Ejército estadounidense. La ocupación estadounidense de Iraq será financiada con esta riqueza que se expropiará. Cualquier reconstrucción irá dirigida únicamente a la infraestructura que beneficie la extracción de la riqueza de Iraq. En la guerra de 1991, el Pentágono apuntó directamente a la infraestructura civil que había sido construida gracias a un programa que durante 20 años invirtió las ganancias del petróleo en modernizar el país. Las bombas estadounidenses dañaron 676 colegios. [Los colegios] Eran el orgullo de Iraq, su esperanza para el futuro. Las sanciones de EEUU y Naciones Unidas (NNUU) cortaron el acceso a los ordenadores de importación, libros, material escolar e información para profesionales, e hicieron imposible las becas de estudio en el extranjero. Las bombas y los misiles de crucero apuntaron a las purificadoras de agua y a las alcantarillas. Las presas, la red de irrigación y las plantas procesadoras de alimentos que habían modernizado la agricultura fueron dañadas repetidas veces. La red eléctrica y el sistema de comunicaciones fueron destruidos. Las mujeres, que habían sido las que más habían mejorado, también fueron las mas perjudicadas por la guerra y las sanciones. Las sanciones trajeron como consecuencia una inflación salvaje que golpeó toda la economía; trajeron como consecuencia un masivo desempleo, y cortaron la fuente de ingresos para el sector público, el mayor proveedor de empleo de la mujer. Los empleados del Estado no perdieron sus puestos de trabajo, pero los salarios de los profesores, médicos, trabajadores sociales, ingenieros y técnicos se convirtieron en algo casi simbólicos. Las jóvenes, que durante los pocos años anteriores habían disfrutado de independencia económica con un salario alrededor de los 400 dólares, de repente vieron que sus verdaderos sueldos se habían reducido por la inflación hasta menos de 2 dólares al mes. Nadie puede vivir con eso. Familias enteras reúnen cada céntimo que consiguen para poder sobrevivir. A pesar de que el salario es mísero, millones de mujeres siguen trabajando porque trabajar significa participar en la sociedad. A pesar de la destrucción masiva de la infraestructura civil y de los años de sanciones, la mujer todavía lucha por mantener un papel activo en la sociedad. . En casi todos los países del mundo la carga del cuidado de los niños y de la casa recae fundamentalmente sobre las mujeres. Ahora, sin agua corriente, con cortes de luz y alimentos limitados mediante las cartillas de racionamiento del gobierno, y con niños enfermos y desnutridos, las mujeres iraquíes se enfrentan a una doble carga en una situación constantemente deteriorada. Hoy, hasta un 95 por ciento de las mujeres embarazadas sufren anemia. Niños con bajo peso, prematuros y enfermos son el resultado. Alrededor de 4.500 niños mueren al mes por malnutrición, diarrea causada por enfermedades transmitidas por el agua, y otras causas relacionadas con las sanciones, causas que podrían evitarse. El sistema público de sanidad está al borde de la quiebra por la falta de medicamentos básicos, materiales y equipamiento. En medio de la escasez, las antiguas tradiciones sirven para autoafirmarse. Las familias tienen que elegir a cuál de sus hijos le comprarán los libros, a cuál de ellos sacarán del colegio para trabajar o para pedir en la calle para que la familia pueda sobrevivir. Hoy, tras 12 años de sanciones, más del 35% de las niñas abandonan el colegio antes de terminar la primaria. El coste en EEUU La guerra del Pentágono contra Iraq costará alrededor de 200 billones de dólares. El coste de una ocupación a largo plazo se estima en 1 trillón de dólares. Aquí en EEUU también hay mujeres y niños que pagarán por la guerra. Actualmente, alrededor del 25% de los niños en EEUU viven en la pobreza. En la ciudad de Nueva York, casi medio millón de personas dependen de los comedores públicos para comer. Unos 45 millones de personas no tienen asistencia médica. A medida que el poder de las empresas recoloniza zonas enteras del planeta, los ingresos de EEUU disminuyen constantemente. Para un 80% de la población, los ingresos reales han disminuido año tras años durante los últimos 20 años. Una ocupación estadounidense de Iraq sería un enorme retroceso en la historia de los logros que la mujer ha obtenido tanto en EEUU como en Iraq. Los últimos logros de la mujer iraquí son un ejemplo de lo que es posible si las fuentes de ingreso se utilizan para paliar las necesidades humanas. Las mujeres del mundo entero tienen el gran reto de parar la maquinaria de guerra de EEUU.


 

 

OPINIÓN Y ANÁLISIS

La cultura iraquí: un tesoro a defender,
por Christian Sellés


La guerra de Irak ha puesto en peligro una de las mayores riquezas del patrimonio histórico y cultural de la humanidad. La famosa expresión "daños colaterales" creada para justificar lo injustificable volverá a usarse para explicar el daño o la desaparición de determinadas riquezas culturales. El ataque perpetrado el pasado 26 de marzo a un mercado de Bagdad puso de manifiesto el horror que sobre el legado iraquí pueden causar las bombas "inteligentes".
PERIODISTA En los últimos doce años, cuando se hacía referencia a las riquezas de Irak se hablaba de manera casi exclusiva de los pozos de petróleo. Se olvidaban por completo todos los tesoros culturales que alberga esta región desde hace más de seis mil años.
A día de hoy, cuando aún sangran las heridas de los edificios monumentales provocadas por los bombardeos de la primera guerra del Golfo, el patrimonio histórico de la humanidad se encuentra ante un serio peligro: las bombas "inteligentes".
El pasado miércoles 26 de marzo el ataque a un mercado de Bagdad puso de manifiesto que no se puede confiar en ellas.
En Irak se encuentran tesoros culturales de incalculable valor desde la prehistoria hasta el siglo XIV. Se han descubierto alrededor de 100.000 ruinas arqueológicas de los imperios persa, asirio o de la mítica ciudad de Babilonia.
La antigua Mesopotamia, reconocida como cuna de la civilización, es la base del actual país. Estas civilizaciones inventaron la irrigación y la escritura cuneiforme (la forma más temprana de la escritura occidental) dando muestras de ello con múltiples tablillas de arcilla. Bagdad, la ciudad de "Las mil y una noches" es una ciudad donde la cultura ocupa un papel primordial.
Son numerosos los museos, destacando el Museo Arqueológico de Bagdad, las fuentes y las esculturas. También destaca la tumba del Califa Omar y el Gran Santuario de Al Mutawakkil, construido en el siglo IX y que recibe todos los años a millones de peregrinos; igual que la Mezquita de Kadhimain, de bella arquitectura y vastas proporciones.
Pero no sólo destacan edificios musulmanes, en Irak se encuentra también el monasterio cristiano más antiguo. A 90 kilómetros de la capital, Irak descubre una de las reconstrucciones más monumentales de la historia: la Torre de Babel y los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo clásico.
Fueron construidos por orden del rey Nabucodonosor II en honor a su esposa Amylis. De la misma forma que los anteriores edificios, este proyecto se encuentra en peligro por la guerra
. En el año 1991 los bombardeos estadounidenses no respetaron el legado histórico y cultural de Irak. El ziggurat (templo) color rosado de Ur, considerada la primera ciudad de la humanidad, aún muestra las marcas de las bombas de los aviones estadounidenses. La estructura de trece museos y seis bibliotecas fue seriamente dañada. Los fondos de cinco de esos museos fueron saqueados totalmente, y los de otros cuatro, de forma parcial.
El organismo cultural de las Naciones Unidas, la UNESCO, reconoció que más de 4.000 objetos fueron robados, pero no hizo nada por encontrarlos. El mercado negro fue su principal destino, aunque se sospecha que muchos soldados se los llevaron a sus casas como recuerdo.
En el Museo Británico se encuentran relieves asirios de dudosa procedencia pero no se investiga. Doni Gorge, conservador del Museo Arqueológico de Bagdad afirma que "como los estadounidenses no tienen historia quieren destruir la cuna de la civilización".
El bloqueo económico que sufrió el país no ayudó a la reparación de los monumentos. No hubo dinero para restaurar el patrimonio. Ante el hambre que padeció la población, algunos iraquíes penetraron en los museos y robaron objetos para poder subsistir.
El templo de Nínive fue uno de los más dañados por el mercado negro. En ningún caso se puede culpar a los iraquíes, hay que llevar la vista hasta los causantes de esta situación.
Laurent Levi-Strauss, subdirector de herencia cultural de la UNESCO lo confirma al decir que "Irak y sus habitantes siempre han mantenido buenas relaciones con la UNESCO".
Para evitar el saqueo, la exportación de tesoros culturales y el ataque a monumentos, en 1954 tuvo lugar la Convención sobre la Protección de Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado en la ciudad de La Haya. Estados Unidos ni siquiera la ha firmado. Gran Bretaña, el otro principal bastión del ataque en territorio iraquí, la firmó pero no la ratificó, por lo que no está obligada a cumplirla.
Esto demuestra que no se tiene interés en no atacar determinadas obras de arte. En febrero, en pleno clima prebélico, la UNESCO se reunió con el Pentágono para hacer un listado de los edificios a evitar en caso de ataque. Estados Unidos sólo indultaba a 150. En la reunión se llegó hasta la cifra de 4.000 edificios, aún así muy inferior a la necesaria para garantizar el legado cultural.
El tiempo dirá si esto se respeta o el acuerdo se queda en mero papel mojado. El ataque a determinados monumentos puede ser en ocasiones premeditado.
La destrucción de edificios emblemáticos mina la moral de los habitantes y los soldados rivales. Además, en caso de invasión, es una forma de hacer olvidar las raíces y la cultura propias a los residentes. Posteriormente, sin espejo donde reflejarse, se les inculca una nueva forma de pensar, con una cultura opuesta a la anterior y similar a la de los invasores.
La actual guerra de Irak ha puesto en peligro una de las mayores riquezas del patrimonio histórico y cultural de la humanidad. La famosa expresión "daños colaterales" creada para justificar lo injustificable volverá a usarse para explicar el daño o la desaparición de determinadas riquezas culturales.
Al contrario de lo que piensan los países anglosajones, con una historia marcada por la destrucción, los tesoros de la antigüedad han de respetarse; pero si no lo hacen con los seres humanos, por qué iba a hacerlo con las "piedras".

Fuente: AGENCIA DE INFORMACIóN SOLIDARIA

 

 



 

