"Un boxeador nunca debe ser agresivo" El verdadero maestro de Kung Fu, deberá tener un gran control de si mismo y evitará en todo momento las peleas, nunca buscando primero un enfrentamiento. Para ilustrar esta regla, relataré otra historia, una historia muy especial, que trata de un maestro de Kung Fu, cuyo lema era la violencia, pero que a través de un anciano comprendió su error...
El maestro vivía en un pequeño pueblo de China, en el que era muy conocido por su maestría en el boxeo y en las armas. En su juventud había sido un malvado ya que sólo disfrutaba cuando se peleaba con todos y golpeaba, pero al maestro no le deseaba ningún mal, simplemente lo compadecían.
El maestro era un hombre muy aficionado a los peligros y a la caza: por lo que un día decidió matar al oso negro que corría por los alrededores del pueblo y que causaba estragos entre la población.
Penetró en la gruta del oso negro, diciendo a la gente del pueblo que una vez que él hubiera entrado, cerrarán la entrada con una gran piedra.
Todos estaban en silencio, pero al cabo de unos minutos oyeron unos gruñidos. Pasado un rato apartaron la piedra de la gruta y apareció el maestro arrastrando al oso muerto.
Pero esta proeza que había realizado, no cambió su comportamiento con la gente, ya que los siguió igualmente avasallando.

Un día iba el maestro por la calle, cuando un anciano lo paró y le dijo: - "Mira, tú eres un maestro muy diestro, pero maltratas a las gentes del pueblo; pero .... ¿ por qué no los proteges de los tres monstruos?" El maestro, extrañado, preguntó cuáles eran los tres monstruos.
El anciano le explicó que había un enorme tigre rondando por el pueblo, que ya se había comido a varios hombres.
A la mañana siguiente, el maestro preparó sus armas y salió en busca del tigre. Después de una larga búsqueda, encontró al tigre y se lanzó sobre él; y con fuertes golpes de cuchillo mató al animal.
Regresó al pueblo y le dijo al anciano: - "Ya he matado al tigre, ¿Cuál es el siguiente monstruo?". El anciano le explicó que había una gran serpiente que acostumbraba a colocarse debajo del puente del río, para atacar a los viajantes.
El maestro marchó hacia el río con tres flechas y con su potente arco. Se aposentó sobre una roca y pacientemente esperó la aparición de la serpiente. Cuando ésta salió del agua, él lanzó las tres flechas a la vez.
Las tres flechas dieron, cada una, en una parte vital de la serpiente, que se hundió para siempre en las aguas del río.
Cuando el maestro le preguntó al anciano, cuál era el tercer monstruo, éste le respondió: - "Tú eres el tercer monstruo".
El maestro se puso furioso y levantó su fuerte brazo para golpear a aquel pequeño hombre. El anciano al ver su gesto, le habló cariñosamente y le explicó: - 'Tú me puedes quitar la vida, pero todo seguirá igual, seguirás siendo el tercer monstruo; tú golpeas y aterrorizas a los habitantes del pueblo, les robas su dinero y siempre te comportas mal".
El maestro bajó su brazo y se marchó. Había comprendido lo que el anciano le había dicho y estuvo toda la noche pensando. Al día siguiente empaquetó unas pocas cosas como equipaje y se retiró a la montaña. Al cabo de tres meses regresó al pueblo, y la gente se sorprendió cuando vieron que era diferente , que sus modales eran los de un hombre cortés y que se comportaba con amabilidad con todo aquel que se cruzaba.
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