Hombres y Mujeres de carne y hueso
La comuna se compuso finalmente por 81 miembros, la edad promedio era de 38 años, 5 miembros eran mayores de 60. Raoul Rigault, el jefe de la policía de la Comuna tenía 25, era el más joven de los 15 venteañeros, 8 más acababan de cumplir los 30.
Los miembros de la Comuna carecían de experiencia política. Sus debates eran a menudo errantes, se proponían y aceptaban asuntos que se dejaban caer antes que expuestos con decisión. Muchas veces se desataban agrias discusiones personales que llevaban a una disputa mayor. La Comuna como todo carecía de dirección política. Esto era especialmente serio porque había que ganar una guerra civil para sobrevivir. Fue en cuestiones tales como la educación o la reforma de las condiciones laborales, debido a la experiencia sindical de varios de sus miembros, donde la Comuna mostró sus efectos positivos.
Blanqui, como revolucionario experimentado podía haber provisto a la Comuna de más cohesión política pero fue detenido por la policía y pasó la segunda revolución de su vida en prisión.
Charles Deleschulz fue la figura más notable del pasado en sentarse en el comuna. Él había sido un jacobino radical en la revolución de 1848 hasta que fue forzado a exiliarse y fue apresado cuando intentó volver secretamente. Sin embargo los años de cárcel en la Isla del Diablo habían arruinado su salud. Sólo podía hablar con una voz graznante y permanecer por encima de las peleas personales y disputas en la comuna hasta que se vio llamado a desempeñar un digno pero trágico papel al final, caminando deliberadamente hacia la muerte en una barricada donde hoy está la Plaza de la República.
18 miembros de la comuna provenían de los barrios de clase media. En total unos 30 miembros de la comuna se podrían clasificar como de provincias, la mitad de ellos eran periodistas de la prensa republicana. El resto incluía a 3 médicos, sólo 3 abogados, 3 maestros, un veterinario, un arquitecto y 11 relacionados con el comercio.
Unos 35 miembros eran trabajadores manuales o estaban implicados en la política revolucionaria. Eran artesanos de pequeños talleres que instauraron las asociaciones obreras de la capital. Típicos de este grupo eran los trabajadores del cobre, carpinteros, decoradores y libreros. Puede resultar chocante la falta de representantes de las grandes industrias que habían proliferado a las afueras de París. En realidad los obreros de las grandes fábricas de los suburbios no habían formado aún organizaciones ni medios de combate. Parecía que el liderazgo local se había desarrollado muy inseguro de sí mismo y de sus posiblilidades, demasiado inadecuado como para jugar un papel a una escala mayor. Esto dejó vía libre para los representantes de los distritos pequeño-burgueses.
Unos 40 miembros habían estado implicados en el movimiento obrero francés y la mayoría de ellos se habían unido a la Internacional. Su experiencia en las asociaciones obreras les había vuelto recelosos hacia el poder político y habían vuelto su pensamiento hacia las tendencias anarquistas (llevaban más de la tradición de Proudhon que de la de Bakunin). Unos 12 miembros de la comuna eran blanquistas. Su principal esperanza para salvar la revolución era liberando a Blanqui, o intercambiandolo por algún rehén... de los que el Arzobispo de París era el más notable.
La Comuna se instauró oficialmente el 28 de marzo y el 2 de abril las tropas de Thiers comenzaron su ataque. Al principio la Comuna se reunía en secreto en un Consejo de Guerra sin embargo el secretismo no era lo que se esperaba de una asamblea general. El Comité Central de 20 distritos, la Internacional y algunos de los clubes populares presionaron a la comuna para que hicieran públicas sus sesiones. Cediendo a estas presiones la comuna aceptó publicar sus debates en el Diario Oficial. Sin embargo se hizo difícil encontrar suficiente espacio para tanta gente (los espectadores) y el problema nunca se resolvió del todo.
Las teorías que se formularon en 1871 estaban basadas en las ideas de 1793, en la soberanía popular: aquellos que fuesen elegidos para representar al pueblo iban a actuar como delegados, no como miembros del parlamento. En particular los clubes populares reclamaron que la soberanía tenía que recaer en ellos tanto como en el. Aquellos que habían sido elegidos por el pueblo estaban sujeto a la revocación de su cargo por parte del pueblo y era una obligación de los elegidos permanecer en constante contacto con las fuentes de soberanía popular. En algunos clubes se hacían charlas sobre cómo meter más presión a la comuna, y a partir de ahí se hicieron intentos para unir las fuerzas de los clubes para hacerlo mejor. Algunos miembros de la Comuna permanecieron en estrecho contacto con las fuerzas que les llevaron al poder (el pueblo) frecuentando los clubes.
Partido Revolucionario Guevarista - actualización Marzo 16, 2004