"si no podés
admitir la realidad,
por lo menos
debés intentar montarte a un sueño decente".
Indio Solari
Este articulo más
que propagandistico es formativo, pues va al fondo de la realidad de las
mujeres irakies y muy claro lo que nos informa. Realmente aprendemos al
leerlo.
Agustin
Los logros de las mujeres
iraquíes estancados por la guerra
Sara Flounders*
19 de marzo de 2003. IAC Traducción Paloma Valverde (www.nodo50.org/csca)
"Una ocupación estadounidense de Iraq sería un enorme retroceso
en la historia de los logros que la mujer ha obtenido tanto en EEUU como
en Iraq. Los últimos logros de la mujer iraquí son un ejemplo de lo que
es posible si las fuentes de ingreso se utilizan para paliar las necesidades
humanas. Las mujeres del mundo entero tienen el gran reto de parar la
maquinaria de guerra de EEUU". Con una oposición a la guerra de Estados
Unidos contra Iraq estallando en el mundo entero, la administración Bush
ha alcanzado cotas increíbles en sus promesas para reconstruir el país
después de la guerra e instaurar "demoledoras reformas democráticas".
Las mujeres [en Iraq] conforman la mitad de la población. Comparando la
situación de la mujer en Iraq con los países de la región del Golfo donde
el poder estadounidense militar y económico mantienen la corrupción, las
dictaduras feudales en el poder muestran hasta qué punto son falsas esas
promesas. En Kuwait, Arabia Saudí y en todos los estados del Golfo, la
mujer no tiene derecho a participar en ningún área de la vida pública
o política. No tienen derecho a trabajar, conducir, votar o administrarse
su propio dinero. Se las prohíbe salir a la calle sin velo; no pueden
viajar sin la compañía de un marido, un padre o un hermano. Las mujeres
no tienen derecho a decidir con quien se casarán, tampoco tienen derecho
a divorciarse, incluso si su marido es un maltratador. Están literalmente
encarceladas en sus casas. La educación está separada [para niños y niñas]
y es tan desigual que la mayoría de las mujeres en la rica Arabia Saudí,
son todavía analfabetas. Esta situación criminal confirma que el Pentágono
es incapaz de poner en marcha ningún cambio social progresivo. En Iraq,
sin embargo, en cada colegio, hospital o ministerio el visitante encuentra
a una mujer joven, con criterio, educada, una mujer preparada. Esto es
así incluso tras años de continuos bombardeos estadounidenses y de sanciones
que han ahogado la economía. Nicholas Kristof, en el New York Times del
3 de octubre de 2002, admitió este flagrante contraste. En un articulo
titulado "La Igualdad de la Mujer: Iraq avergüenza a los aliados de EEUU"
Kristof comienza con esta comparación: "Si a las tropas de tierra estadounidenses
se les permitiera atravesar el país a través del desierto, desde Arabia
Saudí hasta Iraq, las mujeres soldados estadounidenses teóricamente no
podrán conducir los vehículos mientras estén en Arabia Saudí y se les
notificará que deben llevar velo. En cuando crucen la frontera del enemigo
Iraq se sentirán como si entraran en el mundo libre. Pueden conducir legalmente,
llevar la cabeza descubierto, incluso llamar idiotas a los hombres. Las
mujeres iraquíes en sus trabajos suelen tener hombres bajo su responsabilidad
y sirven en el ejército en puestos no de combate." Kristof señalaba que
"en el Hospital-Escuela de la Maternidad de Basora, 25 de los 26 estudiantes
de obstetricia y ginecología son mujeres En la ciudad, el 54% de los estudiantes
de la Universidad de Basora son mujeres." Derrocar el feudalismo Iraq
estuvo bajo el control del imperio británico hasta la década de los 50.
Hasta que se rompió el dominio de EEUU y Reino Unido la inmensa mayoría
de la población era pobre y analfabeta. El país estaba subdesarrollado
porque sus grandes reservas de petróleo estaban totalmente en manos de
las grandes compañías de petróleo. Toda la riqueza de las ventas del petróleo
volaba a los bancos de Occidente. Sólo la familia real y un pequeño grupo
de su entorno se beneficiaban. La democratización de la situación de la
mujer iraquí y otros beneficios sociales dieron comienzo con la revolución
de 1958. Esta explosión social derrocó a la monarquía corrupta y a los
terratenientes feudales cuyas leyes represivas habían sido mantenidas
por los poderes militares británicos y estadounidenses. Hasta 1958, la
posición social de la mujer en Iraq era similar a la espantosa situación
actual de la mujer en Kuwait y Arabia Saudí. Pero el Iraq revolucionario
no tuvo un momento de paz. El país sufrió durante años varias revueltas
y varios golpes mientras EEUU y Reino Unido arropaban las operaciones,
sabotajes, intrigas y continuos intentos militares por reestablecer el
estatus quo anterior. Hacia 1972, sin embargo, el petróleo había sido
nacionalizado y los mayores terratenientes expropiados. Con las grandes
fuentes de petróleo en manos del estado, se produjo una transformación
social espectacular en las dos décadas que siguieron. Muchos problemas
que tenían su raíz en viejos prejuicios y en el atraso se solucionaron.
La mujer iraquí logró los mayores avances sociales en todo el mundo árabe.
La educación, incluyendo la universitaria, era gratis. Los estudiantes
no pagaban matrícula e incluso tenían becas para seguir con los estudios.
Este era un poderoso incentivo, especialmente en la educación de las mujeres.
Animó a las familias a que siguieran llevando a sus hijas al colegio y
no sacaran para trabajar o para celebrar un matrimonio prematuro. Al mismo
tiempo, el gobierno garantizaba trabajo para la mujer que quería trabajar.
Las mujeres que adquirían conocimientos profesionales sabían que encontrarían
trabajo en sus campos profesionales. Estaba garantizado que a igual trabajo,
igual salario. La sanidad era gratis y de gran calidad. Las madres disfrutaban
de cuidados prenatales. Las mujeres que trabajaban tenían garantizada
una paga de 6 meses por maternidad y otros seis meses más de media paga.
Las guarderías tenían ayudas y las había en la mayoría de los lugares
de trabajo. Había subsidios para alimentos básicos y para alojamiento.
Las bombas estadounidenses destruyeron los logros de las mujeres 'Cambio
de régimen' significa la destrucción de todos los programas sociales progresistas
que Iraq ha financiado con la nacionalización del petróleo. Los planes
de ocupación del Pentágono piden que la industria del petróleo se ponga
directamente bajo el control del Ejército estadounidense. La ocupación
estadounidense de Iraq será financiada con esta riqueza que se expropiará.
Cualquier reconstrucción irá dirigida únicamente a la infraestructura
que beneficie la extracción de la riqueza de Iraq. En la guerra de 1991,
el Pentágono apuntó directamente a la infraestructura civil que había
sido construida gracias a un programa que durante 20 años invirtió las
ganancias del petróleo en modernizar el país. Las bombas estadounidenses
dañaron 676 colegios. [Los colegios] Eran el orgullo de Iraq, su esperanza
para el futuro. Las sanciones de EEUU y Naciones Unidas (NNUU) cortaron
el acceso a los ordenadores de importación, libros, material escolar e
información para profesionales, e hicieron imposible las becas de estudio
en el extranjero. Las bombas y los misiles de crucero apuntaron a las
purificadoras de agua y a las alcantarillas. Las presas, la red de irrigación
y las plantas procesadoras de alimentos que habían modernizado la agricultura
fueron dañadas repetidas veces. La red eléctrica y el sistema de comunicaciones
fueron destruidos. Las mujeres, que habían sido las que más habían mejorado,
también fueron las mas perjudicadas por la guerra y las sanciones. Las
sanciones trajeron como consecuencia una inflación salvaje que golpeó
toda la economía; trajeron como consecuencia un masivo desempleo, y cortaron
la fuente de ingresos para el sector público, el mayor proveedor de empleo
de la mujer. Los empleados del Estado no perdieron sus puestos de trabajo,
pero los salarios de los profesores, médicos, trabajadores sociales, ingenieros
y técnicos se convirtieron en algo casi simbólicos. Las jóvenes, que durante
los pocos años anteriores habían disfrutado de independencia económica
con un salario alrededor de los 400 dólares, de repente vieron que sus
verdaderos sueldos se habían reducido por la inflación hasta menos de
2 dólares al mes. Nadie puede vivir con eso. Familias enteras reúnen cada
céntimo que consiguen para poder sobrevivir. A pesar de que el salario
es mísero, millones de mujeres siguen trabajando porque trabajar significa
participar en la sociedad. A pesar de la destrucción masiva de la infraestructura
civil y de los años de sanciones, la mujer todavía lucha por mantener
un papel activo en la sociedad. . En casi todos los países del mundo la
carga del cuidado de los niños y de la casa recae fundamentalmente sobre
las mujeres. Ahora, sin agua corriente, con cortes de luz y alimentos
limitados mediante las cartillas de racionamiento del gobierno, y con
niños enfermos y desnutridos, las mujeres iraquíes se enfrentan a una
doble carga en una situación constantemente deteriorada. Hoy, hasta un
95 por ciento de las mujeres embarazadas sufren anemia. Niños con bajo
peso, prematuros y enfermos son el resultado. Alrededor de 4.500 niños
mueren al mes por malnutrición, diarrea causada por enfermedades transmitidas
por el agua, y otras causas relacionadas con las sanciones, causas que
podrían evitarse. El sistema público de sanidad está al borde de la quiebra
por la falta de medicamentos básicos, materiales y equipamiento. En medio
de la escasez, las antiguas tradiciones sirven para autoafirmarse. Las
familias tienen que elegir a cuál de sus hijos le comprarán los libros,
a cuál de ellos sacarán del colegio para trabajar o para pedir en la calle
para que la familia pueda sobrevivir. Hoy, tras 12 años de sanciones,
más del 35% de las niñas abandonan el colegio antes de terminar la primaria.
El coste en EEUU La guerra del Pentágono contra Iraq costará alrededor
de 200 billones de dólares. El coste de una ocupación a largo plazo se
estima en 1 trillón de dólares. Aquí en EEUU también hay mujeres y niños
que pagarán por la guerra. Actualmente, alrededor del 25% de los niños
en EEUU viven en la pobreza. En la ciudad de Nueva York, casi medio millón
de personas dependen de los comedores públicos para comer. Unos 45 millones
de personas no tienen asistencia médica. A medida que el poder de las
empresas recoloniza zonas enteras del planeta, los ingresos de EEUU disminuyen
constantemente. Para un 80% de la población, los ingresos reales han disminuido
año tras años durante los últimos 20 años. Una ocupación estadounidense
de Iraq sería un enorme retroceso en la historia de los logros que la
mujer ha obtenido tanto en EEUU como en Iraq. Los últimos logros de la
mujer iraquí son un ejemplo de lo que es posible si las fuentes de ingreso
se utilizan para paliar las necesidades humanas. Las mujeres del mundo
entero tienen el gran reto de parar la maquinaria de guerra de EEUU.
OPINIÓN Y ANÁLISIS
La cultura iraquí:
un tesoro a defender,
por Christian Sellés
La guerra de Irak ha puesto en peligro una de las mayores riquezas del
patrimonio histórico y cultural de la humanidad. La famosa expresión "daños
colaterales" creada para justificar lo injustificable volverá a usarse
para explicar el daño o la desaparición de determinadas riquezas culturales.
El ataque perpetrado el pasado 26 de marzo a un mercado de Bagdad puso
de manifiesto el horror que sobre el legado iraquí pueden causar las bombas
"inteligentes".
PERIODISTA En los últimos doce años, cuando se hacía referencia a las
riquezas de Irak se hablaba de manera casi exclusiva de los pozos de petróleo.
Se olvidaban por completo todos los tesoros culturales que alberga esta
región desde hace más de seis mil años.
A día de hoy, cuando aún sangran las heridas de los edificios monumentales
provocadas por los bombardeos de la primera guerra del Golfo, el patrimonio
histórico de la humanidad se encuentra ante un serio peligro: las bombas
"inteligentes".
El pasado miércoles 26 de marzo el ataque a un mercado de Bagdad puso
de manifiesto que no se puede confiar en ellas.
En Irak se encuentran tesoros culturales de incalculable valor desde la
prehistoria hasta el siglo XIV. Se han descubierto alrededor de 100.000
ruinas arqueológicas de los imperios persa, asirio o de la mítica ciudad
de Babilonia.
La antigua Mesopotamia, reconocida como cuna de la civilización, es la
base del actual país. Estas civilizaciones inventaron la irrigación y
la escritura cuneiforme (la forma más temprana de la escritura occidental)
dando muestras de ello con múltiples tablillas de arcilla. Bagdad, la
ciudad de "Las mil y una noches" es una ciudad donde la cultura ocupa
un papel primordial.
Son numerosos los museos, destacando el Museo Arqueológico de Bagdad,
las fuentes y las esculturas. También destaca la tumba del Califa Omar
y el Gran Santuario de Al Mutawakkil, construido en el siglo IX y que
recibe todos los años a millones de peregrinos; igual que la Mezquita
de Kadhimain, de bella arquitectura y vastas proporciones.
Pero no sólo destacan edificios musulmanes, en Irak se encuentra también
el monasterio cristiano más antiguo. A 90 kilómetros de la capital, Irak
descubre una de las reconstrucciones más monumentales de la historia:
la Torre de Babel y los Jardines Colgantes de Babilonia, una de las siete
maravillas del mundo clásico.
