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EL ESTILO DE
VIDA DE LOS ADVENTISTAS
El
grupo de población que ha suscitado un mayor interés entre los
investigadores, es el de los miembros de la Iglesia Cristiana
Adventista del Séptimo Día, repartidos por todo el mundo en
204 países. Los adventistas siguen, en general, una dieta
ovo-lacto-vegetariana (algunos vegetariana pura, sin huevos ni
lácteos), rica en frutas, cereales integrales, verduras y
hortalizas; además, practican un estilo de vida sano, exento
de tabaco, bebidas alcohólicas y otras drogas. Desde hace más
de cien años, los adventistas vienen practicando este estilo
de vida con notables resultados.
Los efectos de sus
costumbres son tan llamativos, en cuanto a una mejor salud y
una mayor longevidad, que han atraído la atención de
investigadores de todo el mundo. Las más prestigiosas revistas
científicas han publicado estudios sobre la salud de los
adventistas.
Existen más de 150
estudios de investigación realizados sobre este singular grupo
de población, compuesto por personas de las más diversas razas
y culturas. En todos estos estudios se constata que los
adventistas disfrutan de una mejor salud que el resto de la
población:
-
Menos infartos (un 45%
menos que la población en general)
-
Menos casos de cáncer, tanto de pulmón (hecho que podría
explicarse por su abstinencia de tabaco), como de estómago,
o de colon (lo que podría estar directamente relacionado con
la dieta pobre o exenta en carne). También se observan menos
casos de cáncer de mama, de próstata o de otros órganos que
no tienen una relación directa con los hábitos o con la
alimentación. Esto muestra que la acción preventiva de una
dieta y un estilo de vida sano influyen sobre el conjunto de
todo el organismo, y no solamente sobre un órgano concreto.
Muchos investigadores se
han preguntado
¿En qué se basan los
adventistas para haber adoptado estos hábitos de vida sana?
¿Qué motivación los guía para ello?
Parten de
la base de que, tal como relata Moisés en el libro del
Génesis, Dios creó al ser humano vegetariano. Los cereales y
las frutas fueron el primer alimento provisto para la especie
humana.
Los
adventistas se adhieren a aquella declaración de san Pablo en
la que dice. “¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del
Espíritu Santo, que está en vosotros, que tenéis de Dios, y
que no sois vuestros? porque habéis sido comprados por
precio. Por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo.”
Los adventistas tienen
muy claro que la buena salud no es el resultado de la
casualidad, sino que proviene del respeto a las leyes
naturales que el Ser Supremo ha establecido, y que conocemos
gracias al estudio de la anatomía y de la fisiología humana.
Los adventistas son personas que tienen una
esperanza. Esto ya es de por sí un motivo de buena salud.
Fundamentan su fe en la promesa del advenimiento de “un cielo
nuevo y una tierra nueva, donde habita la justicia”, en los
que no habrá más sufrimiento ni dolor, y donde los seres
humanos y la naturaleza entera volverán a tener el esplendor
y la belleza que poseyeron en un principio.
Son muchos los pueblos y
grupos sociales que, por distintas razones y motivaciones, han
llegado a la conclusión de que la alimentación a base de
vegetales es la más saludable y satisfactoria para el ser
humano.
Es curioso observar como
en los países desarrollados de Occidente, donde la dieta
cárnica está tan arraigada, hay cada vez más interés por la
alimentación a base de vegetales. Los hábitos, la salud y la
ciencia, están cada vez más de acuerdo.
Universidades tan
famosas como la de Yale, de Estados Unidos, ofrecen a sus
alumnos un menú con alimentos vegetarianos, integrales y
ecológicos. Las hamburguesas y los filetes con papas fritas,
que durante tantos años fueron los preferidos de los jóvenes
en los países desarrollados, están siendo sustituidos por los
productos elaborados a base de soja, los cereales integrales
en diversas presentaciones, las ensaladas, y las hortalizas
procedentes de cultivos biológicos, sin conservantes,
colorantes ni otros aditivos.
En los últimos años, los
investigadores y expertos en nutrición han comprobado que es
más importante la calidad de los alimentos, que la cantidad;
que las necesidades de proteínas son menores de lo que se
pensaba, y que el problema de la nutrición de los países
desarrollados es precisamente el excesivo consumo de alimentos
de origen animal, de grasa y de azúcar, y la falta de
productos vegetales (fruta, cereales y hortalizas).
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