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CONTRACORRIENTE - - - - - - NACIONAL - |
L T S - CC - D E C L A R A C I O N - LA LUCHA DE LOS EJIDATARIOS DE SAN SALVADOR ATENCO
El 1º de agosto, el gobierno de Vicente Fox anunció, a través de los medios de comunicación, la cancelación del proyecto de aeropuerto en Texcoco, Estado de México, que fue duramente resistido durante meses por varios pueblos de la zona, encabezados por los ejidatarios de San Salvador Atenco. En dicho proyecto "modernizador" se encontraban comprometidas empresas trasnacionales, capitalistas mexicanos, empresarios panistas, el priísta grupo Atlacomulco, al cual responde el gobernador mexiquense Arturo Montiel, y hasta la Iglesia. El desistimiento del gobierno significa un verdadero triunfo de la lucha de los ejidatarios contra el intento de expropiar sus tierras para el multimillonario proyecto. Es la primera vez que la resistencia de un sector del pueblo obliga a este gobierno a retroceder en su política al servicio de las transnacionales. Por ello, esto constituye un importante triunfo para todo el movimiento obrero y popular, para los campesinos e indígenas pobres que sufren los efectos del TLC, para los trabajadores que protagonizaron importantes luchas (como los obreros de Euzkadi) y para quienes tendrán que resistir la nueva "reforma laboral" y los empujes privatizadores del foxismo sobre la educación, la salud y el sector energético. La rebelión popular de San Salvador Atenco Hace casi 8 meses, el "gobierno del cambio" anunció, en boca del secretario de Comunicaciones, Pedro Cerisola, su intención de expropiar 4,500 hectáreas en la zona de Texcoco para construir un nuevo aeropuerto. Este proyecto significaba una humillación contra los campesinos de la zona, a los cuales se les pagarían precios irrisorios por sus tierras (7 pesos por metro cuadrado), mientras las grandes inmobiliarias y constructoras proyectaban jugosas ganancias. Mientras los dirigentes y comisarios ejidales vinculados al priísmo intentaban que el decreto expropiatorio fuera aceptado por las comunidades, surgió un fuerte movimiento de resistencia de los ejidatarios de San Salvador Atenco, organizados alrededor del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Durante los meses siguientes se realizaron numerosas protestas y movilizaciones exigiendo la derogación del decreto. Este movimiento se transformó en uno de los principales focos de resistencia contra la política foxista. A la vez, tuvo el importante mérito de llevar su solidaridad y apoyo a otros sectores en lucha, como fueron los trabajadores del SITUAM y Euzkadi. El jueves 11 de julio de 2002, el gobierno del Estado de México, con el aval del gobierno federal, lanzó una provocación policiaca contra los ejidatarios. Alrededor de mil policías fuertemente pertrechados de las Fuerzas de Acción y Reacción Inmediata (FARI) reprimieron salvajemente a un grupo de 120 campesinos del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, que intentaban realizar una acción de protesta contra Arturo Montiel, en la carretera Acolman - Pirámides. La policía realizó disparos y lanzó gases lacrimógenos sobre los campesinos, que fueron encerrados y atacados desde los costados y su retaguardia por granaderos y policías de civil, quienes los persiguieron y arrancaron de los domicilios particulares donde se refugiaron. Más de 20 campesinos fueron lesionados, mientras los helicópteros policiales organizaban la caza de los ejidatarios. Catorce personas fueron detenidas por la policía, entre los cuales estaban Ignacio del Valle y Jesús Adán Espinosa, dos ejidatarios de los más reconocidos como dirigentes del movimiento. Otro de los detenidos era José Enrique Espinoza, que a pesar de las lesiones que sufrió fue encarcelado y dejado sin atención médica durante dos días, situación que le causó posteriormente la muerte. La respuesta no se hizo esperar. Al conocerse los hechos y convocados por las campanas de la iglesia, los habitantes de San Salvador Atenco se reunieron en la explanada del pueblo. Alrededor de 3,500 personas bloquearon la carretera federal Texcoco-Lechería, colocando piedras y llantas para impedir el tránsito y atrincherándose