FABRICA DE VUELOS

/ Roberto Azcorra Cámara (Tijuana)

 Aarón se levanta a las seis y treinta de la mañana con el ruido de su interior. Despierta con la misma pesadumbre diaria, el agobio apenas le cabe. Mira el techo carcomido por el peso del tiempo. Observa detenidamente los barrotes, se toca las costillas y piensa que cada día se parece más a su habitación. La ventana deja que la brisa juegue con las hojas de un poemario de José Martí. Aarón va a la cocina, abre el refrigerador: malangas y plátanos. Bebe unos tragos de agua de la botella de Sprite. Se dirige hacia el baúl, saca unas alas de papel periódico. “No es tan difícil volar” , dice mientras se pone la camisa, listo para salir. El caracoleo de las calles ha comenzado desde la salida del pan:

- ¡Aarón, pó qué lleva esa cosa, chico!- le grita una mujer desde el tercer piso, semiculta entre la ropa tendida.

Aarón finge no escucharla. Los niños juegan con un patín del diablo construido con cajas de madera y ruedas de diferente tamaño. Unos hombres haciendo cola miran asombrados al tipo que lleva a rastras las alas dejando una estela de polvo. Nada lo detiene, toma la calle Acosta y dobla hasta el malecón. Un turista sirve de piñata a los niños que le esculcan las bolsas mientras guiñe el ojo a una adolescente. Los gritos no cesan:

   - ¡Esa cosa que tú trae, e maj peligrosa que lo estao unido!.

   - ¡Deja la cosa como está, chico, ere un mulato terco!- le grita otro.

Aarón continúa con el mismo rostro desganado de las seis y treinta.

En el malecón, niños, mujeres y ancianos se reúnen alrededor suyo. Aarón mira el océano, midiéndolo con sus ojos verdes y somnolientos. Se quita la camisa y coloca las alas en la espalda imitando el alear de un ave. Se para en el borde del malecón. A lo lejos se escucha la voz de Silvio de algún lugar que nadie atina a descubrir. La gente reunida allí cree que Aarón ha perdido la razón. Un anciano alcanza a levantar su voz entre pausada y pastosa:

-Cuídate chico, a donde llegues, no te acerques   al sol.

Aarón se lanza al aire. La multitud sólo alcanza a suspirar.


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