La aspirina,
hoy sinónimo de analgésico, fue usada por Hipócrates para
combatir la fiebre. La redescubrieron en el siglo XIX como eficaz
remedio contra el reumatismo. Evita males cardíacos.
También prevendrá el cáncer?
En 1930, el escritor español José Ortega y Gasset decía que la
vida del hombre común de este siglo es más fácil, cómoda y
segura que la del hombre más poderoso de tiempos anteriores,
"¿pues acaso no disponemos de magníficos caminos,
ferrocarriles, telégrafos, hoteles, seguridad corporal y
aspirina ?".
La aspirina, nombre
común en muchos países del ácido acetilsalicílico, ha sido
llamada "el fármaco del siglo XX" y "droga
milagrosa" por su reconocida capacidad para combatir el
dolor, los estados febriles y las afecciones reumáticas. Desde
no hace mucho tiempo se sabe que su uso puede ayudar a prevenir
el infarto de miocardio y la embolia pulmonar, entre otras
enfermedades cardiovasculares. Y ahora, un estudio llevado a cabo
en los Estados Unidos incorpora un nuevo foco de interés: al
parecer, podría ayudar a prevenir el cáncer de colon.
La aspirina no es un
medicamento nuevo. En la Grecia clásica, Hipócrates, el
fundador de la medicina experimental, utilizaba una infusión de
corteza de sauce para combatir el dolor y la fiebre de sus
pacientes. La indicaba especialmente para evitar los grandes
dolores de las mujeres durante el parto. Otros médicos de la
Antigüedad, es el caso de Galeno, del siglo 11 de nuestra era,
también recomendaron el uso de los jugos del sauce blanco (Salix
alba) y de la reina de los prados (antes clasificada por los
botánicos como Spirea ulmaria, actualmente Filipendula ulmaria),
a los que consideraban más efectivos y menos dañinos para el
organismo que plantas medicinales como la poderosa mandrágora,
el tóxico beleño y la narcótica amapola, ya usadas por los
egipcios para calmar dolores.
Después de Galeno,
la corteza del sauce blanco fue escasamente aprovechada por los
médicos europeos aunque los herboristas y curanderos las
conservaron en su arsenal terapéutico como eficaz droga contra
el dolor. Pero como durante la Edad Media las ramas de ese árbol
eran usadas por la industria de la cestería, el gremio de los
canasteros hizo prohibir el
aprovechamiento del sauce para cualquier otro fin. Fue así que
los herboristas medievales buscaron nuevas fuentes del
medicamento y redescubrieron a reina de los prados, una maa de
hasta un metro de altura, emparentada con los rosales
y las zarzas, que florece en tupidos
ramilletes blancos.
Hacia 1630, los
conquistadores españoles se dieron cuenta de que la corteza de
un árbol que crecía en el Perú servía para
combatir la fiebre que aquejaba a Ana Osorio, esposa del virrey
conde de Chinchón. Nació así la "chinchona",
conocida siglos
después bajo el nombre de quinina, su principio activo, y
utilizada largamente como analgésico y antifebrífugo (hoy
integrado a la farmacopea homeopática y en alopatía es usada
casi exclusivamente contra la malaria). El sabor muy amargo de la
chinchona resultó la clave para que la corteza del sauce fuera
vuelta a descubrir como medicamento.
Un día de 1758,
Edward Stone,un pastor protestante aficionado a las ciencias
naturales, decidió probar (nunca se sabrá por qué) el sabor de
la corteza del sauce. El gusto amargo le hizo pensar en el sabor
de la quinina y se dispuso a experimentar sobre sus efectos
curativos. Después de una prueba con varios pacientes, en 1763
comunicó a la Royal Society que la corteza del sauce era eficaz
para tratar la fiebre. Con el tiempo, la quinina se hizo cada vez
más escasa y más cara, y la necesidad de sustituirla llevó a
que se le prestara creciente atención al extracto del sauce. En
1828, el farmacéutico Johann Buchner aisló
en su laboratorio de la Universidad de Munich el principio activo
de Salix alba, al que denominó salicina, y poco después, en
la Universidad de la Sorbona, el químico italiano Raüüaele
Piria obtuvo de esa sustancia un ácido que se cristaliza en
forma de
agujas incoloras: es el ácido salicílico. Hacia la misma
época, el farmacéutico suizo Fríedrich Pagentescher extractó
la sustancia activa de la reina de los prados, que el químico
alemán Karl Lowig usó en 1835 para obtener ácido
salicílico.En menos de diez años, las dos fuentes principales
de este ácido habían sido redescubiertas 25 siglos después de
Hipócrates.
El ácido salicílico causaba fuertes irritaciones en la boca, la
garganta y el sistema digestivo. En 1853, el químico francés
Charles Gerhardt dio un paso muy importante para obtener un
fármaco menos nocivo al lograr una reacción entre cloruro de
acetilo y salicilato sódico: era el ácido acetil-salicílico
(actualmente, aunque la fórmula de la aspirina industrial logró
paliar aquellos efectos irritantes, su uso incontrolado puede
causar hemorragias estomacales en algunas personas). Sin embargo,
el hallazgo de Gerhardt no fue útil de inmediato, porque el
procedimiento era demasiado largo y complicado.
Un nuevo adelanto,
aunque todavía parcial, fue obra del alemán Hermann Kolbe,
quien en 1859 consiguió sintetizar ácido
salicílico puro mediante un procedimiento apto para la escala
industrial. Entusiasmado por su éxito químico, Kolbe cometió
un grave error médico pues aconsejó el uso del ácido como
antibacteriano para reemplazar el fenol que se usaba en esa
época. Pero pronto se demostró que el ácido salicílico no
mataba las bacterias.
