Instrucción del gobernador de
la ciudad, el visir Ptah-hotep, bajo el reinado de Su Majestad el rey del Alto y del Bajo
Egipto Isesi -¡que viva para siempre!-.
El gobernador y visir Ptah-hotep dijo: «Señor,
dueño mío! La vejez ha llegado, la edad mayor ha llegado, la desdicha está ahí; la
debilidad reaparece y por ella hay que estar acostado todo el día; la vista baja, los
oídos están sordos, la fuerza falla debido al cansancio; la boca está callada y ya no
puede hablar; el espíritu tiene ausencias y ya no se acuerda de ayer; los huesos me hacen
sufrir por todas partes. Lo que era bueno se ha vuelto malo, todo sabor ha desaparecido;
la nariz, obturada, ya no puede respirar; seguir en pie, sentarse: todo es fatigoso. ¡Lo
que la vejez hace a los hombres es malo en todos los aspectos!
¡Permítase a tu humilde servidor escoger un cayado
para su vejez, a quien pueda repetir las palabras de los jueces, los consejos de los que
antaño fueron y que entonces obedecían a los dioses! ¡Que ocurra lo mismo contigo, para
que el mal se aleje del pueblo y te sirvan las Dos Orillas!». Entonces la Majestad de ese
dios habló así: «Enséñale I lo que se dijo en el pasado, de manera que sea un buen
ejemplo para los hijos de los dignatarios y penetren en él el juicio y la exactitud.
Háblale, ya que nadie es sabio de nacimiento».

Aquí dan comienzo las máximas del hermoso discurso que pronunció
el noble conde, padre del dios, el propio hijo mayor del rey, gobernador de la ciudad, el
visir Ptah-Hotep, para enseñar al ignorante el saber según las reglas del buen discurso,
fuente de felicidad para quien lo escuche y de desgracia para quien lo rechace. Así es
como habló a su hijo:

Modestia.- 1. «No seas arrogante por tu saber, sino
consulta al hombre sin cultura tanto como al sabio, ya que nunca se alcanza una
competencia total y nunca el artesano domina plenamente su arte. / La buena palabra está
más oculta que la malaquita, pero se la encuentra en casa de las esclavas de los molinos.
2. Si te encuentras como enemigo en el debate con un
hombre revestido de autoridad y que es superior a ti, baja el brazo y dobla la espalda; si
no estás de acuerdo con él, él no se plegará a tu parecer. Haz poco caso del
malediciente y no discutas sus palabras; será tachado de ignorante cuando tu sangre fría
haya igualado a su impertinencia.
3. Si te encuentras como enemigo en el debate con un
hombre igual a ti, un hombre a tu nivel, que tu virtud se manifieste contra él por medio
del silencio cuando él hable con malicia. Los oyentes hablarán mucho de ello y tu fama
será buena en la opinión de los magistrados.
4. Si te encuentras como enemigo en el debate con un
hombre modesto que no es igual a ti, no seas agresivo con él en proporción con su
humildad. Déjalo; él mismo se convencerá de error. No lo atosigues para descargar tu
resentimiento, no pase tu cólera sobre tu adversario, pues es miserable el que destruye a
un débil de espíritu. (De todas formas) se hará lo que tú desees; triunfarás de él
por la desaprobación de los magistrados.
La justicia permanente.- 5. Si eres un jefe y
controlas el destino de la gente, busca todo lo que es bueno hasta que no haya falta
alguna en tu manera de gobernar. / La verdad es una gran cosa y sus efectos permanecen;
nunca ha sido tomada en falta desde el tiempo de Osiris. Se castiga al que conculca las
leyes, y es una transgresión (incluso) a los ojos de la gente rapaz. La ruindad destruye
la riqueza, y la injusticia nunca ha llevado su empresa a buen puerto. (El injusto) dice:
«Yo adquiero para mí», y no: «Yo adquiero por medio de mi oficio»; pero cuando llega
el fin, es la justicia la que permanece. Eso es lo que un hombre recibe de su padre.
6. No inspires terror a los hombres, pues (entonces)
también se rechaza al dios. Uno esperaba vivir gracias a él (el terror), pero
(finalmente) se quedó sin pan que comer. Otro esperaba enriquecerse gracias a él y
decía: «Voy a coger eso que estoy viendo, voy a quitarle algo a otro», y al final se lo
tiene que dar todo a alguien que ni siquiera conoce. / Nunca el terror del hombre ha sido
eficaz; sólo es eficaz el decreto del dios. Propónte vivir en paz, y lo que den las
gentes vendrá de buen grado.

