El actual periodo se caracteriza por un aumento de la confianza de la burguesía y sus más directos representantes políticos. El «viaje al centro» en ningún momento quiere decir que el gobierno del PP y sus socios (CiU, PNV, PAR...) abandonen sus exigencias y su política de «más para los ricos». Por el contrario este nuevo «centrismo» de la derecha, expresa la rentabilidad que han tenido los pactos con los dirigentes sindicales, e incluso con el PSOE, en temas clave como la Reforma Laboral del 97, el Pacto de las Pensiones, la existencia de las ETTs y subcontratas, la moderación de salarios y en especial, la construcción de una Unión Europea al servicio de las multinacionales y las burguesías nacionales.
editorial
El crecimiento de la economía, junto con la venta masiva de empresas estatales rentables, la moderación de salarios y la bajada de impuestos al capital, ha ayudado al gobierno a emprender un vertiginoso trasvase de recursos a los ricos. El célebre «España va bien», es sin duda una de las principales consignas de la derecha, el problema es ¿para quién? La reforma del IRPF, el regalo de 1,3 billones a las compañías eléctricas y la reducción del valor del dinero para beneficiar a la banca —que compran el dinero más barato y seguirán vendiéndonoslo al precio de antes, excepto a los clientes «distinguidos»— son medidas que, sin demasiados traumas, se han ido imponiendo, unidas al desmantelamiento del sector público y constantes agresiones a la enseñanza y a la sanidad públicas.
El PP también ha dejado claro que su cara «centrista» tiene un límite: «se puede pedir todo menos poner en peligro los beneficios de los empresarios y el actual estado de las cosas». La brutal represión contra los mineros asturianos en el 96, las cargas contra decenas de manifestaciones estudiantiles y juveniles a lo largo de todo su mandato, la intervención contra trabajadores de correos... es la otra cara del «centrismo».
Pese a los grandes beneficios que han amasado en estos años bancos y empresarios, las principales lacras que sufre la juventud apenas se han mitigado. El paro sigue afectando a millones de personas, la precariedad se a extendido a casi la mitad de los trabajadores con empleo y en especial, la situación y perpectivas para la juventud no son nada ilusionantes de seguir así las cosas.
Crece la miseria y la desigualdad
Desde el Área de Juventud de IU, insistimos en que el crecimiento económico por sí sólo no mejoraría nuestras condiciones de vida, y así ha sido pese a la fe ciega de algunos dirigentes de la izquierda reformista en el capitalismo. Si algo se ha demostrado durante este ciclo es la debilidad económica del capitalismo, que ha tenido que basar su crecimiento en la sobre-explotación de los trabajadores, por ello las claudicaciones de los dirigentes sindicales (aceptando las contrarreformas, el abaratamiento del despido y la moderación de salarios) han sido un factor económico que ha contribuído a que el capitalismo se hayaa sobrevivido a sí mismo.
Hemos lanzado una y otra vez una pregunta clave: ¿qué pasará cuando España no vaya tan bien? Con todas las últimas leyes y medidas han preparado el camino para que la mayoría de la sociedad pague una vez más el descenso de los beneficios empresariales. La temporalidad, la disminución de las prestaciones sociales y el abaratamiento del despido serán, sin duda, utilizadas por la burguesía.
Nunca hemos pretendido ser alarmistas, ni tampoco jugar a la adivinación, pero los síntomas de agotamiento del ciclo alcista demuestran que la recesión no está muy lejos. Japón, Rusia, Corea, Indonesia, Brasil... se encuentran sumidos en una auténtica crisis, que están pagando millones de trabajadores que han perdido sus empleos y han visto como su nivel de vida cae por momentos.
La Unión Europea y Estados Unidos parecen estar a salvo, pero las últimas cifras hablan ya de una caída y frenazo del crecimiento (Alemania, que representa el 35% del capital europeo ha sufrido una caída del 1,8% del PIB en el último trimestre del 98). Las exportaciones han sufrido un parón, la única esperanza de la burguesía es incrementar la demanda interior y refugiar los capitales invertidos en otras áreas, hoy en crisis, en nuestras economías. El crecimiento desmedido de la bolsa y la actividad especulativa demuestra esta tendencia, pero como era de esperar, la demanda interna tiene un límite y estamos a punto de cruzarlo. Además el vertiginoso éxito en la reducción de los costes de producción mediante la moderación de salarios, la caída de los precios de las materias primas y el aumento de la capacidad productiva al aplicar avances tecnológicos, entra en contradicción con el aumento de la demanda interior del mercado de la UE y EEUU ¿Quién comprará la cantidad ingente de productos, bienes y servicios que hoy no encuentran salida exterior?