Fueron construidos por orden del rey Nabucodonosor II en honor a su esposa
Amylis. De la misma forma que los anteriores edificios, este proyecto
se encuentra en peligro por la guerra
. En el año 1991 los bombardeos estadounidenses no respetaron el legado
histórico y cultural de Irak. El ziggurat (templo) color rosado de Ur,
considerada la primera ciudad de la humanidad, aún muestra las marcas
de las bombas de los aviones estadounidenses. La estructura de trece museos
y seis bibliotecas fue seriamente dañada. Los fondos de cinco de esos
museos fueron saqueados totalmente, y los de otros cuatro, de forma parcial.
El organismo cultural de las Naciones Unidas, la UNESCO, reconoció que
más de 4.000 objetos fueron robados, pero no hizo nada por encontrarlos.
El mercado negro fue su principal destino, aunque se sospecha que muchos
soldados se los llevaron a sus casas como recuerdo.
En el Museo Británico se encuentran relieves asirios de dudosa procedencia
pero no se investiga. Doni Gorge, conservador del Museo Arqueológico de
Bagdad afirma que "como los estadounidenses no tienen historia quieren
destruir la cuna de la civilización".
El bloqueo económico que sufrió el país no ayudó a la reparación de los
monumentos. No hubo dinero para restaurar el patrimonio. Ante el hambre
que padeció la población, algunos iraquíes penetraron en los museos y
robaron objetos para poder subsistir.
El templo de Nínive fue uno de los más dañados por el mercado negro. En
ningún caso se puede culpar a los iraquíes, hay que llevar la vista hasta
los causantes de esta situación.
Laurent Levi-Strauss, subdirector de herencia cultural de la UNESCO lo
confirma al decir que "Irak y sus habitantes siempre han mantenido buenas
relaciones con la UNESCO".
Para evitar el saqueo, la exportación de tesoros culturales y el ataque
a monumentos, en 1954 tuvo lugar la Convención sobre la Protección de
Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado en la ciudad de La Haya.
Estados Unidos ni siquiera la ha firmado. Gran Bretaña, el otro principal
bastión del ataque en territorio iraquí, la firmó pero no la ratificó,
por lo que no está obligada a cumplirla.
Esto demuestra que no se tiene interés en no atacar determinadas obras
de arte. En febrero, en pleno clima prebélico, la UNESCO se reunió con
el Pentágono para hacer un listado de los edificios a evitar en caso de
ataque. Estados Unidos sólo indultaba a 150. En la reunión se llegó hasta
la cifra de 4.000 edificios, aún así muy inferior a la necesaria para
garantizar el legado cultural.
El tiempo dirá si esto se respeta o el acuerdo se queda en mero papel
mojado. El ataque a determinados monumentos puede ser en ocasiones premeditado.
La destrucción de edificios emblemáticos mina la moral de los habitantes
y los soldados rivales. Además, en caso de invasión, es una forma de hacer
olvidar las raíces y la cultura propias a los residentes. Posteriormente,
sin espejo donde reflejarse, se les inculca una nueva forma de pensar,
con una cultura opuesta a la anterior y similar a la de los invasores.
La actual guerra de Irak ha puesto en peligro una de las mayores riquezas
del patrimonio histórico y cultural de la humanidad. La famosa expresión
"daños colaterales" creada para justificar lo injustificable volverá a
usarse para explicar el daño o la desaparición de determinadas riquezas
culturales.
Al contrario de lo que piensan los países anglosajones, con una historia
marcada por la destrucción, los tesoros de la antigüedad han de respetarse;
pero si no lo hacen con los seres humanos, por qué iba a hacerlo con las
"piedras".
Fuente: AGENCIA DE INFORMACIóN SOLIDARIA
Diario Página 12, 26/03/03
OPINION
Una de piratas
Por Susana Viau
Los mandos políticos y militares de Estados Unidos, como los dueños de
un circo, prometieron que lo que vendría sería "algo nunca visto". Ese
"algo nunca visto" tenía en esta etapa un nombre: lo bautizaron "shock
y estupor". Un rayo incesante y destructor sobre el cielo de Bagdad, para
aterrorizar a la población, desalentar a las tropas enemigas y convencer
a la opinión pública mundial de que desaloje de la cabeza y el corazón
la esperanza de que las cosas no sean como los estrategas han trazado.
"Tetanizar" la resistencia armada, de eso se trata, definen los franceses:
el tétanos pone rígidos los músculos, paraliza, convulsiona, los coloca
fuera la órbita de la voluntad. Para cuidar el detalle llevaron desde
Hollywood a Qatar a un genio de los efectos especiales. Su trabajo, armar
el escenario desde el que se dirige a la prensa y al mundo el jefe de
las operaciones, el general Tommy Franks (¿por qué esta gente obliga a
tratar a sus generales y sus dirigentes por el apodo, ! como si fueran
los amigos de la humanidad?). El atril sobre el que se recuesta Franks
en sus ruedas de prensa, ovalado, plateado y negro, parece sacado de "Viaje
a las estrellas". Franks es, en realidad, el capitán Kirk. Durante el
precalentamiento, el hijo menor de Saddam ha respondido a la superbomba
de 9400 kilos con una amenaza simple: a cada mercenario capturado se le
cortará la cabeza. Una manera de morir de aquí te espero; de esas que
alborotan la fantasía y en las pesadillas nocturnas reducen a nada los
miedos a la superestrella del superarsenal. Son, claro, bravatas, provocaciones
de boxeadores en el pesaje. Formas tercermundistas de la disuasión. Pero
el gran espectáculo de luces llamado "shock y estupor", por fortuna, se
convierte hora a hora en un mamarracho; nada de shock por aquí, nada de
estupor por allá; la platea americana patea el suelo, silba, quiere ver
lo que le han prometido; Bagdad sigue con su rutina diaria; los helicópteros
de "la coalición" chocan en el aire; un proyectil Patriot pulveriza un
avión de la RAF; caen misiles en Irán y en Turquía y, dicen los franceses,
ese primer ataque
coaligado, el del inicio de las hostilidades, sorprendió a Franks-Kirk,
quien no habría sido avisado, a menos que, por el contrario, se trate
de un error; los turcos piden más contraprestaciones que las económicas
por abrir su espacio aéreo a los americanos y con 1500 soldados perforan
la frontera del Kurdistán. Pierre Servent, un técnico en cuestiones militares,
especula que las tormentas de arena, la espera -el que espera, desespera-,
la concentración de pertrechos harán aumentar los accidentes. Tras cartón,
un sargento! americano convertido al Islam (eso sostienen) o enloquece
o ejecuta un plan sorpresivo y arroja una granada en una tienda de su
propio regimiento y hace una escabechina. Un ex jefe del ejército del
aire francés opina en su estilo elegante que "tres accidentes en tres
días es un poco mucho". Mientras tanto, el Pentágono y el presidente comienzan
a desactivar la expectativa: ahora aconsejan que no se tomen tan al pie
de la letra lo del shock y el estupor, que esto será largo y difícil.
Los medios que les sirven de soporte difunden que la "coalición" ha tomado
Umm Qasr y Basora. Sin embargo, luego se sabrá que no ha sido así, que
han encontrado una "inesperada" resistencia, que una división de helicópteros
debe retirarse, tras una ofensiva frustrada, con los aparatos dañados
y sin posibilidades de reparación. Atrapados entre dos fuegos, descubren
que en esas ciudades combaten civiles "o militares disfrazados de civiles"
y que no lograron, como en 1991, que la Guardia Republicana saliera a
pelear a campo abierto, allí donde su instrumental es infalible. Los iraquíes
esta vez ensayaron la "defensa Numantina" que algunos preveían. Las tropas
atacantes optan entonces por abandonar el objetivo de ocupar esas posiciones.
Siguen de largo y continúan el avance hacia Bagda! d sin sofocar los "bolsones"
de resistencia. Descubren también que la población no los recibe como
liberadores sino como invasores. Grave, cuando se miran las imágenes deesas
sandalias tiradas en la arena, junto a las trincheras, y se las compara
con los 26 kilos de equipo sofisticado de cada soldado de "la coalición";
grave, cuando el lío europeo que han armado es juego de niños al lado
del lío en que están envueltos los gobiernos de Medio Oriente, enfrentados
a una virtual rebelión de sus pueblos. La zona está en riesgo de desestabilización.
Hasta los exiliados iraquíes dudan. Se los muestra en Jordania, en el
bar Los Amigos o en la plaza Hachemita, sus puntos de reunión: unos esperan
la caída de Saddam para retornar; otros lo hacen ya para combatir en Bagdad.
Porque, al fin, Saddam es "su" tirano y no quieren a Irak, sus tesoros
y sus riquezas en manos de un tosco general del Pentágono. "Bush, Blair
y Sharon. Ese es el eje del mal", marca uno de ellos sobre una pizarra.
O! tro, en París, cuenta sus emociones a través del texto que una poetisa
iraquí escribió en los años '80: "La muerte nos ama tanto que es capaz
de atravesar continentes y océanos para poder echarse sobre nosotros".
La revista Le Point publica una nota sobre los prodigios del arsenal que
Estados Unidos aún no ha sacado a relucir. Describe con fruición el dispositivo
láser que dispara una haz que quema la retina del adversario. Poderosos,
pero torpes. Tan torpes estos halcones que es muy probable que no conozcan
siquiera la historia de Rahma bin Yabir, el último pirata del Golfo, una
región tan pródiga en narraciones maravillosas como en petróleo. Se cuenta
que Bin Yabir fue un auténtico carnicero, un temible depredador de esas
aguas por más de veinte años. Su carrera terminó interceptada por un barco
imperial. Al verse perdido, antes de capitular prefirió dinamitar su nave.
Pero al buque inglés que lo había abordado lo arrastró consigo hasta el
fondo del océano.
El consejo de T. E.
Lawrence
Por Susana Viau
La televisión francesa -rica, inteligente y culta, tres atributos que
rara vez coinciden- encuentra a los primeros contingentes de brigadistas
internacionales arribados a Irak. Por ahora son sudaneses y tunecinos.
El jefe de los voluntarios tunecinos es un profesor de psicología; el
de los sudaneses, un gigante afable llamado Abdallah, es a la vez jefe
militar y espiritual de sus hombres. Son unos tres mil, llevan el A.K.
colgado al hombro y prometen -no hay por qué dudarlo si están allí- que
están dispuestos a dar la vida para detener al invasor. En las horas previas,
ha proyectado un magnífico reportaje sobre la administración Bush, su
apoyatura de consultoras publicitarias y sectas religiosas, la American
Voice y, sobre todo, la Coalición Cristiana, a la que el presidente adhiere
(igual que su tronante ministro de Justicia, John Ashcroft, líder de las
cruzadas antiaborto y voz cantante en los oficios). Es lógico que les
sea leal, si lo ayudaron a salir de las tabernas. A cambio de eso lo metieron
de lleno en los salmos y lo volvieron proclive a sugerencias delirantes
como la de una de sus últimas apariciones públicas: "Los Estados Unidos
han aceptado esta responsabilidad". ¿Y quién ha colocado esta cruz sobre
los anchos hombros de Estados Unidos? Bush lo deja
flotar: sin duda ha sido El. El resto, la identidad del intermediario
entre Dios y el pueblo norteamericano, es fácil de adivinar. Pero el mundo
de Bush no es metafísico; hace prospecciones en el cielo con los pies
bien hundidos en la tierra. Y los franceses recuentan sus apóstoles: el
entorno perfumado con gasolina, desde Dick Cheney, accionista de la Halliburton
(que viene de conseguir un contrato privilegiado y sin licitación para
acondicionar los pozos petroleros iraquíes), hasta Condoleeza Rice con
sus 9 años en la Chevron; Paul Viri, forjador del exitoso concepto de
"mayoría moral"; David Frum, padre del slogan "eje del mal", que tanta
leche ha dado; Lewis Lapham, autor de "La Jihad Americana", sustento de
la filosofía de que "quien no está con nosotros está contra nosotros".
Sutil, Francia apela a la memoria. No le hace falta mencionar la patética
presentación de pruebas frente al Consejo de Seguridad: le basta con reflotar
las imposturas de que se valieron en 1991 para dar soporte internacional
a la Tormenta del Desierto: la adolescente kuwaití envuelta en lágrimas
que contó cómo los soldados iraquíes sacaban a los recién nacidos de sus
cunas para darles muerte y resultó ser hija del embajador kuwaití en Washington;
el consternado médico kuwaití que refrendó el relato de la chica y no
era quien decía ser, ni vivía en el domicilio declarado, ni tampoco era
médico, sino un dentista residente en EE.UU. Sobre el final del reportaje,
la entrevista a un Colin Powell incómodo, intimidado e inseguro ante las
cámaras europeas. El perfil que acaba construyendo este acopio informativo
es estremecedor. Hace unos días, el ex secretario general de la ONU Boutros
Boutros Ghali y el asesor militar de François Mitterrand, almirante Jacques
Lanxade, habían analizado las consecuencias de esa aventura megalómana.