alrededor de los pueblos. Los habitantes de los poblados de Atenco, Tocuila, Magdalena Panoaya y Acuexcomac participaron de esta acción, a la vez que se armaron con machetes, palos, piedras y bombas molotovs. Varias patrullas policiales fueron quemadas y fueron retenidos los primeros rehenes -policías y custodios-. Unas horas después, alrededor de 300 ejidatarios se movilizaron rumbo a la Subprocuraduría de Justicia, con sede en Texcoco, con el fin de rescatar a sus compañeros detenidos; al no encontrarlos allí, retuvieron a varios funcionarios, incluyendo al subprocurador de Justicia de Texcoco. Los 13 rehenes fueron presentados a la prensa en el auditorio municipal de San Salvador Atenco y su liberación fue condicionada a la inmediata libertad de los 14 campesinos detenidos. Con la provocación policíaca, los gobiernos federal y estatal buscaban dar un duro golpe al movimiento de los ejidatarios de Atenco, sobre el cual pesaban varias ordenes de aprehensión. La respuesta espontánea a este intento se constituyó en un verdadera rebelión popular, que con acción decidida apeló a métodos radicales, como la toma de rehenes y la organización de la defensa del territorio contra las fuerzas represivas. Esta rebelión alcanzó una gran masividad, incorporando a la mayoría de los habitantes de Atenco y contando con el apoyo de los poblados de la zona. Cientos de efectivos de la Policía Federal Preventiva fueron dispuestos en un cerco alrededor de las comunidades rebeldes. Los principales medios de comunicación lanzaron desde el mismo día de la represión, una fuerte campaña de satanización que recordó a los virulentos ataques contra el movimiento huelguístico de la UNAM, mientras los sectores más reaccionarios del régimen exigían una salida represiva. El priísmo gobernante en el Estado de México buscó dar una imagen de intransigencia -a través del procurador Navarrete Prida-, confiando en que la represión correría por cuenta del gobierno federal. Sin embargo, las exigencias de los ejidatarios, la toma de rehenes y el impacto que tuvieron estas acciones sobre la "opinión pública" nacional abrieron una crisis en el gobierno de Fox. Los principales funcionarios políticos y militares, como Santiago Creel y el secretario de la Defensa Nacional, entraron en un estado de "deliberación permanente" y prácticamente obligaron a Montiel a regresar anticipadamente de un fin de semana vacacional en las playas de Acapulco. Y es que el gobierno no contaba con la fortaleza suficiente para encarar una represión generalizada, la cual no contaba con el consenso del resto de los partidos y podía provocar una crisis en los acuerdos y pactos al interior del régimen. Ante las masas, su imagen de "gobierno democrático" venía desgastándose, debido a sus rasgos represivos y antidemocráticos (como el asesinato de Digna Ochoa, la masacre de Agua Fría y la militarización del campo) y al creciente desempleo y empeoramiento del nivel de vida de las masas trabajadoras. En contrapartida, la resistencia de los ejidatarios suscitó gran simpatía en amplios sectores de las masas a nivel nacional, que no pudo ser ocultado por las encuestas televisivas y que reflejaba un importante rechazo a una salida represiva. En la ciudad de México se organizaron manifestaciones de apoyo a los ejidatarios. El mismo día de la represión, alrededor de 200 estudiantes y activistas de la UNAM, muchos de ellos ex integrantes del CGH, bloquearon Av. Insurgentes; el sindicato de trabajadores de Euzkadi votó distintas acciones a realizarse en caso de recrudecerse la represión; mientras que el domingo 14 de julio distintas organizaciones sociales y políticas concurrieron a Atenco a expresar su apoyo, respondiendo así a la solidaridad anteriormente desplegada por los ejidatarios. El triunfo del movimiento de los ejidatarios La negociación propuesta por Montiel (mantener en prisión a los dos principales dirigentes y liberar al resto a cambio de los rehenes) no fue aceptada por los campesinos movilizados, que rechazaron usar a sus dirigentes como moneda de cambio y quedar con una soga al cuello, obstaculizando la salida reaccionaria que quería darle el gobierno a la crisis. En ese contexto, intentando