Squenun 23, abril 2004

Oliverio Girondo: la búsqueda incesante por Virginia Vizcarra y Pablo Leone

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922) se nos brinda como el inicio formal del trayecto recorrido por Oliverio Girondo en la poesía, y decimos formal por ser el primer contacto entre público y escritor, sin olvidar que el espíritu creativo del poeta había comenzado a gestarse tiempo atrás. Alimentado por los movimientos vanguardistas de principios de siglo, viviendo ese caudal de ideas, Girondo experimenta una conciencia trágica ante el mundo que lo rodea. Crítica y novedad, destrucción y nacimiento, se conjugarían entonces en una obra de inigualables características.

En la década del '10 lee a los simbolistas franceses, Los raros de Rubén Darío y algunos textos filosóficos, de entre los que se destaca Nietzsche. Se reconoce en los textos de Guillaume Apollinaire y Arthur Rimbaud y en su obra se dejan ver ecos de ideas de otros autores, desde Paul Morand hasta el grotesco español o Valle-Inclán, que le llegaban por su amigo Ramón Gómez de la Serna.

La poesía de Girondo se encuentra en lo palpable, en lo cotidiano: allí es donde él la halla, la crea. Vida, gente, hechos que crean versos; versos que, al mismo tiempo, crean vida, gente, hechos. Asimismo, el notable sentido del humor con que aborda sus escritos es una muestra tanto o más importante de su originalidad.

El poeta continúa andando esa vereda virgen –cada poema, un nuevo paso– sin apartarse de la dirección inicial, penetra en el lenguaje sin observar reglas, profundizando quiebres apenas esbozados. La mirada que recorre Espantapájaros(1932), ni complaciente ni simple observadora, no comenta; interroga. La cotidianeidad muta en objeto de crítica para ser desmenuzada, una crítica tornasolada, temblorosa, entre sutil y contundente. “Mi ineptitud llegó a confundir a un coronel con un termómetro”. El humor negro, ácido, que clarifica.

Girondo se interna y la vereda se vuelve camino, y aunque cada tramo sea ruptura, uno a uno van confirmando al anterior; jugando en el límite de lo decible, corriéndolo un poco más. Lo que hasta Interlunio (1937) era búsqueda en lo ajeno, en Persuasión de los días (1942) se torna búsqueda interna, que al ser verbalizada se aproxima también al carácter de lo palpable. Como años atrás lo habían ahogado las barreras impuestas por la poesía tradicional, esta vez su obra refleja una insatisfacción existencial, angustia y vértigo ante sí mismo: “Este clima de asfixia que impregna los pulmones/ de una anhelante angustia de pez recién pescado/ Este hedor adhesivo y errabundo,/ que intoxica la vida/ y nos hunde en viscosas pesadillas de lodo (…) hasta surgir al aire,/ expandirse en el viento/ y tornarse corpóreo;/ para abrir las ventanas,/ penetrar en los cuartos, /tomarnos del cogote/ empujarnos al asco,/ mientras grita su inquina,/ su aversión,/ su desprecio,/ por todo lo que allana la actitud de las horas,/ por todo lo que alivia la angustia de los días.”

También Persuasión de los días anticipa una rebelión de vocablos que, aún siendo producto de un juego, se aparta en gran medida del humor presente en trabajos anteriores: “…soy yo sin vos/ sin voz/ aquí yollando/ con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla/ entre mis subyolitos tan nimios micropsíquicos/ lo sé/ lo sé y tanto/ desde el yo mero mínimo al verme yo, harto en todo/ junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando/ y yollando siempre…”

Será En la masmédula (1954) la obra en la cual las palabras dejen de separarse para fundirse en grupos con un irracionalismo paradójicamente pensado, característico del trayecto siempre innovador recorrido por Girondo, pero llevado al extremo en ésta, su última creación. Imaginación constante, audacia e ingenio: elementos inevitables que se intensifican en este grupo de poemas. El autor recrea una relación mágica entre sonido y significado: las palabras tendrán significaciones múltiples dadas tanto por el contenido semántico como por las asociaciones fonéticas que generan. “Hay que buscarlo ignífero/ superimpuro leso lúcido/ beodo inobvio/ entre epitelios de alba/ o resacas insomnes de soledad/ en reciente/ antes que se dilate la pupila del cero/ mientras lo endoinefable/ encandece los labios de subvoces/ que brotan del intrafondo eufónico/ con un pez grifo arco iris/ en la mínima plaza de la frente/ hay que buscarlo al poema.”

Tematiza el desamparo ante el paso del tiempo, la muerte, motivos que fuerzan a las palabras a posibilidades de expresión insospechadas, a una experiencia de lenguaje única: “…archicansado en todos los sentidos y contrasentidos de lo instintivo/ o sensitivo tibio/ remeditativo o remetafísico/ y reartístico típico/ y de los intimísimos remimos y recaricias de la lengua/ y de sus regastados páramos vocablos/ y reconjugaciones y recópulas/ y sus remuertas reglas y necrópolis de putrefactas palabras /simplemente cansado del cansancio /del harto tenso extenso entrenamiento al engusanamiento y al silencio”.

En la masmédula, acontecimiento insólito, para siempre solitario, se trata del mejor fin para un camino de ruptura permanente, siempre en el mismo sentido. Una obra incomparable que cierra el trabajo de Girondo, adelantado a la poesía de su época, vanguardia en sí mismo.