Squenun 23, abril 2004

Una conversación con Sara Facio por Emilio Napoli y Mercedes Turquet

“Lo fascinante de la fotografía es su imprevisibilidad”

Nació en Argentina en 1932 y se formó en Artes. Con más de cuarenta años de obras fotográficas contribuyó en la constitución de nuestros imaginarios: su mirada sobre la ciudad de Buenos Aires, Cortázar, Borges, Neruda, se volvió progresivamente un poco nuestra.

foto 1

Aproximación a la vida, 1963

“La foto, de entre más de 200 del mismo tema,
que ganó en un concurso en Colonia, Uruguay,
al principio de su carrera.”

Como estudiosa, crítica y curadora de fotografía es referencia nacional: publica artículos en Clarín, La Nación, Le Monde Diplomatique, entre otros; fundó en 1973, con la fotógrafa guatemalteca María Cristina Orive, la editorial fotográfica La Azotea; ha impulsado desde 1995 la colección fotográfica del Museo Nacional de Bellas Artes.

Su oficina en La Azotea, luminosa a pesar de la tormenta, con estantes y mesas colmados de libros, ambiente de trabajo y belleza, se volvió el marco perfecto para espiar algunos mitos y verdades de la fotografía.

La semiología, ¿puede tomarse como una serie de pautas para la generación de formas e imágenes?
La fotografía es un lenguaje único. Después se lo puede analizar desde otras disciplinas, pero en sí misma da ideas en imágenes, basada en sus reglas y límites, comprendiendo su técnica y su historia.
¿Y respecto de la connotación y significación de los objetos?
Ahí aparece el artista: esta lapicera la toma un fotógrafo publicitario y te da el exterior; la toma un artista y te puede hacer sentir qué escribió. Hoy está de moda la fotografía conceptual. Está bien que el fotógrafo lleve una idea al plano del soporte fotográfico, pero tiene que ser acompañada un lenguaje visual de importancia, para que el espectador no pase de largo ante la imagen.
foto 2

Autorretrato, 1996

Entonces, ¿tiene que ir acompañada de una convicción?
Sí. Hablando de fotografía creativa. Porque, como podés escribir tanto una factura como una poesía o una obra de teatro; podés tomar una cédula de identidad, o ser capaz de tomar un inodoro o un repollo y crear una obra de arte. Como Edward Weston.
A mí me interesa la fotografía que tiene un componente ético, una forma de mirar la vida. Que transmita ideas, pensamientos y sensaciones.
La fotografía casera no es arte, pero plantea un significado.
Tiene un significado muy grande y valioso para el que la tomó. Tengo amigos que quieren exhibir fotos de su familia, porque les parecen maravillosas. Para mí serán fotos mediocres, pero es fantástico que la gente tenga esa necesidad o ese gusto de crear sus propias imágenes y su propio mundo.
En mi último libro escribí algo alusivo: hay gente que se pone furiosa cuando va por ejemplo al glaciar y hay millones de espectadores tomando fotos, ¿qué les molesta tanto que saquen fotos? Cada uno mira a su manera.
Con respecto al retrato… ¿qué es un retrato?
(Risas) Estamos en la misma. Todos los días ves miles de retratos: en afiches, diarios, revistas, televisión… ¿por qué no olvidás el retrato del Che o de Eva Perón? Tienen algo que no todos los fotógrafos transmiten. Esa emoción. Es el misterio del arte. ¿Qué pasaría si todos comprendiéramos la mirada de la Gioconda? El retrato es lo que más me gusta de la fotografía. Es lo más difícil; hay que buscar un poco la esencia del personaje.
¿Tiene que ver con conocer al personaje, con compartir cosas con él?
No. Yo, cuando iba a tomar fotografías a gente conocida, quería hacerlo porque los admiraba; y si iba a Chile a verlo a Neruda, me alimentaba de todos sus libros antes. Pero eso no hace que pueda tomar una buena foto. Hay retratos de gente anónima que los ves y te quedan. Otra vez, parte del misterio. También están los retratos “oficiales” de gente famosa tomados por artistas o fotógrafos retratistas. Como Karsh o Avedon, que logran retratos extraordinarios más allá de la excelencia técnica y fotográfica: han captado psicológicamente la esencia del personaje.
¿Pueden ser retratados los objetos?
Sí. Se ha hecho teoría sosteniendo como un axioma que todo lo que se fotografía es un retrato. Aunque sean dos huevos fritos. Siempre una recreación, si la foto es mala, está retratando qué mal fotógrafo sos.
¿También la fotografía constructivista?
Es más armado, como la fotografía dadá, los montajes, las intervenciones o las instalaciones. La fotografía ha salido del rectángulo del papel, queriendo meterse en los muros de los museos. Necesitaba tamaño, tridimensionalidad y texturas diferentes. Lo ha logrado; después está el resultado, si te gusta o no. Pero se ha abierto y bienvenido sea.
foto 3

Julio Cortázar, 1967

“Uno de los retratos más famosos,
tanto de Cortázar como de Facio.”

¿Es correcto plantear la fotografía como mediadora entre el hombre y la realidad?
Es una confusión. Partió del concepto histórico de la fotografía como fiel imagen de la realidad, pero es un reflejo que aparentemente tiene los códigos más parecidos a la realidad. En cualquier disciplina, la realidad pasa por el tamiz del ser humano y se reinterpreta. Si los tres tenemos la misma cámara fotográfica, con la misma película y queremos sacar en éste ámbito una foto, vamos a hacer tres fotos diferentes. Distintos puntos de vista y distintas capacidades para reflejarlo. El segundo malentendido se dio con el auge de la fotografía de prensa, que se creyó que todo lo que se fotografiaba era la verdad.
¿La fotografía digital, es fotografía?
Sí, es otro adelanto. Como el paso que hubo entre el daguerrotipo y la fotografía de papel, ahora puede ser hacia la fotografía instantánea. En 1839, en la Academia de Artes y Ciencias de París, cuando se presentó por primera vez el invento de la fotografía, se dijo que lo que más fascinaba era lo imprevisible que podía ser. Hoy lo sigue siendo. Se descubrió un nuevo lenguaje, que lo permite todo. Como verán, estoy un poco enamorada de la fotografía.

(Recomendamos revisar las obras de todos lo fotógrafos mencionados, porque lamentablemente no podemos mostrarlas todas en éste espacio; así como visitar www.laazotea.com.ar)