Boutros Ghali habló de una política de la Casa Blanca que ha producido
tres "clivages" de extrema peligrosidad: entre los integrantes de la Unión
Europea; entre los miembros de la ONU y entre el mundo árabe y el mundo
anglosajón. Lanxade, por su parte, no desalentó la teoría de desinteligencias
en el seno del mando americano. Por el contrario, sostuvo que las chispas
no saltan por las fricciones entre el Pentágono y la CIA. La gran interferencia
la produce, dice, el estilo "autoritario del secretario de Defensa, que
quiere conducir la guerra a su modo", lo que ha llevado a gravísimos errores
de apreciación: respecto de la reacción del pueblo iraquí ("ésta es, en
algún sentido como la de Vietnam, una guerra patriótica"), sobre los turcos
y sobre los chiítas ("es suficiente la guerra Irán-Irak para ver que los
chiítas pelearon como iraquíes"). Saddam Hussein, entre tanto, llama a
su pueblo al combate solitario, a no esperar órdenes superiores, patrullas
perdidas, sin mando nidisciplinas. Un recurso sabio y desesperado que
no puede menos que evocar a T.E. Lawrence: "(...) tenía que ser una acción
simple e individual. Todos los hombres alistados tendrían que servir en
el frente de combate y mantenerse allí con sus propios medios (...) Nuestro
ideal consistía en hacer de nuestra guerra una serie de combates irregulares
y de nuestras filas una alianza de comandantes en Jefe". El coronel del
Arabian Office de El Cairo algo sabía de desiertos y de árabes, los mismos
árabes a los que un francés filofascista, Jean Lartéguy, también veía,
entre el desprecio y la admiración, más "como guerreros que como soldados".
ROBERT FISK
ENVIADO ESPECIAL
THE INDEPENDENT
Dia a dia este periodista
nos informa con detalles cotidianos, de la vivencia de estar con el pueblo
atacado. No como otros que describieron la guerra mirando el televisor
o detrás de los tanques de los atacantes
Agustin
20 de marzo de 2003
Compras de pánico, durante las horas previas al bombardeo a Bagdad Civiles
iraquíes se aferran a la esperanza de sobrevivir a los ataques de EU y
GB
Las farmacias, atestadas; demanda de vendas, analgésicos, algodón, desinfectante
y alcohol
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 19 de marzo.
En la calle Yasser Arafat, en la farmacia Sana Nimr al Ibrahim, Riad ofreció
darme dos rollos de vendas gratis. Le dije que prefería pagar porque pensaba
que la Real Fuerza Aérea iba a bombardearlo dentro de unas horas. "Supongo
que sí", contestó, y me dirigió una sonrisa que no merecía. Como británico,
comprar raciones de emergencia en las tiendas de Bagdad esta tarde ha
sido una experiencia aleccionadora. La farmacia de Riad estaba atestada;
sus clientes no sólo compraban vendas sino analgésicos, pinzas, tijeras,
algodón, desinfectante y alcohol para frotar. Fue lo mismo la noche del
martes, de 5 a 10. Sin embargo, en ninguna parte de la avenida Yasser
Arafat escuché una sola maldición o mala palabra contra el británico.
Siempre me dijeron que era yo "bienvenido en Irak" -los pocos periodistas
que estamos aquí debemos desear con fervor que las cosas sigan así cuando
empiece el ataque- y que era agradable ver a un sahafa, un periodista,
correr los mismos riesgos que la gente de la calle. No era momento, claro,
de recordarles que yo tenía un chaleco antibalas y ellos no, que yo tenía
una máscara antigás y ellos no, y que incluso tenía un casco que le quedaría
a cualquiera de ellos pero que probablemente sólo estaría en mi cabeza.
Los tenderos calcularon un incremento de precios de 100 por ciento. En
la tienda de abarrotes Alabastak compré 25 panecillos loo, una montaña
de bisquetes y un montón de velas rojas y verdes. Abbas me dijo que yo
era su cliente número 200 de la inexorablemente lenta tarde. En días normales
menos de cien personas visitan la tienda en todo el día. En la tienda
Tabarak -en español, "Dios te Bendiga"- puse sobre el mostrador 24 bolsas
de frituras, cajas de queso de larga conservación y 30 latas del Seven
Up más insípido del mundo. Después de haber estado en una o dos ciudades
sitiadas -el sitio israelí de Beirut, en 1982, fue mi primero- uno adquiere
una intuición innata de lo que debe buscar. Compré dos adaptadores eléctricos
en la tiendita de Sami para las baterías de mi computadora, aunque no
serán de mucha utilidad si los estadunidenses bombardean la red eléctrica
iraquí. La carne y cualquier tipo de verduras son un desperdicio de dinero,
a menos que la carne sea enlatada. Y eso era lo que los bagdadíes compraban
hoy. Preparativos para lo que vendrá El doctor Mohammed, del hospital
Karameh, compró hojas de afeitar para poder rasurarse con agua fría...
si es que hay electricidad para impulsar las bombas. El alimento más popular
en una tienda era el tamaniya, popular dulce iraquí de dátil, tan duradero
que se dice que se conserva comestible toda una década y tan pegajoso
que puede acabar con las muelas más débiles. No se derrite con el calor.
La mayoría de las tiendas de la calle Yasser Arafat ya han sido cerradas
por sus dueños por temor a los ladrones, y las calles están tapizadas
con una mezcla deprimente de compradores de última hora y soldados. Un
miembro uniformado y barbado de la Guardia Republicana cruzó el camino
trayendo abrazado a su hijo pequeño, en su última visita al hogar antes
de la guerra. Con todo, aun esta noche es difícil captar la realidad de
lo que nos aguarda. Dos vetustos cañones antiaéreos de fabricación soviética
se ven en lo alto de las puertas ornamentales de un palacio, alumbrados
por las luminarias de abajo. Hay nuevos montones de costales de arena
en las esquinas, y los soldados que se parapetan tras ellos charlan con
los compradores retrasados. ¿Es esto lo que la guerra constante hace a
estas personas? ¿Las convierte en hombres y mujeres que saben que sobrevivirán
por la sencilla razón de que sobrevivieron la vez anterior? En Nueces
Baalbek compré un kilo de pistaches a los propietarios -ambos, naturalmente,
de ascendencia libanesa-, quienes a mi pregunta sobre lo que piensan de
la guerra contestaron con la típicamente libanesa frase de "no hay problema".
Es mentira, y todos lo sabemos. Al final, el doctor Mohammed me invitó
a su hospital porque los dos suponemos que habrá víctimas civiles. En
la televisión iraquí están repitiendo el teatro de la mañana en la Asamblea
Nacional, donde los miembros del Parlamento corearon obedientes su imperecedera
lealtad a Saddam Hussein e hicieron la rutinaria ofrenda de su cuerpo
y su alma a dicho caballero. Antes, el ministro iraquí de Información
había dicho a los periodistas extranjeros que esta guerra "no sería un
día de campo" -cosa que nadie podía negar-, y añadió que los estadunidenses
y británicos perecerían en cualquier guerra contra Irak. Esto puede ser
cierto, pero hay que decir que esta noche los iraquíes están mucho más
interesados en saber cuántos de ellos morirán a manos de los soldados
estadunidenses y británicos.
© The Independent Traducción: Jorge Anaya
21 de marzo de 2003
Fue tan asombrosa en términos militares como aterradora en el plano político
La venganza, con escalofriante ferocidad Multitudes contemplaron pasmadas
la tormenta de fuego que cruzó Bagdad
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 20 de marzo.
Fue como una puerta que se azotaba muy debajo de la superficie de la tierra,
un rugido palpitante de un minuto de duración que trajo a Bagdad esta
noche la supuesta cruzada del presidente George W. Bush contra el "terrorismo".
Hubo en el horizonte ráfagas de las defensas antiaéreas de Bagdad -la
potencia de fuego de las viejas armas soviéticas antiaéreas de la Segunda
Guerra Mundial- y luego una serie de tremendas vibraciones que sacudieron
el suelo bajo nuestros pies. Burbujas de fuego se elevaron al cielo en
distintos puntos de la capital iraquí, de rojo oscuro en la base y doradas
en la punta. Saddam, claro, había jurado combatir hasta el fin, pero la
violencia de anoche en Bagdad tenía una auténtica calidad infernal. En
cuestión de minutos, mirando hacia la otra ribera del Tigris, pude ver
alfilerazos de fuego a medida que las bombas y los misiles crucero estallaban
en los centros militares y de comunicaciones iraquíes y, sin duda, también
sobre inocentes. El primero de éstos, un taxista, fue volado en pedazos
en el primer ataque estadunidense sobre Bagdad, esta mañana. Nadie aquí
duda que entre los muertos hay civiles. Tony Blair había hablado de eso
en la Cámara de los Comunes durante los debates de esta semana, pero al
escuchar la tormenta de fuego que cruzó Bagdad esta noche me pregunté
si tiene alguna idea del aspecto que esto tiene, de cómo se siente, o
del miedo de estos iraquíes inocentes que, en el momento en que escribo,
corren hacia sus casas y hacia los sótanos. No hace muchas horas charlaba
en una zona pobre de Bagdad con una anciana musulmana chiíta, tocada con
el tradicional velo blanco y negro. Una y otra vez le insistí en que me
dijera lo que sentía. Al final sólo respondió: "Tengo miedo". Que esta
acción sea el principio de algo que cambiará la faz de Medio Oriente es
indudable; que tenga éxito a largo plazo es otra cosa. Su misma violencia,
el aullido de las sirenas que advierten del ataque aéreo y los misiles
que rasgan el aire en su caída llevan un mensaje político no sólo a Saddam,
sino al resto del mundo. Somos la superpotencia, decían esas explosiones.
Así es como resolvemos nuestros asuntos. Así es como cobramos venganza
del 11 de septiembre de 2001. Ni el mismo Bush hizo el menor intento en
días pasados de ligar a Irak con los crímenes contra la humanidad cometidos
en Nueva York, Washington y Pensilvania. Pero algo del fuego que podemos
ver esta noche elevándose a través de la oscuridad a lo largo y lo ancho
de Bagdad me recuerda otras llamas, las que consumieron el World Trade
Center. En forma extraña, los estadunidenses -sin permiso de Naciones
Unidas, con la mayoría del mundo en contra- dan expresión a su rabia con
consumada y escalofriante ferocidad. Irak, por supuesto, no podrá resistir
esto mucho tiempo. Saddam puede afirmar, como ha hecho, que sus soldados
son capaces de derrotar a la tecnología con su valor. Lo dudo. Porque
lo que cayó esta noche en Irak -y yo sólo presencié una pequeña parte
de este festival de violencia- fue tan asombroso en términos militares
como aterrador en términos políticos. Las multitudes que se arracimaban
afuera de mi hotel miraban el resplandor de los estallidos, pasmadas por
su poderío.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
22 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Ruidos ensordecedores de cristales rotos y por el paso de misiles crucero
Noche de terror en Bagdad; toda la ciudad tembló por las explosiones
Los iraquíes corren a sus casas cuando ven que bolas de fuego revientan
en algún punto
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 21 de marzo.
El palacio principal de Saddam, inmensa fortificación de 20 pisos de alto,
simplemente explotó delante de mí -una bola de fuego, una llama de 25
metros y el sonido atronador que me dejó un zumbido en los oídos que duró
más de una hora. Todo el edificio, de imponentes cimientos, se tambaleó
con el primer impacto. Después cayeron otros cuatro misiles crucero. Se
trata del bombardeo más intenso que Bagdad ha sufrido en más de 20 años
de guerra. La noche anterior las masivas explosiones hicieron temblar
toda la ciudad. A mi derecha, el Ministerio de Procuración de Armamento
-un largo edificio de fachada muy semejante a la del Pentágono- escupió
fuego cuando cinco misiles se estrellaron contra el concreto. En una operación
que oficialmente tiene la intensión de crear "conmoción y pavor", "conmoción"
no era la palabra adecuada. Los pocos iraquíes que se encontraban en las
calles -que, supongo, no son amigos de Saddam- murmuraban maldiciones.
Se escuchaba un ruido ensordecedor de cristales rotos, proveniente de
los más altos edificios, tiendas y hogares, a medida que las ondas expansivas
atravesaban el río Tigris en ambas direcciones. Minuto a minuto, los misiles
seguían cayendo. Muchos iraquíes habían visto por televisión -al igual
que yo- las ominosas imágenes de los bombarderos B-52 despegando de Gran
Bretaña, apenas seis horas antes. Al igual que yo, ellos habían tomado
nota de la hora. Agregaron las tres horas de diferencia entre el horario
de Bagdad y el de Londres, y calcularon que el terror comenzaría cerca
de las nueve de la noche. Los B-52, que disparaban desde fuera del espacio
aéreo iraquí, fueron sumamente puntuales. Patrullas de policía circulaban
velozmente por las calles y con sus altavoces ordenaban a los peatones
refugiarse en los edificios. Qué consejo tan útil. Yo estaba en cuclillas
guareciéndome en una cuadra de tiendas, del lado opuesto al río, y por
poco me cae encima una lluvia de vidrio, que se vino abajo como cascada
de las ventanas más altas, cuando las ondas expansivas chocaron con ellas.
Podía verse a algunos iraquíes mirando desde sus balcones, rodeados de
trozos de vidrio. Cada vez que una inmensa burbuja dorada de fuego reventaba
en algún lugar de la ciudad, se metían a sus casas antes de que la onda
expansiva los alcanzara. Por un momento me encontré bajo los árboles de
una glorieta y la onda creada por los misiles crucero pasó a poca distancia
de mi cabeza. El rasguido de estos proyectiles era casi tan devastador
como las explosiones que creaban. ¿Cómo -me pregunto- describe uno todo
esto sin caer en el lenguaje del boletín militar? ¿Haciendo definiciones
del color, dando los decibeles de las explosiones? Cuando los misiles
crucero se aproximaban, sonaban como si alguien estuviera rasgando gigantescas
cortinas de seda en el cielo y las ondas que creaban sus explosiones eran
una especie de aterrador contrapunto de las flamas. Existe algo anárquico
en todos los seres humanos cuando de su reacción a la violencia se trata.
