ALCURNIAS ANDALUSÍES


LOS QUE NO SE FUERON

Majos o no majos, como cuenta Caro Baroja, el 9 de mayo de 1728, todavía más de cien años después de la Expulsión, el tribunal de la Inquisición hizo un auto en Granada con cuarenta y seis moriscos acusados de islamizar: sus apellidos, Díaz, Guevara, Enríquez, Lara, Mendoza, Esteban, Chaves, Marchina, Gómez del Castillo, Ximénez, De la Puerta, Bohórquez, Cuevas, Sierra, Álvarez, Fernández...Sus oficios, tintoreros, escribanos, un pasante de la facultad de Derecho, unas boticarias, un platero que era también imaginero, unos merceros, unas costureras, una especiera, unas sederas... (Casi todos estos apellidos, sean de cristianos viejos o de cristianos nuevos, hayan llegado como sea hasta nuestros días, siguen usándose hoy en Granada: de los Esteban, hay cincuenta y nueve en la Guía Telefónica, uno de ellos, de un oficio tan tradicional como tapicero; Chaves hay cuarenta y cinco; Puerta, sesenta; Sierra, más de ciento ochenta; Bohórquez, diez; Cueva, treinta y cinco; Guevara, siete) En 1731, se reconcilió Ana del Castillo, natural de Granada y viviendo en Jaén (el apellido Castillo se repite una y otra vez entre los moriscos, desde Alonso del Castillo, uno de los autores de los "Libros Plúmbeos" del Sacromonte) Por los mismos años, según Bernard Vincent, también la Inquisición encontró a otras doscientas veinticuatro personas, de Granada, Beas, Gabia la Chica y Pulianas, de las que la más representativa era el caballero veinticuatro Gabriel de Figueroa: escribanos, procuradores, mercaderes, un cura...Los expulsaron de Granada a casi todos y los Figueroas se fueron a Estambul (aunque quedan diez familias Figueroas en 1997 en Granada) Estos fueron a los que encontraron. ¿A cuántos no encontraron? ¡Granada, Granada, la de Bibarrambla y la Pescadería, la de la Chancillería y el Sagrario, recelosa y rancia, suspicaz, de larga memoria!

Si esto ocurría en las escasas clases medias, siempre observadas, envidiadas, insolidarias, si podían encontrarse literalmente cientos de moriscos en la ciudad ¿qué ocurriría en los campos, en las cortijadas aisladas y secretas, bajo el favor y el amparo de los señores? ¿Y en los caminos, en las fondas, en los mercados y las ferias; cuántos buñoleros y otros feriantes, quincalleros más majos que la madre que los parió, serían moriscos de sangre, sobre todo arrieros, ya que el oficio de arriero, con su montón de voces arábigas, era acaso la profesión más propia de los antiguos moriscos desmoriscados? ¿Y el hampa, en la inmensa heredad de Rinconete y Cortadillo, cuando los testigos de la época decían que los pobres eran la mitad del año jornaleros y la otra mitad mendigos, o sea que iban de los portales de las iglesias a las plazas de los pueblos, siempre en movimiento y descontrolados?

¿No habían las leyes desenraizado a los moriscos? ¡Pues habrían aprendido a vivir desenraizados, con el estilo y los valores de los futuros ácratas de Andalucía; ni Dios (¿qué Dios?), ni rey (¿qué rey?), ni amo (¡sin amos!); la otra alma de España, la de los pobres y los andarríos, tan orgullosos!


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Kim Pérez F.-Fígares


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Página realizada por Cristina Amor