Diario Página 12, 26/03/03

OPINION

Una de piratas

Por Susana Viau

Los mandos políticos y militares de Estados Unidos, como los dueños de un circo, prometieron que lo que vendría sería "algo nunca visto". Ese "algo nunca visto" tenía en esta etapa un nombre: lo bautizaron "shock y estupor". Un rayo incesante y destructor sobre el cielo de Bagdad, para aterrorizar a la población, desalentar a las tropas enemigas y convencer a la opinión pública mundial de que desaloje de la cabeza y el corazón la esperanza de que las cosas no sean como los estrategas han trazado. "Tetanizar" la resistencia armada, de eso se trata, definen los franceses: el tétanos pone rígidos los músculos, paraliza, convulsiona, los coloca fuera la órbita de la voluntad. Para cuidar el detalle llevaron desde Hollywood a Qatar a un genio de los efectos especiales. Su trabajo, armar el escenario desde el que se dirige a la prensa y al mundo el jefe de las operaciones, el general Tommy Franks (¿por qué esta gente obliga a tratar a sus generales y sus dirigentes por el apodo, ! como si fueran los amigos de la humanidad?). El atril sobre el que se recuesta Franks en sus ruedas de prensa, ovalado, plateado y negro, parece sacado de "Viaje a las estrellas". Franks es, en realidad, el capitán Kirk. Durante el precalentamiento, el hijo menor de Saddam ha respondido a la superbomba de 9400 kilos con una amenaza simple: a cada mercenario capturado se le cortará la cabeza. Una manera de morir de aquí te espero; de esas que alborotan la fantasía y en las pesadillas nocturnas reducen a nada los miedos a la superestrella del superarsenal. Son, claro, bravatas, provocaciones de boxeadores en el pesaje. Formas tercermundistas de la disuasión. Pero el gran espectáculo de luces llamado "shock y estupor", por fortuna, se convierte hora a hora en un mamarracho; nada de shock por aquí, nada de estupor por allá; la platea americana patea el suelo, silba, quiere ver lo que le han prometido; Bagdad sigue con su rutina diaria; los helicópteros de "la coalición" chocan en el aire; un proyectil Patriot pulveriza un avión de la RAF; caen misiles en Irán y en Turquía y, dicen los franceses, ese primer ataque coaligado, el del inicio de las hostilidades, sorprendió a Franks-Kirk, quien no habría sido avisado, a menos que, por el contrario, se trate de un error; los turcos piden más contraprestaciones que las económicas por abrir su espacio aéreo a los americanos y con 1500 soldados perforan la frontera del Kurdistán. Pierre Servent, un técnico en cuestiones militares, especula que las tormentas de arena, la espera -el que espera, desespera-, la concentración de pertrechos harán aumentar los accidentes. Tras cartón, un sargento! americano convertido al Islam (eso sostienen) o enloquece o ejecuta un plan sorpresivo y arroja una granada en una tienda de su propio regimiento y hace una escabechina. Un ex jefe del ejército del aire francés opina en su estilo elegante que "tres accidentes en tres días es un poco mucho". Mientras tanto, el Pentágono y el presidente comienzan a desactivar la expectativa: ahora aconsejan que no se tomen tan al pie de la letra lo del shock y el estupor, que esto será largo y difícil. Los medios que les sirven de soporte difunden que la "coalición" ha tomado Umm Qasr y Basora. Sin embargo, luego se sabrá que no ha sido así, que han encontrado una "inesperada" resistencia, que una división de helicópteros debe retirarse, tras una ofensiva frustrada, con los aparatos dañados y sin posibilidades de reparación. Atrapados entre dos fuegos, descubren que en esas ciudades combaten civiles "o militares disfrazados de civiles" y que no lograron, como en 1991, que la Guardia Republicana saliera a pelear a campo abierto, allí donde su instrumental es infalible. Los iraquíes esta vez ensayaron la "defensa Numantina" que algunos preveían. Las tropas atacantes optan entonces por abandonar el objetivo de ocupar esas posiciones. Siguen de largo y continúan el avance hacia Bagda! d sin sofocar los "bolsones" de resistencia. Descubren también que la población no los recibe como liberadores sino como invasores. Grave, cuando se miran las imágenes deesas sandalias tiradas en la arena, junto a las trincheras, y se las compara con los 26 kilos de equipo sofisticado de cada soldado de "la coalición"; grave, cuando el lío europeo que han armado es juego de niños al lado del lío en que están envueltos los gobiernos de Medio Oriente, enfrentados a una virtual rebelión de sus pueblos. La zona está en riesgo de desestabilización. Hasta los exiliados iraquíes dudan. Se los muestra en Jordania, en el bar Los Amigos o en la plaza Hachemita, sus puntos de reunión: unos esperan la caída de Saddam para retornar; otros lo hacen ya para combatir en Bagdad. Porque, al fin, Saddam es "su" tirano y no quieren a Irak, sus tesoros y sus riquezas en manos de un tosco general del Pentágono. "Bush, Blair y Sharon. Ese es el eje del mal", marca uno de ellos sobre una pizarra. O! tro, en París, cuenta sus emociones a través del texto que una poetisa iraquí escribió en los años '80: "La muerte nos ama tanto que es capaz de atravesar continentes y océanos para poder echarse sobre nosotros". La revista Le Point publica una nota sobre los prodigios del arsenal que Estados Unidos aún no ha sacado a relucir. Describe con fruición el dispositivo láser que dispara una haz que quema la retina del adversario. Poderosos, pero torpes. Tan torpes estos halcones que es muy probable que no conozcan siquiera la historia de Rahma bin Yabir, el último pirata del Golfo, una región tan pródiga en narraciones maravillosas como en petróleo. Se cuenta que Bin Yabir fue un auténtico carnicero, un temible depredador de esas aguas por más de veinte años. Su carrera terminó interceptada por un barco imperial. Al verse perdido, antes de capitular prefirió dinamitar su nave. Pero al buque inglés que lo había abordado lo arrastró consigo hasta el fondo del océano.


El consejo de T. E. Lawrence

Por Susana Viau

La televisión francesa -rica, inteligente y culta, tres atributos que rara vez coinciden- encuentra a los primeros contingentes de brigadistas internacionales arribados a Irak. Por ahora son sudaneses y tunecinos. El jefe de los voluntarios tunecinos es un profesor de psicología; el de los sudaneses, un gigante afable llamado Abdallah, es a la vez jefe militar y espiritual de sus hombres. Son unos tres mil, llevan el A.K. colgado al hombro y prometen -no hay por qué dudarlo si están allí- que están dispuestos a dar la vida para detener al invasor. En las horas previas, ha proyectado un magnífico reportaje sobre la administración Bush, su apoyatura de consultoras publicitarias y sectas religiosas, la American Voice y, sobre todo, la Coalición Cristiana, a la que el presidente adhiere (igual que su tronante ministro de Justicia, John Ashcroft, líder de las cruzadas antiaborto y voz cantante en los oficios). Es lógico que les sea leal, si lo ayudaron a salir de las tabernas. A cambio de eso lo metieron de lleno en los salmos y lo volvieron proclive a sugerencias delirantes como la de una de sus últimas apariciones públicas: "Los Estados Unidos han aceptado esta responsabilidad". ¿Y quién ha colocado esta cruz sobre los anchos hombros de Estados Unidos? Bush lo deja flotar: sin duda ha sido El. El resto, la identidad del intermediario entre Dios y el pueblo norteamericano, es fácil de adivinar. Pero el mundo de Bush no es metafísico; hace prospecciones en el cielo con los pies bien hundidos en la tierra. Y los franceses recuentan sus apóstoles: el entorno perfumado con gasolina, desde Dick Cheney, accionista de la Halliburton (que viene de conseguir un contrato privilegiado y sin licitación para acondicionar los pozos petroleros iraquíes), hasta Condoleeza Rice con sus 9 años en la Chevron; Paul Viri, forjador del exitoso concepto de "mayoría moral"; David Frum, padre del slogan "eje del mal", que tanta leche ha dado; Lewis Lapham, autor de "La Jihad Americana", sustento de la filosofía de que "quien no está con nosotros está contra nosotros". Sutil, Francia apela a la memoria. No le hace falta mencionar la patética presentación de pruebas frente al Consejo de Seguridad: le basta con reflotar las imposturas de que se valieron en 1991 para dar soporte internacional a la Tormenta del Desierto: la adolescente kuwaití envuelta en lágrimas que contó cómo los soldados iraquíes sacaban a los recién nacidos de sus cunas para darles muerte y resultó ser hija del embajador kuwaití en Washington; el consternado médico kuwaití que refrendó el relato de la chica y no era quien decía ser, ni vivía en el domicilio declarado, ni tampoco era médico, sino un dentista residente en EE.UU. Sobre el final del reportaje, la entrevista a un Colin Powell incómodo, intimidado e inseguro ante las cámaras europeas. El perfil que acaba construyendo este acopio informativo es estremecedor. Hace unos días, el ex secretario general de la ONU Boutros Boutros Ghali y el asesor militar de François Mitterrand, almirante Jacques Lanxade, habían analizado las consecuencias de esa aventura megalómana. Boutros Ghali habló de una política de la Casa Blanca que ha producido tres "clivages" de extrema peligrosidad: entre los integrantes de la Unión Europea; entre los miembros de la ONU y entre el mundo árabe y el mundo anglosajón. Lanxade, por su parte, no desalentó la teoría de desinteligencias en el seno del mando americano. Por el contrario, sostuvo que las chispas no saltan por las fricciones entre el Pentágono y la CIA. La gran interferencia la produce, dice, el estilo "autoritario del secretario de Defensa, que quiere conducir la guerra a su modo", lo que ha llevado a gravísimos errores de apreciación: respecto de la reacción del pueblo iraquí ("ésta es, en algún sentido como la de Vietnam, una guerra patriótica"), sobre los turcos y sobre los chiítas ("es suficiente la guerra Irán-Irak para ver que los chiítas pelearon como iraquíes"). Saddam Hussein, entre tanto, llama a su pueblo al combate solitario, a no esperar órdenes superiores, patrullas perdidas, sin mando nidisciplinas. Un recurso sabio y desesperado que no puede menos que evocar a T.E. Lawrence: "(...) tenía que ser una acción simple e individual. Todos los hombres alistados tendrían que servir en el frente de combate y mantenerse allí con sus propios medios (...) Nuestro ideal consistía en hacer de nuestra guerra una serie de combates irregulares y de nuestras filas una alianza de comandantes en Jefe". El coronel del Arabian Office de El Cairo algo sabía de desiertos y de árabes, los mismos árabes a los que un francés filofascista, Jean Lartéguy, también veía, entre el desprecio y la admiración, más "como guerreros que como soldados".


ROBERT FISK
ENVIADO ESPECIAL
THE INDEPENDENT

Dia a dia este periodista nos informa con detalles cotidianos, de la vivencia de estar con el pueblo atacado. No como otros que describieron la guerra mirando el televisor o detrás de los tanques de los atacantes

Agustin

20 de marzo de 2003
Compras de pánico, durante las horas previas al bombardeo a Bagdad Civiles iraquíes se aferran a la esperanza de sobrevivir a los ataques de EU y GB
Las farmacias, atestadas; demanda de vendas, analgésicos, algodón, desinfectante y alcohol
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 19 de marzo.
En la calle Yasser Arafat, en la farmacia Sana Nimr al Ibrahim, Riad ofreció darme dos rollos de vendas gratis. Le dije que prefería pagar porque pensaba que la Real Fuerza Aérea iba a bombardearlo dentro de unas horas. "Supongo que sí", contestó, y me dirigió una sonrisa que no merecía. Como británico, comprar raciones de emergencia en las tiendas de Bagdad esta tarde ha sido una experiencia aleccionadora. La farmacia de Riad estaba atestada; sus clientes no sólo compraban vendas sino analgésicos, pinzas, tijeras, algodón, desinfectante y alcohol para frotar. Fue lo mismo la noche del martes, de 5 a 10. Sin embargo, en ninguna parte de la avenida Yasser Arafat escuché una sola maldición o mala palabra contra el británico. Siempre me dijeron que era yo "bienvenido en Irak" -los pocos periodistas que estamos aquí debemos desear con fervor que las cosas sigan así cuando empiece el ataque- y que era agradable ver a un sahafa, un periodista, correr los mismos riesgos que la gente de la calle. No era momento, claro, de recordarles que yo tenía un chaleco antibalas y ellos no, que yo tenía una máscara antigás y ellos no, y que incluso tenía un casco que le quedaría a cualquiera de ellos pero que probablemente sólo estaría en mi cabeza. Los tenderos calcularon un incremento de precios de 100 por ciento. En la tienda de abarrotes Alabastak compré 25 panecillos loo, una montaña de bisquetes y un montón de velas rojas y verdes. Abbas me dijo que yo era su cliente número 200 de la inexorablemente lenta tarde. En días normales menos de cien personas visitan la tienda en todo el día. En la tienda Tabarak -en español, "Dios te Bendiga"- puse sobre el mostrador 24 bolsas de frituras, cajas de queso de larga conservación y 30 latas del Seven Up más insípido del mundo. Después de haber estado en una o dos ciudades sitiadas -el sitio israelí de Beirut, en 1982, fue mi primero- uno adquiere una intuición innata de lo que debe buscar. Compré dos adaptadores eléctricos en la tiendita de Sami para las baterías de mi computadora, aunque no serán de mucha utilidad si los estadunidenses bombardean la red eléctrica iraquí. La carne y cualquier tipo de verduras son un desperdicio de dinero, a menos que la carne sea enlatada. Y eso era lo que los bagdadíes compraban hoy. Preparativos para lo que vendrá El doctor Mohammed, del hospital Karameh, compró hojas de afeitar para poder rasurarse con agua fría... si es que hay electricidad para impulsar las bombas. El alimento más popular en una tienda era el tamaniya, popular dulce iraquí de dátil, tan duradero que se dice que se conserva comestible toda una década y tan pegajoso que puede acabar con las muelas más débiles. No se derrite con el calor. La mayoría de las tiendas de la calle Yasser Arafat ya han sido cerradas por sus dueños por temor a los ladrones, y las calles están tapizadas con una mezcla deprimente de compradores de última hora y soldados. Un miembro uniformado y barbado de la Guardia Republicana cruzó el camino trayendo abrazado a su hijo pequeño, en su última visita al hogar antes de la guerra. Con todo, aun esta noche es difícil captar la realidad de lo que nos aguarda. Dos vetustos cañones antiaéreos de fabricación soviética se ven en lo alto de las puertas ornamentales de un palacio, alumbrados por las luminarias de abajo. Hay nuevos montones de costales de arena en las esquinas, y los soldados que se parapetan tras ellos charlan con los compradores retrasados. ¿Es esto lo que la guerra constante hace a estas personas? ¿Las convierte en hombres y mujeres que saben que sobrevivirán por la sencilla razón de que sobrevivieron la vez anterior? En Nueces Baalbek compré un kilo de pistaches a los propietarios -ambos, naturalmente, de ascendencia libanesa-, quienes a mi pregunta sobre lo que piensan de la guerra contestaron con la típicamente libanesa frase de "no hay problema". Es mentira, y todos lo sabemos. Al final, el doctor Mohammed me invitó a su hospital porque los dos suponemos que habrá víctimas civiles. En la televisión iraquí están repitiendo el teatro de la mañana en la Asamblea Nacional, donde los miembros del Parlamento corearon obedientes su imperecedera lealtad a Saddam Hussein e hicieron la rutinaria ofrenda de su cuerpo y su alma a dicho caballero. Antes, el ministro iraquí de Información había dicho a los periodistas extranjeros que esta guerra "no sería un día de campo" -cosa que nadie podía negar-, y añadió que los estadunidenses y británicos perecerían en cualquier guerra contra Irak. Esto puede ser cierto, pero hay que decir que esta noche los iraquíes están mucho más interesados en saber cuántos de ellos morirán a manos de los soldados estadunidenses y británicos.
© The Independent Traducción: Jorge Anaya