Los iraquíes que estaban a mi alrededor observaban, como yo, las inmensas
lenguas de fuego que salían de los pisos superiores del palacio de Saddam,
que parecían alcanzar el cielo. Por extraño que parezca, la electricidad
seguía funcionando. Y a nuestro alrededor los semáforos seguían cambiando
de rojo a verde. Los anuncios espectaculares se movían por la brisa creada
por las ondas expansivas y las luces seguían encendidas en los edificios
públicos. Sobre nosotros se posaban masivas cortinas de humo que se extendía
por todo Bagdad. El humo blanco provenía de las explosiones en sí, y el
negro de los objetivos que se estaban incendiando. ¿Cómo puede alguien
resistir esto? ¿Cómo podrían creer los iraquíes que con su tecnología
rota y sus 12 años de sanciones debilitantes iban a derrotar las computadoras
de estos misiles y estos aviones? Siempre es la misma historia: Existe
un poder irresistible e incuestionable. Bueno, podría uno preguntarse:
¿hay acaso un régimen más apropiado para ser atacado? Ese no es el punto.
Porque el mensaje del bombardeo de anoche fue el mismo que el del martes:
Estados Unidos debe ser obedecido. Ni la Unión Europea, ni la Organización
de Naciones Unidas, ni la Organización del Tratado del Atlántico Norte,
nada ni nadie, debe interponerse en su camino. De hecho, nada puede interponerse
en su camino. Sin duda esta mañana el ministro iraquí de Información se
dirigirá a nosotros nuevamente para insistir en que Irak prevalecerá.
Ya veremos. Pero muchos iraquíes ahora se hacen una pregunta obvia: ¿Cuántos
días más? No porque quieran que los estadounidenses y británicos lleguen
a Bagdad, aunque puede ser que lo deseen profundamente. Pero ante todo
quieren que la violencia termine y esto, si lo piensan, es exactamente
el motivo por el que estos bombardeos tienen lugar. Por la noche ya se
tenían informes de que habían muerto civiles en las operaciones, lo cual,
dada la intensidad de los ataques con misiles crucero, no es de extrañar.
Resulta que también fueron objeto de bombardeos las barracas de Rashid,
posiblemente el cuartel más grande de todo Irak. Pero el centro simbólico
de este bombardeo fue claramente el palacio principal de Saddam, con sus
fuentes, pórticos y jardines. De hecho, debido a las llamas que envolvían
la fachada, el edificio parecía una pira funeraria.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
23 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Pese a las fábulas del Pentágono, se mutila y asesina a miles en nombre
de la libertad Civiles, gran parte de las bajas por los bombardeos británico-estadunidenses
Intactos, servicios públicos y medios electrónicos; los nuevos conquistadores
los necesitarán
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL DE THE INDEPENDENT
Bagdad, 22 de marzo.
El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld dice que el ataque estadunidense
sobre Bagdad es "la campaña más selectiva que jamás existió", pero ojalá
no intente explicarle esto a Doha Suheil, de cinco años. Ella me miraba
la mañana de este sábado, con una sonda en la nariz y un ceño que fruncía
su carita cuando trataba en vano de mover el lado izquierdo de su cuerpo.
Los misiles crucero que explotaron ayer cerca de su casa en el suburbio
Radwaniyeh de Bagdad incrustaron esquirlas en sus diminutas piernas -ahora
envueltas en gasas-, y lo que es más serio, uno de estos fragmentos se
alojó en su columna vertebral. Ha perdido todo movimiento en su pierna
izquierda. Su madre se inclina sobre la cama para enderezar la pierna
derecha de su hija debajo de las cobijas. Pareciera que la madre de Doha
cree que si las dos piernas de la niña reposan rectas una junto a la otra,
se recuperará de la parálisis. Ella fue la primera de los 101 pacientes
que fueron llevados al hospital universitario de Al Mustansaniya, después
del bombardeo estadunidense que comenzó la noche del viernes. Siete miembros
de la familia de la pequeña resultaron heridos por el mismo misil; el
más joven de ellos es un bebé de un año que en el momento del ataque estaba
siendo amamantado. Hay algo de enfermo y obsceno en esas visitas a los
hospitales. Nosotros bombardeamos. Ellos sufren. Después llegamos y tomamos
fotografías de los niños heridos. El ministro iraquí de Salud decidió
dar una insufrible conferencia de prensa en los pasillos del sanatorio
para enfatizar la naturaleza "bestial" del ataque estadounidense. Washington,
a su vez, insiste en que no tiene la intención de lastimar a niños. Y
Doha me mira a mí y a sus médicos como si nosotros fuéramos a decirle
que pronto despertará de esta pesadilla, podrá mover su pierna izquierda
y ya no sentirá dolor. Así que olvidemos por un momento la propaganda
barata del régimen y las igualmente baratas lecciones de moral de Rumsfeld
y Bush y demos una vuelta por el hospital universitario de Al Mustansaniya.
La realidad de la guerra no se encuentra en una victoria militar ni en
una derrota, ni en las mentiras sobre "las fuerzas de la coalición" que
nuestros periodistas "inmersos" en la acción están vendiendo sobre una
invasión que sólo involucra a estadounidenses, británicos y a un puñado
de australianos. La realidad de la guerra, aun cuando cuente con legitimidad
internacional -que no es el caso de la que estamos presenciando- es, primordialmente,
el sufrimiento. Bajas civiles Tomemos como ejemplo a Amel Hassan, mujer
campesina con tatuajes en los brazos y piernas, quien ahora yace en una
cama de hospital con los hombros hinchados al doble de su tamaño normal
y cubiertos de moretones. Estaba visitando a su hermana cuando el primer
misil impactó en Bagdad. "Me estaba bajando del taxi cuando hubo una enorme
explosión, caí y mi sangre se regó por todos lados", me dijo. "Los brazos,
las piernas y el pecho me sangraban". Amel Hassan tiene múltiples heridas
de esquirlas en el pecho. Su hija de cinco años, Wahed, está en la cama
vecina y gime de dolor. Ella se había bajado del taxi antes y casi había
llegado a la puerta de la casa de su tía cuando la explosión la derribó.
Sus pies todavía sangran; la sangre se ha coagulado en sus dedos, y mancha
los vendajes que cubren tobillos y pantorrillas. Hay dos niños pequeños
en el siguiente cuarto. Sade Selim, de 11 años, y su hermano Omar, de
14. Ambos tienen heridas de esquirlas en las piernas y el pecho. En el
tercer cuarto se encuentra Isra Riad, con heridas casi idénticas. En su
caso, las esquirlas se incrustaron en sus piernas cuando huía aterrorizada
de su casa hacia el jardín cuando comenzaba el bombardeo. Imam Ali tiene
23 años y sus heridas múltiples se presentan en el abdomen. Najla Hussein
Abbas aún trata de cubrirse la cabeza con un pañuelo negro, pero no logra
ocultar las heridas de sus piernas amoratadas. Tiene lesiones múltiples
por esquirlas. Después de un tiempo, "heridas múltiples" suena como si
fuera una enfermedad natural para un pueblo que ha sufrido más de 20 años
de guerra. ¿Y todo esto -me preguntaba yo este sábado- fue por el 11 de
septiembre? ¿Todo esto fue para "responder" a nuestros atacantes, a pesar
de que Doha Suheil, Wahed Hassan e Imam Ali no tienen nada -absolutamente
na-da- que ver con esos crímenes contra la hu-manidad, ni tampoco el repugnante
Saddam? ¿Quién decidió, me pregunto, que estos niños y mujeres sufran
por el 11 de septiembre? Las guerras se repiten. Siempre que "nosotros"
venimos de visita es porque hemos bombardeado y siempre llegamos con la
misma pregunta. En Libia, en 1986, recuerdo cómo los reporteros estadunidenses
interrogaban a los heridos: ¿No habrán sido ustedes heridos por proyectiles
disparados por los aviones de su país? De nuevo, en 1991, "nosotros" hicimos
a los heridos iraquíes la misma pregunta. Y hoy un reportero de la radio
británica le preguntó lo mismo a un médico: "¿Cree usted, doctor, que
algunas de estas personas resultaron heridas por fuego antiaéreo iraquí?"
¿Debemos reír o llorar ante esto? ¿Vamos siempre a culparlos a "ellos"
de sus propias heridas? De hecho, deberíamos preguntar por qué esos misiles
crucero explotaron donde lo hicieron; nada más 320 de ellos cayeron en
Bagdad, por cortesía del portaviones USS Kitty Hawk. Isra Riad vino al
hospital desde la región de Sayadiyeh, donde hay una amplia instalación
de barracas militares. El hogar de Najla Ab-bas está en Risalleh, donde
están las casas de descanso de los familiares de Saddam. Los pequeños
hermanos Selim viven en Shirta Khamse, donde está un depósito de vehículos
militares. Ahí está todo el problema. Los blancos selectos están regados
por toda la ciudad. Los pobres -y casi todos los heridos que visité son
pobres- viven en casas humildes, muchas de madera, que se colapsan inmediatamente
con las explosiones. Es la misma vieja historia de siempre. Si hacemos
la guerra -sin importar cuántas tonterías digamos sobre lo mucho que nos
importan los civiles- invariablemente vamos a matar y mutilar a inocentes.
El doctor Habib al Hezai, cuyo título de medicina fue obtenido en la Universidad
de Edimburgo, dijo que del total de 207 heridos que recibió tras los bombardeos
del viernes en su hospital, 85 eran civiles. De éstos, 20 son mujeres
y otros seis, niños. Un hombre joven y un niño de 12 años fallecieron
mientras se les operaba. Nadie dice cuántos soldados murieron durante
el ataque. Conducir por Bagdad este sábado era una experiencia estremecedora.
Ciertamente, los objetivos han sido cuidadosamente seleccionados, aun
cuando su destrucción inevitablemente golpeó también a inocentes. Había
un palacio presidencial que tenía en cada esquina una estatua de 12 metros
del guerrero árabe Saladino, pero el rostro de cada una era el de Saddam.
Justo en medio de la fachada del edificio, se había hecho limpiamente
un gigantesco hoyo negro. El Ministerio de Producción de Armamento Aéreo
quedó pulverizado: sólo quedó una enorme montaña de escombros y trozos
de concreto. Pero afuera, en la reja, había dos trincheras hechas con
sacos de arena donde estaban dos soldados iraquíes vestidos con pulcritud,
con sus rifles montados en un parapeto, listos para defender el ministerio
del enemigo que ya lo había destruido. El tráfico de la mañana se acumuló
en los caminos paralelos al Tigris. Ningún conductor observó por mucho
tiempo el Palacio Republicano, al otro lado del río, ni tampoco el chamuscado
Ministerio de Procuración de Armamento. Ambos ardieron durante 12 horas
después de los primeros ataques con misiles crucero. Era como si los palacios
en llamas, los ministerios incendiados y las montañas de escombros humeantes
fueran una parte normal de la vida en Bagdad. Pero al mismo tiempo, nadie
que viva bajo el actual régimen querría pasar mucho tiempo viendo esas
cosas, ¿no es cierto? Los iraquíes ya se dieron cuenta de lo que esto
significa. En 1991 los estadounidenses bombardearon las refinerías, las
plantas de energía eléctrica, los acueductos y las comunicaciones. Pero
este sábado Bagdad todavía funcionaba. La línea terrestre de teléfono
funcionaba al igual que Internet, y el suministro eléctrico seguía trabajando
a toda su capacidad. Los puentes sobre el Tigris no habían sido bombardeados.
Esto se debe a que "en caso" de que los estadounidenses lleguen hasta
aquí (posibilidad que todavía hay que mencionar discretamente en estos
días) necesitarán sistema de comunicaciones, electricidad y transporte.
Lo que se ha salvado no es un regalo para los iraquíes: es un beneficio
que se atribuyen los supuestos nuevos amos de Irak. Perseverancia y victoria
El único diario iraquí apareció hoy con una edición de sólo cuatro páginas
con artículos sobre la "perseverancia" de la nación. En árabe, la palabra
"perseverancia" se traduce como "samoud", nombre que se le dio a los misiles
que Irak destruyó parcialmente antes de que George W. Bush obligara a
los inspectores de armas a salir del país para lanzar la guerra. El encabezado
de hoy reza: "Presidente: la victoria llegará en manos iraquíes (sic)".
Asimismo, no ha habido ningún intento de Estados Unidos por destruir las
instalaciones de televisión, pues presumiblemente harán uso de ellas en
cuanto lleguen. Durante el bombardeo del viernes por la noche, un general
iraquí apareció en vivo en televisión y reiteró que su nación saldrá victoriosa.
Mientras hablaba, las ondas expansivas provocadas por explosiones de misiles
hicieron que volaran las cortinas que estaban tras él y sacudieron la
cámara de televisión. ¿Adónde nos lleva todo esto? En las primeras horas
de este sábado observé, al otro lado del Tigris, la pira funeraria a la
que quedaron reducidos el Palacio Republicano de Bagdad y el ministerio
vecino. El fuego había dejado su marca por todo Bagdad y el cielo parecía
descender sobre nosotros al mezclarse con el humo que cubría la ciudad.
Las llamas envolvían las paredes de ese palacio fortificado y amurallado,
dándole el aspecto de un castillo medieval incendiado; era Mesopotamia
en el momento de su destrucción, como lo ha sido tantas veces durante
tantos miles de años. Xenofonte golpeó el sur de esta tierra; Alejandro
atacó el norte. Los mongoles saquearon Bagdad. Luego llegaron los califas.
