Temas
autobiográficos.
Recuerdos II
Yo
ya no estoy para un pronto
y
a prisa desenvolverme,
ni
es la edad para ponerme
a
dar vueltas como un tonto.
Dificultades
afronto
y
ante esas dificultades
reviso
mis facultades
que
no resisten más podas;
o
hago dejación de todas
mis
responsabilidades.
Yo
tuve, lo has dicho bien,
y
por lo de haber tenido
en
un lugar escondido
hay
manchas que no se ven.
Me
compadezco de quien
luego
de mucho vivir,
se
resiste a permitir
que
pasó su primavera,
y
habla como si creyera
que
nunca se va a morir.
Yo
he sufrido como a todo
humano
sufrir le toca,
con
el suspiro en la boca
y
la frente sobre el codo.
El
tiempo es el mejor yodo
para
curar las heridas,
y
las personas sumidas
por
intimidades huecas,
son
un montón de hojas secas
por
el viento sacudidas.
La
vida me da derecho
a
romper vías estrechas
cuanto
más largas las flechas
que
me atraviesan el pecho.
Me
regocija el bien hecho
porque
estoy bien compensado,
allá
los que se han manchado
las
manos para después
llevar
junto a su vejez
el
dolor de su pecado.
Mi
pobreza es mi riqueza
porque
sin lujo ni rango,
no
he conocido más fango
que
el fango de la pobreza.
El
signo de la pureza
me
ha servido de sostén,
y
tú y yo, sabemos quién
hace
alardes de su astucia,
anda
con la ropa sucia
y
el alma sucia también.
Yo
a la vida me le asomo
por
todos los vericuetos,
y
el agua de sus secretos
buche
a buche me la tomo.
A
veces, me digo, ¿cómo
es
posible mi actitud,
y
es que a falta de salud
se
imponen mis convicciones,
y
me pongo transfusiones
de
vida y de juventud.
Porque
soy un hombre enfermo
de
mis esfuerzos no abuso,
y
no le doy un mal uso
a
las horas que no duermo.
En
mis facultades mermo,
y
como todo lo sé
en
los hombres de la fe
cruzo
río y subo loma
en
busca de la paloma
juvenil
que se me fue.
Yo
viví la canturía
como
nadie, cuando en una
convivencia
con la luna
a
veces me amanecía.
Yo
era joven, no sabía
porque
hasta el sol nos halaga,
pero
si todo se paga,
en
un vespertino alarde,
como
me tragué la tarde
ahora
la tarde me traga.
Yo
sé que me queda un tramo
que
no es largo a recorrer,
y
las cosas que hice ayer
responden
a otro reclamo.
No
hablo de siervo ni de amo,
cito
una inmensa verdad,
porque
hay hombres de mi edad
que
no hay como persuadirles
y
se empeñan en abrirles
huecos
a la realidad.
Cuando
el cansancio me agota
va
saliendo el curso mío
como
el lento goterío
sale
de una fuente rota.
Va
perdiendo cada nota
su
natural tesitura,
así
es la vida de dura
y
lo que su fin nos trae
cuando
al árbol se le cae
la
última fruta madura.