Ante los grandes.- 7. Si te
encuentras entre los huéspedes de un hombre mayor que tú, acepta lo que él te dé, sea
lo que sea lo que ponga ante ti. Mira lo que esta delante de ti. No traspases a ese hombre
/ clavando en él la mirada, pues el «ka» siente disgusto cuando se le molesta. No le
hables antes de que él te llame, pues nadie sabe lo que le puede disgustar. Háblale
cuando se dirija a ti, y lo que digas le agradará. En cuanto al dignatario encargado del
alimento, su actitud depende de la disposición de su «ka». Dará a su favorito, ya que
(así es como) se realiza el consejo de la noche, y es el «ka» quien extiende los
brazos; un dignatario da (solamente) al que ha podido convertirse en hombre (distinguido).
Comer pan depende de la decisión del dios; sólo un ignorante se quejaría de él.
El mensajero.- 8. Si eres la
persona de confianza que uno envía a otro, sé perfectamente exacto cuando él te envíe.
Trata el asunto como él dijo; evita un lenguaje calumnioso que podría enredar a un
poderoso con otro, deformando la verdad. No debe repetirse una palabra de cólera, grande
o pequeña; y eso indispone al «ka».
Ricos y pobres.- 9. Si eres
agricultor, que esto brote en tu campo y que el dios llene tu mano; note jactes en
presencia de tu parentela, pues se tiene en gran consideración al que sabe callarse. Si
un hombre virtuoso se hace rico, en el tribunal se le pega la lengua como un cocodrilo. No
hagas valer tu crédito sobre el que carece de hijos, ni te burles (de él) jactándote de
los tuyos; algún padre pasa pena y alguna madre que ha dado a luz; ¡otra puede ser más
feliz que ella! Un hombre solo a quien el Dios hace prosperar da envidia a un jefe de
tribu.
1O. Si eres un hombre humilde al servicio de un
rico, que toda tu conducta sea buena ante el dios. Si sabes que antaño él era pobre, no
seas arrogante con él por lo que tú sabes de su pasado; respétalo incluso en virtud de
su elevación, ya que la fortuna no viene sola: tal es su ley para el hombre que la desea.
Si resulta sobreabundante, se respeta a su poseedor, pues el dios es el que lo ha hecho
rico y lo protege hasta cuando duerme.
El tiempo del deseo.- 11. Sigue tu
deseo mientras estés con vida, y no hagas más que lo que está dicho; no abrevies el
tiempo en que sigues tu deseo, pues perder ese tiempo indispone al «ka». No uses I el
tiempo del día más de lo que requiere el cuidado de tu casa. Cuando llegan las riquezas,
sigue tu deseo, pues las riquezas no aprovechan cuando se descuida el deseo.
Padre e hijo.- 12. Si eres un
hombre rico, engendra un hijo que encuentre el favor del dios. Si es leal, sigue tu
ejemplo y se cuida de tus bienes convenientemente, entonces hazle todo el bien posible,
pues es tu hijo, que tu «ka» ha engendrado para ti. No apartes de él tu corazón, pues
a un vástago le gusta contradecir. Si se extravía y no sigue tus consejos, si discute
todo lo que se le dice y murmura malas palabras, castígale por todas sus palabras,
demuéstrale que estás descontento; / es que tiene el fracaso metido en el cuerpo. Al que
(los dioses) guían no puede extraviarse, pero al que ellos privan de barca no puede
atravesar.
En el tribunal.- 13. Si estás en
el vestíbulo (del tribunal), pórtate según el procedimiento que se te asignó el primer
día. No pases si no te admiten. Molesta el que entra por influencias; sólo entra
libremente aquel que es citado. El vestíbulo / sigue una regla estricta y hay que
portarse en él según la ley; el dios es el que hace avanzar y los que van dando codazos
no acaban bien.
El hombre de confianza.- 14. Si
estás en medio de la gente, escoge como colaborador a un hombre de confianza, pues un
hombre de confianza no deforma las ideas en su seno. El mismo se hará jefe y poseerá
bienes en virtud de su conducta. Entonces tu fama será buena sin que tengas que hablar;
tu cuerpo estará bien alimentado, tu rostro se volverá a los tuyos y vendrán a
presentarte lo que te es desconocido. Pero el que obedece al vientre, recoge antipatía /
en lugar de amor; su corazón está triste y su cuerpo no está bien ungido. Alegre es el
corazón de aquellos que el dios colma, pero el que obedece a su vientre pertenece al
enemigo.
Al regreso de una misión.- 15. Da
cuenta de tu misión sin disimular nada; en el consejo de tu amo, expón tu conducta.
