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MEXICANO ESCRIBE: COMUNISMO EN LA BIBLIA El autor mexicano
José Porfirio Miranda, escritor de
varios libros entra las que destaca:
"Hegel tenía razón" y la obra
titulada "Comunismo en la
Biblia", nos da unos enfoques
reveladores de las enseñanzas de Dios
para ser aplicados en la tierra.
Transcribimos
las partes esenciales de este libro
dejando al lector el comentario y las
conclusiones.
Haremos
dos entregas dejando el capítulo de
política de Jesús de Nazaret para el
siguiente número del obrero.
EL
CRISTIANISMO ES COMUNISMO
La idea
de comunismo está en todas sus letras en
el Nuevo Testamento, al grado que en
estos veinte siglos nadie ha sido capaz
de dar una mejor definición de lo que es
comunismo de la que Lucas formula en
Hechos de los Apóstoles (Hch) 2,44-45;
4,32-35. La misma definición que Marx
toma de Louis Blanc, de cada uno según
sus capacidades, a cada uno según sus
necesidades, está inspirada si no
directamente copiada de la formulación
que Lucas redactó dieciocho siglos
antes. No hay demostración más clara
del lavado cerebral a que nos tiene
sometido el sistema capitalista, que el
hecho de que la concepción oficial y
divulgada de cristianismo sea
anticomunista.
El
proyecto comunista está defendido
explícitamente en la Biblia como propio
y característico del cristianismo, no lo
inventaron ni los marxistas, ni los
grupos cristianos medievales o modernos.
Cuando
la propaganda oficial afirma que la idea
comunista no es separable de las
ideologías materialistas, está negando
hechos tan evidentes e inocultables como
la luz del sol: en el primer cristianismo
y durante dieciocho siglos existió la
idea comunista sin materialismo de
ninguna especie. Y hoy mismo ¿qué
relación lógica puede señalarse entre:
tener todo en común (Hch.2,45) y negar
la existencia y eficacia del espíritu?.
La verdad es precisamente al revés: que
el comunismo no puede realizarse si no
reconocemos la infinita respetabilidad de
Dios en cada uno de sus prójimos.
EL
CRISTIANISMO ORIGINAL
Todos
los creyentes a una tenían todo en
común, vendían sus posesiones y sus
bienes, y lo repartían entre todos de
acuerdo a la necesidad de cada uno.
(Hch.2,44-45).
De la
multitud de creyentes el corazón era uno
y el alma era una y ni uno solo decía
ser suyo algo de lo que tenía, sino que
todas las cosas les eran comunes [...] no
había entre ellos pobre alguno, pues
cuantos poseían campos o casas las
vendían traían el importe de la venta y
lo ponían a los pies de los apóstoles y
se repartía a cada uno de acuerdo a su
necesidad (Hch.4,32.34.35).
La
intención normativa de Lucas es patente.
No se trata de un género de vida
especial que pueda considerarse peculiar
de algunos cristianos en contraste con la
masa general de los cristianos.
Todos
los creyentes, todos los que habían
creído en Jesucristo, todos los
cristianos, ni uno solo decía ser suyo
algo, cuantos poseían campos o casas,
cuantos algo tenían. Si querían ser
cristianos la condición era comunismo.
Un
alegato anticomunista contra los textos
citados de Lucas es éste: pero el
comunismo de los primeros cristianos
fracasó. También el Sermón de la
Montaña fracasó, pero ello no le quita
el carácter normativo. En la intención
clara del relato original el comunismo es
obligatorio para los cristianos; eso no
se modifica en lo más mínimo por el
hecho de que el primer intento comunista
fracasara. Lo que nos toca es averiguar
porque fracasó y realizar el comunismo
sin cometer, el error que hizo que los
primeros cristianos fracasaran. Lo del
fracaso inicial es puro pretexto, pues es
como decirnos que suprimamos el Decálogo
porque ha fracasado en la historia.
Confunden lo normativo con lo fáctico,
pero lo confunden deliberadamente para
desatenderse de cualquier enseñanza
bíblica que les disguste. Es el
anticristianismo que se disfraza de
civilización cristiana para rechazar el
Evangelio.
