Un deber de conciencialunes, 2 de octubre de 2000 Sila M. Calderón HACE SIETE meses le presenté al país mi propuesta de un gobierno sensible y humano que hiciera de nuestras comunidades especiales la primera prioridad. Estas comunidades son vecindarios donde nuestros compatriotas viven todavía en condiciones de pobreza y aislamiento, inaceptables para cualquier sociedad civilizada. Son cientos de miles de puertorriqueños, casi el 60% de nuestra población, que aún no han logrado acceso a las oportunidades de desarrollo económico que ha disfrutado el país en las últimas décadas. Es el otro Puerto Rico del que no se habla. He palpado esto, aún más de cerca, durante mi campaña. En la comunidad El Horno en Manatí, en la comunidad Altos de Cuba en Vega Baja, en la barriada Morales en Caguas y en tantas otras, los residentes han compartido conmigo sus sufrimientos y las terribles dificultades que confrontan en su vida diaria. La voz de estos puertorriqueños reafirma mi voluntad de llevar el gobierno a estos sectores que han sido ignorados por tanto tiempo. Mi propósito es poner los recursos de las agencias de gobierno y de los municipios, en forma prioritaria, al servicio de estos sectores. La pasada semana anuncié la identificación de las primeras 426 comunidades especiales de Puerto Rico. Hice este anuncio en la Península de Cantera donde, en el año 1990, comencé a trabajar como ciudadana privada con esta magnífica comunidad, que supo ponerse de pie y tomar su destino en sus manos. Fue en Cantera donde nació y se hizo realidad el enfoque de desarrollo integral para cambiar radicalmente la vida de las personas que residen en sectores de escasos recursos. El ataque a la pobreza, desde todas sus vertientes, incluye vivienda, empleo, educación, desarrollo social, infraestructura y, más que nada, la organización y apoderamiento comunitario. Une a la propia comunidad con el sector empresarial, con el gobierno municipal y el Gobierno. Trasciende las líneas partidistas. Se hizo realidad en el año 1992, al crearse por ley la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera. Hoy, nueve años después, se palpan ya los frutos visibles de un trabajo conjunto entre esta valiente comunidad y sus aliados privados y gubernamentales. Ese es el mismo modelo que he llevado a las 53 comunidades especiales de San Juan y que me propongo llevar a las comunidades especiales de todo Puerto Rico. Hice este anuncio pensando en todos los puertorriqueños que me han hablado de su dolor y de su esperanza. Por ejemplo, Marianela, una joven madre puertorriqueña del sector Riachuelo en la comunidad Villa Roca en Morovis. Esta mujer fuerte sueña con salir de un ambiente de pobreza extrema, una vez su esposo consiga empleo para poder echar hacia adelante a sus hijos. De igual forma, llevo en mi corazón a don Esteban, con quien compartí en la comunidad Cielito en Comerío y quien sueña también, luego de 43 años residiendo allí, con que su comunidad logre mejores accesos, mejor recogido de basura y que se atiendan prioritariamente las estructuras abandonadas en su sector. Son muchos los problemas que enfrentan nuestras comunidades. Infraestructura inadecuada, falta de vivienda, acceso limitado a los servicios de salud y desempleo, por mencionar sólo algunos. Son muchos los sufrimientos que callan sus residentes y muchos los anhelos que albergan en sus corazones. La identificación de comunidades especiales para todo Puerto Rico ha sido producto del proceso de la consulta ciudadana del Proyecto Puertorriqueño para el Siglo 21 y de la consulta con nuestros candidatos a alcaldes. En todo Puerto Rico me han pedido que lleve el Programa de las Comunidades Especiales a sus vecindarios. He identificado las primeras 426 de estas comunidades en los 78 municipios, incluyendo a las 53 comunidades de San Juan. Este proceso abierto continuará durante todo el cuatrienio. Comenzaré a trabajar de inmediato con estas 426 comunidades luego del 2 de enero de 2001. Para luchar por estas comunidades, propongo:
Las comunidades especiales se beneficiarán igualmente de otras propuestas de mi programa de gobierno, como el Programa de vivienda accesible, la llave para tu hogar, que proveerá 50,000 viviendas para familias de escasos recursos; prontos de $3 mil a $10 mil para adquirir hogares y títulos de propiedad. Se beneficiarán, también, de propuestas como Agua para todos, renovando los sistemas de acueductos y garantizando abastos seguros; el zar contra la droga y $10 millones para reclutar más policías municipales; la reforma de la reforma de salud, con los CDT abiertos; y un programa de bibliotecas electrónicas y de horario extendido en las escuelas que comenzará en las 500 escuelas públicas comunitarias de mayor necesidad. MIRAR LA pobreza de frente es un deber de conciencia. Nuestro pueblo no puede seguir ignorando que más de la mitad de nuestros compatriotas viven en condiciones inaceptables y, a veces, infrahumanas. Atender la pobreza en Puerto Rico tiene que estar por encima de partidos políticos e ideologías. No puede haber mayor prioridad. Puerto Rico necesita un gobierno que entienda que el dolor no tiene color. Y ése es el gobierno que yo le ofrezco a Puerto Rico. Un gobierno limpio, de sensibilidad especial por los que todavía esperan. A partir del 2 de enero de 2001 nuestro pueblo, unido, hará de la atención a las comunidades de escasos recursos económicos de nuestra patria su primera prioridad. © 2000 El Nuevo Día - Derechos Reservados |