Ciertamente, cuando el amo dice «no» de forma desmesurada, es difícil al mensajero
hacer su informe sin responder: «¿Quién es entonces el que lo sabe?». Pero...,
¿cometería un error el noble en su propio asunto? Si decide oponerse al mensajero a este
propósito, él guardará silencio diciendo: «He hablado».
Los deberes de un jefe.- 16. Si
eres un jefe, administra con amplitud de miras lo que se te ha confiado y harás cosas
importantes. Piensa en los días venideros, de forma que no surja ningún asunto molesto
en medio de los favores; si no, se introducirá un cocodrilo y se presentará el odio.
17. Si eres un jefe, sé indulgente cuando escuches las palabras de un
pedigüeño. No lo maltrates hasta que haya vaciado su vientre de lo que se proponía
decirte. Para el oprimido es más importante aliviar su corazón que ver cómo se realiza
aquello por lo que había venido. Del que rechaza las peticiones se dice: «Por qué las
rechaza?». Aunque no puede concederse todo lo que reclama (el demandante), escucharlo con
benevolencia es un alivio para el corazón.
Las mujeres.-
18. Si deseas conservar la amistad en una casa en donde entras como amo, como hermano o
como amigo, donde entres guárdate de acercarte a las mujeres, pues nada bueno ocurre en
donde eso se hace. La mirada que las observa nunca es demasiado precavida, innumerables
hombres se dejan apartar (así) de lo que es bueno para ellos. Un corto instante, la
apariencia de un sueño, y la muerte os alcanza por haberlas conocido; (..) no lo hagas,
es realmente una abominación y cada día te verás libre de toda sequedad del corazón.
Pero a quien caiga por codicia de ellas, ningún proyecto le saldrá bien en sus manos.
La avaricia.- 19. Si deseas que tu
conducta sea buena, apártate de todo mal. Guárdate de un acto de avaricia: es una
enfermedad mala e incurable; hace imposible la confianza; enzarza a padres, madres y
hermanos uterinos; separa a la mujer y al marido; es una acumulación de todo lo que hay
de malo y un saco de todo lo que es odioso. El hombre subsiste cuando el derecho es su
línea de conducta y sigue recto su camino; / consigue así fortuna, mientras que el avaro
no tendrá un sepulcro.
20 No seas ambicioso en el reparto, no ambiciones
nada fuera de lo que te pertenece. No seas codicioso con tus parientes, pues la
reclamación del hombre manso tiene más fuerza que la del brutal. Este recibe muy poco de
los suyos y no obtiene más que negativas cuando pide. Hasta una parte insignificante de
lo que ambiciona transforma a un amigo en un litigante.
La esposa.- 21. Si gozas de
bienestar, funda un hogar, ama a tu esposa en tu casa como corresponde. Aliméntala bien,
viste sus espaldas; el ungüento es un remedio para su cuerpo. Alegra su corazón
mientras vives, pues es una tierra rentable para su No la juzgues, pero tampoco la pongas
en posición de fuerza (..) su mirada es como viento de tempestad. Aplaca su corazón con
lo que te toque; seguirá viviendo en tu casa. Si la rechazas, habrá lágrimas. El acto
conyugal es lo que ella da en compensación de su mantenimiento; lo que ella espera es que
se haga para ella un canal (de irrigación).
Amistad y regalos.- 22. Da gusto a
tus amigos con lo que te toque; eso es posible para aquél a quien el dios favorece. Del
que no da gusto a sus amigos, se dirá: «¡Es un «ka» egoísta! ¡Un verdadero «ka»
es un «ka» del que se está satisfecho!». Nadie sabe lo que puede ocurrir de forma que
pueda preverse el mañana. Si vienen los reveses sobre los que (ahora) están favorecidos,
serán sus amigos los que digan: «Bienvenidos!». Al faltar apoyo en la localidad, se
recurre a los amigos en caso de apuro.
La calumnia.- 23. No repitas una
calumnia ni la escuches, porque es obra de un hombre irascible. Repite lo que has visto, y
no lo que has oído solamente. Si es algo sin importancia, no digas nada; tu interlocutor
conocerá (tu) virtud. Está mandado impedir que (la maledicencia) se exprese; pero el que
está encargado de cogerla (?) se hace odiar como la ley. La calumnia es como un sueño
ante el cual se oculta la cara.
En el consejo.- 24. Si eres un
notable y tienes asiento en el consejo de tu amo, recoge tus espíritus. Cállate; eso es
más útil que (las plantas) teftef; habla tan sólo cuando creas que puedes aclarar el
asunto. Al experto le toca hablar en el consejo, pues la palabra es más difícil que
cualquier otro trabajo y sólo da autoridad a quien la domina a fondo.