economizar pérdidas, impedir la radicalización del conflicto y la profundización de la crisis, el gobierno federal tuvo que acceder a las demandas inmediatas de los ejidatarios, convenciendo al priísmo del Estado de México de liberar a todos los detenidos y haciéndose cargo de la negociación, desplazando a Montiel. Luego de la liberación de los presos durante la noche del domingo 14 de julio, Fox preparaba, con llamados a "realizar un diálogo serio", el terreno para intentar dividir al movimiento mediante una negociación tramposa. Al imponer un dialogo directo al gobierno federal, lograr el retiro del sitio de la Policía Federal Preventiva sobre las comunidades y la liberación de todos los detenidos, el movimiento alcanzó un primer triunfo. Después de esto, los planes del gobierno de dividir al movimiento en la mesa de negociación no prosperaron. La represión policial y el artero asesinato de un compañero unificaron a los campesinos y los fortaleció en su determinación de no ceder. El primer encuentro con la delegación del gobierno encabezada por el ex perredista González Curi -encargado del proyecto para la construcción del aeropuerto- fue utilizado por los representantes del movimiento para propagandizar sus demandas a los ojos de la nación, exigir el retiro del decreto expropiatorio y responsabilizar al gobierno por la muerte del compañero José Enrique Espinosa. Acertadamente, el movimiento no depositó ninguna confianza en las "buenas intenciones" de Fox y sus promesas de hacer "participes a los ejidatarios de los beneficios del aeropuerto". Las deliberaciones al interior del gobierno en cuanto a cambiar de lugar el futuro aeropuerto se intensificaron, decisión que finalmente fue anunciada el 1º de agosto. Visto en retrospectiva, es evidente que la rebelión popular de Atenco, aunque inició como una respuesta defensiva contra la represión, al lograr el retiro del decreto expropiatorio, terminó siendo un importante salto con respecto a las movilizaciones campesinas de los últimos años. Desde 1994 en adelante, las acciones protagonizadas por centenares de comunidades y pueblos en muchos estados de la república, fueron esencialmente defensivas y no lograron imponer sus reivindicaciones. La rebelión de San Salvador Atenco -que alcanzó repercusión en la prensa y televisión internacional- tuvo el mérito de enfrentar políticamente al gobierno estatal y federal y al "estado de derecho" -proclamado como "innegociable" por el gobierno y los medios- con el desafío a las "fuerzas del orden" y la propuesta de canje de rehenes. Esta importante acción se inscribe en la tradición rebelde del México bronco durante el siglo XX, de los levantamientos y rebeliones campesinas e indígenas contra la opresión y la expoliación impulsadas por los terratenientes y capitalistas, las transnacionales y el imperialismo. Atenco: una importante lucha contra el gobierno de Fox A partir de los acontecimientos de Atenco, hubo quienes intentaron compararlo con el levantamiento del 1º de enero de 1994 y con el movimiento del CGH. Desde quienes buscaban establecer una identidad común a partir de la "intransigencia" de estos tres movimientos, hasta los que saludaban la utilización de los espacios legales por parte de los ejidatarios (intentando establecer una diferencia respecto al CGH que antes satanizaban). Independientemente del contenido concreto de estas opiniones, las numerosas opiniones existentes demuestran la importante trascendencia alcanzada por los acontecimientos de Atenco. Desde nuestro punto de vista resulta importante buscar establecer una justa comparación, con el fin de enriquecer las conclusiones de dichas luchas y fortalecer las que vendrán. Como los otros movimientos citados, la rebelión popular de Atenco enfrentó el avasallamiento de los derechos adquiridos, reaccionando contra la aplicación de los planes imperialistas en el campo. Como aquellos, al adoptar la movilización como vía para obtener sus reivindicaciones, despertó gran simpatía en amplios sectores de explotados y oprimidos. A la vez que mantuvo dicha movilización, la exigencia de un diálogo público y directo -que más recientemente fue popularizada por el CGH- se mostró como una gran