Ojo con las Apariencias
y las falsas señales

Cuando un monje vagabundo propone un debate sobre un aspecto del budismo a los monjes de un Monasterio, si vence en dicho debate tiene derecho a quedarse en tal Monasterio; pero si sale derrotado, tendrá que abandonarlo.
Dos monjes budistas, hermanos entre si, vivían en uno de estos Monasterios. El mayor estaba muy instruido en todos los temas budistas, mientras que el otro a duras penas entendía los aspectos mas básicos de su filosofía; además, era tuerto.
Un día llegó cierto monje vagabundo a este monasterio, buscando alojamiento y comida por un pequeño periodo de tiempo. Solicitó tener un debate con sus moradores sobre la enseñanza suprema del Buddha Gautama. Como el mayor de los hermanos no se encontraba aquel día muy bien, le pidió al menor que se encargara de este monje mendicante, con la consigna de que hablase lo menos posible, pues conocía la escasez de conocimientos de su hermano menor.
El menor de los hermanos se enfrentó en un duro y corto debate con
el monje vagabundo, tras lo cual este último fue a felicitar al hermano
mayor por la suerte que tenía de contar con un compañero tan
docto. El hermano mayor pidió al vagabundo que le contase como se había
desenvuelto el dichoso debate, ya que estaba perplejo ante los comentarios
de este monje sobre su hermano, al que consideraba mas bien corto de luces.
"Pues bien", comenzó el monje vagabundo, "tu hermano me pidió que el debate transcurriera en silencio, ante lo cual yo levanté mi dedo índice para representar al Buddha, a lo que tu hermano levanto dos dedos, dando a entender de esta manera que una cosa era el Buddha y otra distinta su enseñanza. Entonces yo levanté tres dedos, para representar al Buddha, el Dharma (sus enseñanzas) y la Sangha (la comunidad de fieles). Su respuesta fue un puñetazo directo a mi cara, a la usanza de los antiguos maestros, quedándome claro de esta manera que todo procede de la Mente Única. Así que debo marcharme al haber sido derrotado". Acto seguido, el monje vagabundo abandonó el Monasterio, dejando atónito al hermano mayor, que hasta ese día había tenido a su joven hermano por persona de poco entendimiento.
Al poco llegó el hermano menor muy enojado, preguntando por el monje errante. Su hermano mayor, aún no recuperado de la sorpresa, le preguntó entonces: "¿Que fue lo que pasó en tu debate con este monje?", a lo que el otro respondió: "cuando lo coja será tal la paliza que le daré, que no lo reconocerán ni los de su familia". "Espera", repuso el mayor, "y cuéntame como se desarrolló el debate".
"No hubo tal debate", contestó el menor de los hermanos, "pues tal como nos sentamos para debatir sobre algún tema, yo le pedí que lo realizásemos en silencio, y por respuesta me insultó. Levantó un dedo recordándome que yo tan solo tengo un ojo, a lo que yo le contesté levantándole dos dedos, significándole con esto que debía sentirse dichoso por que él tenía los dos ojos sanos. Entonces me levantó tres dedos, indicándome que aún así entre los dos tan solo teníamos tres ojos buenos, con lo que yo me sentí muy enojado y le golpeé en la cara. Eso ha sido todo, pero por lo que veo se ha asustado y ha huido."