21 de marzo de 2003
Fue tan asombrosa en términos militares como aterradora en el plano político
La venganza, con escalofriante ferocidad Multitudes contemplaron pasmadas la tormenta de fuego que cruzó Bagdad
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 20 de marzo.
Fue como una puerta que se azotaba muy debajo de la superficie de la tierra, un rugido palpitante de un minuto de duración que trajo a Bagdad esta noche la supuesta cruzada del presidente George W. Bush contra el "terrorismo". Hubo en el horizonte ráfagas de las defensas antiaéreas de Bagdad -la potencia de fuego de las viejas armas soviéticas antiaéreas de la Segunda Guerra Mundial- y luego una serie de tremendas vibraciones que sacudieron el suelo bajo nuestros pies. Burbujas de fuego se elevaron al cielo en distintos puntos de la capital iraquí, de rojo oscuro en la base y doradas en la punta. Saddam, claro, había jurado combatir hasta el fin, pero la violencia de anoche en Bagdad tenía una auténtica calidad infernal. En cuestión de minutos, mirando hacia la otra ribera del Tigris, pude ver alfilerazos de fuego a medida que las bombas y los misiles crucero estallaban en los centros militares y de comunicaciones iraquíes y, sin duda, también sobre inocentes. El primero de éstos, un taxista, fue volado en pedazos en el primer ataque estadunidense sobre Bagdad, esta mañana. Nadie aquí duda que entre los muertos hay civiles. Tony Blair había hablado de eso en la Cámara de los Comunes durante los debates de esta semana, pero al escuchar la tormenta de fuego que cruzó Bagdad esta noche me pregunté si tiene alguna idea del aspecto que esto tiene, de cómo se siente, o del miedo de estos iraquíes inocentes que, en el momento en que escribo, corren hacia sus casas y hacia los sótanos. No hace muchas horas charlaba en una zona pobre de Bagdad con una anciana musulmana chiíta, tocada con el tradicional velo blanco y negro. Una y otra vez le insistí en que me dijera lo que sentía. Al final sólo respondió: "Tengo miedo". Que esta acción sea el principio de algo que cambiará la faz de Medio Oriente es indudable; que tenga éxito a largo plazo es otra cosa. Su misma violencia, el aullido de las sirenas que advierten del ataque aéreo y los misiles que rasgan el aire en su caída llevan un mensaje político no sólo a Saddam, sino al resto del mundo. Somos la superpotencia, decían esas explosiones. Así es como resolvemos nuestros asuntos. Así es como cobramos venganza del 11 de septiembre de 2001. Ni el mismo Bush hizo el menor intento en días pasados de ligar a Irak con los crímenes contra la humanidad cometidos en Nueva York, Washington y Pensilvania. Pero algo del fuego que podemos ver esta noche elevándose a través de la oscuridad a lo largo y lo ancho de Bagdad me recuerda otras llamas, las que consumieron el World Trade Center. En forma extraña, los estadunidenses -sin permiso de Naciones Unidas, con la mayoría del mundo en contra- dan expresión a su rabia con consumada y escalofriante ferocidad. Irak, por supuesto, no podrá resistir esto mucho tiempo. Saddam puede afirmar, como ha hecho, que sus soldados son capaces de derrotar a la tecnología con su valor. Lo dudo. Porque lo que cayó esta noche en Irak -y yo sólo presencié una pequeña parte de este festival de violencia- fue tan asombroso en términos militares como aterrador en términos políticos. Las multitudes que se arracimaban afuera de mi hotel miraban el resplandor de los estallidos, pasmadas por su poderío.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

22 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Ruidos ensordecedores de cristales rotos y por el paso de misiles crucero
Noche de terror en Bagdad; toda la ciudad tembló por las explosiones
Los iraquíes corren a sus casas cuando ven que bolas de fuego revientan en algún punto
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 21 de marzo.
El palacio principal de Saddam, inmensa fortificación de 20 pisos de alto, simplemente explotó delante de mí -una bola de fuego, una llama de 25 metros y el sonido atronador que me dejó un zumbido en los oídos que duró más de una hora. Todo el edificio, de imponentes cimientos, se tambaleó con el primer impacto. Después cayeron otros cuatro misiles crucero. Se trata del bombardeo más intenso que Bagdad ha sufrido en más de 20 años de guerra. La noche anterior las masivas explosiones hicieron temblar toda la ciudad. A mi derecha, el Ministerio de Procuración de Armamento -un largo edificio de fachada muy semejante a la del Pentágono- escupió fuego cuando cinco misiles se estrellaron contra el concreto. En una operación que oficialmente tiene la intensión de crear "conmoción y pavor", "conmoción" no era la palabra adecuada. Los pocos iraquíes que se encontraban en las calles -que, supongo, no son amigos de Saddam- murmuraban maldiciones. Se escuchaba un ruido ensordecedor de cristales rotos, proveniente de los más altos edificios, tiendas y hogares, a medida que las ondas expansivas atravesaban el río Tigris en ambas direcciones. Minuto a minuto, los misiles seguían cayendo. Muchos iraquíes habían visto por televisión -al igual que yo- las ominosas imágenes de los bombarderos B-52 despegando de Gran Bretaña, apenas seis horas antes. Al igual que yo, ellos habían tomado nota de la hora. Agregaron las tres horas de diferencia entre el horario de Bagdad y el de Londres, y calcularon que el terror comenzaría cerca de las nueve de la noche. Los B-52, que disparaban desde fuera del espacio aéreo iraquí, fueron sumamente puntuales. Patrullas de policía circulaban velozmente por las calles y con sus altavoces ordenaban a los peatones refugiarse en los edificios. Qué consejo tan útil. Yo estaba en cuclillas guareciéndome en una cuadra de tiendas, del lado opuesto al río, y por poco me cae encima una lluvia de vidrio, que se vino abajo como cascada de las ventanas más altas, cuando las ondas expansivas chocaron con ellas. Podía verse a algunos iraquíes mirando desde sus balcones, rodeados de trozos de vidrio. Cada vez que una inmensa burbuja dorada de fuego reventaba en algún lugar de la ciudad, se metían a sus casas antes de que la onda expansiva los alcanzara. Por un momento me encontré bajo los árboles de una glorieta y la onda creada por los misiles crucero pasó a poca distancia de mi cabeza. El rasguido de estos proyectiles era casi tan devastador como las explosiones que creaban. ¿Cómo -me pregunto- describe uno todo esto sin caer en el lenguaje del boletín militar? ¿Haciendo definiciones del color, dando los decibeles de las explosiones? Cuando los misiles crucero se aproximaban, sonaban como si alguien estuviera rasgando gigantescas cortinas de seda en el cielo y las ondas que creaban sus explosiones eran una especie de aterrador contrapunto de las flamas. Existe algo anárquico en todos los seres humanos cuando de su reacción a la violencia se trata. Los iraquíes que estaban a mi alrededor observaban, como yo, las inmensas lenguas de fuego que salían de los pisos superiores del palacio de Saddam, que parecían alcanzar el cielo. Por extraño que parezca, la electricidad seguía funcionando. Y a nuestro alrededor los semáforos seguían cambiando de rojo a verde. Los anuncios espectaculares se movían por la brisa creada por las ondas expansivas y las luces seguían encendidas en los edificios públicos. Sobre nosotros se posaban masivas cortinas de humo que se extendía por todo Bagdad. El humo blanco provenía de las explosiones en sí, y el negro de los objetivos que se estaban incendiando. ¿Cómo puede alguien resistir esto? ¿Cómo podrían creer los iraquíes que con su tecnología rota y sus 12 años de sanciones debilitantes iban a derrotar las computadoras de estos misiles y estos aviones? Siempre es la misma historia: Existe un poder irresistible e incuestionable. Bueno, podría uno preguntarse: ¿hay acaso un régimen más apropiado para ser atacado? Ese no es el punto. Porque el mensaje del bombardeo de anoche fue el mismo que el del martes: Estados Unidos debe ser obedecido. Ni la Unión Europea, ni la Organización de Naciones Unidas, ni la Organización del Tratado del Atlántico Norte, nada ni nadie, debe interponerse en su camino. De hecho, nada puede interponerse en su camino. Sin duda esta mañana el ministro iraquí de Información se dirigirá a nosotros nuevamente para insistir en que Irak prevalecerá. Ya veremos. Pero muchos iraquíes ahora se hacen una pregunta obvia: ¿Cuántos días más? No porque quieran que los estadounidenses y británicos lleguen a Bagdad, aunque puede ser que lo deseen profundamente. Pero ante todo quieren que la violencia termine y esto, si lo piensan, es exactamente el motivo por el que estos bombardeos tienen lugar. Por la noche ya se tenían informes de que habían muerto civiles en las operaciones, lo cual, dada la intensidad de los ataques con misiles crucero, no es de extrañar. Resulta que también fueron objeto de bombardeos las barracas de Rashid, posiblemente el cuartel más grande de todo Irak. Pero el centro simbólico de este bombardeo fue claramente el palacio principal de Saddam, con sus fuentes, pórticos y jardines. De hecho, debido a las llamas que envolvían la fachada, el edificio parecía una pira funeraria.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

