Entonces ella se montó sobre el chico y empezó a cabalgarlo, su mirada parecía que me decía: "mira cómo lo hago, mírame".

Sabía que ella disfrutaba sabiendo que yo estaría viéndola y quería lucirse, hacerle de todo al chico. Se movía como si fuese a caballo... Yo, a través de la pared, escuchaba cómo gemían los dos. Eso al menos tapaba el sonido de mis propios gemidos.