25. Si eres poderoso, hazte respetar por tu saber y
por la calma de tu lenguaje. No des órdenes más que pensándolas bien: el que irrita,
tiene problemas. No seas altivo, por miedo a ser humillado. No te quedes mudo; te
reprocharían. Cuando respondas a un encolerizado, aparta tu rostro, contrólate. La llama
de un arrebatado (pronto) se apaga, y cuando un hombre procede con moderación, su camino
se allana. El que está todo el día sombrío, nunca tendrá buen tiempo; el que todo el
día es frívolo, nunca asentará su casa. El que no se preocupa es como el que tiene
timón: deja de lado un asunto y se queda con otro; (pero) el que escucha a su
corazón dirá: «¡Ah, si solamente...!».
Al servicio de los grandes.- 26. No
te opongas a la acción de un grande; no molestes a un hombre importante, pues su rencor
se levantará contra quien le es hostil, mientras que su benevolencia caerá sobre el que
lo ama. El que se muestra benévolo está con el dios, y sucede lo que él desea. Busca la
calma tras la tempestad. La satisfacción viene de su benevolencia, pero el rencor viene
de un enemigo. La benevolencia es la que hace crecer el amor.
27. Informa a un grande de lo que le es útil; I haz
de modo que sea recibido entre la gente, que su sabiduría influya en su amo, y obtendrás
tu subsistencia de parte de su «ka»; el estómago del favorito quedará saciado, y tu
espalda será vestida. Si es guiado tu brazo, podrás ocuparte de la vida de tu casa bajo
el amo que tú amas. El vivirá de ella y te prestará su asistencia. La tranquilidad
durará largo tiempo, pues tu amor está en la intimidad de los que te aman. Mira, ¡el
que se complace en obedecer es realmente alguien!.
En el tribunal.- 28. Si actúas
como funcionario destinado al tribunal, como un encargado que tiene que congraciarse con
la gente, sé imparcial en tu juicio cuando hables y no te inclines a un solo lado.
Procura que (el litigante) no refiera su asunto a los magistrados para orientar la
decisión en su favor. Orienta tu acción hacia la verdadera justicia.
29. Si has sido indulgente en un asunto pasado y has
decidido en favor de un hombre por causa de su derecho, (luego) déjalo y no pienses más
en él, (aunque) desde el primer día se haya mostrado silencioso contigo.
El orgullo de la riqueza.- 30. Si
te has hecho grande después de haber sido pequeño, y si haces fortuna después de haber
conocido la pobreza en la ciudad que tú conoces, no te jactes de lo que hayas adquirido.
No te fíes de tus riquezas, que sólo han venido por un don del dios; correrías el
riesgo de ser superado por uno de tus iguales a quien le haya pasado lo mismo.
31. Dobla la espalda ante tu superior, y tu
intendente en palacio; entonces tu casa subsistirá sobre sus cimientos y tu salario
llegará a su debido tiempo. Mal le va a quien se opone al superior, pues sólo se vive
mientras dura su indulgencia. (Además), el brazo no se tuerce cuando se extiende (para
saludar).
El robo.- No desvalijes la
casa de los vecinos, ni robes los bienes de tu prójimo, no sea que se queje de ti hasta
que oigas decir: «¡Eso es obra de un corazón malvado!». El que oiga te llevará al
tribunal. Mal le irá a quien se oponga a sus vecinos.
32. No te acuestes con un muchacho, pues sabes / que
lo que está prohibido se hará necesario a su corazón y que nunca podrá calmar lo que
tiene en el cuerpo. Que no pase la noche haciendo lo que está prohibido, de forma que
pueda calmarse después de haber reprimido su deseo.
Para probar a un amigo.- 33. Si
intentas conocer el carácter de un amigo, no preguntes a uno de sus vecinos, sino trata
con él en privado hasta que dejes de preocuparte de su actitud. Algún tiempo después,
discute con él y prueba sus pensamientos con ocasión de una conversación. Si se le
escapa lo que ha visto, si intenta enfadarte contra él, lo guarda silencio o muéstrate
amigable con él; no apartes de él tu rostro. Sé prudente cuando revele un asunto; no
respondas en estado de agitación; no te alejes de él; no humilles. No dejará de llegar
su tiempo, pues nadie puede escapar de aquel que lo ha predestinado.
34. Sé liberal mientras vivas. Lo que sale del
almacén no podrá volver a él: es pan que hay que compartir y la gente está hambrienta
de ello. El hombre de vientre vacío es el que se queja, y el que critica se hace un
hombre descontento; ¡no intimes con él! La bondad, eso es lo que deja un hombre años
después de que (haya dejado) el cetro.
