ALCURNIAS ANDALUSÍES


LOS SEGUNDOS MUDÉJARES

En este final del siglo XX, me encuentro la sorpresa de que la Península y las Islas vuelven a ser tierra de poblamiento, que incluye un millón de personas procedentes de la Unión Europea, las más ricas, instaladas en las costas multilingües, aunque también se incluyen los gitanos portugueses, con sus mujeres de largas faldas negras, nunca antes vistas por aquí, junto con nuevas arribadas de senegaleses, dedicados a la venta ambulante, que renuevan la sangre negra de los tiempos de la esclavitud, también vendedores ambulantes y restauradores chinos, criadas y prostitutas forzadas filipinas o dominicanas o ecuatorianas, y otros latinos de mejor posición, incluyendo muchos licenciados argentinos (la mezcla de sangres hace ahora un vaivén) En Granada, la Calderería es el centro de la nueva Morería, que no es sino el barrio del Albayzín: están entre nosotros los Nuevos Mudéjares. Los judíos que han vuelto no son muchos, pero bastantes han venido del Marruecos español, donde conservaron la lengua sefardí, con lo que la transición al castellano moderno fue natural. De los moros que han llegado, en cantidad que puede ser ya más de seiscientas mil almas, la mayoría también de Marruecos, es de suponer que algunos o muchos serán también descendientes de los moriscos que se quedaron en aquellas tierras. Se puede decir con exactitud que unos y otros vuelven a una tierra ancestral, a sus casas, de las que hasta hace poco se decía que habían conservado las llaves.

Aquí no resultan raros, en el fondo. Forman parte de la tradición, aunque hayan estado ausentes muchos años. Ver a un moro con chilaba o con turbante en Granada, a una mora con el cabello cubierto por un velo monjil, resulta natural o por lo menos, lógico. Esto no sucede en ningún otro lugar de Europa. Están en una tierra algunas de cuyas casas y palacios las hicieron ellos. Los alfarjes de las iglesias mudéjares son ya nuestros, bajo ellos se ha cantado con capa pluvial, y los azulejos o las yeserías modernos de algunos cafés bares nos los recuerdan. Hay muchos matrimonios mixtos, y el flamenco, entre los entendidos, se sabe mezclar con el rai, en los estilos de fusión, como el de los hermanos granadinos Carmona, del linaje de los Habichuelas, que forman la banda Ketama...del nombre de una cábila rifeña.


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Kim Pérez F.-Fígares


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Página realizada por Cristina Amor