enseñanza que es patrimonio de muchos sectores. El levantamiento de 1994, que inició enfrentando al PRI-gobierno y al TLC, se caracterizó por golpear a un régimen desprestigiado a los ojos de las masas. Surgiendo por fuera de los partidos patronales y cuestionando por izquierda al régimen proimperialista, la rebelión chiapaneca abrió una profunda crisis interna en el priato y planteó la posibilidad de su caída revolucionaria. Contra esta posibilidad conspiró la política de pactos y treguas con el priato que impulsó la dirección del EZLN. En cuanto al movimiento huelguístico de la UNAM, éste se dio en una situación de "fin de régimen" y enfrentó políticamente a los partidos impulsores de la "transición pactada". Por ello es que el CGH se convirtió en un gran referente para el descontento de amplios sectores de las masas, y tuvo la posibilidad de convertirse en la punta de lanza de una movilización generalizada contra el odiado priato. Si la perspectiva potencial que ambos movimientos compartieron -abrir el camino para una movilización de masas contra el priato- no se hizo realidad fue por la acción de las direcciones del movimiento de masas, como es el caso de las burocracias sindicales, que impidieron la participación de la poderosa clase obrera. Por otra parte, el caso de los ejidatarios de Atenco fue sin duda distinto. Estos no enfrentaron a un régimen en crisis sino a un gobierno basado en instituciones "democráticas" oxigenadas y legitimadas. Y es que más allá de la caída en la popularidad de Fox y que su gobierno no despierte ningún entusiasmo en las masas, el actual régimen de la alternancia, surgido del 2 de julio del 2000, es cualitativamente más fuerte que el priato de los últimos años. Gracias a esta mayor estabilidad de las instituciones, el aislamiento y la derrota del movimiento de Atenco eran una evidente posibilidad. Ante esos peligros, la acción de la dirección del EZLN (referente de izquierda para muchos integrantes del movimiento de Atenco), que no emitió ni una declaración de apoyo, sólo favoreció este aislamiento. Mientras tanto, las direcciones sindicales charras confirmaron que su rol es garantizar la gobernabilidad del gobierno de Fox. Como en 1994 y en la huelga de la UNAM, se negaron a impulsar la solidaridad efectiva y la movilización conjunta de los trabajadores, los campesinos y el pueblo contra el gobierno. Ante el aislamiento al que fue sometido, cobra más importancia lo logrado por el movimiento de Atenco, el primer movimiento de lucha que obtiene un resultado favorable en sus demandas contra el nuevo régimen de la "alternancia". La situación del gobierno y los partidos patronales A pesar de los intentos de Fox de aparecer como un gobierno "democrático", la lucha de Atenco evidenció ante el México obrero, campesino, indígena y popular el verdadero carácter de su gobierno. Igual de autoritario que el priato, intentó avasallar a los campesinos, primero con el decreto expropiatorio y después con la represión. Tan propatronal que el PRI, actuó como representante de los empresarios, y se evidenciaron los vínculos que existen entre las transnacionales, los políticos patronales y la alta jerarquía eclesiástica, como en el caso de Onésimo Cepeda. El desistimiento del gobierno lo muestra más débil ante amplios sectores de las masas. Sin embargo, Fox prefirió esta "retirada estratégica" antes que adentrarse en un conflicto que tiene cada vez mayor repercusión nacional y donde la salida no se veía claramente. Ello podría complicar y desgastar su imagen, en un momento donde el panorama económico no es el más favorable con la crisis económica norteamericana, el derrumbe bursátil y los escándalos corporativos; y en un contexto internacional marcado por las fuertes convulsiones sociales que existen en América Latina. Y donde además tiene planteado avanzar en la reforma laboral y nuevos planes privatizadores, como en el sector energético, lo que implicará, de por sí, mayor descontento. Pero, al mismo tiempo, hay sectores del régimen que le reprochan haber cedido, como el priísmo del Estado de México, la Coparmex, la CANACINTRA y representantes de la iglesia. Estos sectores consideran que el retroceso del gobierno