Arqueo Aegyptos

Grandes Nombres Del Antiguo Egipto

Hirjuf

El Explorador


 

 

Texto por Amenofhis III

 

"Marché de mi ciudad, descendí de mi nomo y me construí una casa. Yo mismo coloqué sus puertas, planté los árboles, y por ello el rey me elogió. Di de comer al hambriento y arropé al desnudo. A quien está sobre la tierra, si pasara por mi morada para la eternidad, bien viajando río abajo ó contra la corriente, que diga: ¡Mil panes, mil pedazos de carne, mil jarras de cerveza y un millar de cosas buenas y puras en las que un dios se complace para el dueño de esta morada eterna!  Yo deseo (...) para su Ka en el mundo de los necheru (dioses). En cuanto a cualquier hombre que inscriba en esta morada como si fuese suya, el gran dios lo juzgará por ello. Tan solo decir y repetir todas las buenas cosas que yo hice y amé, nunca dije mal en contra de nadie, para poder desear estar en plenitud cuando me halle en presencia del gran dios. Cuenta que fui Compañero Único, Sacerdote Iry, Juez de Nejen, Portador del Sello Real, Favorito de Su Majestad, Hirjuf el explorador, el que trae los productos más extraordinarios al Señor de las Dos Tierras, al Horus que hace estremecer a sus enemigos,  el que elogia a su rey, el que es  reverenciado por Ptah-Soqaris, Hirjut justificado."

En el Antiguo Egipto hubo un sin fin de expediciones a tierras lejanas. Muchos fueron los valientes que llevaron muy alto el estandarte de las Dos Tierras. Durante el Antiguo Imperio, hubo un hombre cuyas hazañas nos han llegado gracias a que las hizo grabar en los muros de su morada para la eternidad. El caso de Hirjuf no es único, pero si es uno de los mejores documentados. Nuestro personaje vivió en el reinado de Merenre y de Neferkare Pepi II, y fue uno de los preferidos del joven rey.

"Su Majestad Merenre, mi señor, me envió jutno con mi padre, el Compañero Único del Rey y Sacerdote Iry, a las tierras de ñam-ñam, para poder explorar esta región. Lo hice en solo siete meses, y traje toda suerte de regalos para Su Majestad, quien me elogió por ello...Su Majestad me envió una segunda vez, volví sobre mis pasos y descendí de Irhet, Mejer, Tereres e Irtheh, viajando durante ocho meses. Estuve en la morada del Jefe Sethu, y tras haber explorado estos países, nunca habrá antes que yo ningún conductor de caravanas que se haya andentrado en el ñam-ñam antes que yo. Luego, Su Majestad me envió por tercera vez a la tierra de ñam-ñam. Al llegar al camino de Uhet, me encontré con el jefe de los ñam-ñam, que iba hacia Temeh para golpear violentamente al enemigo.  Fui con él hasta Temeh, y al llegar pacifiqué a los dos enemigos, lo que me valió los elogios de Su Majestad."

Cuando Su Majestad Neferkare contaba con ocho años, Hirjuf, un hombre ya maduro, se puso al frente de una expedición que viajaría hasta los confines del país de Kush, Nubia.  En aquellos días, todavía quedaban zonas sin explorar, y Hirjuf se lanzó a la conquista de aquellas tierras de ensueño.  Había que ser un hombre valiente para realizar ese viaje, porque si los nativos que conocían ya eran peligrosos, ¿que desventuras podían aguardar a los miembros de la expedición? Y no había nada mas temible que el morir más allá de las fronteras de Kemet, sin una posibilidad de ser momificado con todos los ritos, y  por lo tanto, privado de la dulce vida en el Más Allá. Pero Hirjuf era un hombre muy seguro de sí mismo, y la suerte le sonrió.

"Viajé con trescientos asnos que llevaban incienso, maderas de ébano, grano, panteras, marfil, y buenos productos. El jefe de Irthet, de Sethu y de Wawat me recibieron en su corte, y a los soldados que viajaban con migo. Me ofrecieron toros, ganado y me guiaron a través de las montañas de Irthet, pues eran mucho más seguras..."

En ese año, que el sello real narra como el segundo año, tercer mes de la primera estación, día quinceavo,  Hirjuf hace un descubrimiento que lo deja asombrado. Había hallado a un hombre enano, un pigmeo vivo. Cuando Pepi II conoce la noticia, le escribe a Hirjuf: " Mi Majestad tiene más deseos de ver a ese hombre pequeño que de obtener los maravillosos y preciados tesoros del Sinaí ó de la tierra de Punt, según el deseo del corazón de Mi Majestad de ver al enano".  Y el viajero, con sumo placer y regocijado de felicidad, escribe a su rey: "He observado las letras que Su Majestad envía desde el palacio, y que sepa que he descendido seguro desde las tierras de ñam con el ejército que está a mi cargo. Llevo regalos grandes y hermosos, que Hathor otorga al soberano del Alto y del Bajo País, Neferkare, que viva eternamente, llevo al enano que bailaba al dios de la tierra de cohol, así como productos fabricados por el enano tesorero del dios Burded, que vivió en tiempos del rey Isesi."

El viaje desde las remotas tierras de Kush se realizó sin percance alguno. Hirjuf, para que su empresa se realizase como él deseaba, ordenó montar guardia alrededor de la cabina donde el enano viajaba, y por las noches se organizó una ronda de diez turnos para vigilar al tan preciado tesoro, y una vez llegados a Menfis, Neferkare Pepi II tuvo su deseo cumplido. Hirjuf, a su regreso, fue galardonado y premiado por el presente que ofreció a Su Majestad, y parece ser que el enano en cuestión no tuvo una vida penosa junto al joven monarca, pues fue causó gran impacto en él, por su forma de danzar y entretener al faraón. Hirjuf, tras esta gesta, continuó experimentando el sentimiento de explorar zonas todavía desconocidas, pues su único objetivo era la aventura.

 

 
 

© 2005, Amenhotep III (Luis Gonzalez Gonzalez) Amenofhis_29@hotmail.com