Después los otomanos y posteriormente los británicos. Todos ellos ya se
fueron y ahora vienen los estadunidenses. No se trata de legitimidad,
es algo mucho más seductor que eso y que el mismo Saddam entiende muy
bien. Es una forma especial de poder. El mismo que todos los conquistadores
de Irak han deseado ostentar a medida que han arrasado e invadido esta
tierra de añejas civilizaciones. La tarde del sábado los iraquíes encendieron
hogueras de petróleo en varios puntos de Bagdad con la esperanza de desviar
el sistema de guía de los misiles crucero. Humo contra computadoras. Las
sirenas de alarma comenzaron a aullar de nuevo cerca de las 6:30, hora
local, seguidas por el absolutamente predecible ruido de explosiones.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
24 de marzo de 2003
Confusión entre los informes dados a conocer por ambos bandos
Con errores angloestadunidenses el gobierno iraquí monta su propaganda
Los reporteros incrustados están sujetos a una censura destinada a confundir
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 23 de marzo.
Hasta ahora los ejércitos angloestadunidenses han entregado su propaganda
a los iraquíes en bandeja de plata. Primero, el sábado se nos dijo, por
cortesía de la BBC, que Um Qasr, el pequeño puerto del Golfo, había "caído".
Por qué las ciudades deban "caer" en la BBC es un misterio para mí; la
frase viene de la Edad Media, cuando las murallas de las ciudades literalmente
se venían abajo durante los sitios. Luego se nos dice, una vez más en
la BBC, que Nasariya había sido capturada. Después su corresponsal "incrustado"
nos informó -y aquí se despertaron mis sospechas de periodista- que había
sido "asegurada". Los reporteros "incrustados" son los que viajan con
las fuerzas estadunidenses o británicas, y están sujetos a una censura
destinada a confundir a los escuchas de la BBC no sólo en Gran Bretaña,
sino en todo el mundo. Por qué la BBC debe utilizar esa expresión meretriz
castrense de "asegurada" también es un misterio para mí. "Asegurada" pretende
sonar como "capturada". Pero casi invariablemente significa, en la especie
de jerga que han adoptado los reporteros "incrustados", que una ciudad
ha sido pasada de largo o medio rodeada o, cuando mucho, que el ejército
invasor ha logrado apenas entrar en sus suburbios. Y, claro, a la vuelta
de 24 horas la ciudad musulmana chiíta que se levanta al oeste de la confluencia
de los ríos Eufrates y Tigris resultó estar bastante poco "asegurada",
de hecho nadie había penetrado en ella en forma alguna, porque al menos
500 soldados iraquíes, apoyados por tanques, seguían combatiendo allí.
En un momento del sábado, la BBC nos mostró a un reportero "incrustado"
transmitiendo "desde Basora". Este reporte se hizo añicos cuando el corresponsal
reconoció que no estaba "precisamente en Basora"; por eso después el presentador
de noticias de la cadena en Londres lo despidió como corresponsal "en
el sureste de Irak". Ni más ni menos. Pero lo que importa no son las tonterías
que estos periodistas intentan hacernos tragar en estos asuntos, sino
el tesoro en puntos a favor que están regalando a los iraquíes con ellas.
Con qué júbilo nos informó hoy el vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadan:
"dijeron que habían capturado Um Qasr, pero ahora ustedes saben que es
mentira". Con qué felicidad el ministro iraquí de Información alardeó
hoy de que Basora sigue "en manos iraquíes", que "nuestras fuerzas" en
Nasariya siguen combatiendo. Y bien que podían alardear, pues, pese a
toda la faramalla que hacen los estadunidenses y británicos en Qatar,
lo que los iraquíes decían en cuanto a estos temas es cierto. Las usuales
afirmaciones iraquíes de naves aéreas y británicas derribadas -de las
que cuatro fueron supuestamente "alcanzadas" en Bagdad y una cerca de
Mosul- tuvieron cierta credibilidad gracias a la capacidad iraquí de probar
que el colapso de sus fuerzas en el sur era falso, sin contar las imágenes
de sus prisioneros difundidas esta noche. De hecho el gobierno iraquí
está montando poco a poco su propio acto de propaganda y fue capaz hoy
-por cortesía de un alto oficial del ejército, presentado en vivo (el
general Hazim a-Rawi)- de leer en voz alta lo que dijo ser los tres partes
más recientes de sus unidades militares en Basora y en los pantanos del
norte. En ellos se informaba que 77 civiles habían sido "martirizados"
por bombas de racimo lanzadas sobre Basora. No se trata nada más de la
confusa información que presentan estadunidenses y británicos: está también
lo que sabemos que no se nos ha informado. Sabemos, por ejemplo, que los
estadunidenses están utilizando una vez más municiones de uranio empobrecido
(DU, por sus siglas en inglés) en Irak, como hicieron en 1991. Antes del
inicio de la guerra aseguraban que intentaban usar esas armas, las cuales
son fabricadas con desechos de la industria nuclear -para perforar blindajes-
y, según creen miles de enfermos del síndrome de la guerra del Golfo,
así como médicos iraquíes, son causantes de una epidemia de distintos
tipos de cáncer. Hoy, la BBC nos informó que los marines de Estados Unidos
habían utilizado aviones A-10 para hacer frente a "focos de resistencia"
-un poco más de jerigonza militar en esa cadena-, pero no mencionaron
que el A-10 utiliza municiones de DU. Así que por primera vez desde 1991
nosotros, los occidentales, estamos rociando estos aerosoles de uranio
en los campos de batalla del sur de Irak y nadie nos informa de ello.
¿Por qué no? ¿Y de dónde, por Dios, han sacado esa torcida y totalmente
deshonesta frase de "fuerzas de coalición"? No hay ninguna "coalición"
en esta guerra en Irak. Están los estadounidenses, los británicos y unos
cuantos australianos. Nada más. La "coalición", como la de la guerra de
1991, no existe. La "coalición" de naciones dispuestas a "ayudar" en este
conflicto ilegítimo comprende, según un vasto esfuerzo de imaginación,
hasta a Costa Rica y Micronesia y, supongo, a la pobre Irlanda neutral,
con sus derechos de tránsito para los aviones militares estadounidenses
en Shannon. Pero no son fuerzas de coalición. ¿Por qué la BBC utiliza
esa frase? ¿Por qué, repito? Incluso en la Segunda Guerra Mundial, que
tantos periodistas tienen la impresión de estar cubriendo ahora, no utilizábamos
esa mentira. Cuando desembarcamos en la costa de Noráfrica, en la Operación
Antorcha, lo llamamos "desembarco angloestadounidense". Y esta es una
guerra angloestadunidense, nos guste o no, y en esto incluyo a los "incrustados".
Los iraquíes son lo bastante listos para recordarlo. Al principio anunciaron
que los soldados estadounidenses o británicos que capturaran serían tratados
como mercenarios, decisión que Saddam prudentemente corrigió hoy, al señalar
que todos serían tratados "conforme a la Convención de Ginebra". Haciendo
un recuento de lo que sabemos, éste no ha sido un gran fin de semana para
Bush y Blair. Tampoco, claro, para Saddam, aunque lleva jugando a la guerra
más o menos la mitad de los años que Blair tiene de vida. Uno de nuestros
Tornados ha sido derribado por los estadounidenses -después de que los
británicos perdieron hombres en tres desastres de helicópteros- y aún
no hemos capturado la primera población desde que dejamos la frontera
con Kuwait. E incluso esos reporteros que han tratado con gran valentía
de ver por sí mismos lo que ocurre sin protección de sus ejércitos -por
ejemplo un equipo de la ITV cerca de Nasariya- están en peligro mortal
de su vida. Así pues, he aquí una pregunta de alguien que creía, hace
sólo una semana, que Bagdad podía venirse abajo, que podíamos despertar
una mañana y encontrar que la milicia baacista y el ejército iraquí se
habían ido y que los estadounidenses patrullaban la calle Saddam con el
rifle al hombro. Si los iraquíes pueden aún resistir después de cuatro
días contra una fuerza tan abrumadora en Um Qasr, si pueden seguir combatiendo
en Basora y Nassariya -ciudad esta última que se alzó en triunfante revuelta
contra Saddam en 1991-, ¿por qué las fuerzas de Saddam no habrían de seguir
combatiendo en Bagdad? Cierto, la historia iraquí no estará completa sin
un nuevo episodio de "martirio" en la batalla eterna del país contra invasores
extranjeros. Sea cual fuere el destino de Saddam, los últimos combatientes
de Um Qasr se volverán en los años por venir hombres de cantos y leyendas.
Hace mucho los egipcios hicieron lo mismo por sus combatientes caídos
en Suez en 1956. Por supuesto, todo esto puede ser un error de cálculo.
La baraja puede ser más escuálida de lo que creemos. Pero de pronto, este
fin de semana la guerra "fácil y rápida", el conflicto de "conmoción y
pavor" -la frase misma del Pentágono es un lema clásico de las páginas
de la vieja revista nazi Signal- no parece tan realista. Las cosas no
van bien. No estamos diciendo la verdad. Y los iraquíes están sacando
el mayor provecho de ello.
©The Independent
Traducción: Jorge Anaya
25 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Posee tantos detalles militares y estadísticos que hace ver mal al centro
de información de EU
El gobierno iraquí prepara al pueblo para una larga resistencia Pide "paciencia"
una y otra vez a ejército y civiles en un discurso que "suena como Stalin"
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 24 de marzo.
Alabemos ahora a los famosos. Eso fue lo que Saddam Hussein se esmeró
en hacer esta mañana. Y procedió a enlistar a los oficiales del ejército
y la armada que encabezan la resistencia contra el ejército angloestadunidense
en Um Qasr, Basora y Nasiriya. El mayor general Mustafá Mahmoud Othman,
comandante de la 11 división; el brigadier Bashir Ahmed Othman, comandante
de la 45 brigada; el brigadier coronel Alí Kalil Iberhim, comandante del
11 batallón de la 45 brigada; el coronel Mohamed Khallaf al-Jabawi, comandante
del segundo batallón de la 45 brigada; el teniente coronel Fathi Rani
Majid, comandante del tercer cuerpo del ejército... y así sucesivamente.
"Tengan paciencia", decía una y otra vez. Catorce veces en total pidió
al ejército y al pueblo tener paciencia. "Venceremos... saldremos victoriosos
frente al mal." Pacientes pero confiados en la victoria. Combatiendo al
mal. ¿No era esa la forma en que el presidente Bush animaba a su propia
gente unas horas antes? En otros momentos Saddam Hussein sonaba como su
héroe, José Stalin. "Han venido a destruir nuestro país y debemos resistir
y destruirlos, defender a nuestro pueblo y nuestro país... Rebánenles
la garganta... vienen a apoderarse de nuestra tierra. Pero cuando intentan
entrar en nuestras ciudades, tratan de rehuir la batalla con nuestras
fuerzas y quedar fuera del alcance de nuestras armas." ¿Seguía este discurso
el modelo de la Gran Guerra Patria, la defensa de la madre Rusia en tiempos
del tío José? Y si no, ¿cómo explicar -hablemos con franqueza- el valor
de esos cientos de soldados iraquíes que aún resisten bajo los ataques
aéreos y terrestres estadounidenses? Pueblo, partido, patriotismo. Las
tres pes se repetían una y otra vez como un estribillo en el discurso
de Saddam -leído por el presidente ante las cámaras de televisión- junto
con una amarga advertencia: mientras menos puedan avanzar por tierra las
fuerzas británicas y estadounidenses, con más brutalidad usarán su poderío
aéreo. ¿Qué se siente vivir en estos días en la futura Stalingrado de
Saddam? Muy temprano esta mañana regresaron los misiles crucero y los
aviones. Grandes explosiones atronaron a lo largo y ancho de Bagdad, todavía
en penumbra. Uno de los Tomahawks se estrelló en el suelo en la Universidad
al-Mustansiriya -dijeron que un estudiante murió y 25 resultaron heridos-,
pero otros no sabemos dónde cayeron, ni el gobierno iraquí estaba de humor
para contárnoslo. Hubo otros sonidos en horas tempranas. Una ráfaga de
fuego de armas automáticas en el malecón del Tigris -intentos de capturar
a dos aviadores británicos que escapaban, según las autoridades- y después
una batalla en plena escala no lejos de la ciudad, a las 2:30 de la mañana.
Corrieron rumores de que hombres armados vinieron de Ciudad Saddam -la
gran ciudad perdida chiíta en el extremo de la capital- y que habían sido
interceptados por agentes de seguridad del Estado. No hubo "confirmación
independiente". Una versión de que habían cortado la línea de ferrocarril
al norte de Bagdad fue desmentida. Pero la cantidad de detalles militares
y estadísticos que presentan las autoridades iraquíes comienza a hacer
ver como tontos a los chicos del centro de información estadounidense.
La noche del domingo el ministro iraquí de Defensa, Sultan Hashem, proporcionó
un notable breviario de guerra, nombrando las unidades que participaban
en la línea de combate: el tercer batallón de la 27 brigada se sostenía
en Suq ash-Shuyuk, al sur de Nasariya, el tercer batallón del tercer ejército
resistía en el perímetro de Basora. Y recordé que estos generales daban
idénticos reportes durante la terrible guerra de 1980-1988 contra Irán.
Cuando salíamos a verificar sus datos, casi siempre resultaban ciertos.
¿Será lo mismo ahora? El general Hashem insistió repetidas veces en que
sus hombres destruían tanques, vehículos armados y helicópteros estadounidenses.
Fue fácil descartar tales asertos... hasta que la pantalla de televisión
mostró el video de dos vehículos estadounidenses de transporte de tropas
envueltos en llamas. El vicepresidente Taha Yassin Ramadan fue tan complaciente
que explicó el orden de batalla iraquí y las tácticas del ejército. Era
política iraquí, dijo, dejar que las tropas angloestadounidenses "vagaran"
por el desierto cuanto quisieran, y atacarlas cuando intentaran entrar
en las ciudades. Y al parecer eso es precisamente lo que están haciendo.
