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“Manos a la obra para crear
una Confederación de Estados Latinoamericanos”
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Alicia Garrido
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- Esta
entrevista fue publicada en El Espejo en abril de 1995 cuando el
actual presidente venezolano visitó Argentina a poco tiempo de haber
salido en libertad, luego de cumplir un arresto por haberse sublevado
contra el entonces gobierno de Carlos Andrés Pérez. Teniendo en cuenta los
recientes acontecimientos consideramos de vital importancia reproducir la
palabra de Chávez en momentos en que explicaba la conformación de su
Movimiento Bolivariano.
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A usted se lo califica como
golpista y a las fuerzas armadas latinoamericanas se las asocia con
dictadura y represión, ¿cómo define usted su movimiento?
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Somos soldados venezolanos
que decidimos un día insurgir con las armas y se nos llama por eso
golpistas y enemigos de la democracia. Debo decir que nosotros somos
soldados formados en democracia, cuando la democracia venezolana recién
nacía. Pero lamentablemente esa democracia fue torciéndose cada día más
hasta degenerar en una tiranía. Degeneró en una corruptela generalizada en
todos los estamentos del Estado, que contaminó a la sociedad entera. Es
bueno aclararlo especial-mente aquí, en esta tierra del Cono Sur tan
azotada por los gobiernos militares, donde quedan huellas todavía muy
recientes.
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Nosotros somos conscientes de
que el papel de las fuerzas armadas no puede estar como hasta ahora
moviéndose como un péndulo de uno de cuyos extremos están los militares
como invasores de nuestro propio territorio, como si fuéramos enemigos de
los pueblos, masacrando los pueblos, desapareciendo gente, plantando
cadáveres de compatriotas en las fosas comunes o tirándolos al mar. Es
decir, contrarios a nuestro pueblo. Y la otra posición del péndulo son los
militares eunucos que no pueden hablar, no pueden opinar. Es el caso
venezolano desde hace muchos años. El militar venezolano está encerrado en
un cuartel sin importarle que a cien metros se mueran de hambre. Los
militares ni siquiera pueden expresar una opinión. Los militares
encerrados en un cuartel son como una fuerza potencial, no utilizada en un
proceso de desarrollo económico, social, político, tecnológico, cultural
de la nación, del pueblo. Esos son los extremos.
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Nosotros andamos ahora
pregonando por Latinoamérica que los militares para el próximo siglo
debemos tener un nuevo papel, un nuevo rol de participación. No como
objeto utilizado según las circunstancias por unos u otros gobiernos, a
veces nacionales, a veces transnacionales, sino sujeto, unido a nuestro
pueblo en lo que llamamos el modelo de fusión civil-militar, es decir,
incorporados al proceso de desarrollo, de liberación, al proceso de avance
hacia estadios superiores. Esa es una de las cosas que nos trae por la
Argentina de nuevo. Hace seis meses que vinimos por primera vez a Buenos
Aires. Hemos hablado con algunos militares, sindicalistas y algunos
sectores de la Argentina y hoy estamos gracias a esa interacción
nuevamente aquí. Hemos venido a conmemorar los trece años de Malvinas.
Creo que hay que reivindicar el gesto de Malvinas como un eslabón más de
una cadena de luchas de este continente, de este pueblo, por su liberación
y su lucha contra el imperialismo y el colonialismo, que aún siguen
vigentes en América Latina.
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¿Cómo explica su negativa a
ser considerado golpista?
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Nuestro movimiento no fue un
golpe de Estado tradicional, con el fin de instalar un régimen militar, ni
dar pasos atrás a un gobierno de golpistas -como nos llaman- sino que era
un gobierno para romper con el materialismo y abrir el cauce al proceso de
una real democracia protagónica.
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Dado que esa fue nuestra
intención y dado que el pueblo venezolano ha madurado mucho políticamente
-como el pueblo argentino y el latinoamericano- inmediatamente después de
nuestra rendición captó, con la sabiduría histórica de la conciencia
colectiva, que aquello era algo distinto. Según todas las encuestas que se
hicieron en los dos días siguientes y tres meses después inclusive, dieron
el 92 por ciento de la población a favor de la rebelión. Y hoy mantenemos
el primer lugar en las encuestas de opinión.
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¿Cuál es su línea de acción
actual?
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No queremos más violencia en
Venezuela, queremos que el país se enrumbe por caminos de paz y de
concordia nacional hacia procesos plenamente democráticos.
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Queremos la reconstrucción
del poder nacional, el poder político, económico e ideológico, adecuados a
nuestra realidad. Estamos diseñando el proyecto nacional Simón Bolívar, y
dentro de él, Argentina como América Latina tienen un papel importante.
