Introduccion:

 

Estos relatos que les pasamos a ofrecer, fueron hallados en uno de mis recientes viajes por el centro de Europa. Inquiriendo vetustos catálogos de inveteradas bibliotecas -publicas y archivos privados- hallé una serie de rarísimos manuscritos. Estaban escritos en variantes desconocidas de sánscrito, en jerga coloquial babilónica, en dialectos inextricables de Tracia y la antigua Persia... Les seguí la pista de país en país intentando recomponer la madeja.

El trabajo de traducción fue asaz arduo, titánico, desesperante por momentos. Pero al final, hemos conseguido dar inteligencia al texto primitivo. ¡Cuál no sería nuestra sorpresa, al descubrir que se trataban de vivencias soterradas por el paso del tiempo -y por alguna que otra voluntad pérfida- del mismísimo Juan Pablo II!

Es cierto que sobre la autoría de estos manuscritos, hay hoy en día una furibunda controversia -y todo un mar de dudas-. La comunidad intelectual concluye -un poco apresuradamente- que son apócrifos, y que no nacieron de las manos del mítico pontífice.

Nosotros no seremos tan categóricos. Aun evidenciando ciertas incongruencias y ciertos matices -que bien podrían suponer un segundo autor en estas historias papales; como también ser una simple evolución en la escritura de su autor-, hay que convenir, le pese a quien le pese, que no tenemos evidencias determinantes que apunten a una cosa, u otra.

Los episodios que les presentamos tienen, además, el enorme interés de relatar lo que le sucedió al Santo Padre, en una época de la que no se guardaba testimonio alguno -pero sí que hay pruebas que demuestren su veracidad-; cuando ADLO! se cruzó en su camino -o él se cruzó en el de ADLO!-.

Quede la última palabra en lector, sea él quien después de leer esta imponderable obra -independientemente de los cuchicheos académicos-, arroje su inalienable juicio y obre en consecuencia.

Capitán Cokoën Mayo de 2001.


Un Papa en la corte del Rey Rob

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