23 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Pese a las fábulas del Pentágono, se mutila y asesina a miles en nombre de la libertad Civiles, gran parte de las bajas por los bombardeos británico-estadunidenses Intactos, servicios públicos y medios electrónicos; los nuevos conquistadores los necesitarán
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL DE THE INDEPENDENT
Bagdad, 22 de marzo.
El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld dice que el ataque estadunidense sobre Bagdad es "la campaña más selectiva que jamás existió", pero ojalá no intente explicarle esto a Doha Suheil, de cinco años. Ella me miraba la mañana de este sábado, con una sonda en la nariz y un ceño que fruncía su carita cuando trataba en vano de mover el lado izquierdo de su cuerpo. Los misiles crucero que explotaron ayer cerca de su casa en el suburbio Radwaniyeh de Bagdad incrustaron esquirlas en sus diminutas piernas -ahora envueltas en gasas-, y lo que es más serio, uno de estos fragmentos se alojó en su columna vertebral. Ha perdido todo movimiento en su pierna izquierda. Su madre se inclina sobre la cama para enderezar la pierna derecha de su hija debajo de las cobijas. Pareciera que la madre de Doha cree que si las dos piernas de la niña reposan rectas una junto a la otra, se recuperará de la parálisis. Ella fue la primera de los 101 pacientes que fueron llevados al hospital universitario de Al Mustansaniya, después del bombardeo estadunidense que comenzó la noche del viernes. Siete miembros de la familia de la pequeña resultaron heridos por el mismo misil; el más joven de ellos es un bebé de un año que en el momento del ataque estaba siendo amamantado. Hay algo de enfermo y obsceno en esas visitas a los hospitales. Nosotros bombardeamos. Ellos sufren. Después llegamos y tomamos fotografías de los niños heridos. El ministro iraquí de Salud decidió dar una insufrible conferencia de prensa en los pasillos del sanatorio para enfatizar la naturaleza "bestial" del ataque estadounidense. Washington, a su vez, insiste en que no tiene la intención de lastimar a niños. Y Doha me mira a mí y a sus médicos como si nosotros fuéramos a decirle que pronto despertará de esta pesadilla, podrá mover su pierna izquierda y ya no sentirá dolor. Así que olvidemos por un momento la propaganda barata del régimen y las igualmente baratas lecciones de moral de Rumsfeld y Bush y demos una vuelta por el hospital universitario de Al Mustansaniya. La realidad de la guerra no se encuentra en una victoria militar ni en una derrota, ni en las mentiras sobre "las fuerzas de la coalición" que nuestros periodistas "inmersos" en la acción están vendiendo sobre una invasión que sólo involucra a estadounidenses, británicos y a un puñado de australianos. La realidad de la guerra, aun cuando cuente con legitimidad internacional -que no es el caso de la que estamos presenciando- es, primordialmente, el sufrimiento. Bajas civiles Tomemos como ejemplo a Amel Hassan, mujer campesina con tatuajes en los brazos y piernas, quien ahora yace en una cama de hospital con los hombros hinchados al doble de su tamaño normal y cubiertos de moretones. Estaba visitando a su hermana cuando el primer misil impactó en Bagdad. "Me estaba bajando del taxi cuando hubo una enorme explosión, caí y mi sangre se regó por todos lados", me dijo. "Los brazos, las piernas y el pecho me sangraban". Amel Hassan tiene múltiples heridas de esquirlas en el pecho. Su hija de cinco años, Wahed, está en la cama vecina y gime de dolor. Ella se había bajado del taxi antes y casi había llegado a la puerta de la casa de su tía cuando la explosión la derribó. Sus pies todavía sangran; la sangre se ha coagulado en sus dedos, y mancha los vendajes que cubren tobillos y pantorrillas. Hay dos niños pequeños en el siguiente cuarto. Sade Selim, de 11 años, y su hermano Omar, de 14. Ambos tienen heridas de esquirlas en las piernas y el pecho. En el tercer cuarto se encuentra Isra Riad, con heridas casi idénticas. En su caso, las esquirlas se incrustaron en sus piernas cuando huía aterrorizada de su casa hacia el jardín cuando comenzaba el bombardeo. Imam Ali tiene 23 años y sus heridas múltiples se presentan en el abdomen. Najla Hussein Abbas aún trata de cubrirse la cabeza con un pañuelo negro, pero no logra ocultar las heridas de sus piernas amoratadas. Tiene lesiones múltiples por esquirlas. Después de un tiempo, "heridas múltiples" suena como si fuera una enfermedad natural para un pueblo que ha sufrido más de 20 años de guerra. ¿Y todo esto -me preguntaba yo este sábado- fue por el 11 de septiembre? ¿Todo esto fue para "responder" a nuestros atacantes, a pesar de que Doha Suheil, Wahed Hassan e Imam Ali no tienen nada -absolutamente na-da- que ver con esos crímenes contra la hu-manidad, ni tampoco el repugnante Saddam? ¿Quién decidió, me pregunto, que estos niños y mujeres sufran por el 11 de septiembre? Las guerras se repiten. Siempre que "nosotros" venimos de visita es porque hemos bombardeado y siempre llegamos con la misma pregunta. En Libia, en 1986, recuerdo cómo los reporteros estadunidenses interrogaban a los heridos: ¿No habrán sido ustedes heridos por proyectiles disparados por los aviones de su país? De nuevo, en 1991, "nosotros" hicimos a los heridos iraquíes la misma pregunta. Y hoy un reportero de la radio británica le preguntó lo mismo a un médico: "¿Cree usted, doctor, que algunas de estas personas resultaron heridas por fuego antiaéreo iraquí?" ¿Debemos reír o llorar ante esto? ¿Vamos siempre a culparlos a "ellos" de sus propias heridas? De hecho, deberíamos preguntar por qué esos misiles crucero explotaron donde lo hicieron; nada más 320 de ellos cayeron en Bagdad, por cortesía del portaviones USS Kitty Hawk. Isra Riad vino al hospital desde la región de Sayadiyeh, donde hay una amplia instalación de barracas militares. El hogar de Najla Ab-bas está en Risalleh, donde están las casas de descanso de los familiares de Saddam. Los pequeños hermanos Selim viven en Shirta Khamse, donde está un depósito de vehículos militares. Ahí está todo el problema. Los blancos selectos están regados por toda la ciudad. Los pobres -y casi todos los heridos que visité son pobres- viven en casas humildes, muchas de madera, que se colapsan inmediatamente con las explosiones. Es la misma vieja historia de siempre. Si hacemos la guerra -sin importar cuántas tonterías digamos sobre lo mucho que nos importan los civiles- invariablemente vamos a matar y mutilar a inocentes. El doctor Habib al Hezai, cuyo título de medicina fue obtenido en la Universidad de Edimburgo, dijo que del total de 207 heridos que recibió tras los bombardeos del viernes en su hospital, 85 eran civiles. De éstos, 20 son mujeres y otros seis, niños. Un hombre joven y un niño de 12 años fallecieron mientras se les operaba. Nadie dice cuántos soldados murieron durante el ataque. Conducir por Bagdad este sábado era una experiencia estremecedora. Ciertamente, los objetivos han sido cuidadosamente seleccionados, aun cuando su destrucción inevitablemente golpeó también a inocentes. Había un palacio presidencial que tenía en cada esquina una estatua de 12 metros del guerrero árabe Saladino, pero el rostro de cada una era el de Saddam. Justo en medio de la fachada del edificio, se había hecho limpiamente un gigantesco hoyo negro. El Ministerio de Producción de Armamento Aéreo quedó pulverizado: sólo quedó una enorme montaña de escombros y trozos de concreto. Pero afuera, en la reja, había dos trincheras hechas con sacos de arena donde estaban dos soldados iraquíes vestidos con pulcritud, con sus rifles montados en un parapeto, listos para defender el ministerio del enemigo que ya lo había destruido. El tráfico de la mañana se acumuló en los caminos paralelos al Tigris. Ningún conductor observó por mucho tiempo el Palacio Republicano, al otro lado del río, ni tampoco el chamuscado Ministerio de Procuración de Armamento. Ambos ardieron durante 12 horas después de los primeros ataques con misiles crucero. Era como si los palacios en llamas, los ministerios incendiados y las montañas de escombros humeantes fueran una parte normal de la vida en Bagdad. Pero al mismo tiempo, nadie que viva bajo el actual régimen querría pasar mucho tiempo viendo esas cosas, ¿no es cierto? Los iraquíes ya se dieron cuenta de lo que esto significa. En 1991 los estadounidenses bombardearon las refinerías, las plantas de energía eléctrica, los acueductos y las comunicaciones. Pero este sábado Bagdad todavía funcionaba. La línea terrestre de teléfono funcionaba al igual que Internet, y el suministro eléctrico seguía trabajando a toda su capacidad. Los puentes sobre el Tigris no habían sido bombardeados. Esto se debe a que "en caso" de que los estadounidenses lleguen hasta aquí (posibilidad que todavía hay que mencionar discretamente en estos días) necesitarán sistema de comunicaciones, electricidad y transporte. Lo que se ha salvado no es un regalo para los iraquíes: es un beneficio que se atribuyen los supuestos nuevos amos de Irak. Perseverancia y victoria El único diario iraquí apareció hoy con una edición de sólo cuatro páginas con artículos sobre la "perseverancia" de la nación. En árabe, la palabra "perseverancia" se traduce como "samoud", nombre que se le dio a los misiles que Irak destruyó parcialmente antes de que George W. Bush obligara a los inspectores de armas a salir del país para lanzar la guerra. El encabezado de hoy reza: "Presidente: la victoria llegará en manos iraquíes (sic)". Asimismo, no ha habido ningún intento de Estados Unidos por destruir las instalaciones de televisión, pues presumiblemente harán uso de ellas en cuanto lleguen. Durante el bombardeo del viernes por la noche, un general iraquí apareció en vivo en televisión y reiteró que su nación saldrá victoriosa. Mientras hablaba, las ondas expansivas provocadas por explosiones de misiles hicieron que volaran las cortinas que estaban tras él y sacudieron la cámara de televisión. ¿Adónde nos lleva todo esto? En las primeras horas de este sábado observé, al otro lado del Tigris, la pira funeraria a la que quedaron reducidos el Palacio Republicano de Bagdad y el ministerio vecino. El fuego había dejado su marca por todo Bagdad y el cielo parecía descender sobre nosotros al mezclarse con el humo que cubría la ciudad. Las llamas envolvían las paredes de ese palacio fortificado y amurallado, dándole el aspecto de un castillo medieval incendiado; era Mesopotamia en el momento de su destrucción, como lo ha sido tantas veces durante tantos miles de años. Xenofonte golpeó el sur de esta tierra; Alejandro atacó el norte. Los mongoles saquearon Bagdad. Luego llegaron los califas. Después los otomanos y posteriormente los británicos. Todos ellos ya se fueron y ahora vienen los estadunidenses. No se trata de legitimidad, es algo mucho más seductor que eso y que el mismo Saddam entiende muy bien. Es una forma especial de poder. El mismo que todos los conquistadores de Irak han deseado ostentar a medida que han arrasado e invadido esta tierra de añejas civilizaciones. La tarde del sábado los iraquíes encendieron hogueras de petróleo en varios puntos de Bagdad con la esperanza de desviar el sistema de guía de los misiles crucero. Humo contra computadoras. Las sirenas de alarma comenzaron a aullar de nuevo cerca de las 6:30, hora local, seguidas por el absolutamente predecible ruido de explosiones.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