EL
REINO ES EN LA TIERRA
Compárese
Mt.3,2 (ha llegado el Reino de los
cielos) por una parte, con Mc.1,15 (ha
llegado el Reino de Dios) y Lc.10,9 (ha
llegado a vosotros el Reino de Dios).
Los
estudiosos coinciden en afirmar que Mateo
sistemáticamente sustituye la expresión
original Reino de Dios por la expresión
original Reino de los Cielos. Y coinciden
que la respuesta está, en la costumbre
del judaísmo tardío de evitar toda
mención explícita del nombre de Dios.
Se creía obedecer así al mandato del
Decálogo que prohibe tomar el nombre de
Dios en vano. Para Mateo como para todos
los autores sacros conocidos el Reino es
en la tierra. Hablar de un Reino de Dios
en otro mundo no solo es fundar una
religión nueva sin relación alguna con
la enseñanza de Cristo, es afirmar lo
contrario a lo que Cristo enseña: Ha
llegado a vosotros el Reino y Venga tu
Reino. El hecho de que la tradición haya
enseñado por siglos que el Reino es en
otro mundo, solo demuestra que la
tradición traicionó a Jesucristo y
fundó una religión completamente
distinta.
SOCIEDAD
SIN CLASES
A los
primeros cristianos les influyó el
ejemplo y conducta personal de
Jesucristo. Pues Jesús mal que les pese
a los conservadores, de hecho fue
comunista como puede verse en Juan 12,6;
13,29 y Lc.8,1-3: Judas era el que
llevaba la bolsa; por tanto todo lo
tenían en común y a cada uno se le daba
de acuerdo a su necesidad.
La
traición doctrinal de siglos posteriores
ha querido interpretar ese comunismo
según vimos como un camino de
perfección, que no se identifica con el
simple hecho de ser cristiano. Pero tal
interpretación se estrella sin residuo
contra el hecho de que Jesús pone la
renuncia a la propiedad como condición
para simplemente poder entrar al Reino
(Mr.10,21.25). No hay lugar para un
tercer camino cuando el dilema es entre
entrar al Reino y no entrar al Reino.
Enseñó Jesús: Más fácil es el que un
camello pase por el ojo de la aguja, a
que un rico entre al Reino de Dios
(Mr.10,25). Como Jesucristo ya había
dicho: Ha llegado el Reino de Dios
(Mr.1,15) se trata de quienes pueden y
quienes no pueden formar parte del Reino
que Jesucristo está fundando sobre la
tierra. Y lo que dice Jesucristo es: los
ricos no pueden. Para esquivar de alguna
manera el conflicto, pero sin traicionar
la palabra de Cristo, los primeros
misioneros añadieron: Para los hombres
es imposible, pero no para Dios, pues a
Dios todo le es posible (Mr.10,27).
Según
Mc.10,25 y Lc.6,20.24; lo que dice es que
en el Reino no puede haber diferencias
sociales. Que el Reino pese a los
conservadores es una sociedad sin clases.
Y el Reino es en la tierra.
EL
PORQUÉ DEL COMUNISMO
Cuando
Jesucristo dice dichosos los pobres y Ay
de vosotros los ricos, no está
entendiendo riqueza en sentido absoluto,
o sea no está condenando el hecho
físico de tener recursos materiales
valiosos; lo que ataca es el hecho de que
unos sean pobres y otros sean ricos:
condena la riqueza diferenciante o
relativa. La condena implacablemente, tan
intransigente y sin excepciones, que la
teología oficial de occidente está
traumada y no se atreve a mirar de hito a
hito esa condena, temiendo que todo el
sentido de la Biblia depende de ella. Y
en efecto la historia entera de occidente
ha sido falsificación del cristianismo
únicamente por no haberse atrevido a
encarar la reprobación inexorable que la
Biblia hace de la riqueza diferenciante.
Para ser objetivos en la lectura del
Evangelio hay que dejar de imaginar a
Jesucristo como un tipo dulzón y
conciliatorio, Jesús tenía carácter de
revolucionario endurecido ya era tiempo
que entendiéramos eso.
(Mt.23,13.14.15.24.25.27.29; Mr.13,2).