Todo indica que se está gestando una severa crisis de sobre-producción. Muchos analistas burgueses ya han alertado de que el monstruo de la deflación vuelve por sus fueros, olvidado por los capitalistas desde la gran depresión del 29. La caída de los precios reduce los beneficios y estimula la reducción de plantilla y salarios. Como consecuencia los trabajadores tendremos menos poder adquisitivo, lo que alimentará de nuevo el ciclo. Éste es el callejón sin salida en el que se adentra el capitalismo. Hace tan solo dos años, algunos economistas burgueses volvieron a anunciar «el fin de las crisis cíclicas», hoy los hechos no solo lo desmienten, sino que apuntan en una dirección muy diferente. El capitalismo solo es capaz de sobrevivirse a sí mismo a base del aumento de la miseria, la pobreza y las desigualdades, una vez más se pone encima de la mesa el importante papel de los trabajadores en la marcha de este sistema.
Por la unidad de acción con un programa socialista
Hoy más que nunca, la izquierda debe abordar un debate necesario. ¿Es capaz el capitalismo de garantizar un futuro digno? La mayoría de los jóvenes responderían tajantemente que no, ¿cómo pueden hablar de dignidad cuando somos carne de cañón de la explotación, el paro y la precariedad? Sin duda, son nuestras familias las que pagan las consecuencias y amortiguan los efectos, pero la cuestión es hasta cuándo se mantendrá esta situación.
El PP no va a cambiar su política, la única manera de acabar con esta política de «más para los ricos», es acabar con el gobierno. Para ello es necesario la unidad de acción de la izquierda, en torno a un programa de transformación social capaz de devolver la ilusión a la mayoría social de la izquierda. Será desde la base y la lucha como forjaremos la unidad. Los pactos entre cúpulas, sin comprometerse con la defensa implacable de los derechos de la juventud y los trabajadores, son inútiles y solo sirven para meter el «centrismo» en casa y en definitiva, para fortalecer las posiciones del gobierno de la derecha. Desde luego, defendemos quitar a la derecha de los gobiernos, pero esto no debe significar renunciar a nuestras posiciones. Es más, la entrada al gobierno por parte de la izquierda, sin poner en duda el capitalismo, solo generará desconfianza a la larga. La experiencia de los gobiernos del PSOE lo demuestra. La juventud de izquierdas no queremos ser la gestoría del capital o su lado «amable», defendemos la necesidad de construir un gobierno de izquierdas, pero con políticas claramente de izquierdas.
La Ley de 35 horas sin reducción salarial, la prohibición de las ETTs, el aumento y dignificación de los salarios, la construcción de viviendas dignas y baratas, la dedicación del 7% del PIB a la enseñanza no universitaria y el 2% a la universidad, la financiación digna de la sanidad y la implantación del salario social, son sin duda la primeras medidas que deberá aplicar un gobierno de izquierdas.
Pero al mismo tiempo, debemos explicar que esto, por sí sólo, será imposible mientras el capital y la producción sigan en manos de unos pocos para su propio beneficio. Por ello, hoy es imprescindible retomar un programa auténticamente socialista, basado en la movilización y participación activa de la juventud y los trabajadores. Hay que desenmascarar todas las mentiras de quienes defienden este sistema económico cuando nos hablan del futuro de prosperidad que nos espera.
Nacionalizar la banca y las grandes compañías de seguros, estatalizar sectores vendidos a precio de saldo por parte del gobierno como las telecomunicaciones y el transporte y socializar la gran industria y las grandes propiedades agrícolas, son la única manera de garantizar la defensa de nuestros intereses y derechos. Estas medidas si permitirían la planificación democrática de los recursos materiales que disponemos, para ponerlos al servicio de la lucha contra el desempleo, la sobre-explotación, la miseria en la que se encuentra un 80% de la población mundial y la garantía de un futuro digno para la juventud.
tu fuerza, a la izquierda
Si desde alguna organización es posible luchar por estas ideas es desde Izquierda Unida, si alguna organización ha demostrado plantear duras contradicciones al sistema este ha sido nuestro movimiento social y político. No es menos cierto, que IU ha cometido errores, pero también IU representa la única opción de masas para la izquierda transformadora, dentro de la cual hay un debate vivo sobre la vigencia de las ideas socialistas en todos los ámbitos.
Los jóvenes de IU a nivel estatal, hemos planteado un programa muy claro que defiende reducir los beneficios empresariales para ponerlos al servicio de la mayoría de la sociedad; también es cierto que este programa ha contado con fuertes resistencias por una parte de la dirección, pero sin duda, esto expresa el giro a la izquierda que plantean la mayoría de los jóvenes de IU.
IU, pese a la campaña de silencio y manipulación de los medios de comunicación, es el referente de los jóvenes más comprometidos dentro del movimiento obrero y estudiantil. Por ello, hoy planteamos la necesidad de que la juventud refuerce las filas de IU y en definitiva, consolide una alternativa socialista.

