Campión Nacionalista
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Nacionalismo Campioniano

Superación de la doctrina etnocéntrica sabiniana

La conferencia Nacionalismo, Fuerismo, Separatismo de 1906, es la más trascendental de todas por su contenido  y extensión. Campión desarrolla los argumentos anteriores. La desvalorización de la raza como concepto prioritario de la nacionalidad, la reivindicación del pacto entre los territorios forales y Castilla, deteniéndose en la descripción del proceso de difuminación de las libertades vascas y la concepción federativa del nacionalismo.

Superación de la doctrina etnocéntrica sabiniana.

Campión no admite que la raza sea el título prioritario de la configuración nacional de un pueblo. La historia, la cultura, la voluntad o la propia patrimonialidad lingüística son más determinantes que ese desdibujado concepto racial. Es importante significar el valor que Campión concede a la Historia, a la propia trayectoria histórica de una comunidad, para fundamentar la legitimidad nacional de un pueblo. No ha de extrañarnos. Para el regeneracionismo vasco, la Asociación Euskara, la dimensión milenaria de Navarra, de esa comunidad pirenaica perpetuada en el tiempo y el espacio, es la más óptima demostración de la capacidad organizativa del Pueblo Vasco. En el concepto campioniano de la nacionalidad, la lengua y la asunción de la propia identidad histórica forjan los capiteles de la vida nacional. La Comunión Nacionalista Vasca tomaría nota de las tesis campionianas.

La federación a España por la fórmula del pacto foral

Después del fuerista guipuzcoano Miguel de Dorronsoro, el intelectual navarro es uno de los pensadores que con mayor énfasis político ha incidido en el principio pactista del régimen foral frente a unitaristas y a secesionistas.

A diferencia del Diputado General de Guipúzcoa, Campión no considera viable, ante la ruptura unilateral del pacto por parte de las autoridades centrales, la posibilidad de recobrar la primigenia soberanía que se consideraba anterior al pacto con la corona. Campión es más ecléctico, mientras que Dorronsoro únicamente ve posible el mantenimiento del pacto  en el "princeps" de una dinastía concreta. El posicionamiento del ataundarra es  más purista, de un euskocentrismo acentuado, y por legitimista, menos posibilista:

Nuestros antepasados, tan prudentes como valerosos, sacrificaron de grado parte de su libertad, la menor posible, por asegurar la suma mayor que les fue dado, bajo la egida del trono de Castilla: esta suma de libertad salvada es lo que conocemos con la denominación de fueros, buenos usos y costumbres (....). Si Castilla no cumple su compromiso, indisputable es nuestro a derecho a declarar rota la unión y a recuperar nuestra independencia, como lo hicieron nuestros abuelos respecto al Reino de Navarra, del que formó parte Guipúzcoa antes que de Castilla.

En este opúsculo que suma cuarenta y una páginas, insiste -Campión lo retomaría posteriormente- en el respeto de Carlos I y Felipe II por el régimen foral, manifestado en las Juntas de Tolosa de 1696. No obstante, el territorio foral conserva dos armas inapreciables para defender sus derechos, el pase foral y el derecho a "castigar" al infractor. Dorronsoro y Campión tenían evidentes puntos de conexión entre sí.

La unión pactista en la persona del monarca, a manera de vínculo federativo- también lo han denominado pacto federal- entre los diferentes territorios forales y una estructura supraterritorial, La Corona de Castilla, es atestiguada nítidamente por Campión:

La tierra de Gipuzkoa, la cofradía Alabesa de Arriaga, se incorporaron a la Corona de Castilla por medio de solemnes pactos; el Señorío de Bizkaya, por herencia y nsucesión legítima; Nabarra por el lazo personal de un príncipe que inicua y pérfidamente usurpó la corona a sus deudos los Reyes legítimos.

En consecuencia discrepa enérgicamente el jacobinizante unitarismo español desde una óptica fuerista y federal, consecuente con la tradición plurinacional de la corona "de las Españas":

Pero no callaremos ni dejaremos de sacudir el ídolo hasta lanzarlo por encima del Ebro, gritando que esa llamada unidad no la conocieron nuestros abuelos, ni la quieren soportar sus nietos.

La crítica moderada de la visión orgánica de la nacionalidad española, expuesta por el teórico tradicionalista Vázquez de Mella, tiene aquí su antecedente. La concepción espiritualista, unidad de creencias y de destino, de Mella le conduce a una definición de la España medieval como una nación estructurada en diferentes realidades estatales. Definición del político asturiano, rebatidos por significativos pensadores del nacionalismo jelkide como Angel de Zabala y Engracio de Aranzadi, que contrasta con la visión pactista y fuerista enunciada por Campión.