35. Conoce bien a tu prójimo mientras tienes
fortuna y no seas malhumorado con tus amigos; eso será sembrar a la orilla del río. Eso
es más importante que las riquezas, pues los bienes de uno pueden pasar a otro, pero el
(buen) carácter de un hombre de (elevada) posición le será útil a él mismo, y una
buena reputación se convertirá en un monumento.
Castigar a sabiendas.- 36. Castiga
severamente, reprende con rigor, pues la supresión del mal te hará famoso. Pero cuando
el perjuicio ha sido sólo accidental, le toca al que se queja intentar la acción.
La mujer frívola.- 37. Si te casas
con una mujer que es (..), que es frívola y bien conocida por sus paisanos, que es (...),
sé bueno con ella por algún tiempo, no la repudies, sino dale de comer. La mujer
frívola (...)
El arte de escuchar.- 38. Si escuchas lo
que te he dicho, tus proyectos serán excelentes, como los de de escuchar tus mayores. Su
verdad permanece, es su tesoro, y su recuerdo pasa a la boca de los hombres porque sus
máximas eran buenas. Cada una de sus palabras se transmite y ninguna se perderá jamás
en este país, pues llevan hacia el bien los pensamientos, y los nobles hablarán de
ellas. La enseñanza de un hombre está hecha para decírsela / a la posteridad: quien la
escucha se hará un maestro escuchando. Es bueno hablar a la posteridad; ella escuchará.
Si se realiza una buena acción por un hombre que tiene la categoría de jefe, su fama no
tendrá fin y su sabiduría será eterna.
El sabio cuida de su espíritu y así afianza en la
tierra su buena fortuna. Se reconoce al sabio por lo que sabe y al noble por sus buenas
acciones. Su corazón y su lengua están en armonía, sus labios son justos cuando
hablan, sus ojos ven, sus oídos se gozan en oír lo que es útil a su hijo. Así ocurre
con el que obra la verdad sin ninguna injusticia.
El hijo obediente.- 39. Para un
hijo obediente es útil escuchar. Si las cosas oídas penetran en el oyente, el que
escucha se hace capaz de oír (las quejas). El que escucha bien sabrá hablar bien. El que
escucha saca provecho de ello, pues escuchar viene bien al oyente. Escuchar es más
provechoso que cualquier otra cosa, pues así es como se hace uno amar. ¡Qué hermoso es
ver a un hijo aceptar lo que dice su padre! Alcanzará así largos años. El que escucha
es un hombre al que el dios ama, y el que no escucha es un hombre al que el dios detesta.
Es el corazón el que acostumbra a su posesor a escuchar o a no escuchar. El corazón de
un hombre es vida, prosperidad y salud. Todo oyente oye bien al que habla, pero sólo el
que se complace en escuchar obrará según lo que se dice. Qué hermoso es que un hijo
obedezca a su padre, y cómo se alegra aquél a quien se dice: «¡Qué hijo tan
brillante! ¡Cómo sabe obedecer!». El (hijo) dócil del que puede decirse eso es un
hombre enteramente recto y honrado por su padre. Su memoria estará en la boca de los
hombres, tanto de los que viven en la tierra como de los que vendrán.
40. Si un hombre de categoría acepta lo que dice su
padre, ninguno de sus proyectos fracasa. Tu educación tiene que hacer de tu hijo un
hombre obediente, que será bien acogido en la opinión de los responsables y guiará su
boca según lo que se le dijo. Un hijo tiene éxito cuando su conducta es distinguida,
pero el fracaso aguarda al que no obedece.
El necio.- 41. El sabio se levanta
pronto para asentar su situación, pero el necio se levanta pronto para agitarse. El
necio, que no quiere escuchar, no puede realizar nada. Considera el saber como la
ignorancia y las cosas provechosas como las nocivas; todo lo hace de forma reprensible y
se le encuentra en falta todos los días; vive de lo que hace morir y su alimento es
deformar las palabras. Su mal carácter es conocido por los responsables. De día en día
muere viviendo y si pasa sobre sus crímenes es por el gran número de problemas que trae
todos los días sobre sí.
Transmisión.- 42. Pero un hijo
obediente es un servidor de Horus, y todo va bien sobre él cuando ha obedecido. Alcanza
una gran edad en medio de honores y habla de la misma manera a sus hijos, renovando la
enseñanza de su padre, ya que cada uno enseña tal como ha vivido. Habla a sus hijos de
manera que ellos puedan hablar a su vez a sus propios hijos. Sigue un modelo, no ofendas a
nadie, afianza la verdad en la vida de tus hijos apenas venga el mayor con una mentira.
¡Ojalá las gentes venideras digan: «Este es como aquél»!, y ¡ojalá los que oigan
puedan decir también: «Es exactamente como aquél»! Y la gente estará satisfecha, sin
lo cual no se encuentra ningún provecho en las riquezas.
