
Tres autores, por Esteban
Moore
Jorge Luis Borges
César Fernández Moreno
Alberto Girri
Jore Luis Borges
Los gauchos
Quién
les hubiera dicho que sus mayores vinieron por un mar,
quién les hubiera dicho lo que
son un mar y sus aguas.
Mestizos de la sangre del hombre blanco, lo tuvieron en poco,
mestizos de la sangre del hombre
rojo, fueron sus enemigos.
Muchos no habrán oído jamás la palabra gaucho, o la habrán
oído como una injuria.
Aprendieron los caminos de las estrella, los hábitos del aire y del
pájaro, las profecías de las
nubes del Sur y de la luna con
un cerco.
Fueron pastores de la hacienda brava, firmes en el caballo del
desierto que habían domado esa
mañana, enlazadores,
marcadores, troperos, hombres de la
partida policial, alguna vez
matreros; alguno, el escuchado, fue
el payador.
Cantaba sin premura, porque el alba tarda en clarear, y no alzaba
la voz.
Había peones tigreros; amparado en el poncho el brazo izquierdo,
el derecho sumía el cuchillo en el
vientre del animal,
balanzado y alto.
El diálogo pausado, el mate y el naipe fueron las formas de
su tiempo.
A diferencia de otros campesinos, eran capaces de ironía.
Eran sufridos, castos y pobres. La hospitalidad fue su fiesta.
Alguna noche los perdió el pendenciero alcohol de los sábados.
Morían y mataban con inocencia.
No eran devotos, fuera de alguna oscura superstición, pero la
dura vida les enseñó el culto del
coraje.
Hombres de la ciudad les fabricaron un dialecto y una poesía
de metáforas rústicas.
Ciertamente no fueron aventureros, pero un arreo los llevaba muy
lejos y más lejos las guerras.
No dieron a la historia solo caudillo. Fueron hombres de
López, de Rámirez, de Artigas,
de Quiroga, de Bustos,
de Pedro Campbell, de Rosas, de
Urquiza, de aquel Ricardo
López Jordán que hizo matar a Urquiza,
de Peñaloza y de Saravia.
No murieron por esa cosa abstracta, la patria, sino por un patrón
casual, una ira o por la invitación
del peligro.
Su ceniza mortal está perdida en remotas regiones del continente,
en repúblicas de cuya historia nada
supieron, en campos de
batalla hoy famosos.
Hilario Ascasubi los vio cantando y combatiendo.
Vivieron su destino como en un sueño, sin saber quienes eran
o qué eran.
Tal vez lo mismo nos ocurre a nosotros.
César Fernández Moreno
Argentino hasta la muerte (1954) (fragmentos)
a Buenos Aires la fundaron dos veces
a mí me fundaron dieciséis
ustedes han visto cuantos tatarabuelos tiene uno [...]
nací por fin hermanos
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina
nacía en Chascomús en Buenos Aires
nací en tantos lugares casi todos con agua
cuando empezó mi desarrollo se acabó el país
una hija me nació de cada oreja
fallecí en una playa de Vigo
vuelvo a nacerme cada vez que amo
me naceré en París con lluvia fina
porque yo hermanos igual que Buenos Aires
no estaba aquí me trajeron de Europa [...]
ma de qué argentino me estás hablando
qué clase de argentino sos vos que no sos italiano
pa'ser bien argentino tenés que ser semita
momentito momentito que yo soy del Moreno
sí yo simulé educarme en ese colegio nacional
una dos y tres el Moreno otra vez
allí aprendí el eppur de Galileo y la pizza de Tuñín
no es cierto Gennarelli Robiglio
allí me amontoné con esos otros argentinos de perfil asirio o
bereber
no es cierto Grosman Paley
y todo era lo mismo todos gritábamos cuando pasaba cualquier
mujer
no es cierto Robiglioman Grosmicelli [...]
y bueno ésta es una tierra así
montones de fausto natural de miseria natural
poquitos aborígenes que ya no son problema
puñados de blancos puñados de grises sueltos entre las leguas
o de pronto envasados a presión a la orilla de un río teratológico
pero sueltos también
cada cual solito por la calle Florida
qué sobresalto si alguien nos dirige la palabra en el subte
gracias a dios el tango nos unifica
la política en cuanto parece un tango
qué más nos unifica no entiendo esta unidad
algunos ficheros tal vez [...]
...en cuanto a vos patria
sí patria a vos te estoy hablando
a vos ésa que está detrás de la palabra
vos che cielo favorito de los cúmulos cielo alambrado por el arco iris [...]
yo pongo sobre vos y nada más que sobre vos todo mi cuerpo
a esta luz me dieron a esta luz me doy
y bueno soy argentino
Alberto Girri
El poema como idea de la poesía
Que la finalidad
sea provocar el sentimiento
de las palabras,
y alcanzar
el desafío de la expresión,
perseguir objetos
que se ajustan al sentimiento,
hundirse en objetos
hasta la emoción adecuada,
está probado,
y tanto, probado y probado,
como no lo está
el que en esos tránsitos
la pendencia madre sea
por dónde va la inspiración,
"si en frío o en caliente",
y no lo está
que haya que seguir a Homero
entre las musas, su rogar que lo asistan,
y a Platón
saludando hermosos versos
más en mediocres pero iluminados
que en sagaces y hábiles exclusivamente
al amparo de sus propias fuerzas,
y a Dante, el reclamar
la invención de dioses
acaso sin creer en ellos:
O buono Apollo, all'ultimo lavoro
fammi del tuo valor...
Pero tampoco ninguna
terminante prueba hacia lo opuesto,
que el poema
se conduzca en la mente como un
experimento en una ciencia natural,
y que la aptitud
combinatoria de la mente sea
la sola inspiración reconocible.