Desde Bagdad, con su siniestra bóveda de humo negro y las sirenas advirtiendo
día y noche sobre ataques aéreos, el plan estadounidense parece similar:
recorrer el desierto en forma paralela al valle del Tigris y el Eufrates
y tratar de meterse a cada ciudad que se atraviese en el camino. Si hay
problemas en Um Qasr, probemos en Basora. Si Basora está bloqueada, hagamos
el intento en Nasiriya. Si resulta peligroso, demos vuelta a la derecha,
hacia Najaf. Pero el camino abierto -la larga carretera a Bagdad flanqueada
por admiradores iraquíes que arrojan flores al paso de los soldados estadounidenses
y británicos- está resultando una ilusión. Este martes los estadounidenses
podrían amanecer en el desierto, a escasos 30 kilómetros de la ciudad,
pero en términos militares, a menos que se abran paso combatiendo, será
como si estuvieran de vuelta en Kuwait. Quizás, en términos estadounidenses
y británicos, esta sea una evaluación demasiado pesimista. Viviendo en
Bagdad no sólo es fácil darse cuenta de lo errados que estaban en sus
cálculos los estadounidenses y británicos, sino también es posible imaginar
cuánto tiempo podrán resistir Saddam, su ejército y las milicias de su
partido Baaz, pensamiento reconfortante para los que nos encontramos estacionados
en la capital iraquí y nos damos cuenta cabal de que el simbolismo de
Stalingrado podría volverse una patética realidad. Y las tácticas de Saddam
son sin duda las de Stalin. Resistan. No se rindan. Cada día que pasa
es un dolor más para Washington y Londres. Se podía observar esta confianza
hoy, cuando habló Mohamed Said al-Sahaff, el ministro de Información.
Sobre Blair tuvo un comentario jocoso: "Creo que la nación británica jamás
había sufrido una desgracia como este amigo". Y luego presentó una lista
de bajas, la cual -por imaginativa que pudiera resultar después- fue totalmente
creíble para el iraquí promedio o para cualquier otra persona. Civiles
muertos y heridos, respectivamente: en Bagdad, 194 heridos (13 menos que
los estimados originalmente): en Nínive, ocho heridos: en Kerbala, 10
muertos y 32 heridos: en Salaheddin, dos muertos y 22 heridos. En Najaf
las cifras fueron dos y 36, en Quaddisiya cuatro y 13, en Basora cuatro
y 122: en Babilonia, según el gobierno, 30 muertos y 64 heridos. En total,
62 civiles muertos: si las estadísticas son correctas, se diría que no
representan una matanza. Pero no hay nada sorprendente en tal cifra, y
menos cuando caemos en cuenta de que Basora -ahora bajo fuego de artillería
británico- lleva 72 horas sin agua corriente ni luz eléctrica. Hasta ahora
la situación pinta como que estadounidenses y británicos están sudando
sangre para "liberar" a un pueblo que no tiene muchas ganas de que lo
liberen estadounidenses y británicos. Un problema moral, sin duda. Pero
no tanto como sería si todo este sufrimiento iraquí a manos de estadounidenses
y británicos resultara tener por causa el petróleo.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
26 de marzo de 2003
Los iraquíes, desafiantes pese a los bombardeos de saturación de los B-52
En peligro, la suerte del general Franks si la victoria se tarda "No nos
gusta Hussein, pero luchamos por nuestro país, como los rusos con Stalin":
empresario
Pide Bagdad un boicot petrolero de países árabes contra EU y GB, y retirar
a sus embajadores
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL DE THE INDEPENDENT
Bagdad, 25 de marzo.
Durante toda la noche se escucharon los bombardeos de saturación de los
B-52. Era un prolongado y sordo estruendo que duraba varios minutos. Los
objetivos -presumiblemente guardias republicanas- deben haber estado a
unos 48 kilómetros de distancia, pero cada vez que el ominoso y oscuro
sonido comenzaba, la presión del aire cambiaba en la pequeña habitación
en la que me hospedo, cerca del río Tigris. Puse unas flores en un jarrón
cerca de la ventana y el agua se agitó levemente durante toda la noche
por las vibraciones de la tierra y el aire. "Que Dios haya salvado a esa
gente", pensaba yo. "Si tenemos a nuestros soldados en el frente -nos
había dicho hoy el viceprimer ministro, Tarek Aziz, horas antes- no los
íbamos a tener a todos formados para que les dispararan, ¿verdad?" Todos
nos reímos por este chiste. Pero durante los ataques yo ya no me reía.
De seguro la guardia pretoriana de Saddam no se encontraba sentada en
el desierto mientras la bombardeaban a bordo de tanques avanzando, con
los soldados a plena vista. Entonces, ¿a qué le estaban apuntando los
B-52? De vez en cuando me asomaba por la ventana. A lo lejos, en dirección
al suroeste, se podía ver un pálido y peligroso resplandor rojo, durante
un segundo, o cinco. A veces este resplandor se extendía hasta cubrir
una superficie de unos 40 metros cuadrados, y de pronto se evaporaba;
su penumbra se convertía nuevamente en oscuridad. Los marines de avanzada
se encontraban a sólo 96 kilómetros de Bagdad, informó la BBC en las primeras
ho-ras de hoy. A mí me parecía creíble. Drama terrible Las largas horas
de oscuridad son difíciles para los iraquíes. Juegan a las cartas. Duermen
cuando el silencio entre los bombardeos se los permite. Por las noches
leo una biografía de Tomás Moro que me parece cada vez más peligrosamente
apropiada, en medio de este drama terrible. A sólo unos metros de mi habitación
hay una inmensa estatua de Saddam Hussein, que con el brazo derecho en
alto saluda a su pueblos fantasmal; la mano izquierda está firmemente
en su costado, como si estuviera en un desfile. El joven Tomás Moro habría
comprendido su significado, pues nos dice que un tirano es un hombre que
no le concede libertad a su pueblo y a quien, "inflado en su orgullo,
lo mueve el deseo de poder, la codicia y lo provoca la sed de fama". Aun
así, la mañana de hoy, a 32 kilómetros de Bagdad, los iraquíes promedio
se expresaron en los mismos términos de George W. Bush, en momentos en
que no nos acompañaban los "guardaespaldas" que siguen cada uno de nuestros
pasos. Yo me encontraba en el lugar que pronto podría convertirse en el
principal frente de Bagdad, tal vez a 16 kilómetros del lugar que esta
noche bombardeaban los B-52 y a 48 kilómetros de los marines estadounidenses
más próximos. A mis espaldas, nubarrones de humo negro cubrían el cielo,
provenientes de los pozos petroleros en llamas. Una feroz tormenta de
arena nos arrojaba polvo a la cara y daba al cielo un color naranja oscuro
y sanguinolento. El suelo temblaba levemente a medida que se aproximaban
los B-52. Un ejecutivo iraquí tiene sus oficinas cerca de ese lugar y
quería explicar lo minúscula que es la victoria que los estadounidenses
están proclamando: "A lo largo de la historia, Irak ha sido llamada Mesopotamia,
que significa 'tierra entre dos ríos'. Así que si no te encuentras entre
dos ríos, significa que no estás en Irak. El general Franks sabe esto".
Desgraciadamente para este hombre de negocios, en el momento en que hablábamos
los marines estadounidenses cruzaban el Eufrates, bajo fuego, en Nasiriya,
mientras mujeres y niños abandonaban sus hogares bajo los puentes. Aun
así, para la noche del martes sólo unos 50 tanques estadounidenses habían
logrado llegar a la ribera oeste y ya estaban en "Mesopotamia". Esto no
arruinó el entusiasmo de este hombre. "¿Se imagina usted el efecto que
tendría para los árabes si Irak logra salir intacto de esta guerra?",
me preguntó. "Le tomó sólo cinco días a Israel derrotar a todos los árabes
en 1967. Los iraquíes llevamos cinco días combatiendo a los estadounidenses
todopoderosos y todavía conservamos todas nuestras ciudades y no nos rendimos.
Y sólo imagínese qué pasaría si Irak se rindiera. ¿Cómo podría la dirigencia
siria rechazar las exigencias de Israel? ¿Qué posibilidad les quedaría
a los palestinos de negociar un acuerdo de paz justo con los israelíes?
Si a los estadounidenses no les importa que los palestinos logren un acuerdo
justo, ¿por qué querrían dar un acuerdo justo a los iraquíes?" El que
hablaba no era un miembro del partido Baaz. Tenía títulos otorgados por
universidades británicas. Un colega suyo tenía un punto de vista aún más
convincente. "Nuestros soldados saben que no obtendrán un acuerdo justo
de los estadounidenses", dijo. "Es importante que estén conscientes de
ello. Puede ser que no nos guste nuestro régimen. Pero luchamos por nuestro
país. A los rusos no les gustaba Stalin, pero pelearon bajo sus órdenes
contra los invasores alemanes. Tenemos una larga historia de estar luchando
contra los poderes coloniales, especialmente los británicos. Ustedes aseguran
que vienen a 'liberarnos'. Pero no entienden nada. Lo que está ocurriendo
es que estamos comenzando una guerra de liberación contra los estadounidenses
y los británicos". Otro hombre de negocios quería hablar sobre Saddam:
"Lo que nos importa a los árabes es la dignidad. La mitad de Los siete
pilares de la sabiduría, de Lawrence, habla de la dignidad árabe. Hay
razones históricas por las que, en nuestras tierras, el populismo ha triunfado
sobre la democracia. Saddam nos ha dado una sociedad segura. Estoy seguro
siempre y cuando no confronte al régimen. Saddam puede ser muy severo
con los disidentes políticos, pero también lo es con los criminales o
con cualquiera que nos agreda, incluidos los estadunidenses". El silencio
de la ONU El vicepresidente Taha Yassin Ra-madan fue más retórico. Habló
de "la pérfida agresión e invasión" y exigió que los estados árabes declaren
un boicot petrolero contra Estados Unidos y Gran Bretaña, o que al menos
retiren a sus embajadores de sus representaciones en Washington y Londres.
¡Qué esperanzas! Mohamed Saleh, ministro de Co-mercio, acusó al secretario
general de la Organización de Naciones Unidas, Kofi Annan, de plegarse
a las presiones estadounidenses para impedir que navíos que transportan
víveres y medicamentos del programa Petróleo por Alimentos desembarquen
en Irak. "No necesitamos asistencia humanitaria", anunció Saleh, quien
insistió en que Bagdad está enviando diariamente a Basora 20 camiones
cargados de harina. Afirmó también que el fuego enemigo ya incendió una
bodega de harina en esa ciudad. Pero había otras versiones provenientes
del sur que preocupaban a los iraquíes. Por ejemplo, ¿cómo fue que cien
iraquíes que estaban desplegados a lo largo de 16 kilómetros de la carretera
hacia el norte con dirección a Nasiriya resultaron muertos? Un corresponsal
francés describió el olor de carne quemada cuando pasó por ahí, y añadió
que no se sabía si los cadáveres eran de soldados o civiles. ¿Qué le pasó
a estos muertos?, se preguntan los iraquíes. Casi todas las guerras en
Medio Oriente terminan en matanzas, es una espantosa rutina que pesa enormemente
en la mente de todos. Al anochecer de hoy la presión del aire cambió nuevamente
cuando regresaron los B-52. Cuando volví a Bagdad me hice de algunas manzanas
y plátanos que devoré frente a la ventana de mi habitación. Volveré a
mi lectura de Tomás Moro. Pero me persigue una extraña idea. Si esta guerra
continúa para cuando yo llegue al final del libro, si los bombardeos y
ataques aéreos persisten para cuando a Moro le corten la cabeza, será
muy probable que también ruede la del general Tommy Franks.
© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
27 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
¿Cómo puede Bush masacrar a un pueblo que dice querer liberar?, se preguntan
en Bagdad
Matan dos misiles de EU a decenas de iraquíes en un barrio pobre
Restos calcinados de una madre y sus tres hijos y cadáveres mutilados,
un espectáculo dantesco
Por lo menos 15 autos estallaron en llamas y sus ocupantes murieron cremados,
señalan testigos
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL
Bagdad, 26 de marzo.
Fue un escándalo, una obscenidad. La mano cercenada en la puerta metálica,
el charco de sangre y arena en el camino, los sesos humanos en el garaje,
los restos calcinados de una madre iraquí y sus tres hijos pequeños en
el auto aún humeante. Dos misiles disparados por un solo jet estadounidense
los mató a todos: más de 20 civiles iraquíes volados en pedazos antes
que pudieran ser liberados por el país que les arrancó la vida. ¿Quién
se atreve, me pregunto, a llamar a esto "daño colateral"? La calle Abú
Taleb estaba repleta de peatones y automovilistas cuando el piloto estadounidense
se acercó entre la densa tormenta de arena que esta mañana cubrió el norte
de Bagdad con un velo de polvo y lluvia de color rojo y amarillo. Es un
barrio pobre y polvoriento -en su mayoría de musulmanes chiítas, ese pueblo
que George W. Bush y Tony Blair todavía confían en que se levantará contra
Saddam Hussein-, lugar de grasientos talleres mecánicos de automóviles,
de atestados edificios de departamentos y de cafés baratos. Todas las
personas con las que hablé oyeron el avión. Un hombre, conmocionado por
los cuerpos decapitados que acababa de ver, apenas pudo decir cuatro palabras:
"Un rugido, una luz", que repetía una y otra vez y, al fin, cerró los
ojos con tal fuerza que se le arrugaron los músculos que los rodean. Carnicería
humana ¿Cómo dar cuenta de un suceso tan terrible? Quizá un informe médico
sería más apropiado. Sin embargo, se prevé que la cuenta mortal llegará
finalmente a cerca de 30 y ahora los iraquíes presencian a diario estos
horrores, así que no hay razón para no decir la verdad, toda la verdad
de lo que ven. Mientras caminaba hoy por el lugar de esta matanza se me
ocurrió otra pregunta: si esto es lo que estamos viendo en Bagdad, ¿qué
pasará en Basora, Nasiriya y Kerbala? ¿Cuántos civiles están muriendo
allá también, en forma anónima, sin que nadie lo informe porque no hay
reporteros que atestigüen su sufrimiento? Abú Hassán y Malek Hammoud preparaban
la comida para los parroquianos del restaurante Nasser, en el costado
norte de la calle Abú Taleb. El misil que los mató cayó justo al lado
del carril de dirección oeste, y la explosión arrancó el frente del café
y cortó en pedazos a ambos hombres, el primero de 48 años de edad y el
segundo de sólo 18. Uno de sus compañeros de trabajo me guió por los escombros.