Dominio de la palabra.- 43. No
quites ninguna palabra, ni la añadas, ni pongas una en lugar de otra. Guárdate de abrir
(..) en ti mismo. Acecha la palabra del sabio y escucha, si deseas perdurar tú mismo en
la boca de los que te escuchan. Cuando hables, hazlo como un experto; habla a la
perfección y todos tus proyectos saldrán bien.
44. Reprime tus deseos, retén tu lenguaje; entonces
serás admitido entre los dignatarios. Sé perfectamente exacto con tu maestro y actúa de
forma que pueda decir: «¡Ese es mi hijo!», y que quienes oigan puedan decir: «¡Honor
al que te ha engendrado!». Sé paciente cuando hables y dirás cosas interesantes;
entonces los dignatarios que te oigan dirán: «¡Qué bien habla!».
Superar al padre.- 45. Actúa de
manera que tu maestro diga de ti: ¡«Qué buena educación le ha dado su padre! ¡Ha
salido realmente de él, pues lo que le dijo su padre tomó cuerpo en él y ha superado lo
que le dijo». / Mira, un buen hijo, tal como dios lo da, es aquel que supera lo que le
enseñó su maestro: cumple la justicia, ya que su corazón actúa según su decisión.
Deseos finales y balance de una vida ¡Ojalá te
unas conmigo, sano de cuerpo, con la satisfacción del rey por todo lo... y balance de una
vida que se haya hecho! ¡Ojalá vivas más largo tiempo que yo! Lo que yo hice en la
tierra no es cosa de poca monta: cumplí los ciento diez años de vida que el rey me ha
dado, gozando de favores muy superiores a los de mis antepasados, ya que obré con
rectitud para con el rey hasta el estado de bienaventuranza.
Acabado, desde el comienzo hasta el final, según lo
que se encontró en el escrito.
Instrucción
del rey Amenemes para su hijo Sesostris
Aquí comienza la enseñanza que hizo Su Majestad el rey del Alto y
del bajo Egipto, Sehetepibrê, el hijo de Rê, Amenemes, el justificado, hablando como
mensajero de la verdad a su hijo, Señor del universo.
Dice:
Tú que apareciste como un dios, escucha lo que voy
a decirte, para que puedas ser rey del país, gobernador de las Orillas, y conseguir un
aumento de bienestar.
Desconfía sobre todo de los subordinados: no son
nada, no hay que hacer mucho caso de su respeto. No te acerques a ellos cuando estés
solo. No te fíes de un hermano, no conozcas amigo, no te hagas / íntimos, pues esto no
trae ningún provecho. Cuando vayas a descansar, guarda tú mismo tu corazón, pues en el
día de la desgracia nadie tiene partidarios.
Yo di al pobre; eduqué al huérfano. Al que nada
tenía le hice prosperar como al que era rico. Pues bien, el que comía mi pan es el que
ha reunido facciosos contra mí; al que había tendido mis brazos, ése se aprovechó de
ello para crear el terror; los que llevaban mi lino fino lo han considerado como paja
(vulgar), y los que se perfumaban con mi mirra han escupido delante de mí.
Vosotros, que sois mis vivas imágenes, mis
herederos de entre los hombres, haced por mí una lamentación tal como nunca se oyó,
pues jamás se ha visto una lucha semejante. Pero los que combaten en el campo de batalla
caen pronto en el olvido, y la bondad no sirve de nada a quien no conoce al que debería
conocer.
Relato del asesinato.- Era después de cenar, y
había caído la noche. Me tomaba una hora de descanso en mi lecho, pues estaba cansado; y
empezaba a soñar, cuando levantaron armas contra los hombres de mi guardia. Reaccioné
como la serpiente del desierto: me desperté para la lucha cuerpo a cuerpo con la guardia.
Si hubiera podido precipitarme con las armas en la mano, habría hecho retroceder a los
culpables en desorden; pero nadie puede avanzar en medio de la noche, nadie puede combatir
solo y no puede salir airoso sin ningún defensor.
Mira, la agresión tuvo lugar mientras estaba sin
ti, antes de que la corte hubiera sabido que te transmitía el poder y antes de que me
hubiera sentado en el trono contigo. Por eso me gustaría aconsejarte, pues no me había
preparado para ello y ni siquiera lo había pensado. No se me había ocurrido la
negligencia de de los servidores. ¿Alguna vez las mujeres han entrado en combate? ¿Se ha
alojado alguna vez a los facciosos en la propia casa? ¿Se deja libre curso a las aguas o
se destruyen los sembrados de manera que la pobre gente se sienta frustrada de su trabajo?
