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La concepción nacionalista de Arturo CampiónPodemos definirla en breves trazos. Pactista, fuerista. confederal, tradicionalista y monárquica. Subsiguientemente, legalista y no independentista. La originalidad de sus principios procedía no de que lo fuesen en sí, sino de su posición doctrinal, que le situaba en un epicentro entre el nacionalismo español y el secesionismo sabiniano, lo cual, presupuesto su rigorismo intelectual, le inclinaba a la polémica con los dos fundamentalismos que basculaban en su derredor. Un comentario conceptual resume parte de lo ya mencionado. Afirma el conferenciante: A nosotros nos importa hacer constar que los Estados baskos formaron parte de la monarquía española mediante pactos de incorporación; que el Estado español unitario los ha destruído, y que abrigamos en sus pechos el propósito inquebrantable de restaurarlos. La denominación política de estas aspiraciones es el nacionalismo basko. Unos postulados, específicos de la tradición vasca, sin matiz rupturista alguno, que son totalmente legalistas. Compatibilidad con la forma de gobierno establecida, la monarquía, en cuyo titular vieron los antiguos vascos el personificador de esa vinculación entre diferentes ámbitos políticos -reino, señorío y provincias- y la monarquía. Solución moralmente respetuosa de los poderes constituídos. Y aunque Campión en esta conferencia, más bien es un análisis histórico de la Navarra contemporánea, no se refiere en ningún momento a ello, es un esquema totalmente extrapolable a Laburdi, Baja Navarra y Zuberoa, desde una perspectiva y moral. Especialmente la Navarra continental, unida bajo pacto a la Corona bajo el nomenclátor de rey de Francia y de Navarra, hasta la abolición del régimen foral en 1789 por los principios revolucionarios. Dado que León XIII aconsejó a los católicos el reconocimiento de los poderes constituidos, los católicos de la Vasconia ultrapirenaica podían adoptar una actitud éticamente aceptable ante una república que postulase a su vez el retorno al régimen foral deseado. Observamos que, teóricamente, el edificio nacionalista propiciado por Campión es históricamente irrebatible por su ensamblamiento lógico y su coherencia con la tradición, tan alejada de las mitificaciones y alegorías independentistas de Arana Goiri en Bizkaya por su independencia, redactada en 1893. Ante la posibilidad de una actitud secesionista, Campión convoca a la renovación del pacto foral con la corona. Una vez más el "princeps" es el símbolo por excelencia, el eslabón casi único de esa histórica relación entre Vasconia y Castilla: No sé si existe nacionalismo secesionista; pero declaro con la mayor solemnidad posible que el mío es unionista. Tomo las cosas tal cual me las presentan las manos de la historia de varios siglos; la Monarquía española, y dentro de ella, a ella agregadas, pero con vida propia garantizada por solemnes pactos, las naciones bascas, los estados bascos. No quiero soltar ninguno de los extremos de esta cadena de oro. Frente al centralismo, Campión opone una alternativa fundamentada en la tradición, el pacto foral: Los que vulneran nuestros derechos, los que destruyen nuestras instituciones, los que proclaman la incompatibilidad entre éstas y la unidad nacional, son los separatistas. Afirmar la unidad nacional y negar nuestras constituciones, es un proceder inicuo. Contra él protesto y me alzo, oponiendo al ideal uniformista de los malandrines políticos contemporáneos, la castiza tradición de nuestro derecho público, respetado por monarcas tan celosos de su autoridad, y tan capaces de gloriosas empresas como Carlos I y Felipe II. Obsérvese que constantemente se incide en la idea de que los unitaristas son los auténticos propagadores de las ideas secesionistas por su obstinación arbitraria. Campión podría hacer suya la máxima anti-fuerismo es separatismo, diametralmente contraria a la afirmación sabiniana Fuerismo es separatismo. Considera el vascólogo pamplonés que el nacionalismo ha de propiciar una solución, legalmente asentada en intangibles títulos de cariz histórico, opuestos a las abstracciones revolucionarias. No se puede decir que el nacionalismo sea un movimiento ágrafo, carente de formulación intelectual, pero Campión no vacila en afirmar que se basa principalmente en la historia, no en la filosofía y los tratados de derchos políticos. Aquí si hay acuerdo unánime entre el nacionalismo intelectual del navarro y la rigurosidad de Arana Goiri, cuyas tesis precursoras se asentaban en su carisma ideológico y no en el bagaje doctrinal de su "correligionario". Arana, que considera el nacionalismo la política tradicional de Vizcaya, define su práctica estratégica y su naturaleza política, no en la dinámica reivindicativa y sí en la restauración de unos valores pretéritos. |