24 de marzo de 2003
Confusión entre los informes dados a conocer por ambos bandos
Con errores angloestadunidenses el gobierno iraquí monta su propaganda
Los reporteros incrustados están sujetos a una censura destinada a confundir
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 23 de marzo.
Hasta ahora los ejércitos angloestadunidenses han entregado su propaganda a los iraquíes en bandeja de plata. Primero, el sábado se nos dijo, por cortesía de la BBC, que Um Qasr, el pequeño puerto del Golfo, había "caído". Por qué las ciudades deban "caer" en la BBC es un misterio para mí; la frase viene de la Edad Media, cuando las murallas de las ciudades literalmente se venían abajo durante los sitios. Luego se nos dice, una vez más en la BBC, que Nasariya había sido capturada. Después su corresponsal "incrustado" nos informó -y aquí se despertaron mis sospechas de periodista- que había sido "asegurada". Los reporteros "incrustados" son los que viajan con las fuerzas estadunidenses o británicas, y están sujetos a una censura destinada a confundir a los escuchas de la BBC no sólo en Gran Bretaña, sino en todo el mundo. Por qué la BBC debe utilizar esa expresión meretriz castrense de "asegurada" también es un misterio para mí. "Asegurada" pretende sonar como "capturada". Pero casi invariablemente significa, en la especie de jerga que han adoptado los reporteros "incrustados", que una ciudad ha sido pasada de largo o medio rodeada o, cuando mucho, que el ejército invasor ha logrado apenas entrar en sus suburbios. Y, claro, a la vuelta de 24 horas la ciudad musulmana chiíta que se levanta al oeste de la confluencia de los ríos Eufrates y Tigris resultó estar bastante poco "asegurada", de hecho nadie había penetrado en ella en forma alguna, porque al menos 500 soldados iraquíes, apoyados por tanques, seguían combatiendo allí. En un momento del sábado, la BBC nos mostró a un reportero "incrustado" transmitiendo "desde Basora". Este reporte se hizo añicos cuando el corresponsal reconoció que no estaba "precisamente en Basora"; por eso después el presentador de noticias de la cadena en Londres lo despidió como corresponsal "en el sureste de Irak". Ni más ni menos. Pero lo que importa no son las tonterías que estos periodistas intentan hacernos tragar en estos asuntos, sino el tesoro en puntos a favor que están regalando a los iraquíes con ellas. Con qué júbilo nos informó hoy el vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadan: "dijeron que habían capturado Um Qasr, pero ahora ustedes saben que es mentira". Con qué felicidad el ministro iraquí de Información alardeó hoy de que Basora sigue "en manos iraquíes", que "nuestras fuerzas" en Nasariya siguen combatiendo. Y bien que podían alardear, pues, pese a toda la faramalla que hacen los estadunidenses y británicos en Qatar, lo que los iraquíes decían en cuanto a estos temas es cierto. Las usuales afirmaciones iraquíes de naves aéreas y británicas derribadas -de las que cuatro fueron supuestamente "alcanzadas" en Bagdad y una cerca de Mosul- tuvieron cierta credibilidad gracias a la capacidad iraquí de probar que el colapso de sus fuerzas en el sur era falso, sin contar las imágenes de sus prisioneros difundidas esta noche. De hecho el gobierno iraquí está montando poco a poco su propio acto de propaganda y fue capaz hoy -por cortesía de un alto oficial del ejército, presentado en vivo (el general Hazim a-Rawi)- de leer en voz alta lo que dijo ser los tres partes más recientes de sus unidades militares en Basora y en los pantanos del norte. En ellos se informaba que 77 civiles habían sido "martirizados" por bombas de racimo lanzadas sobre Basora. No se trata nada más de la confusa información que presentan estadunidenses y británicos: está también lo que sabemos que no se nos ha informado. Sabemos, por ejemplo, que los estadunidenses están utilizando una vez más municiones de uranio empobrecido (DU, por sus siglas en inglés) en Irak, como hicieron en 1991. Antes del inicio de la guerra aseguraban que intentaban usar esas armas, las cuales son fabricadas con desechos de la industria nuclear -para perforar blindajes- y, según creen miles de enfermos del síndrome de la guerra del Golfo, así como médicos iraquíes, son causantes de una epidemia de distintos tipos de cáncer. Hoy, la BBC nos informó que los marines de Estados Unidos habían utilizado aviones A-10 para hacer frente a "focos de resistencia" -un poco más de jerigonza militar en esa cadena-, pero no mencionaron que el A-10 utiliza municiones de DU. Así que por primera vez desde 1991 nosotros, los occidentales, estamos rociando estos aerosoles de uranio en los campos de batalla del sur de Irak y nadie nos informa de ello. ¿Por qué no? ¿Y de dónde, por Dios, han sacado esa torcida y totalmente deshonesta frase de "fuerzas de coalición"? No hay ninguna "coalición" en esta guerra en Irak. Están los estadounidenses, los británicos y unos cuantos australianos. Nada más. La "coalición", como la de la guerra de 1991, no existe. La "coalición" de naciones dispuestas a "ayudar" en este conflicto ilegítimo comprende, según un vasto esfuerzo de imaginación, hasta a Costa Rica y Micronesia y, supongo, a la pobre Irlanda neutral, con sus derechos de tránsito para los aviones militares estadounidenses en Shannon. Pero no son fuerzas de coalición. ¿Por qué la BBC utiliza esa frase? ¿Por qué, repito? Incluso en la Segunda Guerra Mundial, que tantos periodistas tienen la impresión de estar cubriendo ahora, no utilizábamos esa mentira. Cuando desembarcamos en la costa de Noráfrica, en la Operación Antorcha, lo llamamos "desembarco angloestadounidense". Y esta es una guerra angloestadunidense, nos guste o no, y en esto incluyo a los "incrustados". Los iraquíes son lo bastante listos para recordarlo. Al principio anunciaron que los soldados estadounidenses o británicos que capturaran serían tratados como mercenarios, decisión que Saddam prudentemente corrigió hoy, al señalar que todos serían tratados "conforme a la Convención de Ginebra". Haciendo un recuento de lo que sabemos, éste no ha sido un gran fin de semana para Bush y Blair. Tampoco, claro, para Saddam, aunque lleva jugando a la guerra más o menos la mitad de los años que Blair tiene de vida. Uno de nuestros Tornados ha sido derribado por los estadounidenses -después de que los británicos perdieron hombres en tres desastres de helicópteros- y aún no hemos capturado la primera población desde que dejamos la frontera con Kuwait. E incluso esos reporteros que han tratado con gran valentía de ver por sí mismos lo que ocurre sin protección de sus ejércitos -por ejemplo un equipo de la ITV cerca de Nasariya- están en peligro mortal de su vida. Así pues, he aquí una pregunta de alguien que creía, hace sólo una semana, que Bagdad podía venirse abajo, que podíamos despertar una mañana y encontrar que la milicia baacista y el ejército iraquí se habían ido y que los estadounidenses patrullaban la calle Saddam con el rifle al hombro. Si los iraquíes pueden aún resistir después de cuatro días contra una fuerza tan abrumadora en Um Qasr, si pueden seguir combatiendo en Basora y Nassariya -ciudad esta última que se alzó en triunfante revuelta contra Saddam en 1991-, ¿por qué las fuerzas de Saddam no habrían de seguir combatiendo en Bagdad? Cierto, la historia iraquí no estará completa sin un nuevo episodio de "martirio" en la batalla eterna del país contra invasores extranjeros. Sea cual fuere el destino de Saddam, los últimos combatientes de Um Qasr se volverán en los años por venir hombres de cantos y leyendas. Hace mucho los egipcios hicieron lo mismo por sus combatientes caídos en Suez en 1956. Por supuesto, todo esto puede ser un error de cálculo. La baraja puede ser más escuálida de lo que creemos. Pero de pronto, este fin de semana la guerra "fácil y rápida", el conflicto de "conmoción y pavor" -la frase misma del Pentágono es un lema clásico de las páginas de la vieja revista nazi Signal- no parece tan realista. Las cosas no van bien. No estamos diciendo la verdad. Y los iraquíes están sacando el mayor provecho de ello.
©The Independent
Traducción: Jorge Anaya

25 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Posee tantos detalles militares y estadísticos que hace ver mal al centro de información de EU
El gobierno iraquí prepara al pueblo para una larga resistencia Pide "paciencia" una y otra vez a ejército y civiles en un discurso que "suena como Stalin"
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 24 de marzo.
Alabemos ahora a los famosos. Eso fue lo que Saddam Hussein se esmeró en hacer esta mañana. Y procedió a enlistar a los oficiales del ejército y la armada que encabezan la resistencia contra el ejército angloestadunidense en Um Qasr, Basora y Nasiriya. El mayor general Mustafá Mahmoud Othman, comandante de la 11 división; el brigadier Bashir Ahmed Othman, comandante de la 45 brigada; el brigadier coronel Alí Kalil Iberhim, comandante del 11 batallón de la 45 brigada; el coronel Mohamed Khallaf al-Jabawi, comandante del segundo batallón de la 45 brigada; el teniente coronel Fathi Rani Majid, comandante del tercer cuerpo del ejército... y así sucesivamente. "Tengan paciencia", decía una y otra vez. Catorce veces en total pidió al ejército y al pueblo tener paciencia. "Venceremos... saldremos victoriosos frente al mal." Pacientes pero confiados en la victoria. Combatiendo al mal. ¿No era esa la forma en que el presidente Bush animaba a su propia gente unas horas antes? En otros momentos Saddam Hussein sonaba como su héroe, José Stalin. "Han venido a destruir nuestro país y debemos resistir y destruirlos, defender a nuestro pueblo y nuestro país... Rebánenles la garganta... vienen a apoderarse de nuestra tierra. Pero cuando intentan entrar en nuestras ciudades, tratan de rehuir la batalla con nuestras fuerzas y quedar fuera del alcance de nuestras armas." ¿Seguía este discurso el modelo de la Gran Guerra Patria, la defensa de la madre Rusia en tiempos del tío José? Y si no, ¿cómo explicar -hablemos con franqueza- el valor de esos cientos de soldados iraquíes que aún resisten bajo los ataques aéreos y terrestres estadounidenses? Pueblo, partido, patriotismo. Las tres pes se repetían una y otra vez como un estribillo en el discurso de Saddam -leído por el presidente ante las cámaras de televisión- junto con una amarga advertencia: mientras menos puedan avanzar por tierra las fuerzas británicas y estadounidenses, con más brutalidad usarán su poderío aéreo. ¿Qué se siente vivir en estos días en la futura Stalingrado de Saddam? Muy temprano esta mañana regresaron los misiles crucero y los aviones. Grandes explosiones atronaron a lo largo y ancho de Bagdad, todavía en penumbra. Uno de los Tomahawks se estrelló en el suelo en la Universidad al-Mustansiriya -dijeron que un estudiante murió y 25 resultaron heridos-, pero otros no sabemos dónde cayeron, ni el gobierno iraquí estaba de humor para contárnoslo. Hubo otros sonidos en horas tempranas. Una ráfaga de fuego de armas automáticas en el malecón del Tigris -intentos de capturar a dos aviadores británicos que escapaban, según las autoridades- y después una batalla en plena escala no lejos de la ciudad, a las 2:30 de la mañana. Corrieron rumores de que hombres armados vinieron de Ciudad Saddam -la gran ciudad perdida chiíta en el extremo de la capital- y que habían sido interceptados por agentes de seguridad del Estado. No hubo "confirmación independiente". Una versión de que habían cortado la línea de ferrocarril al norte de Bagdad fue desmentida. Pero la cantidad de detalles militares y estadísticos que presentan las autoridades iraquíes comienza a hacer ver como tontos a los chicos del centro de información estadounidense. La noche del domingo el ministro iraquí de Defensa, Sultan Hashem, proporcionó un notable breviario de guerra, nombrando las unidades que participaban en la línea de combate: el tercer batallón de la 27 brigada se sostenía en Suq ash-Shuyuk, al sur de Nasariya, el tercer batallón del tercer ejército resistía en el perímetro de Basora. Y recordé que estos generales daban idénticos reportes durante la terrible guerra de 1980-1988 contra Irán. Cuando salíamos a verificar sus datos, casi siempre resultaban ciertos. ¿Será lo mismo ahora? El general Hashem insistió repetidas veces en que sus hombres destruían tanques, vehículos armados y helicópteros estadounidenses. Fue fácil descartar tales asertos... hasta que la pantalla de televisión mostró el video de dos vehículos estadounidenses de transporte de tropas envueltos en llamas. El vicepresidente Taha Yassin Ramadan fue tan complaciente que explicó el orden de batalla iraquí y las tácticas del ejército. Era política iraquí, dijo, dejar que las tropas angloestadounidenses "vagaran" por el desierto cuanto quisieran, y atacarlas cuando intentaran entrar en las ciudades. Y al parecer eso es precisamente lo que están haciendo. Desde Bagdad, con su siniestra bóveda de humo negro y las sirenas advirtiendo día y noche sobre ataques aéreos, el plan estadounidense parece similar: recorrer el desierto en forma paralela al valle del Tigris y el Eufrates y tratar de meterse a cada ciudad que se atraviese en el camino. Si hay problemas en Um Qasr, probemos en Basora. Si Basora está bloqueada, hagamos el intento en Nasiriya. Si resulta peligroso, demos vuelta a la derecha, hacia Najaf. Pero el camino abierto -la larga carretera a Bagdad flanqueada por admiradores iraquíes que arrojan flores al paso de los soldados estadounidenses y británicos- está resultando una ilusión. Este martes los estadounidenses podrían amanecer en el desierto, a escasos 30 kilómetros de la ciudad, pero en términos militares, a menos que se abran paso combatiendo, será como si estuvieran de vuelta en Kuwait. Quizás, en términos estadounidenses y británicos, esta sea una evaluación demasiado pesimista. Viviendo en Bagdad no sólo es fácil darse cuenta de lo errados que estaban en sus cálculos los estadounidenses y británicos, sino también es posible imaginar cuánto tiempo podrán resistir Saddam, su ejército y las milicias de su partido Baaz, pensamiento reconfortante para los que nos encontramos estacionados en la capital iraquí y nos damos cuenta cabal de que el simbolismo de Stalingrado podría volverse una patética realidad. Y las tácticas de Saddam son sin duda las de Stalin. Resistan. No se rindan. Cada día que pasa es un dolor más para Washington y Londres. Se podía observar esta confianza hoy, cuando habló Mohamed Said al-Sahaff, el ministro de Información. Sobre Blair tuvo un comentario jocoso: "Creo que la nación británica jamás había sufrido una desgracia como este amigo". Y luego presentó una lista de bajas, la cual -por imaginativa que pudiera resultar después- fue totalmente creíble para el iraquí promedio o para cualquier otra persona. Civiles muertos y heridos, respectivamente: en Bagdad, 194 heridos (13 menos que los estimados originalmente): en Nínive, ocho heridos: en Kerbala, 10 muertos y 32 heridos: en Salaheddin, dos muertos y 22 heridos. En Najaf las cifras fueron dos y 36, en Quaddisiya cuatro y 13, en Basora cuatro y 122: en Babilonia, según el gobierno, 30 muertos y 64 heridos. En total, 62 civiles muertos: si las estadísticas son correctas, se diría que no representan una matanza. Pero no hay nada sorprendente en tal cifra, y menos cuando caemos en cuenta de que Basora -ahora bajo fuego de artillería británico- lleva 72 horas sin agua corriente ni luz eléctrica. Hasta ahora la situación pinta como que estadounidenses y británicos están sudando sangre para "liberar" a un pueblo que no tiene muchas ganas de que lo liberen estadounidenses y británicos. Un problema moral, sin duda. Pero no tanto como sería si todo este sufrimiento iraquí a manos de estadounidenses y británicos resultara tener por causa el petróleo.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya


26 de marzo de 2003
Los iraquíes, desafiantes pese a los bombardeos de saturación de los B-52
En peligro, la suerte del general Franks si la victoria se tarda "No nos gusta Hussein, pero luchamos por nuestro país, como los rusos con Stalin": empresario
Pide Bagdad un boicot petrolero de países árabes contra EU y GB, y retirar a sus embajadores
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL DE THE INDEPENDENT
Bagdad, 25 de marzo.
Durante toda la noche se escucharon los bombardeos de saturación de los B-52. Era un prolongado y sordo estruendo que duraba varios minutos. Los objetivos -presumiblemente guardias republicanas- deben haber estado a unos 48 kilómetros de distancia, pero cada vez que el ominoso y oscuro sonido comenzaba, la presión del aire cambiaba en la pequeña habitación en la que me hospedo, cerca del río Tigris. Puse unas flores en un jarrón cerca de la ventana y el agua se agitó levemente durante toda la noche por las vibraciones de la tierra y el aire. "Que Dios haya salvado a esa gente", pensaba yo. "Si tenemos a nuestros soldados en el frente -nos había dicho hoy el viceprimer ministro, Tarek Aziz, horas antes- no los íbamos a tener a todos formados para que les dispararan, ¿verdad?" Todos nos reímos por este chiste. Pero durante los ataques yo ya no me reía. De seguro la guardia pretoriana de Saddam no se encontraba sentada en el desierto mientras la bombardeaban a bordo de tanques avanzando, con los soldados a plena vista. Entonces, ¿a qué le estaban apuntando los B-52? De vez en cuando me asomaba por la ventana. A lo lejos, en dirección al suroeste, se podía ver un pálido y peligroso resplandor rojo, durante un segundo, o cinco. A veces este resplandor se extendía hasta cubrir una superficie de unos 40 metros cuadrados, y de pronto se evaporaba; su penumbra se convertía nuevamente en oscuridad. Los marines de avanzada se encontraban a sólo 96 kilómetros de Bagdad, informó la BBC en las primeras ho-ras de hoy. A mí me parecía creíble. Drama terrible Las largas horas de oscuridad son difíciles para los iraquíes. Juegan a las cartas. Duermen cuando el silencio entre los bombardeos se los permite. Por las noches leo una biografía de Tomás Moro que me parece cada vez más peligrosamente apropiada, en medio de este drama terrible. A sólo unos metros de mi habitación hay una inmensa estatua de Saddam Hussein, que con el brazo derecho en alto saluda a su pueblos fantasmal; la mano izquierda está firmemente en su costado, como si estuviera en un desfile. El joven Tomás Moro habría comprendido su significado, pues nos dice que un tirano es un hombre que no le concede libertad a su pueblo y a quien, "inflado en su orgullo, lo mueve el deseo de poder, la codicia y lo provoca la sed de fama". Aun así, la mañana de hoy, a 32 kilómetros de Bagdad, los iraquíes promedio se expresaron en los mismos términos de George W. Bush, en momentos en que no nos acompañaban los "guardaespaldas" que siguen cada uno de nuestros pasos. Yo me encontraba en el lugar que pronto podría convertirse en el principal frente de Bagdad, tal vez a 16 kilómetros del lugar que esta noche bombardeaban los B-52 y a 48 kilómetros de los marines estadounidenses más próximos. A mis espaldas, nubarrones de humo negro cubrían el cielo, provenientes de los pozos petroleros en llamas. Una feroz tormenta de arena nos arrojaba polvo a la cara y daba al cielo un color naranja oscuro y sanguinolento. El suelo temblaba levemente a medida que se aproximaban los B-52. Un ejecutivo iraquí tiene sus oficinas cerca de ese lugar y quería explicar lo minúscula que es la victoria que los estadounidenses están proclamando: "A lo largo de la historia, Irak ha sido llamada Mesopotamia, que significa 'tierra entre dos ríos'. Así que si no te encuentras entre dos ríos, significa que no estás en Irak. El general Franks sabe esto". Desgraciadamente para este hombre de negocios, en el momento en que hablábamos los marines estadounidenses cruzaban el Eufrates, bajo fuego, en Nasiriya, mientras mujeres y niños abandonaban sus hogares bajo los puentes. Aun así, para la noche del martes sólo unos 50 tanques estadounidenses habían logrado llegar a la ribera oeste y ya estaban en "Mesopotamia". Esto no arruinó el entusiasmo de este hombre. "¿Se imagina usted el efecto que tendría para los árabes si Irak logra salir intacto de esta guerra?", me preguntó. "Le tomó sólo cinco días a Israel derrotar a todos los árabes en 1967. Los iraquíes llevamos cinco días combatiendo a los estadounidenses todopoderosos y todavía conservamos todas nuestras ciudades y no nos rendimos. Y sólo imagínese qué pasaría si Irak se rindiera. ¿Cómo podría la dirigencia siria rechazar las exigencias de Israel? ¿Qué posibilidad les quedaría a los palestinos de negociar un acuerdo de paz justo con los israelíes? Si a los estadounidenses no les importa que los palestinos logren un acuerdo justo, ¿por qué querrían dar un acuerdo justo a los iraquíes?" El que hablaba no era un miembro del partido Baaz. Tenía títulos otorgados por universidades británicas. Un colega suyo tenía un punto de vista aún más convincente. "Nuestros soldados saben que no obtendrán un acuerdo justo de los estadounidenses", dijo. "Es importante que estén conscientes de ello. Puede ser que no nos guste nuestro régimen. Pero luchamos por nuestro país. A los rusos no les gustaba Stalin, pero pelearon bajo sus órdenes contra los invasores alemanes. Tenemos una larga historia de estar luchando contra los poderes coloniales, especialmente los británicos. Ustedes aseguran que vienen a 'liberarnos'. Pero no entienden nada. Lo que está ocurriendo es que estamos comenzando una guerra de liberación contra los estadounidenses y los británicos". Otro hombre de negocios quería hablar sobre Saddam: "Lo que nos importa a los árabes es la dignidad. La mitad de Los siete pilares de la sabiduría, de Lawrence, habla de la dignidad árabe. Hay razones históricas por las que, en nuestras tierras, el populismo ha triunfado sobre la democracia. Saddam nos ha dado una sociedad segura. Estoy seguro siempre y cuando no confronte al régimen. Saddam puede ser muy severo con los disidentes políticos, pero también lo es con los criminales o con cualquiera que nos agreda, incluidos los estadunidenses". El silencio de la ONU El vicepresidente Taha Yassin Ra-madan fue más retórico. Habló de "la pérfida agresión e invasión" y exigió que los estados árabes declaren un boicot petrolero contra Estados Unidos y Gran Bretaña, o que al menos retiren a sus embajadores de sus representaciones en Washington y Londres. ¡Qué esperanzas! Mohamed Saleh, ministro de Co-mercio, acusó al secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, de plegarse a las presiones estadounidenses para impedir que navíos que transportan víveres y medicamentos del programa Petróleo por Alimentos desembarquen en Irak. "No necesitamos asistencia humanitaria", anunció Saleh, quien insistió en que Bagdad está enviando diariamente a Basora 20 camiones cargados de harina. Afirmó también que el fuego enemigo ya incendió una bodega de harina en esa ciudad. Pero había otras versiones provenientes del sur que preocupaban a los iraquíes. Por ejemplo, ¿cómo fue que cien iraquíes que estaban desplegados a lo largo de 16 kilómetros de la carretera hacia el norte con dirección a Nasiriya resultaron muertos? Un corresponsal francés describió el olor de carne quemada cuando pasó por ahí, y añadió que no se sabía si los cadáveres eran de soldados o civiles. ¿Qué le pasó a estos muertos?, se preguntan los iraquíes. Casi todas las guerras en Medio Oriente terminan en matanzas, es una espantosa rutina que pesa enormemente en la mente de todos. Al anochecer de hoy la presión del aire cambió nuevamente cuando regresaron los B-52. Cuando volví a Bagdad me hice de algunas manzanas y plátanos que devoré frente a la ventana de mi habitación. Volveré a mi lectura de Tomás Moro. Pero me persigue una extraña idea. Si esta guerra continúa para cuando yo llegue al final del libro, si los bombardeos y ataques aéreos persisten para cuando a Moro le corten la cabeza, será muy probable que también ruede la del general Tommy Franks.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca


27 de marzo de 2003

GUERRA CONTRA IRAK
¿Cómo puede Bush masacrar a un pueblo que dice querer liberar?, se preguntan en Bagdad
Matan dos misiles de EU a decenas de iraquíes en un barrio pobre
Restos calcinados de una madre y sus tres hijos y cadáveres mutilados, un espectáculo dantesco
Por lo menos 15 autos estallaron en llamas y sus ocupantes murieron cremados, señalan testigos
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL
Bagdad, 26 de marzo.
Fue un escándalo, una obscenidad. La mano cercenada en la puerta metálica, el charco de sangre y arena en el camino, los sesos humanos en el garaje, los restos calcinados de una madre iraquí y sus tres hijos pequeños en el auto aún humeante. Dos misiles disparados por un solo jet estadounidense los mató a todos: más de 20 civiles iraquíes volados en pedazos antes que pudieran ser liberados por el país que les arrancó la vida. ¿Quién se atreve, me pregunto, a llamar a esto "daño colateral"? La calle Abú Taleb estaba repleta de peatones y automovilistas cuando el piloto estadounidense se acercó entre la densa tormenta de arena que esta mañana cubrió el norte de Bagdad con un velo de polvo y lluvia de color rojo y amarillo. Es un barrio pobre y polvoriento -en su mayoría de musulmanes chiítas, ese pueblo que George W. Bush y Tony Blair todavía confían en que se levantará contra Saddam Hussein-, lugar de grasientos talleres mecánicos de automóviles, de atestados edificios de departamentos y de cafés baratos. Todas las personas con las que hablé oyeron el avión. Un hombre, conmocionado por los cuerpos decapitados que acababa de ver, apenas pudo decir cuatro palabras: "Un rugido, una luz", que repetía una y otra vez y, al fin, cerró los ojos con tal fuerza que se le arrugaron los músculos que los rodean. Carnicería humana ¿Cómo dar cuenta de un suceso tan terrible? Quizá un informe médico sería más apropiado. Sin embargo, se prevé que la cuenta mortal llegará finalmente a cerca de 30 y ahora los iraquíes presencian a diario estos horrores, así que no hay razón para no decir la verdad, toda la verdad de lo que ven. Mientras caminaba hoy por el lugar de esta matanza se me ocurrió otra pregunta: si esto es lo que estamos viendo en Bagdad, ¿qué pasará en Basora, Nasiriya y Kerbala? ¿Cuántos civiles están muriendo allá también, en forma anónima, sin que nadie lo informe porque no hay reporteros que atestigüen su sufrimiento? Abú Hassán y Malek Hammoud preparaban la comida para los parroquianos del restaurante Nasser, en el costado norte de la calle Abú Taleb. El misil que los mató cayó justo al lado del carril de dirección oeste, y la explosión arrancó el frente del café y cortó en pedazos a ambos hombres, el primero de 48 años de edad y el segundo de sólo 18. Uno de sus compañeros de trabajo me guió por los escombros. "Es todo lo que queda de ellos", dijo, mostrándome una charola de hornear que goteaba sangre. Por lo menos 15 automóviles estallaron en llamas y todos sus ocupantes murieron incinerados. Varios hombres jaloneaban desesperadamente la puerta de otro vehículo que se incendiaba en medio de la calle, el cual había sido volcado por el mismo misil. Se vieron obligados a mirar con impotencia cómo los ocupantes, una mujer y sus tres hijos, eran cremados vivos frente a ellos. El segundo misil dio de lleno en el carril de dirección este y lanzó trozos de metal hacia los tres hombres que estaban sentados afuera de un conjunto de departamentos de concreto, en cuyo muro exterior se lee "Esto es propiedad de Dios", escrita con gis. El conserje del edificio, Hishem Danún, corrió a la puerta tan pronto escuchó la terrible explosión. "Allí encontré a Ta'ar hecho pedazos", me dijo. La cabeza le había sido arrancada. "Esa es su mano." Un grupo de hombres y mujeres jóvenes me llevó a la calle y allí, en una escena de película de horror, estaba la mano cortada a la altura de la muñeca, con los dedos sujetando una teja de hierro. Su joven colega Sermed murió al instante. Sus sesos se veían amontonados unos metros más allá, una masa de color gris y rojo pálido detrás de un auto incendiado. Ambos era empleados de Danún, al igual que un portero del edificio, quien también pereció. Conforme cada sobreviviente hablaba las víctimas recobraban su identidad. Estaba el dueño del taller eléctrico, muerto detrás de su mostrador por el mismo misil que acabó con Ta'ar, Sermed y el portero, así como una jovencita que estaba parada en la zona peatonal del centro de la calle, tratando de cruzar, el conductor de un camión que iba a unos metros del lugar del impacto y el limosnero que llegaba todos los días a pedirle pan a Danún y acaba de salir de allí cuando los misiles aparecieron rugiendo entre la tormenta de arena para destruirlos. En Qatar las fuerzas angloestadunidenses -olvidemos esa tontería de la "coalición"- anunciaron una investigación. El gobierno iraquí, el único que se beneficia con el valor propagandístico de semejante baño de sangre, naturalmente denunció la matanza y fijó en principio en 14 el número de víctimas mortales. ¿Cuál era el verdadero blanco? Algunos iraquíes dijeron que había un campamento militar a menos de kilómetro y medio de la calle, aunque no pude hallarlo. Otros hablaban de un cuartel local de bomberos, pero éste difícilmente podría describirse como objetivo militar. Cierto, se había realizado un ataque menos de una hora antes a un campo militar situado al norte. Pasaba yo en mi auto por la base cuando dos cohetes estallaron y vi a soldados iraquíes salir corriendo de las puertas hacia la avenida para ponerse a salvo. Luego escuché dos explosiones más: las de los misiles que dieron en la calle Abú Taleb. Matar con alegría Por supuesto, el piloto que mató hoy a esos inocentes no podía ver a sus víctimas. Disparan por me-dio de coordenadas alineadas por computadora y la tormenta de are-na pudo haber ocultado la calle. Pero cuando uno de los amigos de Malek Hammoud me preguntó cómo podían los estadunidenses matar tan alegremente a quienes dicen querer liberar, no le interesaba saber sobre la ciencia de la aeronáutica ni sobre los sistemas de dirección de armas. ¿Por qué habría de interesarle? La cuestión es que esto ocurre día a día en Bagdad. El lunes una familia entera de nueve miembros fue barrida en su casa, cerca del centro de la ciudad. El martes se informó de la muerte de todos los pasajeros civiles de un autobús en un camino a sur de Bagdad. Apenas hoy los iraquíes se enteraron de la identidad de cinco civiles asesinados en un autobús sirio que fue atacado por aviones estadounidenses cerca de la frontera con Irak, el fin de semana. La verdad es que nadie está seguro en Bagdad y que, a medida que estadounidenses y británicos estrechen el cerco sobre la ciudad, en los próximos días u horas ese simple mensaje se volverá cada vez más real y más sangriento. Podríamos ponernos el ropaje de la moralidad para explicar por qué esas personas tenían que morir. Murieron a causa del 11 de septiembre de 2001, por las "armas de destrucción masiva" de Saddam Hussein, por las violaciones a los derechos humanos, por nuestro desesperado deseo de "liberarlos" a todos. No confundamos el tema con el petróleo. Sea como fuere, apuesto que se dirá que Hussein es el responsable final de estas muertes. Por supuesto, no mencionaremos al piloto.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

28 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Más de 350 civiles muertos y 4 mil heridos, desde que comenzó el ataque:
Bagdad Demoledor video de Al Jazeera muestra que Basora sigue bajo control iraquí
Secuencias sin editar dan cuenta de que ancianos, niños y mujeres, sobre todo, son las víctimas
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 27 de marzo.
Dos soldados británicos yacen muertos en una carretera de Basora; una pequeña niña iraquí, víctima de un bombardeo aéreo angloestadunidense, es ingresada en un hospital con los intestinos saliendo de su abdomen; una mujer con terribles heridas grita en su agonía mientras los médicos tratan de quitarle el vestido negro que lleva. Un general iraquí, rodeado por cientos de sus hombres armados, está en el centro de Basora y anuncia que la segunda ciudad más importante de Irak permanece invicta y en manos iraquíes. El video de Al Jazeera -filmado durante las pasadas 36 horas y recién llegado a Bagdad- es crudo, doloroso y devastador. También es una prueba de que Basora -que según reportes de prensa había sido "capturada y asegurada" por las tropas británicas la semana pasada- permanece, efectivamente, bajo el control de las fuerzas de Saddam Hussein. Pese a las aseveraciones de funcionarios británicos en el sentido de que se ha desatado una especie de levantamiento en Basora, autos y autobuses siguen circulando por las calles, mientras los iraquíes se forman pacientemente para adquirir tanques de gas que distribuye un camión del gobierno. Una parte de la cinta de video muestra bolas de fuego expandiéndose en el oeste de Basora y las explosiones producidas por proyectiles, presumiblemente lanzados por los británicos. La breve secuencia de los soldados británicos muertos -por la cual Tony Blair expresó su horror este jueves- no es muy distinta de docenas de imágenes similares que muestran a soldados iraquíes muertos y que se han transmitido durante 12 años en la televisión británica. Estas imágenes nunca provocaron expresiones de condena por parte del primer ministro británico. Los dos ingleses, aún con el uniforme, yacían en una carretera, con brazos y piernas abiertos; uno de ellos aparentemente fue herido en la cabeza, y el otro, en pecho y abdomen. Otra secuencia en la misma cinta muestra a una multitud de civiles en Basora y a hombres armados vestidos de civil pateando el jeep de los soldados británicos con placas HP5AA y bailando encima del vehículo. Otros hombres patean un tráiler del Ministerio de Defensa, con placas 91KC98, que el jeep remolcaba cuando, presumiblemente, fue emboscado. En la cinta sin editar -que llegó de Basora a Bagdad por un camino abierto- también aparece un avión de reconocimiento británico sin piloto, con círculos rojos y azules visibles en un ala, que fue derribado y quedó volteado en un camino. También podía verse la palabra "ARMY" rotulada sobre el aparato y el código ZJ300 en la cola, así como una protuberancia cilíndrica que probablemente contiene la cámara fotográfica del avión. Víctimas civiles Pero mucho más terrible que las tomas de los soldados británicos muertos son los fragmentos que contienen escenas captadas en el hospital más grande de Basora en momentos en que las víctimas de un bombardeo angloestadunidense son ingresadas a los quirófanos gritando de dolor. Un hombre de mediana edad vestido en pijama llega al hospital bañado en sangre de pies a cabeza. Una niñita, quizá de cuatro años, entra al quirófano en camilla mirando sus intestinos que salen del lado izquierdo del abdomen. Un doctor de uniforme azul vierte agua sobre las entrañas de la niña y suavemente le aplica un vendaje antes de comenzar la cirugía. Una mujer de negro, quien aparentemente tiene una herida en el estómago, grita cuando los médicos intentan desvestirla antes de operarla. En otra secuencia vemos un rastro de sangre que se origina en el lugar donde hizo impacto un proyectil, presumiblemente británico. Junto al cráter hay un par de pantuflas de plástico. Las cintas de Al Jazeera, jamás vistas en su mayor parte, son la primera prueba viva de que Basora aún está fuera del control británico. No sólo permanece abierta una de las principales vías hacia Bagdad, sino que además el general iraquí Khaled Hatem es esntrevistado en una calle de Basora rodeado de cientos de sus hombres, uniformados y armados, y afirma que sus fuerzas "jamás" se rendirán ante los enemigos de Irak. También puede verse en las calles a milicianos armados del partido Baaz, donde los policías están dirigiendo el tránsito cerca del hotel Sheraton, en el centro de Basora. Mohammed Al Abdullah, corresponsal de Al Jazeera en Basora, debe ser el periodista más valiente en Irak en estos momentos. En las tres cintas se le puede ver, bajo fuego, entrevistando a familias, e informando tranquilamente sobre el bombardeo de artillería británico que está por empezar. Una cinta muestra que el Hotel Sheraton, ubicado a orillas del río Chatt el Arab, ha sufrido daño de proyectiles. En la ribera, junto a una estatua en la que mártires iraquíes de la guerra de 1980-88 están apuntando un dedo acusador hacia Irán, puede verse a los habitantes de Basora llenando bidones en el río contaminado de aguas negras. Hace cinco días, el gobierno iraquí dijo que 30 civiles habían muerto y otros 63 resultaron heridos en Basora. Este jueves las autoridades dijeron que desde que comenzó la guerra están heridos 4 mil civiles y más de 350 han muerto. Pero la cinta de Abdullah muestra que al menos otros siete cuerpos han llegado a la morgue del hospital de Basora en las pasadas 36 horas. Uno de ellos, de cuya cabeza aún salía sangre que empapó el piso de la morgue, fue identificado como el corresponsal árabe de una agencia de noticias occidental. En otras desgarradoras escenas, el cuerpo parcialmente decapitado de una niñita lleva aún su mascada roja atada al cuello. A otra pequeña que está en una camilla le falta el cerebro y la oreja izquierda. A otro niño muerto le arrancaron los pies. No se indicó si fueron las fuerzas estadounidenses o las británicas las que mataron a estos niños. Las cintas no dan cuenta de bajas dentro del ejército iraquí. Pero en momentos en que las autoridades iraquíes no permiten que reporteros occidentales visiten Basora, esto es lo más cercano a una evidencia independiente de que la resistencia en la ciudad continúa y que los británicos han fracasado en su intento de captura. Durante días, los iraquíes han desmentido informes optimistas de los reporteros incrustados -especialmente los de la BBC- que dieron la impresión de que Basora estaba "asegurada", o de cualquier forma, bajo control británico. Las cintas comprueban de manera concluyente que esto es falso. En otra secuencia de los videos aparecen dos hombres, ambos negros, que son prisioneros de guerra estadounidenses, según las tropas iraquíes. No se les hacen preguntas, los hombres visten camisas negras y chaquetas idénticas. Ambos parecen nerviosos, mirando insistentemente tanto al equipo de filmación como a la multitud de tropas iraquíes que está a sus espaldas. Desde luego, aún es posible que un pequeño foco de oposición al régimen se haya levantado en Basora en estos días, como afirman los funcionarios británicos. Pero al ver las cintas es difícil imaginar que, de haber ocurrido, esto provocó algo más que un breve tiroteo. Por lo tanto, los reportes sin editar proveen una dañina prueba de que los voceros angloestadounidenses no han dicho la verdad sobre la batalla en Basora. Y al final, esto tendrá consecuencias más demoledoras para los ejércitos invasores que la imagen de dos soldados británicos muertos, o las de niños iraquíes muertos, dado que las vidas iraquíes son tan sagradas como las británicas.
©The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