puede alentar la salida a la lucha de otros sectores de los trabajadores y campesinos, a partir de ver que no es imposible imponer sus reivindicaciones a Fox. En este contexto, el PRI, que venia intentando dar una imagen de "opositor", apareció, a través del gobernador Montiel Rojas, como lo que es: el mismo partido represor y proempresarial que gobernó México durante 70 años, y que hoy es parte fundamental de la aplicación de los planes contra las masas. Esto se vio también en su reciente acuerdo con Fox para la creación del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, mediante el cual se busca avanzar en la privatización de la educación y contra la laicidad. La "oposición" del PRI no es más que una pose para engañar a las masas y contener cualquier desarrollo del descontento, mientras coincide con el gobierno en lo esencial de su política privatizadora y antiobrera. En el caso del PRD, aunque dirigentes como Cárdenas, Robles y López Obrador criticaron la represión y exigieron primero un "pago justo" por las tierras y luego el respeto de la voluntad de los ejidatarios, su dirección mantuvo un bajo perfil y se cuidó de no convocar ni participar en las movilizaciones solidarias que se realizaron en la ciudad de México. El problema del PRD es que está tensionado entre su rol tradicional de "opositor" y las necesidades de la estabilidad y la gobernabilidad del régimen, que persigue como partido patronal. Esto es lo que está por detrás de las discusiones y divisiones entre el ala más negociadora (encabezada por Jesús Ortega) y el sector organizado tras Cuauhtemoc Cárdenas. Sin duda, en caso de desarrollarse futuras luchas, esta contradicción podrá abrir crisis entre este partido y los trabajadores, jóvenes y campesinos que lo tienen como referente, así como provocar nuevas crisis internas. Al mismo tiempo, el discurso opositor del PRD es un factor fundamental para ganar simpatías en los movimientos y prevenir el desarrollo de la movilización . En esa tónica se inscriben desde los intentos de los intelectuales y politicos perredistas de acercarse al movimiento de Atenco, hasta le reciente iniciativa de sectores del sindicalismo "opositor" de organizar una corriente de trabajadores perredistas encaezada por el ultracharro Agustín Rodriguez. El desarrollo de futuras luchas obreras y populares encontrará en el burgués PRD un obstáculo para su triunfo. Perspectivas En los últimos años, México se ha destacado por ser la avanzada de la aplicación de los planes imperialistas sobre América Latina y su política internacional ha sido cada vez mas subordinada a la administración Bush, como fue evidente en el conflicto diplomático con Cuba. Para ello a contado con la fortaleza de las instituciones del régimen y la colaboración de todas las alas del mismo, incluyendo a las direcciones sindicales burocráticas y los acuerdos de gobernabilidad entre los partidos patronales. A pesar del desprestigio creciente del gobierno, las distintas luchas y movilizaciones han sido desviadas y neutralizadas. Sin embargo, como decimos arriba, puede estar planteada la emergencia de nuevas luchas, estimuladas por el triunfo de la rebelión campesina y popuñar de Atenco. La base para ello es el actual agravamiento de la miseria, el desempleo y la desigualdad social, que sufren desde los millones de trabajadoras y trabajadores de las maquiladoras y jornaleros, hasta la clase obrera concentrada en las grandes automotrices, la industria electrica, el sector salud y educación. La perspectiva planteada - y a la cual apostamos los trotskistas de la LTS/CC -, es que surjan nuevos sectores del movimiento obrero, campesino y popular que comiencen a enfrentar los planes del gobierno y el imperialismo, abriendo la posibilidad de una movilización generalizada. Un Programa para resolver las aspiraciones de los explotados y oprimidos del campo Para avanzar en esta perspectiva, es necesario levantar una política socialista y revolucionaria para las masas pobres del campo, cuya explosividad se demostró en los últimos años, pero fue desviada y frustadas sus reivindicaciones. La gran determinación de los campesinos, junto a la gran simpatía suscitada en amplios sectores de la