ILEGITEMIDAD
DE LA RIQUEZA
Jesucristo
condena la riqueza diferenciante. En la
parábola del rico y el pobre
(Lc.16,19-31) se castiga la riqueza
diferenciante en su más pura expresión:
no dice porque tú vivías en la
abundancia; eso sería riqueza en sentido
absoluto; sino que dice porque tú
vivías en la abundancia y Lázaro en la
miseria. La exégesis oficial no puede
con ese mensaje, tampoco se insinúa que
el pobre fuese especialmente virtuoso, se
le premia por la sencilla razón de ser
pobre: Sucedió que murió pobre y fue
llevado por los ángeles al seno de
Abraham (Lc.16,22).
Jesucristo
derribará a los gobernantes de sus
tronos y llenó de bienes a los
hambrientos y a los ricos los despidió
sin nada (Lc.1,52-53).
Los
ricos quedarán pobres y hambrientos.
Nadie puede tomar en serio la Biblia, sin
concluir que según ella, los ricos por
ser ricos, deben ser castigados, porque
no hay manera legítima de enriquecerse
sino es por medio ilícitos.
ORIGEN
ESPURIO DE TODA RIQUEZA
Un hecho
masivo que la exégesis no se ha atrevido
a mirar de hito a hito es la identidad
entre rico e injusto; es tan sobre
entendida, que los autores sacros muchas
veces ya no necesitan decir los ricos,
les basta decir los injustos.
Considérese
la condenación de Is.5,8:
Ay de
los que amontonáis casa con casa
Y campo
a campo juntáis
Hasta
ocupar todo el lugar
Y
quedaros solo en medio del país
Significa
que los ricos tienen cada vez mas
propiedades. Según los profetas este
hecho no se puede explicar sino porque
los ricos explotan y hacen violencia al
resto de la población.
En los
autores del Antiguo Testamento es cosa
perfectamente sabida que nadie puede
enriquecerse sin estar calladamente
despojando y explotando al resto de la
población, ejemplos los tenemos en:
Miq.2,1-2;
Jer.5,27-28, Am.5,7.11. Solo a una
inmensa labor ideológica y
falsificatoria puede deberse que en
Occidente se haya sepultado en el olvido
una convicción que para la Biblia es tan
central y tan evidente.
REPROBACIÓN
DE LA GANANCIA
Cuando
hoy se rechaza el comunismo se oculta y
amordaza cínicamente que la Biblia
condena sin excepciones toda ganancia y
que la ganancia es la esencia y la viga
maestra del capitalismo, que en el
momento que se suprimiera desaparecería
el capitalismo. Si en éste no se produce
para la satisfacción de las necesidades
sino para el intercambio, es porque se
produce para la ganancia.
Dice
Prov.1,19: Esta es la senda de todos los
que hacen ganancia: les quitará la vida
a los que la cometieron. Prov.15,27:
Quién hace ganancia arruina su casa.
Advierto que el original dice ganancia y
no botín, ni robos de bienes, ni
ganancia injusta como tramposamente ponen
los traductores de la Biblia y que son
defensores del capitalismo.
La
condenación bíblica de toda ganancia e
rotunda y sin fisuras [Ex.18,21;
Is.33,15; 56,11; Jer.22,17; 51,13;
Ez.22,13; 22,27]. Con ello decíamos una
congruencia deslumbradora. La Biblia no
solo reprueba el resultado que es la
riqueza sino tematiza también el proceso
mediante el cual se llega a ese
resultado, y lo reprueba igualmente. La
condenación de la riqueza diferenciante
es el dato documental bíblico más
sólido e inescapable que haya. Por eso
Jesús de Nazaret llama al dinero: dinero
de iniquidad (Lc.16,9.11).
La
Biblia no se contenta con reprobar en
general toda ganancia sino desglosa su
reprobación. En efecto la ganancia se
puede obtener por medio de estos tres
canales: el comercio, el préstamo a
interés y la actividad productiva misma.
Y la Biblia condena la ganancia que se
obtiene por cada uno de los tres
(Ec.27,1-2; Dt.23,20; Job.24; Stg.5,1-6).
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