31 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Asciende a 62 el saldo mortal del ataque del pasado viernes en Bagdad
Pedazo de metal, prueba de que misil angloestadounidense destruyó un mercado
Siguen bombardeos sobre la capital de Irak; dañan antenas parabólicas del Ministerio de Información ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Suburbio de Shu'ale, Bagdad, 29 de marzo.
El pedazo de metal tiene sólo 30 centímetros de alto, pero los números que lleva inscritos dan una pista de la atrocidad más reciente cometida en Bagdad. Esta tarde la cifra de civiles muertos había llegado a 62 como mínimo, y el texto cifrado en ese trozo de metal contiene la identidad del culpable. Estadounidenses e ingleses se han esforzado este día por insinuar que un misil antiaéreo iraquí destruyó estas docenas de vidas, y añaden que están "aún investigando" esta matanza. Pero la clave está en lenguaje occidental, no árabe. Y muchos de los sobrevivientes oyeron el avión. Esta mañana en el hospital Al-Noor tenían lugar escenas desgarradoras de dolor y sufrimiento. Una niña de dos años, envuelta en vendajes y con una sonda en la nariz y otra en el estómago. Todo lo que pude ver de ella eran la frente, dos ojitos y la barbilla. Junto a ella, la sangre y las moscas cubrían un montón de viejos vendajes y torundas. No lejos de ahí, en una cama sucia, estaba Mohammed Amaid, de tres años de edad, con apretados vendajes en el vientre, las manos y los pies. Había un gran montón negro de sangre coagulada al pie de su cama. Este hospital no cuenta con computadoras y apenas tiene el más primitivo aparato de rayos X. En cambio el misil estaba guiado por computadoras, y esa parte vital del fuselaje tenía una cifra en lenguaje de computadora, que puede ser fácilmente verificado por los estadounidenses... si quieren. Dice: 30003-704ASB-7492. La letra B está raspada, pudiera ser una H. Se cree que podría ser un número de serie. Viene seguida por otra clave a la que los fabricantes de armas se refieren como número de "lote". Dice MFR 96214 09. El trozo de metal que lleva las claves fue recuperado unos minutos después de que el misil explotó, al anochecer del viernes, por un anciano cuya casa estaba a sólo 100 metros del cráter de dos metros de ancho. Ni siquiera las autoridades iraquíes saben que existe. El misil arrojó trozos de metal entre la multitud, en particular mujeres y niños, y a través de los muros de ladrillo barato de las casas del lugar, cercenando extremidades y cabezas. Por ejemplo, tres hermanos, el mayor de 21 años y el menor de 12, fueron desmembrados en la sala de su vivienda de adobe, ubicada en la calle principal, frente al mercado. Dos casas más allá, dos hermanas murieron en la misma forma. "Jamás habíamos visto heridas como éstas", me dijo después el doctor Ahmed, anestesista del hospital Al-Noor. "Estas personas fueron perforadas por docenas de esquirlas de metal." Estaba en lo cierto. Un anciano que visité en un pabellón del hospital tenía 24 hoyos en la parte trasera de las piernas y en los glúteos, algunos tan grandes como monedas de una libra. Una radiografía que me mostró uno de los médicos mostraba claramente por lo menos 35 rebabas de metal aún incrustadas en el cuerpo del viejo. Como la zona donde ocurrió la matanza del jueves en la avenida principal de Sha'ab -en la que por lo menos 21 civiles iraquíes perecieron por el impacto o incinerados por dos misiles lanzados por un jet estadounidense-, Shu'ale es un vecindario de musulmanes chiítas pobres, en este caso con tiendas de comida ubicadas en casetas de hierro corrugado o de cemento y casas de ladrillo de dos piezas. Son precisamente éstos los pobladores que Bush y Balir esperan que se levanten en insurrección contra Saddam. Sin embargo, este día la ira estaba dirigida a estadunidenses y británicos, por ancianas y afligidos padres y hermanos que hablan sin vacilación, ante la ausencia de los generalmente ubicuos "comisarios" del gobierno. "Esto es un crimen", me dijo. "Sí, ya sé que dicen que les disparan a los soldados, pero, ¿ve usted algún militar? ¿Ve misiles aquí?" Tuve que decirle que no. Unos cuantos periodistas reportaron haber visto el jueves un misil Scud en un transporte, cerca de la zona de Sha'ab, y que había armas antiaéreas en los alrededores de Shu'ale. En cierto momento de esta mañana escuché un jet estadounidense pasar a toda velocidad sobre la escena de la matanza y alcancé a ver la caída de un misil tierra-aire que lo perseguía inútilmente, elevándose sobre las casuchas en el cielo azul oscuro. Una batería antiaérea -fabricada cerca de 1942- también abrió fuego a unas calles. Pero aun si los iraquíes colocan o transportan sus municiones cerca de las ciudades perdidas, ¿justifica eso que los estadounidenses disparen hacia esos vecindarios sobrepoblados, en zonas que saben que contienen calles y zonas comerciales atestadas, y a plena luz del día? El ataque de la semana pasada en la avenida de Sha'ab fue realizado sobre una arteria principal a mediodía, durante una tormenta de arena, cuando era claro que docenas de civiles morirían, sin importar a qué objetivo le tiraba el piloto. "Tenía cinco hijos y ahora me quedan sólo dos, ¿y cómo sé si éstos van a sobrevivir?", me preguntó hoy un hombre de anteojos, de mediana edad, con quien charlé en la pieza de atrás de su casa, de piso de cemento. "A uno de mis hijos le dieron en los riñones y el corazón. Tenía el corazón lleno de esquirlas que entraron por las ventanas. Todo lo que puedo decir ahora es que me siento triste de estar vivo." Un vecino interrumpió para decir que había visto el avión con sus ojos. "Vi el costado del avión y noté que cambiaba de rumbo después de lanzar el misil." Localizar aviones se ha vuelto parte primordial de la vida cotidiana en Bagdad. Y al lector de mi diario que tuvo la gentileza de preguntar la semana pasada si pude ver con mis ojos el avión estadounidense sobre la ciudad, tengo que decirle que en al menos 65 incursiones aéreas, pese a mi vista de lince, no he visto realmente un solo avión. Los oigo, sobre todo en la noche, pero vuelan a velocidad supersónica. En el día, por lo general, pasan arriba de las nubes de humo negro que se ciernen sobre la ciudad. Una sola vez localicé un misil crucero -estos misiles y los cohetes Tomahawk vuelan a sólo 600 kilómetros por hora- y lo vi pasar sobre un bulevar rumbo al río Tigris. Pero el humo gris que se levanta del suelo como los dedos de una mano muerta es inconfundible, junto con el estruendo. Y cuando se les puede encontrar las claves de computadora cuentan su historia, como sin duda lo harán las del misil que se abatió sobre Shu'ale. Toda la mañana de hoy los estadounidenses estuvieron atacando de nuevo, disparando sobre objetivos ubicados en el perímetro de Bagdad, donde las tropas iraquíes cavan defensas, y en el centro. Un cohete lanzado desde el aire explotó en el techo del Ministerio de Información, destruyendo un conjunto de antenas parabólicas. Un edificio de oficinas, desde el que estaba yo observando el bombardeo, literalmente, se bamboleó varios segundos durante un ataque prolongado. Incluso en el hospital Al-Noor los muros temblaban mientras los sobrevivientes de la matanza del centro comercial trataban de salvar la vida. Hussein Mnati tiene 52 años y sólo se me quedó viendo -con la cara tachonada de fragmentos metálicos- mientras las bombas se abatían sobre la ciudad. Un joven de 20 años estaba sentado sobre la cama de al lado, con el muñón del brazo izquierdo empapado de sangre y cubierto de vendajes. Sólo 12 horas antes tenía un brazo izquierdo, una mano izquierda, dedos. Ahora apenas empezaba a recordar lo ocurrido. "Yo estaba en el centro comercial y no sentí nada", me dijo. "El cohete llegó y yo estaba a la derecha de él, y luego una ambulancia me llevó al hospital." No sé si los sedantes le habían calmado el dolor de la amputación o no, pero quería hablar. Cuando le pregunté su nombre, se incorporó en la cama y gritó: "Me llamo Saddam Hussein Jassem."
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
31 de marzo de 2003


 

Frases: Guerra y Paz (Sabios pensamientos)

1. La guerra es el arte de destruir hombres; la política, el de engañarlos.
2. Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren." Jean Paul Sartre
3. Matar a una persona por defender un ideal no es defender un ideal: es matar una persona.
4. Para hacer la paz se necesitan por lo menos dos; mas para hacer la guerra basta uno solo. Neville Chamberlain.
5. La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona. Voltaire
6. Las madres de los soldados muertos son jueces de la guerra. Bertolt Brecht
7. La tendencia a la destrucción es uno de los medios empleados para la conservación del mundo. J. Joubert
8. Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo. Voltaire
9. La única explicación para el Holocausto Judío está en la demonología. Eugene Ionesco
10. Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa. Oscar Wilde.
11. Se puede morir, todos los días, por una idea; pero no se puede matar nunca por esa idea.
12. Un hombre, cualquier hombre, vale más que una bandera, cualquier bandera. Eduardo Chillida.
13. Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte. Jean Anouilh
14. La guerra es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero no se masacran.
15. El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres. Kark Kraus
16. El arte de la guerra consiste en ordenar las fuerzas de tal modo que no puedan huir. Anatole France.
17. La fuerza es el derecho de las bestias. Marco Tulio Ciceron.
18. ¿Por qué tomas por la fuerza lo que podrías lograr por amor? Amerindio Powhatan
19. Una era construye ciudades. Una hora las destruye. Séneca
20. Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego. Ghandi
21. La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia contra enemigos exteriores. Mahatma Gandhi
22. Lo que desde arriba no se ve son las fronteras. Serguei Krikalev - astronauta ruso
23. El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras. Guy de Maupassant
24. Si hay victoria en vencer al enemigo la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo. José de San Martín.
25. La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa. Erasmo de Rotterdam.
26. La violencia es el miedo a las ideas de los demás y la poca fe en las propias.
27. La persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra con el mundo entero.
28. La guerra es una enfermedad como el tifus. Antoine de Saint-Exupery.
29. El hombre ha de fijar un final para la guerra. Si no, la guerra fijará un final para el hombre. John F. Kennedy.
30. No hay caminos para la paz; la paz es el camino. Gandhi.
31. La Humanidad camina hacia la barbarie... El 90 % de las víctimas durante la Ia Guerra Mundial eran soldados. Ya en la Segunda, la mitad fueron civiles. Ahora, el 95 % de las víctimas son civiles. Alberto Navarro.
32. La tecnología nos hace testigos de los horrores de la guerra, pero no proporciona medios para evitarla. Mary Robinson.
33. Jamás hubo una guerra buena o una paz mala. Franklin.
34. Combatirse a si mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella.

 


¿Qué tal?

Por Carlos Fuentes

¿Qué tal si el gobierno de Ronald Reagan no arma a Sadam Hussein para fortalecer a Irak en contra de los ayatolas iraníes, percibidos en ese momento como los enemigos mortales de los Estados Unidos en la región?
¿Qué tal si el gobierno de George Bush padre no arma a Osama bin Laden y al Talibán para luchar en Afganistán contra la presencia del enemigo soviético?
¿Qué tal si los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos le dan un ultimátum al gobierno de Israel para que devuelva los territorios ocupados, cese la política de instalaciones en territorios palestinos y obedezca las resoluciones 194 y 242 del Consejo de Seguridad de la ONU?
¿Qué tal si los Estados Unidos defienden desde el primer momento el derecho del pueblo palestino a contar con un Estado propio?
¿Qué tal si un Estado palestino normal, con fronteras seguras y autoridades debidamente elegidas, se convierte en la mejor garantía de paz y seguridad para el Estado de Israel?
¿Qué tal si las agencias de seguridad norteamericanas --FBI y CIA- hacen caso de la información y las advertencias oportunas de sus propios funcionarios menores para evitar la tragedia del 11 de septiembre? ¿Qué tal si los Estados Unidos no desvían la atención mundial de la lucha contra el terrorismo, sacrificando la universal simpatía provocada por el brutal ataque del 11 de setiembre, para centrarla en los preparativos de guerra contra Irak?
¿Qué tal si no existe prueba alguna de conexión entre Al Qaeda y Bagdad?
¿Qué tal si el verdadero refugio de Al Qaeda está en Pakistán, intocable gracias a su oportunista alianza con Washington?
¿Qué tal si no se encuentra prueba en Irak de otras armas que las originalmente otorgadas por los gobiernos de Estados Unidos a Saddam Hussein y de las cuales Donald Rumsfeld lleva puntual cuenta? ¿Qué tal si los Estados Unidos se impacientan con los planes impuestos por la inspección de armas en Irak e inician la guerra contra Sadam, con o sin una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU?
¿Qué tal si el Consejo de Seguridad avala el ataque contra Irak y renuncia a toda autoridad futura frente a la hegemonía unipolar de los Estados Unidos?
¿Qué tal si la opinión pública occidental opuesta en mayorías de hasta el 80 por ciento a la aventura iraquí de Bush, se voltea contra sus propios gobiernos por seguir dócilmente la política bélica de Washington? ¿Qué tal si el "choque de civilizaciones" popularizado por Huntington se desplaza de la oposición Occidente-Islam a la oposición Occidente Europeo-Occidente Norteamericano?

 


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