población, fue central para lograr el retroceso del gobierno. Lo planteado es aprovechar este triunfo para impulsar una gran lucha nacional contra los planes del gobierno, que en el campo atacan a los jornaleros, a los campesinos e indígenas pobres y a los pequeños productores de toda la república. Es necesario desarrollar una gran movilización independiente, apoyándose en sus propios métodos de lucha, sin confiar en los partidos e instituciones del régimen de los terratenientes y los capitalistas, y unificando las demandas y reivindicaciones. Esto significa, en primer lugar, luchar por la más plena autonomía para los pueblos indígenas, incluyendo el derecho a la separación si así lo desearan, cuestiones que Fox y el Congreso no concederán, y que sólo podrán imponerse retomando la gran movilización indígena y campesinas de marzo del 2001. En ese camino es necesario echar abajo las opresivas estructuras caciquiles y corporativas al servicio de los latifundistas, imponer el derecho de los pueblos a elegir sus autoridades -como ahora están reivindicando los compañeros de San Salvador Atenco- y de los trabajadores agrícolas a elegir sus formas de organización. El empobrecimiento extremo al que este gobierno "democrático" somete a los pueblos y comunidades, obliga a millones de campesinos a buscar otras formas de sustento, por ejemplo maquilando a domicilio. Así también, gracias a las contrarreformas propiciadas por Salinas de Gortari, muchos se ven obligados a vender sus tierras y se integran al numeroso proletariado agrícola (jornaleros). Ante ello, y para resolver esta grave situación es necesario exigir el acceso pleno e irrestricto a los recursos naturales, como los bosques y el agua, el uso y disfrute de los mismos, cada vez más monopolizados por las trasnacionales y los caciques. Y retomar el grito de Emiliano Zapata: la tierra para quien la trabaja, echando abajo las contrarreformas al Artículo 27 e imponiendo una reforma agraria radical que entregue la tierra a los jornaleros agrícolas, los campesinos e indígenas pobres, sobre la base de la expropiación sin pago de los grandes terratenientes y transnacionales que acaparan las tierras más productivas y prohibiendo la formación de latifundios. Para realizar una reforma agraria efectiva, será necesario la condonación de las deudas existentes y un plan de créditos baratos que beneficie a los campesinos pobres y a los pequeños productores, precios de garantía para las cosechas y el acceso a materias primas y herramientas. Otra demanda esencial que debe ser motor de una gran lucha nacional es imponer el alto a la represión, el retiro de las Fuerzas Armadas de los pueblos y comunidades y la disolución de las bandas paramilitares, a la vez que impulsando el elemental derecho a formar comités de autodefensa. Hay que imponer el castigo a los culpables de masacres como Acteal, Aguas Blancas o El Charco, y de asesinatos como el del compañero José Enrique Espinosa, y formar tribunales populares para garantizarlo, así como movilizarnos para imponer la libertad de los presos políticos. En el México actual, las demandas que acabamos de plantear sólo pueden imponerse derrotando el dominio de las transnacionales y la expoliación imperialista que se descarga a través del TLC, y mediante la salvaje opresión de los cientos de miles de migrantes superexplotados en los EE.UU. Ese camino de lucha fue el que, en sus primeros días, marcó la rebelión chiapaneca, con su grito de Abajo el mal gobierno, abajo el TLC. Hoy está planteado luchar por el No pago de la deuda externa, la ruptura de los pactos y los tratados de subordinación al imperialismo, como el TLC, el ALCA y el PPP. Para la LTS-CC, estas reivindicaciones no serán logradas de la mano de ninguno de los partidos de la burguesía ni de su Congreso. Es necesario retomar la obra de Emiliano Zapata, adoptando una perspectiva de lucha revolucionaria. Para avanzar y triunfar es necesaria la entrada en escena de los trabajadores, concretando una verdadera alianza revolucionaria obrera, campesina y popular contra el gobierno de Fox y sus planes. En el México actual, la clase trabajadora, un gigante de más de 20 millones de asalariados, concentra en sus