"Es todo lo que queda de ellos", dijo, mostrándome una charola de hornear
que goteaba sangre. Por lo menos 15 automóviles estallaron en llamas y
todos sus ocupantes murieron incinerados. Varios hombres jaloneaban desesperadamente
la puerta de otro vehículo que se incendiaba en medio de la calle, el
cual había sido volcado por el mismo misil. Se vieron obligados a mirar
con impotencia cómo los ocupantes, una mujer y sus tres hijos, eran cremados
vivos frente a ellos. El segundo misil dio de lleno en el carril de dirección
este y lanzó trozos de metal hacia los tres hombres que estaban sentados
afuera de un conjunto de departamentos de concreto, en cuyo muro exterior
se lee "Esto es propiedad de Dios", escrita con gis. El conserje del edificio,
Hishem Danún, corrió a la puerta tan pronto escuchó la terrible explosión.
"Allí encontré a Ta'ar hecho pedazos", me dijo. La cabeza le había sido
arrancada. "Esa es su mano." Un grupo de hombres y mujeres jóvenes me
llevó a la calle y allí, en una escena de película de horror, estaba la
mano cortada a la altura de la muñeca, con los dedos sujetando una teja
de hierro. Su joven colega Sermed murió al instante. Sus sesos se veían
amontonados unos metros más allá, una masa de color gris y rojo pálido
detrás de un auto incendiado. Ambos era empleados de Danún, al igual que
un portero del edificio, quien también pereció. Conforme cada sobreviviente
hablaba las víctimas recobraban su identidad. Estaba el dueño del taller
eléctrico, muerto detrás de su mostrador por el mismo misil que acabó
con Ta'ar, Sermed y el portero, así como una jovencita que estaba parada
en la zona peatonal del centro de la calle, tratando de cruzar, el conductor
de un camión que iba a unos metros del lugar del impacto y el limosnero
que llegaba todos los días a pedirle pan a Danún y acaba de salir de allí
cuando los misiles aparecieron rugiendo entre la tormenta de arena para
destruirlos. En Qatar las fuerzas angloestadunidenses -olvidemos esa tontería
de la "coalición"- anunciaron una investigación. El gobierno iraquí, el
único que se beneficia con el valor propagandístico de semejante baño
de sangre, naturalmente denunció la matanza y fijó en principio en 14
el número de víctimas mortales. ¿Cuál era el verdadero blanco? Algunos
iraquíes dijeron que había un campamento militar a menos de kilómetro
y medio de la calle, aunque no pude hallarlo. Otros hablaban de un cuartel
local de bomberos, pero éste difícilmente podría describirse como objetivo
militar. Cierto, se había realizado un ataque menos de una hora antes
a un campo militar situado al norte. Pasaba yo en mi auto por la base
cuando dos cohetes estallaron y vi a soldados iraquíes salir corriendo
de las puertas hacia la avenida para ponerse a salvo. Luego escuché dos
explosiones más: las de los misiles que dieron en la calle Abú Taleb.
Matar con alegría Por supuesto, el piloto que mató hoy a esos inocentes
no podía ver a sus víctimas. Disparan por me-dio de coordenadas alineadas
por computadora y la tormenta de are-na pudo haber ocultado la calle.
Pero cuando uno de los amigos de Malek Hammoud me preguntó cómo podían
los estadunidenses matar tan alegremente a quienes dicen querer liberar,
no le interesaba saber sobre la ciencia de la aeronáutica ni sobre los
sistemas de dirección de armas. ¿Por qué habría de interesarle? La cuestión
es que esto ocurre día a día en Bagdad. El lunes una familia entera de
nueve miembros fue barrida en su casa, cerca del centro de la ciudad.
El martes se informó de la muerte de todos los pasajeros civiles de un
autobús en un camino a sur de Bagdad. Apenas hoy los iraquíes se enteraron
de la identidad de cinco civiles asesinados en un autobús sirio que fue
atacado por aviones estadounidenses cerca de la frontera con Irak, el
fin de semana. La verdad es que nadie está seguro en Bagdad y que, a medida
que estadounidenses y británicos estrechen el cerco sobre la ciudad, en
los próximos días u horas ese simple mensaje se volverá cada vez más real
y más sangriento. Podríamos ponernos el ropaje de la moralidad para explicar
por qué esas personas tenían que morir. Murieron a causa del 11 de septiembre
de 2001, por las "armas de destrucción masiva" de Saddam Hussein, por
las violaciones a los derechos humanos, por nuestro desesperado deseo
de "liberarlos" a todos. No confundamos el tema con el petróleo. Sea como
fuere, apuesto que se dirá que Hussein es el responsable final de estas
muertes. Por supuesto, no mencionaremos al piloto.
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
28 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Más de 350 civiles muertos y 4 mil heridos, desde que comenzó el ataque:
Bagdad Demoledor video de Al Jazeera muestra que Basora sigue bajo control
iraquí
Secuencias sin editar dan cuenta de que ancianos, niños y mujeres, sobre
todo, son las víctimas
ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Bagdad, 27 de marzo.
Dos soldados británicos yacen muertos en una carretera de Basora; una
pequeña niña iraquí, víctima de un bombardeo aéreo angloestadunidense,
es ingresada en un hospital con los intestinos saliendo de su abdomen;
una mujer con terribles heridas grita en su agonía mientras los médicos
tratan de quitarle el vestido negro que lleva. Un general iraquí, rodeado
por cientos de sus hombres armados, está en el centro de Basora y anuncia
que la segunda ciudad más importante de Irak permanece invicta y en manos
iraquíes. El video de Al Jazeera -filmado durante las pasadas 36 horas
y recién llegado a Bagdad- es crudo, doloroso y devastador. También es
una prueba de que Basora -que según reportes de prensa había sido "capturada
y asegurada" por las tropas británicas la semana pasada- permanece, efectivamente,
bajo el control de las fuerzas de Saddam Hussein. Pese a las aseveraciones
de funcionarios británicos en el sentido de que se ha desatado una especie
de levantamiento en Basora, autos y autobuses siguen circulando por las
calles, mientras los iraquíes se forman pacientemente para adquirir tanques
de gas que distribuye un camión del gobierno. Una parte de la cinta de
video muestra bolas de fuego expandiéndose en el oeste de Basora y las
explosiones producidas por proyectiles, presumiblemente lanzados por los
británicos. La breve secuencia de los soldados británicos muertos -por
la cual Tony Blair expresó su horror este jueves- no es muy distinta de
docenas de imágenes similares que muestran a soldados iraquíes muertos
y que se han transmitido durante 12 años en la televisión británica. Estas
imágenes nunca provocaron expresiones de condena por parte del primer
ministro británico. Los dos ingleses, aún con el uniforme, yacían en una
carretera, con brazos y piernas abiertos; uno de ellos aparentemente fue
herido en la cabeza, y el otro, en pecho y abdomen. Otra secuencia en
la misma cinta muestra a una multitud de civiles en Basora y a hombres
armados vestidos de civil pateando el jeep de los soldados británicos
con placas HP5AA y bailando encima del vehículo. Otros hombres patean
un tráiler del Ministerio de Defensa, con placas 91KC98, que el jeep remolcaba
cuando, presumiblemente, fue emboscado. En la cinta sin editar -que llegó
de Basora a Bagdad por un camino abierto- también aparece un avión de
reconocimiento británico sin piloto, con círculos rojos y azules visibles
en un ala, que fue derribado y quedó volteado en un camino. También podía
verse la palabra "ARMY" rotulada sobre el aparato y el código ZJ300 en
la cola, así como una protuberancia cilíndrica que probablemente contiene
la cámara fotográfica del avión. Víctimas civiles Pero mucho más terrible
que las tomas de los soldados británicos muertos son los fragmentos que
contienen escenas captadas en el hospital más grande de Basora en momentos
en que las víctimas de un bombardeo angloestadunidense son ingresadas
a los quirófanos gritando de dolor. Un hombre de mediana edad vestido
en pijama llega al hospital bañado en sangre de pies a cabeza. Una niñita,
quizá de cuatro años, entra al quirófano en camilla mirando sus intestinos
que salen del lado izquierdo del abdomen. Un doctor de uniforme azul vierte
agua sobre las entrañas de la niña y suavemente le aplica un vendaje antes
de comenzar la cirugía. Una mujer de negro, quien aparentemente tiene
una herida en el estómago, grita cuando los médicos intentan desvestirla
antes de operarla. En otra secuencia vemos un rastro de sangre que se
origina en el lugar donde hizo impacto un proyectil, presumiblemente británico.
Junto al cráter hay un par de pantuflas de plástico. Las cintas de Al
Jazeera, jamás vistas en su mayor parte, son la primera prueba viva de
que Basora aún está fuera del control británico. No sólo permanece abierta
una de las principales vías hacia Bagdad, sino que además el general iraquí
Khaled Hatem es esntrevistado en una calle de Basora rodeado de cientos
de sus hombres, uniformados y armados, y afirma que sus fuerzas "jamás"
se rendirán ante los enemigos de Irak. También puede verse en las calles
a milicianos armados del partido Baaz, donde los policías están dirigiendo
el tránsito cerca del hotel Sheraton, en el centro de Basora. Mohammed
Al Abdullah, corresponsal de Al Jazeera en Basora, debe ser el periodista
más valiente en Irak en estos momentos. En las tres cintas se le puede
ver, bajo fuego, entrevistando a familias, e informando tranquilamente
sobre el bombardeo de artillería británico que está por empezar. Una cinta
muestra que el Hotel Sheraton, ubicado a orillas del río Chatt el Arab,
ha sufrido daño de proyectiles. En la ribera, junto a una estatua en la
que mártires iraquíes de la guerra de 1980-88 están apuntando un dedo
acusador hacia Irán, puede verse a los habitantes de Basora llenando bidones
en el río contaminado de aguas negras. Hace cinco días, el gobierno iraquí
dijo que 30 civiles habían muerto y otros 63 resultaron heridos en Basora.
Este jueves las autoridades dijeron que desde que comenzó la guerra están
heridos 4 mil civiles y más de 350 han muerto. Pero la cinta de Abdullah
muestra que al menos otros siete cuerpos han llegado a la morgue del hospital
de Basora en las pasadas 36 horas. Uno de ellos, de cuya cabeza aún salía
sangre que empapó el piso de la morgue, fue identificado como el corresponsal
árabe de una agencia de noticias occidental. En otras desgarradoras escenas,
el cuerpo parcialmente decapitado de una niñita lleva aún su mascada roja
atada al cuello. A otra pequeña que está en una camilla le falta el cerebro
y la oreja izquierda. A otro niño muerto le arrancaron los pies. No se
indicó si fueron las fuerzas estadounidenses o las británicas las que
mataron a estos niños. Las cintas no dan cuenta de bajas dentro del ejército
iraquí. Pero en momentos en que las autoridades iraquíes no permiten que
reporteros occidentales visiten Basora, esto es lo más cercano a una evidencia
independiente de que la resistencia en la ciudad continúa y que los británicos
han fracasado en su intento de captura. Durante días, los iraquíes han
desmentido informes optimistas de los reporteros incrustados -especialmente
los de la BBC- que dieron la impresión de que Basora estaba "asegurada",
o de cualquier forma, bajo control británico. Las cintas comprueban de
manera concluyente que esto es falso. En otra secuencia de los videos
aparecen dos hombres, ambos negros, que son prisioneros de guerra estadounidenses,
según las tropas iraquíes. No se les hacen preguntas, los hombres visten
camisas negras y chaquetas idénticas. Ambos parecen nerviosos, mirando
insistentemente tanto al equipo de filmación como a la multitud de tropas
iraquíes que está a sus espaldas. Desde luego, aún es posible que un pequeño
foco de oposición al régimen se haya levantado en Basora en estos días,
como afirman los funcionarios británicos. Pero al ver las cintas es difícil
imaginar que, de haber ocurrido, esto provocó algo más que un breve tiroteo.
Por lo tanto, los reportes sin editar proveen una dañina prueba de que
los voceros angloestadounidenses no han dicho la verdad sobre la batalla
en Basora. Y al final, esto tendrá consecuencias más demoledoras para
los ejércitos invasores que la imagen de dos soldados británicos muertos,
o las de niños iraquíes muertos, dado que las vidas iraquíes son tan sagradas
como las británicas.
©The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
31 de marzo de 2003
GUERRA CONTRA IRAK
Asciende a 62 el saldo mortal del ataque del pasado viernes en Bagdad
Pedazo de metal, prueba de que misil angloestadounidense destruyó un mercado
Siguen bombardeos sobre la capital de Irak; dañan antenas parabólicas
del Ministerio de Información ROBERT FISK ENVIADO ESPECIAL THE INDEPENDENT
Suburbio de Shu'ale, Bagdad, 29 de marzo.
