Squenun 23, abril 2004

Meduza por Lucila Da Silva

Fotografía

Colaboración de Bettina Bjelis

Puedo volar hasta vos… puedo tocarte… pero sólo te enloquezco. Sólo te juego al amor. Mi cama te sabe a miel, sos una triste abeja.

Te miro, te desnudo con la mirada… y te acercás… porque te gusta ser tan débil. Tu boca floreada busca mi boca, aunque sabés que está envenenada, el placer es morir una y mil veces. Primero bruscamente, después te convertís en cordero, en niño, y sos dulce, y me das tanto asco que te lastimo… te hago sangrar… hago que me odies…

Y entre todo ese perfume alcohólico, transpiro erotismo… y poco a poco jugando a medusa te convierto en piedra… y tus fuertes brazos se vuelven tentáculos, que no saben ya qué hacer con mi cuerpo ardiente, y tu boca no sabe qué hacer con mi boca porque mi lengua es mas poderosa, te corta… te atraviesa… te humilla…

Mi ropa comienza a ser algunas veces un obstáculo, otras un fetiche. Poco a poco mi cuerpo desnudo aflora cual deidad ancestral… y le rendís culto… lo venerás. Mis emergentes pezones se entrelazan con tu lengua… y comienzo a volar. Ahora tu ropa es mi obstáculo, pero te necesito lejos.

Te empujo… quiero que te desnudes frente a mí… muy despacio… quiero contemplar toda tu imponencia… sin tocarte.

Y me río… a carcajadas… porque amo esa situación… ese desamor. Y te da vergüenza… y me das asco.

Ahora ves mi sexo, querés estar dentro mío, y disfruto negártelo, correr, decir no. Quiero verte pedir por favor, quiero ver lo débil que sos… ¡oh!, triste hombre, frente a tus ansias de mí. Por fin sucumbo y suspiro... estás dentro mío. Tan suavemente, que puedo sentir cada centímetro de tu amor, y no quiero. Entonces te insulto, te grito, te pido más, te pido poder, te pido violencia. Y me obedeces. Y quizás sólo por un segundo aceptás tener el control… pero te miro a los ojos (siempre cometo el mismo error)… y volvés a danzar como si fueras un ave friolenta dentro mío. Tus besos suaves… amorosos… tus lágrimas… tu decirme te amo… todo tu necesitarme me causa desprecio, y el final es siempre triste. Y por fin te alejás, angustiado por la ausencia de algo verdaderamente cúspide en mí, me abrazás, tan fuerte…

Prendo un cigarrillo mientras me visto, tironeás mi ropa, querés que me quede a dormir… “te necesito”… finjo no escucharte, no quiero eso.

Te beso la frente, te miro con todo lo que tengo para dar, y al mismo tiempo que yo cierro la puerta, vos te morís.