Durante los cuarenta
años siguientes, el hallazgo de Gerhardt quecó completamente
olvidado. Hasta que Felix Hoüümann, un joven químico que
trabajaba en la fábrica Bayer, muy preocupado por los fuertes
dolores artríticos que sufría su padre, se puso a investigar
cómo obtener una presentación del ácido salicílico que hera
mejor tolerada por el organismo. Con la ayuda de Heinrich Dreser,
director del laboratorio farmacológico de la empresa, retomó
los procedimientos de Gerhardt y logró sintetizar ácido
acetil-salicílico con un método que permitía utilizarlo en
escala industrial. En 1899, Hoüümann y Dreser dieron por
finalizados los estudios clínicos al comprobar que la nueva
sustancia conservaba sus cualidades analgésicas y
antifebrífugas pero que, en dosis controladas, no afectaba el
estómago de los pacientes.
El 10 de marzo de
1899, la oficina de patentes de Berlín aceptaba la inscripción
de la marca "Aspirin", palabra compuesta por la letra
"a" como indicador del proceso de acetilación y la
sílaba "spir" en alusión al género vegetal Spiraea.
El término
"Euspirin" figuró entre los otros "nombres de
fantasía" sugeridos para el fármaco, pero finalmente el
directorio de Bayer
optó por inscribir el nombre "Aspirin". Desde
entonces, esa palabra identificó el ácido acetil-salicílico,
como marca registrada de Bayer en algunos países y como nombre
genérico de la droga en los Estados Unidos, Francia y la
Argentina, entre otros. En la Argentina, la aspirina ha sido
presentada bajo varias marcas: Geniol, Mejoral, Cafiaspirina,
Bayaspirina, RAS,
Adiro, Aspirineta, Mejoralito, en algunos casos aparece combinada
con vitamina C y también integra la fórmula de algunos
digestivos solubles.
¿Por qué ha
resultado tan eficaz el ácido acetil-salicílico para combatir
el dolor, la fiebre y las inflamaciones? Aunque todavía no está
todo dicho al respecto, una de las razones es que inhibe la
biosíntesis de las sustancias conocidas como prostaglandinas,
según lo descubrió James R. Vane en 1971. Las prostaglandinas
son sustancias fabricadas por el organismo a partir de ácidos
grasos de la membrana celular; algunas cumplen funciones
vasoconstrictoras, otras favorecen la formación de las plaquetas
y trombos arteriales mientras que otras cumplen las funciones
opuestas.
Durante la década de
1950, la cortisona había estado en el centro de la terapia
antirreumática. Pero los efectos secundarios de esta hormona
llevaron nuevamente la atención hacia la aspirina como el
fármaco más indicado para tratar las dolencias inflamatorias,
tal como lo concibió Hoffmann en el siglo XIX. Pero, aunque se
sabe que dosis elevadas de ácido acetil-salicílico disminuyen
las inflamaciones articulares, no está demasiado claro cómo
actúa éste desde el punto de vista bioquímico. Una de las
respuestas tentativas es que la aspirina regula la liberación de
las sustancias orgánicas que producen la inflamación. La
reducción de la fiebre es otro de los beneficios provistos por
el ácido acetil-salicílico cuyo mecanismo bioquímico tampoco
es comprendido por completo. Al parecer, la aspirina influye
sobre el hipotálamo -e1 órgano cerebral que regula la
temperatura del cuerpo- para que emita mensajes ordenando la
dilatación de los vasos sanguíneos de la piel cuando aumenta la
temperatura. De esa forma, el cuerpo pierde calor, en parte por
irradiación y en parte por transpiración. En el tratamiento del
dolor, el caso más clásico para el uso del ácido
acetil-salicílico -actualmente la aspirina es, de hecho, un
sinónimo de analgésico-, los investigadores todavía saben poco
de los mecanismos bioquímicos que la vuelven tan efectiva. En
principio,
creen que el ácido acetil-salicílico elimina o disminuye la
sensación dolorosa porque bloquea la liberación de
bradiquinina, una sustancia orgánica que al asociarse con
prostaglandinas produciría la sensación de dolor. Sin embargo,
los estudios no son concluyentes, de modo que hablar de
"droga milagrosa" todavía sigue siendo un válido
recurso retórico, aunque escasamente científico, cuando se
mencionan las bondades de la aspirina para combatir el dolor..
| Menos
Riesgos de Infarto Desde hace varios años, la
aspirina llene un nuevo uso que se agrega a los ya
conocidos; la prevención de enfermedades
cardiovasculares. Un estudio realizado en la Universidad
de Harvard, con auspicio del instituto Nacional de la
Salud de los Estados Unidos, demostró que el consumo de
ácido acetil-salicilico dosificado según prescripción
médica previene la oclusión de los vasos sanguíneos.
En consecuencia, se Incluyó a este medicamento entre los
que disminuyen los factores de riesgo de infarto de
miocardio, embolia pulmonar y otras enfermedades del
sistema circulatorio. Según Valentín Fuster, un
prestigioso especialista que dirige el Departamento de
Cardiología del Hospital General de Massachusetts, en
los estados Unidos, "el ácido acetil-salicílico
por sí solo no puede revertir la arterosclerosis, pero
influye contra la formación de trombosis, que se
producen cuando la arteria ya está obstruída por
plaquetas". |
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