Las obras del reinado. Yo nunca tuve ninguna
desgracia desde mi nacimiento y en las obras de valor nadie igualó mi fama. Marché hasta
Elefantina y luego volví hasta los marjales del Delta. Me preocupé de las fronteras del
país y vigilé el interior. Ensanché los límites de mi poder por la fuerza de mi brazo
y por mi coraje. Era el que recogía cebada, el amado de Neper; el Nilo me rendía honores
en toda su extensión libre y nadie pasó hambre en mi época.
Los hombres vivían en paz, gracias a lo que había
hecho, y hablaban de mí, pues todo lo que ordenaba estaba en su debido lugar. Domé
leones, capturé cocodrilos, aplasté a las gentes de Wawat, aplasté a los Madjoy, hice
partir a los asiáticos furtivamente, como a perros.
Consejos a Sesostris. Me construí una casa adornada de oro, con el
techo de lapislázuli, las paredes de plata, el suelo de madera de acacia, las
puertas de cobre, una obra hecha para la eternidad y preparada para durar siempre.
Reconozco que el poseedor de todo esto es el Señor del universo
[Sesostris].
¡Sesostris, hijo mío! Aunque mis pies se vayan, mi corazón sin
embargo no piensa más que en ti desde que mis ojos te vieron, nacido en un momento de
felicidad en presencia de los Celestiales que te reverenciaban.
Mira, yo hice el comienzo y tú encadenas el final.
Te he transmitido lo que hay en mi corazón, y tú has ceñido ahora la corona blanca del
retoño de los dioses. Las cosas selladas están en su sitio, gracias a las disposiciones
que tomé para ti. Hay una gran alegría en la barca de Rê, pues la realeza ha vuelto a
nacer en su estado primordial, gracias a aquel que actúa con amor, gracias a aquel que
hace proezas.
Construye tus plazas fuertes, restaura tus obras fortificadas,
guárdate de trabar conocimiento con la gente, pues no deseo que estén rodeando a tu
Majestad.
Acabado felizmente.


...Entonces me dirigí hacia el sur. No tenía la intención de ir a
esta Corte, pues pensaba que habría allí revueltas y no creía poder sobrevivir después
de ello. Atravesé las aguas de Maaty, en las cercanías del Sicómoro, y llegué a la
isla de Snefru, allí pasé el día en el límite de las tierras cultivadas. Me puse de
nuevo en marcha cuando fue de día y encontré a un hombre que se hallaba en mi camino,
él me saludó con deferencia mientras que yo tenía miedo de él. Como había llegado la
hora de cenar, me aproximé a la ciudad de Negau. Atravesé (el río) en una balsa sin
timón, gracias a la brisa del viento del oeste, y pasé al este de la Cantera en lo alto
de «La Dama de la Montaña Roja». Después que me puse en camino hacia el norte,
alcancé los «Muros del Príncipe», que habían sido construidos para repeler a los
Setyu y para aplastar a los Corredores de Arenas. Adopté la posición de agachado
en un matorral, temiendo que los centinelas de guardia ese día sobre la muralla pudieran
verme. Me puse en marcha por la noche y a la mañana siguiente llegué a Petni, habiendo
hecho un alto en la isla de Kemuer, sufrí un ataque de sed de modo que me asfixiaba y mi
garganta estaba seca. Me dije: «¡Este es el sabor de la muerte!», pero esforcé mi
corazón y me puse en pie después de haber oído el mugido del ganado y divisado a los
Setyu. Un jefe que (se encontraba) allí y que había estado en Egipto me reconoció.
Entonces me dio agua, me hizo cocer leche, fui con él a su tribu y ellos (me) trataron
bien.
Un país me entregó a (otro) país. Salí de Biblos y fui a Quedem.
Allí pasé un año y medio. Amunenshi, el príncipe de Retenu superior, me
llevó consigo. El me dijo: «Tú serás feliz conmigo, (pues) oirás la lengua de
Egipto». Decía esto porque conocía mi carácter y había oído hablar de mi sabiduría,
puesto que egipcios que estaban allí con él habían testificado en mi favor. Y él me
dijo: «¿Por qué has venido aquí? ¿Es que ha sucedido algo en la Corte?» Entonces yo
le dije: «El Rey del Alto y Bajo Egipto, Sehetepibre, ha partido hacia el horizonte y no
se sabía lo que podría ocurrir en esta ocasión». Luego hablé disfrazando la verdad:
«Yo volvía de una campaña al país de los libios cuando se me anunció esto y mi
espíritu se turbó; mi corazón no estaba en mi cuerpo y me condujo al camino de la fuga,
(a pesar de que) no se había hablado contra mí, ni se había escupido contra mi rostro;
yo no había oído ninguna palabra injuriosa y mi nombre no había sido oído de boca del
heraldo. No sé qué me ha traído a este país; era como una decisión de Dios».
