La universidad.
Durante los años de estudiante universitario me
incorporé a los trabajos que realizaba
Extensión
Universitaria en Isla Maciel y en mi barrio de Sáenz
Peña.
En Isla Maciel organizando cooperativas de vivienda para
resolver el problema habitacional, pero desarrollando al
mismo tiempo muchas actividades sociales y culturales
tales como alfabetización, educación para la salud, controles sanitarios con la ayuda de los
alumnos de Medicina y Odontología; o la planificación de
las obras con los de Arquitectura e Ingeniería. Los
alumnos de cada facultad aportaban lo suyo y la
Universidad algunos fondos para equipamientos básicos,
medicamentos y material de estudio.
En Sáenz Peña un polo de desarrollo cultural con niños,
abarcaba disciplinas como teatro (de escenario y de
títeres), cine (Cine club y realización de filmes),
ciencias naturales (Astronomía, Física y Biología),
Literatura (Biblioteca), Historia y Educación para la
Salud.
Me sentía como un pez en el agua trabajando con grupos
de setenta o más chicos en actividades altamente
formativas. Al mismo tiempo los futuros profesionales
estaban en contacto con los problemas de la gente y no
se desentendían de ellos.En los períodos en que la represión política no era tan
intensa, durante algunos gobiernos civiles, trabajaba en
imprentas, donde me convertí en un lector poco metódico
de cuanta cosa se imprimía en esos talleres. Más
adelante, como corrector de imprenta no sólo leía por
placer sino por obligación laboral, así que adquirí
conocimientos teóricos de disciplinas que van desde arte
culinario hasta física cuántica o astronáutica. Llegué a
tener una biblioteca con más de 1.200 libros, de los
cuales aún conservo muchos, otros se pedieron en
mudanzas apuradas y muchos terminaron quemados durante
la dictadura militar de 1976.
Después de la Universidad.
Los
golpes y contragolpes de estado en Argentina
obligaban a quienes de alguna manera teníamos nuestra
vida comprometida en la lucha por los derechos y la
justicia social, a alternar entre la vida pública y la
vida clandestina o semiclandestina.
Los períodos más violentos de represión obligaban a
"desaparecer" y "reaparecer" en otro lado, y con
otras actividades. Siempre había que hacer cosas
distintas para no dejar rastros.
El acuarismo siempre me acompañó en
esos cambio y el que posiblemente cambió definitivamente mi vida fue
Acuario Río de la Plata, mi distribuidora de productos
de acuarismo y peces que permitía mimetizar mis
actividades de modo que ni mi propia familia sabría lo que estuviera haciendo.
La
importación y exportación, viajes al interior y a países
vecinos eran parte de la actividad comercial, lo mismo
que la visita de "clientes" de todo el país, muchos de los
cuales se quedaban en casa unos días hasta que les
encontrara un lugar seguro para escapar de la represión,
por lo general fuera del país.
Pese a todo Acuario Río de la Plata transformó la
política comercial del momento incluyendo nuevos
servicios no sólo al comerciante sino a los aficionados.
En 1978 edité el primer catálogo que se conozca en el
acuarismo argentino, incluyendo
la ilustración y descripción de cientos de productos y más de 150
peces. Publiqué en forma sistemática folletos y fichas técnicas para distribución gratuita
entre los aficionados de todo el país.
Asociaciones y acuarismo
Para ese entonces la militancia consistía en mantenerse
vivo y replegarse hacia instituciones intermedias y
barriales. Así participé en la fundación de AAEIRA
(Asociación de Acuarismo e Ictiología) que desde 1977 se
extendió poco a poco hacia todo el país, creándose
delegaciones en Paraná, Córdoba, Tucumán, Mendoza y Mar
del Plata. Fue AAEIRA quien patrocinó y organizó la
Exposición los Peces del Mundo en el Centro de
Exposiciones de la calle Sarmiento (microcentro de
Buenos Aires), lugar donde se
desarrolló el primer curso de acuarismo del país con más
de 140 alumnos. AAEIRA se disolvió en 1982.
En los años siguientes participé como simple miembro de
diversas agrupaciones que se formaron
(Asoc. Argentina de Acuaristas, ADA-ADA, Amigos del
Acuario, etc.). Escribí notas en revistas del país y del
exterior, organicé el primer grupo de killis en 1978
justo cuando el Mundial de Fútbol se iniciaba en
Argentina. Edité folletos técnicos, publiqué El Acuarista (revista de AAEIRA) y comencé a fabricar medicamentos para peces de
los cuales patenté 13 fórmulas..
Mientras esto ocurría desarrollaba las matrices para
fabricar un aireador y un calefactor viendo que las
importaciones con dólar barato no podrían seguir por
mucho tiempo. Así nacieron el primer calefactor
sumergible de Argentina (Hidromatic) y el aireador
Dolphin, muchos de los cuales aún siguen funcionando
tras más de 20 años de uso.
También desarrollé y patenté la pecera Aquamatic, con
calefacción por losa radiante y sistema de filtrado por termosifón.
Participé con notas y colaboraciones en el "Diario del
Acuarista", "Vida Acuática" (España), "Revista Acuarismo", "Mascotas (suplemento
El Acuarista), "Mundo Mascotas - Mundo de los Peces"
y "Especies" (España).
Participé y colaboré con la Asociación Acuariófila Argentina, soy socio
honorario de la Sociedad Acuariológica del Plata y presidente del Killi Club Argentino (el cual fundé junto
a Héctor Luzardo y Pablo Calviño), y mi mayor preocupación
es lograr la integración de una nueva generación de
dirigentes para conducir las agrupaciones en el futuro, por lo cual gran parte
de mi tiempo lo dedico a informar, responder consultas,
generar grupos de trabajo y propiciar la organización de
nuevas agrupaciones donde no las haya. Sea en cualquier
provincia o ciudad de mi Argentina o en cualquier rincón
de mi sufrida América Latina.
Muchos me apoyan en este intento y otros no lo
comparten, tal como es natural en una sociedad donde rige la libertad de
expresión con
diversidad de opiniones. Pero entre unos y otros estamos
tratando de construir una nueva etapa de la acuariofilia
de habla hispana y no equivocarse en los métodos y
objetivos puede ser la diferencia entre el éxito y una
frustración. Hacía muchos años que no había tan buenas
condiciones para desarrollar nuestra actividad y creo
que es el momento para construir sobre la base de las
asociaciones nacionales, una gran cadena Latinoamericana
de acuariofilia.
Tanto yo como mi sitio web, El Acuarista, estamos en eso.
Bienvenidos los que se sumen.
|