Respiración
La aspiración es el primer acto de nuestra vida, y la
expiración, el último. Podemos aguantar varios días sin comer,
pero no sin respirar. El oxígeno es el elemento esencial de
nuestras células. El corazón y el cerebro son los órganos que
más oxígeno consumen.
Una respiración insuficiente acumula en el organismo muchos
productos tóxicos. El estado de tensión, nerviosismo y malhumor
en que vive mucha gente es debido, en parte, a una deficiente
irrigación. Normalmente, las personas que hacen su vida en
oficinas, talleres, etc., tienen una respiración
deficiente.
Los estados anímicos influyen decisivamente en la respiración.
Cuando la persona está tranquila, su respiración es apacible.
Cuando está agitada psíquica o tísicamente, su respiración se
torna irregular. Podemos afirmar, pues, que la respiración es el
espejo de los estados interiores. Por consiguiente, será
también correcta la conclusión inversa: si las tensiones
interiores repercuten en la respiración, controlando la
respiración podemos influir y modificar los estados interiores.
La respiración no debe ser forzada, sino calmada. Los que
fuerzan la respiración elevan los brazos y contraen el tórax,
la mandíbula y el cuello. Esta suele ser la respiración de los
nerviosos: respirar con lo alto del pecho, dilatando y
contrayendo la caja torácica. Así se suele respirar después de
un fuerte esfuerzo físico. Pero los nerviosos lo hacen así en
toda circunstancia. Y lo correcto es lo contrario: lo esencial es
relajarse por completo y espirar a fondo. Después, sin forzar
nada, los pulmones, por sí mismos, se llenarán de aire. La
respiración tiene que ser nasal, sobre todo la aspiración,
porque es en la nariz donde se filtra el aire y se calienta antes
de llegar a los pulmones. La espiración, no obstante, podría
hacerse con la boca entreabierta. Cada persona debe comprobar si
le va mejor
de una u otra manera.
La nariz es como el embudo de un sistema de aireación. El aire
es aspirado por la cavidad faríngea, que actúa sobre el aire
como una aspiradora.
Respiración abdominal. En síntesis, se trata de lo siguiente:
se hinchan el abdomen y los pulmones simultáneamente. Se vacía
los pulmones al mismo tiempo que se vacía el abdomen.
Es la respiración más relajada; trae sosiego y serenidad. Debe
ser una respiración lenta, suave, silenciosa, sumamente
tranquila y nunca forzada.
El movimiento se efectúa principalmente en la zona inferior a la
caja torácica. Por ese movimiento del aliento, el diafragma
ejercita un masaje sobre el abdomen, cuyos músculos se sueltan.
* * *
Sentado confortablemente en un sofá, después de expulsar
todo el aire de los pulmones con una fuerte espiración de boca
abierta, comienza la fase de la aspiración, dilatando en primer
lugar el abdomen, en seguida la parte inferior del pecho y luego
la parte superior al máximo posible, siguiendo con la atención
ese movimiento (que es casi simultáneo entre el abdomen y los
pulmones). No hay necesidad de alzar los hombros (gesto que
denotaría alguna tensión); la columna vertebral se endereza y
la cabeza queda recta.
Y ahora comienza la fase espiradora, contrayendo el abdomen (que
fue primero en dilatarse) para terminar con !a parte alta del
tórax. Se expulsa completamente el aire viciado, contrayendo
fuertemente, con lentitud y de una manera continua, los músculos
del bajo vientre.
La masa abdominal debe ser empujada hacia el diafragma, al que,
al mismo tiempo, eleva. Se mantiene la contracción un par de
segundos; luego se deja que los músculos se relajen suavemente y
que el abdomen vuelva a su estado normal. Y de nuevo se comienza
a aspirar.
Debe dirigirse la atención sobre el aire que se siente, se
sigue, se le dirige. Es, pues, una respiración sentida,
consciente y concentrada. Y por eso mismo podemos afirmar que se
trata de un excelente ejercicio de concentración.
Se debe evitar cualquier violencia. No obstante, es difícil
evitar que se produzca un cierto estado de tensión o de
obsesión, sobre todo en los primeros pasos.
Pero, después de un entrenamiento asiduo, el ejercitante. pronto
experimentará el apaciguamiento y la calma.
Para los efectos que queremos conseguir en este libro, la
respiración más adecuada es la abdominal.
Puede practicarse sentado, acostado o de pie.
Respiración torácica. Aunque insistimos en que la respiración
abdominal es la más sedante y psíquicamente benéfica,
exponemos a continuación otras maneras de respirar, dado el
pluralismo y variedad de efectos en las diversas personas.
La torácica es la respiración de los atletas y, en general, de
todos los que realizan un gran esfuerzo físico.
Consiste en esto: en la medida en que se llenan los pulmones, se
hunde el abdomen; y en la medida en que se vacían los pulmones,
se dilata el abdomen.
Respiración alterna. Oprimir el orificio derecho de la nariz con
el pulgar de la mano derecha, aspirando por el orificio
izquierdo. Espirar por el orificio derecho mientras se cierra el
orificio izquierdo con el índice de la misma mano. Luego,
aspirar por este orificio derecho y espirar por el izquierdo; y
así, alternadamente, lo más lentamente posible, hecho todo con
calma, sin ansiedad. Nunca más de diez respiraciones.
Respiración rítmica. No se debe olvidar que la espiración es
siempre más lenta que la aspiración. Es frecuente encontrarse
con personas cuya espiración dura el doble de tiempo, y aún
más, que la aspiración.
Cada individuo tiene su ritmo de respiración. Supongamos que en
tu ritmo respiratorio la aspiración dura tres segundos y la
espiración cinco. En este caso, la respiración alterna se hace
así: se aspira durante tres segundos y se retiene el aliento
durante dos segundos; se espira durante cinco segundos y
permanece con los pulmones vacíos durante dos segundos, y así
sucesivamente, manteniendo siempre esta cadencia. Con el
tiempo podría ensayarse otro ritmo más lento.
Los ejercicios respiratorios pueden ser contraproducentes si
no se hacen con calma y tranquilidad. Y nunca se debe pasar de
tres minutos.
He comenzado el presente apartado con esta fantasía porque las
dos figuras más señeras de la literatura castellana, Segismundo
y Alonso Quijano (Don Quijote) fueron dos hombres que despertaron
después de haber representado la comedia de la vida entre
sueños, locuras y fantasías.
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