El pedazo de metal tiene sólo 30 centímetros de alto, pero los números
que lleva inscritos dan una pista de la atrocidad más reciente cometida
en Bagdad. Esta tarde la cifra de civiles muertos había llegado a 62 como
mínimo, y el texto cifrado en ese trozo de metal contiene la identidad
del culpable. Estadounidenses e ingleses se han esforzado este día por
insinuar que un misil antiaéreo iraquí destruyó estas docenas de vidas,
y añaden que están "aún investigando" esta matanza. Pero la clave está
en lenguaje occidental, no árabe. Y muchos de los sobrevivientes oyeron
el avión. Esta mañana en el hospital Al-Noor tenían lugar escenas desgarradoras
de dolor y sufrimiento. Una niña de dos años, envuelta en vendajes y con
una sonda en la nariz y otra en el estómago. Todo lo que pude ver de ella
eran la frente, dos ojitos y la barbilla. Junto a ella, la sangre y las
moscas cubrían un montón de viejos vendajes y torundas. No lejos de ahí,
en una cama sucia, estaba Mohammed Amaid, de tres años de edad, con apretados
vendajes en el vientre, las manos y los pies. Había un gran montón negro
de sangre coagulada al pie de su cama. Este hospital no cuenta con computadoras
y apenas tiene el más primitivo aparato de rayos X. En cambio el misil
estaba guiado por computadoras, y esa parte vital del fuselaje tenía una
cifra en lenguaje de computadora, que puede ser fácilmente verificado
por los estadounidenses... si quieren. Dice: 30003-704ASB-7492. La letra
B está raspada, pudiera ser una H. Se cree que podría ser un número de
serie. Viene seguida por otra clave a la que los fabricantes de armas
se refieren como número de "lote". Dice MFR 96214 09. El trozo de metal
que lleva las claves fue recuperado unos minutos después de que el misil
explotó, al anochecer del viernes, por un anciano cuya casa estaba a sólo
100 metros del cráter de dos metros de ancho. Ni siquiera las autoridades
iraquíes saben que existe. El misil arrojó trozos de metal entre la multitud,
en particular mujeres y niños, y a través de los muros de ladrillo barato
de las casas del lugar, cercenando extremidades y cabezas. Por ejemplo,
tres hermanos, el mayor de 21 años y el menor de 12, fueron desmembrados
en la sala de su vivienda de adobe, ubicada en la calle principal, frente
al mercado. Dos casas más allá, dos hermanas murieron en la misma forma.
"Jamás habíamos visto heridas como éstas", me dijo después el doctor Ahmed,
anestesista del hospital Al-Noor. "Estas personas fueron perforadas por
docenas de esquirlas de metal." Estaba en lo cierto. Un anciano que visité
en un pabellón del hospital tenía 24 hoyos en la parte trasera de las
piernas y en los glúteos, algunos tan grandes como monedas de una libra.
Una radiografía que me mostró uno de los médicos mostraba claramente por
lo menos 35 rebabas de metal aún incrustadas en el cuerpo del viejo. Como
la zona donde ocurrió la matanza del jueves en la avenida principal de
Sha'ab -en la que por lo menos 21 civiles iraquíes perecieron por el impacto
o incinerados por dos misiles lanzados por un jet estadounidense-, Shu'ale
es un vecindario de musulmanes chiítas pobres, en este caso con tiendas
de comida ubicadas en casetas de hierro corrugado o de cemento y casas
de ladrillo de dos piezas. Son precisamente éstos los pobladores que Bush
y Balir esperan que se levanten en insurrección contra Saddam. Sin embargo,
este día la ira estaba dirigida a estadunidenses y británicos, por ancianas
y afligidos padres y hermanos que hablan sin vacilación, ante la ausencia
de los generalmente ubicuos "comisarios" del gobierno. "Esto es un crimen",
me dijo. "Sí, ya sé que dicen que les disparan a los soldados, pero, ¿ve
usted algún militar? ¿Ve misiles aquí?" Tuve que decirle que no. Unos
cuantos periodistas reportaron haber visto el jueves un misil Scud en
un transporte, cerca de la zona de Sha'ab, y que había armas antiaéreas
en los alrededores de Shu'ale. En cierto momento de esta mañana escuché
un jet estadounidense pasar a toda velocidad sobre la escena de la matanza
y alcancé a ver la caída de un misil tierra-aire que lo perseguía inútilmente,
elevándose sobre las casuchas en el cielo azul oscuro. Una batería antiaérea
-fabricada cerca de 1942- también abrió fuego a unas calles. Pero aun
si los iraquíes colocan o transportan sus municiones cerca de las ciudades
perdidas, ¿justifica eso que los estadounidenses disparen hacia esos vecindarios
sobrepoblados, en zonas que saben que contienen calles y zonas comerciales
atestadas, y a plena luz del día? El ataque de la semana pasada en la
avenida de Sha'ab fue realizado sobre una arteria principal a mediodía,
durante una tormenta de arena, cuando era claro que docenas de civiles
morirían, sin importar a qué objetivo le tiraba el piloto. "Tenía cinco
hijos y ahora me quedan sólo dos, ¿y cómo sé si éstos van a sobrevivir?",
me preguntó hoy un hombre de anteojos, de mediana edad, con quien charlé
en la pieza de atrás de su casa, de piso de cemento. "A uno de mis hijos
le dieron en los riñones y el corazón. Tenía el corazón lleno de esquirlas
que entraron por las ventanas. Todo lo que puedo decir ahora es que me
siento triste de estar vivo." Un vecino interrumpió para decir que había
visto el avión con sus ojos. "Vi el costado del avión y noté que cambiaba
de rumbo después de lanzar el misil." Localizar aviones se ha vuelto parte
primordial de la vida cotidiana en Bagdad. Y al lector de mi diario que
tuvo la gentileza de preguntar la semana pasada si pude ver con mis ojos
el avión estadounidense sobre la ciudad, tengo que decirle que en al menos
65 incursiones aéreas, pese a mi vista de lince, no he visto realmente
un solo avión. Los oigo, sobre todo en la noche, pero vuelan a velocidad
supersónica. En el día, por lo general, pasan arriba de las nubes de humo
negro que se ciernen sobre la ciudad. Una sola vez localicé un misil crucero
-estos misiles y los cohetes Tomahawk vuelan a sólo 600 kilómetros por
hora- y lo vi pasar sobre un bulevar rumbo al río Tigris. Pero el humo
gris que se levanta del suelo como los dedos de una mano muerta es inconfundible,
junto con el estruendo. Y cuando se les puede encontrar las claves de
computadora cuentan su historia, como sin duda lo harán las del misil
que se abatió sobre Shu'ale. Toda la mañana de hoy los estadounidenses
estuvieron atacando de nuevo, disparando sobre objetivos ubicados en el
perímetro de Bagdad, donde las tropas iraquíes cavan defensas, y en el
centro. Un cohete lanzado desde el aire explotó en el techo del Ministerio
de Información, destruyendo un conjunto de antenas parabólicas. Un edificio
de oficinas, desde el que estaba yo observando el bombardeo, literalmente,
se bamboleó varios segundos durante un ataque prolongado. Incluso en el
hospital Al-Noor los muros temblaban mientras los sobrevivientes de la
matanza del centro comercial trataban de salvar la vida. Hussein Mnati
tiene 52 años y sólo se me quedó viendo -con la cara tachonada de fragmentos
metálicos- mientras las bombas se abatían sobre la ciudad. Un joven de
20 años estaba sentado sobre la cama de al lado, con el muñón del brazo
izquierdo empapado de sangre y cubierto de vendajes. Sólo 12 horas antes
tenía un brazo izquierdo, una mano izquierda, dedos. Ahora apenas empezaba
a recordar lo ocurrido. "Yo estaba en el centro comercial y no sentí nada",
me dijo. "El cohete llegó y yo estaba a la derecha de él, y luego una
ambulancia me llevó al hospital." No sé si los sedantes le habían calmado
el dolor de la amputación o no, pero quería hablar. Cuando le pregunté
su nombre, se incorporó en la cama y gritó: "Me llamo Saddam Hussein Jassem."
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya
31 de marzo de 2003
Frases: Guerra y Paz (Sabios
pensamientos)
1. La guerra es el arte de destruir hombres; la política,
el de engañarlos.
2. Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren." Jean
Paul Sartre
3. Matar a una persona por defender un ideal no es defender un ideal:
es matar una persona.
4. Para hacer la paz se necesitan por lo menos dos; mas para hacer la
guerra basta uno solo. Neville Chamberlain.
5. La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona. Voltaire
6. Las madres de los soldados muertos son jueces de la guerra. Bertolt
Brecht
7. La tendencia a la destrucción es uno de los medios empleados para la
conservación del mundo. J. Joubert
8. Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir
sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar
a su prójimo. Voltaire
9. La única explicación para el Holocausto Judío está en la demonología.
Eugene Ionesco
10. Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor
de la causa. Oscar Wilde.
11. Se puede morir, todos los días, por una idea; pero no se puede matar
nunca por esa idea.
12. Un hombre, cualquier hombre, vale más que una bandera, cualquier bandera.
Eduardo Chillida.
13. Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante
que no crea tener el cielo de su parte. Jean Anouilh
14. La guerra es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho
de gentes que sí se conocen pero no se masacran.
15. El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres.
Kark Kraus
16. El arte de la guerra consiste en ordenar las fuerzas de tal modo que
no puedan huir. Anatole France.
17. La fuerza es el derecho de las bestias. Marco Tulio Ciceron.
18. ¿Por qué tomas por la fuerza lo que podrías lograr por amor? Amerindio
Powhatan
19. Una era construye ciudades. Una hora las destruye. Séneca
20. Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego. Ghandi
21. La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros
ni querer realizarla luchando con violencia contra enemigos exteriores.
Mahatma Gandhi
22. Lo que desde arriba no se ve son las fronteras. Serguei Krikalev -
astronauta ruso
23. El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras. Guy de Maupassant
24. Si hay victoria en vencer al enemigo la hay mayor cuando el hombre
se vence a sí mismo. José de San Martín.
25. La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa. Erasmo de
Rotterdam.
26. La violencia es el miedo a las ideas de los demás y la poca fe en
las propias.
27. La persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra
con el mundo entero.
28. La guerra es una enfermedad como el tifus. Antoine de Saint-Exupery.
29. El hombre ha de fijar un final para la guerra. Si no, la guerra fijará
un final para el hombre. John F. Kennedy.
30. No hay caminos para la paz; la paz es el camino. Gandhi.
31. La Humanidad camina hacia la barbarie... El 90 % de las víctimas durante
la Ia Guerra Mundial eran soldados. Ya en la Segunda, la mitad fueron
civiles. Ahora, el 95 % de las víctimas son civiles. Alberto Navarro.
32. La tecnología nos hace testigos de los horrores de la guerra, pero
no proporciona medios para evitarla. Mary Robinson.
33. Jamás hubo una guerra buena o una paz mala. Franklin.
34. Combatirse a si mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo
es la victoria más bella.
¿Qué tal?
Por Carlos Fuentes
¿Qué tal si el gobierno de Ronald Reagan no arma a Sadam
Hussein para fortalecer a Irak en contra de los ayatolas iraníes, percibidos
en ese momento como los enemigos mortales de los Estados Unidos en la
región?
¿Qué tal si el gobierno de George Bush padre no arma a Osama bin Laden
y al Talibán para luchar en Afganistán contra la presencia del enemigo
soviético?
¿Qué tal si los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos le dan un ultimátum
al gobierno de Israel para que devuelva los territorios ocupados, cese
la política de instalaciones en territorios palestinos y obedezca las
resoluciones 194 y 242 del Consejo de Seguridad de la ONU?
¿Qué tal si los Estados Unidos defienden desde el primer momento el derecho
del pueblo palestino a contar con un Estado propio?
¿Qué tal si un Estado palestino normal, con fronteras seguras y autoridades
debidamente elegidas, se convierte en la mejor garantía de paz y seguridad
para el Estado de Israel?
¿Qué tal si las agencias de seguridad norteamericanas --FBI y CIA- hacen
caso de la información y las advertencias oportunas de sus propios funcionarios
menores para evitar la tragedia del 11 de septiembre? ¿Qué tal si los
Estados Unidos no desvían la atención mundial de la lucha contra el terrorismo,
sacrificando la universal simpatía provocada por el brutal ataque del
11 de setiembre, para centrarla en los preparativos de guerra contra Irak?
¿Qué tal si no existe prueba alguna de conexión entre Al Qaeda y Bagdad?
¿Qué tal si el verdadero refugio de Al Qaeda está en Pakistán, intocable
gracias a su oportunista alianza con Washington?
¿Qué tal si no se encuentra prueba en Irak de otras armas que las originalmente
otorgadas por los gobiernos de Estados Unidos a Saddam Hussein y de las
cuales Donald Rumsfeld lleva puntual cuenta? ¿Qué tal si los Estados Unidos
se impacientan con los planes impuestos por la inspección de armas en
Irak e inician la guerra contra Sadam, con o sin una resolución del Consejo
de Seguridad de la ONU?
¿Qué tal si el Consejo de Seguridad avala el ataque contra Irak y renuncia
a toda autoridad futura frente a la hegemonía unipolar de los Estados
Unidos?
¿Qué tal si la opinión pública occidental opuesta en mayorías de hasta
el 80 por ciento a la aventura iraquí de Bush, se voltea contra sus propios
gobiernos por seguir dócilmente la política bélica de Washington? ¿Qué
tal si el "choque de civilizaciones" popularizado por Huntington se desplaza
de la oposición Occidente-Islam a la oposición Occidente Europeo-Occidente
Norteamericano?
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