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Estamos proyectando por
ejemplo viejas ideas, como son los conceptos de desarrollo alternativo.
Así como a los '80 los llaman la década perdida, nosotros podríamos hablar
del siglo XX como el siglo perdido para Latinoamérica. Porque al
comenzarlo estos países se estaban levantando sobre las cenizas del siglo
pasado; al terminarlo, están apenas sobreviviendo.
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Durante este siglo, hemos
tenido modelos de desarrollo hacia afuera, hacia adentro, sustitución de
importaciones, copias de modelos. Es decir, el estatismo antes y el
neoliberalismo salvaje ahora, como el Papa lo llamó hace algunos años. Por
eso no hay que buscar modelos, sino construir modelos originales adaptados
a nuestra realidad. Desde esta convicción estamos revisando esa idea de
desarrollo por dentro del continente latinoamericano. La idea de unir
físicamente el continente no esa integración de elites de la cual nos
hablan. El Pacto Andino, (Venezuela, Colombia, Perú Ecuador y Bolivia) por
ejemplo, el Pacto de Cartagena -este tiene ya 20 años y es una caja negra-
no han funcionado. ¿Cuál es el resultado del Pacto Andino?: miseria,
hambre, guerra entre países hermanos, como la última entre Perú y Ecuador.
Un pleito entre Colombia y Venezuela que podría llevarnos a otra guerra
internacional.
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Estamos pensando en la
integración física de la cuenca del Plata, de la cuenca del Amazonas, de
la cuenca del Orinoco y el Caribe. A lo largo de estos ríos navegables por
qué no pensar en la integración de todos estos grandes territorios, de lo
económico a lo político. Millones y millones de seres humanos que claman
por una vida mejor.
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Para desarrollar este
proyecto ya hicimos la primera reunión en Santa Marta, Colombia, el 17 de
diciembre pasado y estamos preparando una próxima para este año, con el
fin de preparar un Congreso Anfictiónico, tomando la idea fundacional, la
de nuestros fundadores: Bolívar, San Martín, O’Higgins, Artigas, Martí,
todos los que pensaron que ésta tiene que ser verdaderamente la patria. No
la balcanización que nos quieren imponer. Aspiramos a hacer el Congreso
Anfictiónico en Panamá el año próximo, cuando se cumplan 170 años del
Congreso aquel que Bolívar convocó y se hizo en Panamá, pero que fue
saboteado por los imperios. Hay que retomar esa bandera. La idea es que
bandera que cae vamos a levantarla y mantenerla en alto contra viento y
marea. Contra todas las fuerzas que se nos opondrán.
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Diría que el proceso de
integración no es solamente económico, sino también político. ¿Por qué no
podemos pensar nosotros, pero con seriedad, en ponernos a trabajar en cada
país con núcleos pequeños, con la idea de que es posible, para el próximo
siglo, una Confederación de Estados Latinoamericanos y Caribeños. O lo
hacemos, o nos seguiremos hundiendo. No tenemos alternativa.
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Podemos ser tan cobardes de
ver la realidad y esconder la cabeza como el avestruz y dejarle todo a
nuestros hijos. Es nuestra tarea, es nuestra pelea, no la de la generación
que viene. Se trata del destino de los que no han nacido inclusive.
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¿Piensa presentarse a
elecciones?
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Según algunas encuestas si
hoy fueran las elecciones, mañana yo sería presidente. Otros dicen que no,
que votan a los políticos tradicionales, o a voltear el tablero. Pero la
jugada de ajedrez yo creo que tiene un jaque mate. Hoy, mañana o pasado,
están de jaque mate.
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Tenían que modificar el
tablero y por eso nos señalan ya no como guerrilleros, sino como que
estamos reuniendo gorilas en Latinoamérica, para revivir la internacional
de las espadas. Su objetivo es aniquilarnos políticamente, moralmente,
ante el pueblo venezolano. Y ante lo que más temen: las fuerzas armadas
venezolanas, cuya mayoría está con nosotros.
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El gobierno de Rafael Caldera
existe gracias a nuestra rebelión. Caldera no tenía ninguna expectativa de
ser presidente. Era un muerto político. Eso lo sabe él también. El 4 de
febrero, cuando todavía había plomo en las calles y sangre caliente y
algunos de nosotros ya estábamos presos, él fue el único político que se
levantó en el Congreso Nacional y supo interpretar el momento. Y cuando
los políticos tradicionales pidieron hasta muerte para nosotros, él dijo
“no, un pueblo con hambre no defiende la democracia. Ante todo el país”.
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Si el Dr. Caldera no logra un
equilibrio más o menos estable, que hasta ahora no ha logrado ni dio
justificación, puede pasar cualquier cosa: una rebelión popular de nuevo;
otra rebelión militar; un golpe de Estado; una guerra provocada con
Colombia para evocar el sentir nacional que pudiera darle fuerza al
gobierno. Cualquier cosa.
