Almirante Thrawn






El Gran Almirante Thrawn

Hubo un tiempo, en el momento de máximo poder del Imperio, en el que las Fuerzas Imperiales estaban controladas por doce Grandes Almirantes, que respondían directamente ante el Emperador. Cinco años después de la Batalla de Endor tan sólo uno de esos genios militares sobrevive: el Gran Almirante Thrawn. Thrawn era un hombre de aspecto regio pero no enteramente humano: su pelo era de un reluciente negro azulado, su piel de un color azul pálido y sus ojos de un rojo brillante parecían tan amenazadores como lo era la máscara de Vader en sus días.

Thrawn había pasado la mayor parte de su carrera en las Regiones Desconocidas, poniendo bajo control Imperial a los mundos bárbaros que se esparcen por allí, asímismo, Thrawn jugó un papel primordial en la derrota del Almirante renegado Zaarin antes de la Batalla de Endor. Todos estos éxitos le hicieron ascender deprisa hasta ganarse el título de Señor de la Guerra y el uniforme blanco de Gran Almirante. Esto era un hecho sin precedentes teniendo en cuenta la conocida xenofobia del Emperador: Thrawn fue el primer (y único) alienígena en ser admitido en la hermandad de los Grandes Almirantes.

El Gran Almirante era un genio militar. Su mente era muy flexible y era capaz de hallar correlaciones entre hechos aparentemente desconectados y de responder con eficacia a situaciones rápidamente cambientes. Asimismo era un gran estratega, conociendo cada táctica y contratáctica empleada por el Imperio o la Alianza. Todo esto le permitía a menudo lograr la victoria desde lo que parecía una clara derrota.

Una de las pasiones del Gran Almirante era el Arte. Thrawn había convertido la sala de recreo del comandante de su nave insignia en su cámara privada de meditación. Allí se sentaba a menudo, rodeado de muestras holográficas de los mayores tesoros artísticos de la Galaxia. Thrawn estudiaba el arte de sus enemigos para entenderlos, y una vez conocida su forma de actuar, les derrotaba de la forma más eficiente posible.

Justo antes de la Batalla de Endor, Thrawn partió de nuevo a las Regiones Desconocidas. Cinco años después regresó para encontrarse con el Emperador muerto y el Nuevo Orden en ruinas. Rápidamente, Thrawn reunió una flota y trabajó para reorganizar los restos del Imperio y conducirlo a su antigua gloria. Para ello contó con la ayuda de los Comandos privados del Emperador, los Noghri, y una flota de cinco Destructores Estelares de la clase Imperial. Pronto consiguió reforzar sus filas con el descubrimiento de la flota Katana, formada por unos doscientos acorazados perdidos en los días de la Antigua República y con el descubrimiento de los ysalamiri: estos animalitos poseen la capacidad de crear burbujas que repelen la Fuerza. Gracias a ellos consiguió acelerar el proceso de clonación de tropas, reduciéndolo a unas pocas semanas, y contar con los servicios del Maestro Jedi loco Joruus C'baoth, gracias al cual pudo coordinar los ataques de la Flota con una precisión nunca antes vista en la Historia Galáctica.

Además, Thrawn sabía manejar a sus hombres; utilizaba ciertas dosis de miedo, pues el miedo es una fuerza motivadora muy poderosa en un ejército del tamaño del Imperial; pero también sabía infundir en sus hombres un sentimiento de orgullo. Thrawn hizo que sus hombres estuvieran orgullosos de ser soldados Imperiales, y un soldado orgulloso es dificil de derrotar.





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