manos los resortes fundamentales de la economía capitalista y está ubicada en las grandes concentraciones urbanas que son los centros neurálgicos del país; por ello su acción es central para enfrentar a los grandes grupos y familias de la oligarquía de capitalistas y terratenientes. Apelando a la huelga general y paralizando el conjunto de la economía, las comunicaciones, el transporte y las finanzas, la acción de la clase trabajadora, en alianza con los jornaleros y campesinos pobres, puede derrotar la opresión imperialista sobre el país y el dominio de las grandes transnacionales sobre el campo y la ciudad. A la vez, la clase obrera es quien puede garantizar los medios para reorganizar el campo de acuerdo a las necesidades de los trabajadores agrícolas, los campesinos, indígenas y pequeños productores. Por dar un ejemplo, frente a la usura capitalista que arruina a los campesinos y pequeños productores, el control de la banca por parte de los trabajadores del sector puede garantizar el acceso a los créditos necesarios para el agro. Una verdadera salida para las masas del campo sólo podrá lograrse integra y efectivamente a partir de un gobierno obrero y campesino, constituido a partir de la caída del régimen de la alternancia, que inicie la expropiación de la burguesía y los terratenientes y reorganice al país sobre bases socialistas. Es importante señalar que distintas organizaciones, se han hecho parte del movimiento en solidaridad con Atenco, como el MULP y el FPFV, (entre otras). Sin embargo, éstas no estan por impulsar UNA REAL UNIDAD contra el gobierno y el régimen, bajo un programa que unifique las demandas del movimiento obrero, campesino y popular (como la lucha contra las privatizaciones, los recortes presupuestales, los despidos , la reforma fiscal, la reforma laboral, el ataque a la educación y la represión). Una unidad que integre a los trabajadores de los sindicatos y que demande que las bases les impongan a sus direcciones un verdadero plan de lucha contra la miseria. Una unidad obrera y campesina apoyada en la movilización independiente, que no le ceda a partidos "opositores" como el PRD, ni a los acuerdos electorales con este partido. En la LTS-CC, pensamos que sólo con la unidad independiente de obreros y campesinos, al mismo tiempo que se enfrentan los engaños y maniobras de los partidos patronales (como el PRD o el PRI), podrán imponerse las demandas de las masas pobres del campo. Para avanzar en esta perspectiva es necesario que la clase obrera adopte como propias las demandas de las masas del campo, se sume y encabece la movilización para imponerlas, lo cual hará necesario superar a las direcciones burocráticas charras. De haberse dado la solidaridad activa de los trabajadores con la rebelión de Atenco, no sólo habría fortalecido la lucha por la derogación del decreto, sino que también habría sido un primer paso para avanzar en la unidad obrera y campesina y en una movilización superior contra el gobierno de Fox. Es por eso que los trotskistas de la LTS-CC propusimos que desde Atenco se convocara a las organizaciones sindicales a realizar un paro en solidaridad con los ejidatarios y otras acciones de apoyo al movimiento. Para avanzar en este camino de lucha unificada contra el gobierno, hay que impulsar un Encuentro de Organizaciones obreras, campesinas y populares que discuta un programa conjunto de reivindicaciones y un verdadero plan de lucha. Los compañeros de Atenco tienen la oportunidad de convocarlo, junto a los obreros del SNRTE de Euzkadi que están en lucha, los compañeros de la combativa CNTE o del Frente Nacional contra la Privatización de la Industria Eléctrica. Un encuentro de estas características permitirá avanzar en la coordinación y la organización independiente, y podrá constituirse en un referente para compañeros trabajadores, campesinos y jóvenes que ven la necesidad de luchar contra el gobierno. En ese camino esta planteado preparar una gran movilización nacional de obreros, campesinos e indígenas pobres para derrotar los planes de Fox y el imperialismo.
12 de Agosto del 2002 Liga de Trabajadores por el Socialismo - ContraCorriente |
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