Entonces él me dijo: «Ciertamente Egipto es feliz porque sabe que él
es valiente. Pero mira, tú estás aquí, te quedarás conmigo y te trataré bien». Me
colocó por delante de sus propios hijos y me casó con su hija mayor. Me hizo elegir para
mí mismo (algo) de su propia tierra, de lo mejor de lo que él poseía, cerca de la
frontera de otro país. Era un país excelente cuyo nombre era Iaa. En él había higos y
viñas; el vino era más abundante que el agua, tenía mucha miel y aceite de oliva en
cantidad. Toda clase de frutos colgaban de sus árboles. Allí también había trigo y
cebada y toda clase de grano sin limite. Todo lo que me otorgó era importante a causa del
amor que sentía por mí. Me hizo jefe de una tribu, entre las mejores de su país.
Raciones alimenticias, bebidas fermentadas y vino me eran suministrados cada día, así
como carne cocida, ave asada, sin contar el pequeño ganado del desierto. Se cazaba para
mí (jabalí) y se colocaba ante mí, además de lo que traían mis perros de caza.
Numerosos (pasteles) eran preparados para mí y la leche se encontraba en todo lo que se
había cocido.
Pasé numerosos años (de esta manera), mis hijos se habían convertido
en guerreros, cada uno de ellos dirigiendo su propia tribu. El mensajero que descendía o
subía hacia la Corte se paraba a mi lado, pues yo hacía parar a todo el mundo. Yo daba
agua al sediento, ponía en camino a aquel que se había extraviado, socorría a quien
había sido robado. Cuando los Setyu [beduinos seminómadas] iniciaron las
hostilidades contra los jefes de los países extranjeros, yo aconsejaba sus movimientos,
pues el príncipe de (Re)tenu hizo que yo pasara muchos años como comandante de su
ejército. Yo atacaba victoriosamente cada país contra el que partía, de manera que era
despojado de sus pastos y de sus pozos; capturaba su ganado, llevaba conmigo a sus
habitantes, tomaba su comida, masacraba a sus gentes que estaban allí, por mi fuerte
brazo, mi arco, mis maniobras y mis excelentes consejos. Gané su corazón y me amó, pues
reconoció cuán bravo era; me colocó a la cabeza de sus hijos, pues él había visto
cuán robustos eran mis brazos.
Combate singular contra el hombre fuerte de Retenu (cf. David y Goliat,
1 Sam 17)
Durante la noche tensé mi arco y preparé mis flechas; desenvainé mi
espada y bruñí mis armas. Cuando fue de día, (el pueblo) de Retenu había llegado; el
había reunido sus tribus y convocado a la mitad de sus países. No pensaba más que en
este combate.
Entonces él vino hacia mí mientras yo esperaba, me coloqué cerca de
él. Todos los corazones latían por mí; las mujeres casadas suspiraban y todos los
corazones ardían por mí, mientras que decían: «¿Existe otro hombre fuerte que pueda
luchar contra él?». Entonces blandió su escudo, su hacha y su puñado de dardos;
después de que hube escapado a sus armas, dejé pasar sus flechas ante mí sin efecto, a
pesar de que una seguía a la otra. Luego se lanzó contra mí. Yo disparé contra él y
mi flecha se clavó en su cuello. Gritó y cayó sobre su nariz. Le abatí con su propia
hacha y proferí mi grito de guerra sobre su espalda. Todos los Aamu [sedentarios]
vociferaron. Realicé una acción de gracias a Montu, mientras que sus gentes se
lamentaban sobre él. Este príncipe Amunenshi me abrazó.
Entonces me apoderé de sus bienes, tomé sus animales; lo que él
había planeado hacer conmigo, se lo hice a él. Tomé lo que había en su tienda y
saqueé su campamento. Me convertí en poderoso, grande en mis tesoros, rico en mis
ganados. Así Dios ha actuado para manifestar su clemencia hacia aquél con el que se
había irritado y había hecho errar en otro país. Su corazón está hoy satisfecho. Un
fugitivo huía en su tiempo, (ahora) mi fama se extiende hasta la Corte. Un negligente se
arrastraba víctima del hambre, (ahora) yo doy pan a mi vecino. Un hombre abandonaba su
país por su desnudez, (ahora) tengo vestidos de lino blanco. Un hombre corría porque no
tenía a quien enviar, (ahora) tengo una multitud de esclavos. Mi casa es hermosa, mi
propiedad es ancha, pero mi recuerdo está en palacio...