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Caldera está casado con el
pacto viejo. Y debería romper. Que rompa las cadenas de lo viejo y se
ponga al frente del proceso de cambio. El lo podría hacer, llamando a
Asamblea Constituyente. Se lo he dicho. Pero no ha querido. Y ha hecho
pactos con el Congreso, con las fuerzas de la corrupción y la crisis sigue
incrementándose.
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Nosotros quisiéramos que él
escriba la historia, pero la historia de los venezolanos. Que escriba
nuestro proyecto mismo. Porque cuando se desatan las pasiones, se escapan
de las manos. Y pudiera ocurrir hasta una invasión premeditada, para
provocar una guerra.
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Las próximas elecciones
presidenciales son en el '98. Si llegamos al '97 y el proceso continúa de
esta manera y nosotros mantenemos la expectativa y el pueblo venezolano
sigue favoreciéndonos (y es-tamos trabajando duro para que así sea),
realmente estoy dispuesto a ser candidato a presidente. A las elecciones
del '98 las llamo la gran batalla de fin de siglo, porque hay elecciones
para presidente, gobernadores, Congreso Nacional, poder local y poder
municipal. Yo creo que la realidad venezolana no tiene solución por
partes, por eso no vamos a elecciones ahorita. Les he dicho que no a
muchos amigos y compañeros que dicen que me presente como candidato a
gobernador de una provincia. En Venezuela el régimen presidencialista es
casi monárquico. Es el poder económico. El poder judicial corrompido. El
narcotráfico metido hasta los tuétanos en el sistema.
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En el escenario del '98,
nosotros llegaríamos como un ejército alistado en el Frente Bolivariano,
bien organizado, ese frente cuya consolidación estamos buscando desde hace
ya tiempo. Con un proyecto claro, además. No queremos llegar a improvisar.
Todo un proyecto económico y político, de relaciones internacionales, que
estamos comenzando a abrir y consolidar. Aspiramos a obtener en ese
escenario, la mayoría de las gobernaciones y alcaidías, la presidencia de
la República y mayoría en los Congresos.
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Algunos identifican su
propuesta con la antigua idea de un frente cívico-militar
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Planteamos una fusión
cívico-militar, pero no militar para gobernante, sino militar en retiro.
Un civil, un militar, cualquier otro, pero no militares uniformados en el
gobierno. A los militares sí incorporarlos a la labor de desarrollo. Y eso
lo comparte la mayoría de los militares.
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¿Existe en Venezuela algún
partido que plantee en su plataforma defender los derechos de los más
desprotegidos o esos partidos representan sólo los intereses de la
burguesía?
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Exacto. Las diferencias
sociales en Venezuela son cada vez más profundas. Y los partidos políticos
representan los intereses de la burguesía. En este sentido, los más
necesitados no tienen representación dentro del sistema. Pero el
bipartidismo está herido de muerte. Ellos se están reacomodando, haciendo
piruetas. Pero ya no tienen excusas. Hay una abstención que llegó al 90
por ciento. Nuestra gente se nutre de esa realidad; gente que no cree y
que nos está apoyando. Nos va a apoyar hasta la muerte. Por eso creemos
que vamos a barrer a ese bipartidismo.
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¿Y el movimiento sindical?
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Ahora está en manos también
de esos partidos; en manos de la corrupción. Los obreros afiliados a los
sindicatos son la minoría. El resto anda disperso. El obrero está
desprotegido totalmente. Ahora también, están proponiendo estos partidos y
el Congreso eliminar una retroactividad y con un decreto hacer trabajar al
obrero 10 hs por día, con lo cual estamos retrocediendo un siglo en las
tantas luchas obreras.
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¿Se puede decir entonces que
la realidad de todos los países latinoamericanos se parece bastante?
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Sí; se está pareciendo
muchísimo. Y es por eso que nosotros estamos buscando un retorno a la
historia. Un retorno a las luchas de América.
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En lo que hace al proyecto
económico de integración ¿recibió ya alguna respuesta en Argentina?
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El horizonte de la
integración hay que acometerlo lo más pronto posible. Hemos hablado con
empresarios allá y aquí. Hay empresarios argentinos que tienen inversiones
petroleras allá. Y en Venezuela hay muchas empresas de capital
internacional (Colombia, Panamá). Estamos diseñando proyectos, pero habría
que comenzar en cada país ya a mediano o corto plazo.
“Debemos quemar los planes de guerra de
las fuerzas armadas”
Fragmentos de los discursos de Fidel
Castro y Hugo Chávez en el acto efectuado en el aula magna de la Universidad
de La Habana en diciembre de 1994
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